¿Habrá Farc después de Cano?

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No exageró el Presidente Santos cuando dijo que la guerrilla de las Farc había sufrido su más duro golpe en toda la historia con la muerte Alfonso Cano. Es la primera vez que esa guerrilla sufre la baja en combate de su Jefe. Tirofijo y Jacobo Arenas, los líderes históricos habían muerto de viejos y Raúl Reyes, Jojoy e Iván Ríos no fungían como máximos comandantes.

 

 

No exageró el Presidente Santos cuando dijo que la guerrilla de las Farc había sufrido su más duro golpe en toda la historia con la muerte Alfonso Cano. Es la primera vez que esa guerrilla sufre la baja en combate de su Jefe. Tirofijo y Jacobo Arenas, los líderes históricos habían muerto de viejos y Raúl Reyes, Jojoy e Iván Ríos
no fungían como máximos comandantes.

A pesar de eso, para la estructura interna de las Farc el golpe no es tan fuerte. La sucesión en esa guerrilla responde a reglas como las de las monarquías, para eso está el Secretariado. Cuando falta el Jefe se sabe quién lo sucede. Le corresponde a Timochenko, salvo que esté enfermo, caso en el cual sería Iván Márquez quien debería asumir. 

Los planes militares de la guerrilla también están trazados y no van a sufrir grandes cambios con la muerte de Cano. Una de las razones de la larga supervivencia de las Farc es su inflexible estructura, que es lo que le ha permitido mantener unificado el poder de una organización con células distribuidas en diversas zonas del país, que manejan grandes sumas de dinero, conflictos internos y traiciones.

Bien sea Timochenko o Márquez , el que asuma la comandancia será el próximo objetivo. Durante los últimos años, ambos se han movido por la Serranía del Perijá, unas veces del lado colombiano, otras desde Venezuela y ahora tendrán que asumir personalmente la jefatura y lo tienen que hacer en Colombia.  No habría un mayor factor de desmoralización que la imagen de un Comandante fugitivo en el exterior y no en el frente de la guerra. 

En la confrontación con la guerrilla han cambiado varias cosas en los últimos diez años, pero las que han sido determinantes para romper el denominado “empate militar negativo” han sido las siguientes:

1. El Ejército tiene la iniciativa militar

Desde 2002 y después de haberse mantenido a la defensiva, las Fuerzas Militares decidieron salir a buscar el combate, desplegaron sus fuerzas, que dejaron de estar encerradas en los puestos militares, incrementaron su número de efectivos y mejoraron la inteligencia. 

La guerrilla inicialmente se replegó y después nunca pudo volver a retomar la iniciativa. En la guerra como en la política, el que gana es el que lleva la iniciativa.

De tener presencia en casi 400 municipios, pasó a tenerla en menos de la mitad y después de la muerte de Tirofijo, desplazó a sus integrantes al sur-occidente, buscando asegurar las rutas del narcotráfico y moviéndose con Cano, a quien el Ejército sacó del Cañón de las Hermosas y se fue a las partes altas de la montaña.

Cano se acomodaba mejor al frío y a los climas secos, por eso no se fue a la selva y murió en la cordillera caucana.

2. El Ejército incorporó la tecnología

Con la cooperación internacional, las Fuerzas Militares sofisticaron los instrumentos para enfrentar la guerra. Uno de los efectos más fuertes para las Farc fue la pérdida de instrumentos de comunicación. En el siglo XXI a los miembros de las Farc les toca mandar la razón.

Los teléfonos y el radio están completamente intervenidos y eso ha neutralizado en buena parte el accionar militar de la guerrilla. Otros instrumentos han permitido que la Fuerza Pública desarrolle acciones con precisión quirúrgica y así infringirle fuertes derrotas militares a la guerrilla.

Es muy difícil enfrentar una guerra teniendo que acudir a estafetas en pleno siglo XXI.

3. La guerrilla se llenó de miembros sin preparación y sin convicción

En los años de El Caguán, las Farc multiplicaron su número de miembros que, si bien fue creciendo desde 1.994, luego del salto que había pegado en el otro intento de diálogos de paz en los 80, casi se duplicaron entre el 98 y
2002.

La guerrilla de las Farc llegó a ser un ejército de aproximadamente 18 mil hombres. Ese crecimiento acelerado abrió la puerta para que la guerrilla fuera un grupo mayoritariamente sin preparación, ni adoctrinamiento y, por tanto, con poca capacidad de resistir el cambio de estrategia militar del Ejército.

Esta fue la principal razón para que las desmovilizaciones individuales resultaran efectivas para erosionar a las
Farc. “En los primeros tres tiros se entregaban y contaban cosas”, me dijo un oficial del Ejército. Ahora no son más de 6 mil –que no llenarían las tribunas laterales sur y norte del estadio El Campín– y el entusiasmo y los
incentivos para montarse a la guerra disminuyeron por lo que crecer esa fuerza parece difícil.

Las deserciones llenaron de desconfianza interna a la guerrilla, que se acrecentó con acciones como las del rescate de los secuestrados en las que resultaron decisivas las informaciones entregadas por los propios miembros de la organización. Las tensiones al interior resultan cada vez más frecuentes y cruentas.

Lo que se viene

La guerrilla está replegada y no precisamente por gusto. Frente a los instrumentos del Ejército parece un grupo de otra época y su fuerza ha disminuido en forma considerable. Sin embargo, las Farc se han vuelto, como los partidos políticos, en algo inocuo, conservan unas estructuras y unas fuentes de financiación que prologan su agonía y, a primera vista, pareciera que gozan de cabal salud, pero no van para ninguna parte.

Con Cano o sin Cano, hay guerrilla para rato. Atacarán en un lado, secuestrarán en otro, asesinarán policías o soldados en otro, pero sobre todo seguirán con el narcotráfico.

Quien asuma el mando será, como Cano, un exponente de la ortodoxia pura convencido de que van a hacer la revolución por la vía armada, de que el imperialismo norteamericano es causa de todos los males y de que en el
capitalismo no es posible el bienestar de la mayoría. 

Las opciones de una salida negociada son cada vez más remotas porque con menos legitimidad y nula representación no hay qué negociar y la claudicación no parece un escenario posible.

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