La apuesta de Farc en su ex retaguardia no viene de la guerrilla

Silla Sur
farccarlosfinal(0).jpg

En Caquetá el único candidato al concejo de Florencia del partido Farc en sus primeras elecciones regionales no fue excombatiente, ni perteneció a los cuadros clandestinos. Así está haciendo campaña.

“Me llamo Carlos Patiño. Soy candidato por el partido Fuerza Alternativa del Común, Farc. No fui guerrillero”.

-”¿No fue guerrillero o casi?”-, dice pasito un estudiante de derecho de la Universidad de la Amazonía en Caquetá. Los demás en el salón sueltan la carcajada. Son las 11 de la mañana del miércoles 23 de octubre. Quedan cuatro días para las primeras elecciones locales de Farc en toda su historia. 

“Yo reivindico una lucha, la de un partido que lleva 53 años trabajando en armas y ahora quiere trabajar con ideas”, contesta Patiño, un caleño de 40 años que no fue ni exguerrillero, ni hizo parte de los cuadros clandestinos de Farc y ahora es el único candidato al concejo con el logo de la rosa en Florencia. 

La misma ciudad en la que el ex jefe negociador de Farc en Cuba, Iván Márquez, nació e hizo política antes de empuñar las armas y dejar tirado el proceso de paz con su nueva banda.

Antes de ese tiro al aire, Márquez vino a Caquetá como cabeza de lista al Senado del recién nacido partido y Patiño fue su gerente de campaña en Florencia. 

Le organizó eventos, reuniones y le tocó cancelar el evento de cierre porque, como contamos, decenas de víctimas se pararon cerca al polideportivo donde Márquez iba a llegar a gritar “fuera asesino, guerrillero”. La Farc dijo después que todo lo había orquestado el uribismo.

Orquestado o no, Patiño es consciente de que en Florencia hay un rechazo vivo y grande por lo que hizo la Farc en la guerra y que sería más fácil si fuera un candidato a la Asamblea departamental, porque haría campaña en la zona rural, en municipios donde por años la exguerrilla era la autoridad y tenía más bases. 

Pero, como mostramos en esta historia, sus apuestas electorales no se concentran en sus zonas de influencia, sino más que todo en zonas urbanas donde los concejos son más grandes y por eso pueden lograr una curul con un porcentaje menor de votos. 

Patiño necesita 2350 votos para pasar el umbral. Pero la campaña no está fácil. 

La cara de la Farc en su exretaguardia

Antes de terminar en Caquetá, Patiño hizo de todo menos política. 

Estudió actuación, prestó servicio militar en Bogotá y administró una discoteca en Cali. Trabajó armando conciertos e incluso llegó a estudiar iluminación. Viajó a Chile después “sin un plan en mente”, dice, y fue entonces cuando comienza su formación comunista. “Empecé a aprender del movimiento sindical y me enamoré de la Vallejo, la diputada del Partido Comunista chileno”, cuenta.

 

Volvió a Colombia en 2014, primero a su natal Cali y luego viaja a Caquetá porque tiene una tía profesora de la Universidad de la Amazonía, que lo terminó convenciendo de quedarse “a estudiar algo serio”, dice él.

En septiembre de ese año y con 35 años, Patiño se matriculó en la facultad de Derecho de la Uniamazonía. Hasta ahí nada de Farc.

“Estábamos en pleno proceso de paz y yo sentía que en la Universidad no hablaban de eso”, dice. “Convencí a unos compañeros de ir salón por salón a explicar el proceso”.

A punta de eso comenzó a ser conocido por los cuadros clandestinos del partido y ayudó a mover la votación del ‘Sí’ en el plebiscito de 2016. 

Un día de esos recibió la señal del partido. “Me mandaron una colección de libros de Manuel Marulanda (uno de los fundadores de las Farc) y el mensaje de si quería ser el coordinador de ‘Voces de Paz”, la organización que le hacía veeduría, del lado de Farc, a los Acuerdos en el Congreso y que tenía voceros territoriales. 

También hizo parte del Consejo Territorial de Paz que creó el Acuerdo para los departamentos y de la comisión de derechos humanos de la Coordinadora Departamental de Organizaciones Sociales, Ambientales y Campesinas de Caquetá, Coordosac, una asociación que agrupa 85 juntas de acción comunal del departamento y que ha sido cercana al movimiento político Marcha Patriótica, afín ideológicamente a Farc. 

Por toda esa cercanía con el partido, Patiño comenzó a ir las entonces zonas veredales. Conoció a ‘El Paisa’, excomandante de la Teófilo Forero y hoy prófugo de la justicia; y a Federico Montes, actual dirigente político del partido en Caquetá y miembro del consejo departamental de Farc, del que también hace parte el excomandante del Bloque Sur, Fabián Ramírez.

“Se definió lanzarlo a él debido a que es una persona nueva, fresca, que tiene buena trayectoria en la universidad y que en su primer momento hizo parte de los colombianos que estaban con la paz”, nos dijo Montes. 

Pero su campaña no tiene montada a toda la Farc local y está cuesta arriba. 

El camino

Para el ala oficial del partido, que representa Montes, la candidatura de Patiño tuvo buen recibo. Pero hay militantes que fueron clandestinos en tiempos de guerra que no lo ven lo suficientemente revolucionario, ni creen que sea conveniente que la primera carta para mostrar del partido en una de sus retaguardias históricas, sea alguien ajeno a sus luchas.

Entre ellos está Ramírez, quien, aunque no se opuso abiertamente a su candidatura, tampoco la apoya de frente. 

“Lo raro de la candidatura de Patiño es que en Florencia la Farc tenía muchos militantes clandestinos que estaban en cola y esperando ese aval, y no vieron con buenos ojos que a una persona ajena al partido se lo dieran”, nos dijo un militante del partido en Caquetá que nos habló a cambio de que no lo citáramos.

A esas divisiones internas, que ya quedaron en evidencia pues Ramírez lidera un grupo que quiere hacer su reincorporación al margen de Farc, se suman las de un partido muy joven y con estigmas. 

La estrategia de Patiño ha sido visitar los corregimientos más populares de la ciudad con un discurso cuyo eje son dos puntos del Acuerdo de Paz: los programas de desarrollo con enfoque territorial, Pdets, y el programa de sustitución de coca porque Florencia es el único municipio que no entró en el programa y su bandera es evitar que “la fumigación de cultivos de haga aquí”, nos dijo. 

Eso lo combina con un discurso de defensa al medio ambiente, muy sintonizado con la línea Farc de seguir siendo los guardianes ambientales que fueron, gracias a los fusiles, durante la guerra. 

A diferencia de lo que alguien en Bogotá podría pensar, las dificultades de su campaña no son las amenazas. Patiño no tiene escoltas, anda sólo por las calles y sólo cuando se mete en barrios difíciles, va con los escoltas prestados de los excombatientes que sí tienen.

No le gritan “asesino, violador” en las calles, ni lo han chiflado, algo que en el fondo obedece a una decisión estratégica del partido de no quemarse con el perfil de un excombatiente.

Dice que lo más difcíl ha sido hacer campaña sólo, en una lista que en realidad no es lista porque sólo está él (la otra lista que tiene Farc aquí es al concejo de La Montañita, que integran cuatro excombatientes) y también que ha sido un reto hacerse conocer por fuera de la Universidad.

Los números de Farc tampoco son halagadores.

Como mostramos, el año pasado con la lista al Senado jalonada por un líder simbólico como Márquez apenas sacaron 1684 votos en todo Caquetá, de los cuales 527 fueron en Florencia y para ganar la curul, Patiño necesita 2350 votos. 

Espera conseguir mínimo unos 200 en la universidad y que su trabajo en los corregimientos se refleje el domingo.

Si gana, la Farc tendría a su primer concejal electo popularmente en Florencia. Si pierde, será una lección más para un partido que ha tenido un duro choque de realidad.

Compartir
0