Hayan sido o no las Farc, el asesinato de Álvaro Gómez puso a pelear al Establecimiento

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Que la exguerrilla asuma responsabilidad, pone sobre la mesa lo difícil de superar el choque de versiones. 

Si los excomandantes de las Farc dan elementos para que la JEP avale su confesión de que asesinaron al dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado, y si se verifica la veracidad la debatida correspondencia de su difunto líder Manuel Marulanda ‘Tirofijo’ de que lo hizo para poner a pelear al Establecimiento que veía como su enemigo, la conclusión no solo es que las Farc fueron todavía más criminales sino que Marulanda logró su cometido.

Incluso ahora, después de esa confesión, se mantiene una pelea política por ese asesinato entre dos sectores del Establecimiento que defienden otras dos tesis sobre los asesinos y que han dicho que no le creen a los exguerrilleros.

Por un lado, la familia de Gómez Hurtado y muchos críticos del expresidente Ernesto Samper dicen que el asesinato lo habría orquestado el entonces presidente en alianza con algunos narcotraficantes.

Sobre la confesión Mauricio Gómez Escobar, hijo de Gómez Hurtado, ha dicho que es un montaje de la Farc para librar de culpas a Samper.

Por otro lado, el mismo Samper el exministro Horacio Serpa y el periodista Jorge Gómez Pinilla, quien es amigo de Serpa y ha trabajado con él, entre otros, han señalado que algunos miembros activos y retirados del Ejército querían hacerle un golpe de estado, buscaron a Gómez Hurtado para que se les uniera y como este no aceptó, lo asesinaron para desestabilizar el país y evitar que Gómez revelara el plan.

Justamente Gómez Pinilla también ha rechazado la confesión.

Las dos tienen elementos para ser creíbles pero ninguna, es una verdad probada, como tampoco lo es la de las Farc, por lo menos por ahora.

Sin embargo, si la versión de la exguerrilla es que si llega a ser cierta, además de esclarecer finalmente ese crimen de lesa humanidad, quedaría en evidencia que, al menos alrededor de ese hecho, logró su cometido de dividir al Establecimiento. 

La versión que culpa a Samper y retoma el uribismo

En distintas entrevistas que le han hecho a propósito del asesinato de su padre, Mauricio Gómez Escobar ha dicho que días después del crimen le dijeron que se percatara de las últimas declaraciones que hizo contra Samper, en pleno escándalo del proceso 8 mil. 

“Nadie le estaba pidiendo la renuncia (a Samper), únicamente mi padre. Fue un golpe moral el que le dio, diciéndole que no se podía quedar (...) y el señor Samper sí tenía amigos para mandar a matar a mi padre”, le dijo Gómez Escobar a La Silla. 

Su tesis de que el asesinato fue un crimen de Estado, existía desde un principio pero ganó fuerza en en 2007 cuando Fernando Botero Zea, condenado por el proceso 8 mil y convertido en enemigo de Samper, dijo a la Fiscalía que sí fue un crimen de Estado, y explicó que Samper creía que Gómez podría estar conspirando en su contra y que para que el país dejara de pensar en el 8 mil, debía haber un escándalo mayor. 

Casi 15 años después aparecieron dos versiones de narcos presos en Estados Unidos que le dieron más fuerza. 

Primero, en 2008, el exparamilitar Hebert Veloza, ‘H.H’, dijo en 2008 que sabía que el capo del cartel del Norte del Valle Orlando Henao, ‘El hombre del overol’, y el coronel retirado Danilo González habían buscado a Carlos Castaño para matar a Gómez. 

Dos años después Luis Hernando Gómez Bustamante ‘Rasguño’, preso en Estados Unidos, dijo que Samper y su ministro escudero, Horacio Serpa, le pidieron a ese Cartel matar a Gómez Hurtado a través del abogado Ignacio Londoño Zabala. 

Dijo que había hablado del asesinato con Castaño, ‘El hombre del overol’ y González, a quien varios excapos señalan de haber sido su cómplice. 

Y en 2011, Eugenio Montoya, otro exjefe del cartel del Norte del Valle, dijo que González le había dicho a Castaño que el asesinato había sido para hacerle un favor a políticos.

Como Castaño, Henao y González ya habían sido asesinados, y como los jueces en Estados Unidos dijeron que Rasguño había dado mucha información falsa o inverificable para buscar beneficios, el caso no avanzó. 

De hecho, no hay ningún testigo directo que esté viva (como recuerdan los mismos Gómez, señalando que hubo asesinatos para borrar los rastros), y los narcos y paras habla de oídas, por lo que no es concluyente.

Pero igual poco a poco fue ganando fuerza y la han replicado portales de derecha como El Nodo o Los Irreverentes, de Ernesto Yamhure, que da por hecho la culpabilidad de Serpa y de Samper. También lo afirmaron desde Primero Colombia, centro de pensamiento del senador uribista José Obdulio Gaviria.

Además, la tesis que defiende la Fiscalía desde 2017, cuando declaró el delito de lesa humanidad, es que los asesinos fueron narcos de ese cartel.

El tema ganó relevancia de nuevo en febrero de este año, cuando Samper habló en la Comisión de la Verdad y negó su autoría, con una la respuesta de varios actores políticos que muestran la profundidad de la grieta en el Establecimiento.

Por ejemplo, la periodista Salud Hernández escribió una columna cuestionando que Samper siguieran diciendo ser inocente y el senador uribista Ernesto Macías la replicó en Twitter. Luego, el senador uribista Carlos Felipe Mejía también difundió en Twitter una entrevista en la que Mauricio Gómez defiende la misma tesis. 

Y esta semana, a propósito de la versión de la Farc, Juan Carlos Pastrana, hermano del expresidente conservador y némesis de Samper, Andrés Pastrana, replicó otra entrevista de Mauricio Gómez, diciendo que “desbarata el montaje de Samper”. 

También las senadoras uribistas Margarita Restrepo y María Fernanda Cabal,  replicaron vía Twitter la posición que tomó la familia de Gómez Hurtado, diciendo que la Farc está haciendo un montaje para librar de culpas a Samper. 

Pero la posición más visible fue la del presidente Iván Duque, quien el mismo día en que la Farc anunció su verdad, pidió expresamente a la Fiscalía que tenga en cuenta la versión de la familia Gómez para que su amigo personal, el Fiscal General Francisco Barbosa, cumpla con la misión que le encargó al posesionarlo: aclarar el magnicidio.

Eso porque la Fiscalía se enfocó más, sobre todo los primeros años, con la otra tesis, y no avanzó mucho.

La versión que señala a los militares y a extrema derecha

La tesis que defendió el expresidente Samper ante la Comisión de la Verdad tiene mucho que ver con el momento de enorme tensión política que se vivía en 1995. Por eso, porque desde los primeros días se habló de la presencia de un carro del Ejército cerca del lugar del asesinato, y porque menos de un mes después se empezó a hablar de que las investigaciones se orientaban a miliares, la tesis golpista nació con fuerza.

En esa época la sostuvieron miembros del Gobierno de Samper como el mismo Horacio Serpa o el ministro de Defensa, Juan Carlos Esguerra, quien había sido constituyente del partido de Gómez, el Movimiento de Salvación Nacional.

Y cuando la Fiscalía declaró el crimen de lesa humanidad, Samper la puso a sonar de nuevo. 

Según una nota de 1996 de El Tiempo, el embajador de Estados Unidos de la época, Myles Frechette, había dicho en agosto de ese año que un grupo de políticos se le había acercado a preguntarle si su país apoyaría un golpe de Estado contra Samper y que él les respondió que lo olvidaran. 

Además, desde el principio varios testimonios (algunos anónimos) indicaron a la Fiscalía que los autores operativos del asesinato habían sido militares, especialmente al Cazador, un grupo de inteligencia del Ejército que hacía aparte de la Brigada XX en Bucaramanga. 

Por eso, resultaron salpicados oficiales que habían tenido relación con ese grupo como el coronel Bernardo Ruiz Silva, comandante de la Brigada XX, y los generales Emilio Cifuentes (quien le renunció a Samper en 1996), Fernando Millán (comandaba la V Brigada en Bucaramanga), Rito Alejo del Río y hasta el comandante del Ejército, Harold Bedoya. 

Las investigaciones fueron más allá y ayudaron a profundizar las rupturas que ya había entre el Establecimiento.

Por ejemplo, en 1998 el industrial Hernán Echavarría Olózaga, cabeza de la familia dueña de la Organización Corona, acusó al Fiscal de la época, Alfonso Gómez Méndez, de vincularlo con el proceso como venganza por ser opositor de Samper.

Sin embargo, la investigación no logró dar con los responsables más allá del gatillero y en 2003 se cayó esa línea de investigación por falta de pruebas y porque varios de los testimonios perdieron contundencia, y el caso cayó en una especie de olvido.

En 2015 un confidencial de Semana señaló que el fiscal Eduardo Montealegre retomaría esa línea de investigación  y en mayo de este año el columnista de El Espectador, Jorge Gómez Pinilla, publicó un libro con esa tesis y la defensa de Samper, que es que la intención de la familia de Gómez es inculparlo para ganar una indemnización del Estado, algo que ellos han rechazado rotundamente.

Además, ese año salió el libro “Frechette se confiesa”, del periodista Gerardo Reyes, y en él el exembajador dijo que no entendía por qué Samper y Serpa habrían querido matar a Goméz, 

Luego Frechette le dijo a Gómez Pinilla en una entrevista que militares estuvieron detrás del asesinato “porque querían borrar su rastro, borrar la conexión entre ellos y Álvaro Gómez. Cuando él les dijo que no (al golpe de estado), ellos pensaron "caracho, de pronto el tipo suelta la letra o se le sale algo". Cuando Gómez le pregunta si lo inmolaron, contestó “Lo inmolaron, sí. El autor material pudo ser cualquier persona”.

Pero Frechette no dio nombres ni datos concretos antes de morir en 2017, los procesos contra los oficiales nunca avanzaron y, como en cualquier caso judicial, a medida que pasa el tiempo es más difícil obtener pruebas.

Por eso, esta tesis tampoco es concluyente.

Sin embargo, así como la contraria ha servido a los Gómez y el uribismo para atacar la confesión de las Farc, esta ha servido de sustento para la defensa de Samper y Serpa (y también, en cabeza de Gómez Pinilla, para descreer de la confesión de los exguerrilleros).

Por ejemplo, quien como Fiscal General asumió el caso, Alfonso Valdivieso, dijo ayer en RCN radio que le parecía imposible que Samper y Serpa tuvieran que ver (Valdivieso fue fuerte crítico de Samper).

En ese mismo sentido, el abogado Ramiro Bejarano, quien fue director del DAS durante el gobierno de Samper, desestimó las versiones de Mauricio Gómez, calificándolas de infamias.  

Una ruptura, en cualquier caso

El choque de las dos versiones ha señalado, en cualquier caso, una ruptura en el Establecimiento, sobre todo desde la lectura de Marulanda que vio crecer las Farc durante el frente Nacional y para quien el enemigo era una clase política bipartidista y las élites urbanas y terratenientes.

Por eso, en medio del proceso 8 mil tendría sentido que las Farc bajo su mando asesinaran a Gómez Hurtado para agudizar las contradicciones del sistema político ya tensionado por ese escándalo, como dice uno de los correos de Marulanda en el libro revelado por José Obdullio Gaviria en 2012.

Con eso guarda coherencia también ocultarlo después, como también dicen los correos, mientras esas contradicciones hacían más difícil acuerdos bipartidistas para luchar contra las Farc y cuando además la justicia investigaba a militares mientras la guerrilla cumplía su plan cercar a Bogotá y tomarse el poder.

Por eso, incluso si la versión no se comprueba ante la JEP, el efecto sí se dio: el asesinato se convirtió en un choque de versiones como ha pasado con muchos otros sin esclarecer, como los de Jorge Eliécer Gaitán o Luis Carlos Galán. 

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