La buena hora de ‘Charranquilla’

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Si Barranquilla fuera una mujer, sería hoy una dama estupenda, respetada, con buena salud, llamada a ser de las más bellas y exitosas del país, a la que sin embargo no podría acceder nadie más allá de lo que el círculo que la domina permita. Ese círculo es el que encabeza el poderoso clan Char, que gobierna hace ocho años, se va a reelegir y cada vez adquiere más poder a nivel nacional, lo que ha hecho que en algunos corrillos locales algunos jocosamente se refieran a la ciudad como “Charranquilla”. La llamada Puerta de Oro de Colombia es cada vez más de oro.

La mirada al río a través de varios proyectos de infraestructura, es una de las iniciativas de las administraciones del grupo Char más significativas para los barranquilleros.

Si Barranquilla fuera una mujer, sería hoy una dama estupenda, respetada, con buena salud, llamada a ser de las más bellas y exitosas del país, a la que sin embargo no podría acceder nadie más allá de lo que el círculo que la domina permita.

Ese círculo es el que encabeza el poderoso clan Char, que gobierna hace ocho años, se va a reelegir y cada vez adquiere más poder a nivel nacional, lo que ha hecho que en algunos corrillos locales algunos jocosamente se refieran a la ciudad como “Charranquilla”.

La llamada Puerta de Oro de Colombia es cada vez más de oro, aunque aún enfrenta retos grandes. Sobre ella, uno pasa de enterarse que es la ciudad con los mejores índices de transparencia, a leer que se abrió el noveno frente de trabajo en las obras que prometen acabar con el dolor de cabeza histórico de los arroyos, y luego ver que la alcaldesa está nominada en el premio al mejor alcalde que entrega la organización Colombia Líder. Titulares todos de los últimos dos meses.

Pero el buen momento no es asunto sólo de una Alcaldía o de un apellido. La unión poderosa entre esa destacable Administración y la pasada (ambas de la casa Char), el apoyo de los líderes gremiales, un Gobierno Nacional que se graduó de socio estratégico y la coyuntura de la apertura de los mercados y los TLC, que implican más inversión en los litorales y la relocalización de muchos proyectos empresariales, tienen a esta esquina clave del Caribe como una de las ciudades más prometedoras del país.

Una suerte de ‘nueva’ Medellín, que el mes pasado fue definida por Planeación Nacional como el mejor “vividero” de la Costa.

Barranquilla es una mujer deliciosamente fresca, consentida por las brisas que han permanecido casi todo este año desde sus vecinos río y mar, a la que no obstante por estos días se le nota con fuerza uno de sus (pocos, pero importantes) lunares: sus escasas opciones electorales.

Elsa Noguera y Álex Char.  
Otra imagen de la Avenida del Río que engalana a Barranquilla. 

Para darse cuenta basta con recorrer por encima algunos de sus barrios más populares, como Las Nieves, La Chinita o Ciudadela, en los que normalmente a estas alturas de un año electoral ya se siente la inminencia de las regionales, por la movida de los líderes o los recorridos casa a casa de los aspirantes. Incluso, por la campaña anticipada que es tradición regional con afiches o eventos públicos. Pero no esta vez.

A diferencia de la feroz competencia que viven desde hace meses en Santa Marta, Riohacha o Cartagena, por ejemplo, aquí nada de eso se está viendo en esta ocasión para la Alcaldía. (Hace cuatro años, Juan García le peleó a Elsa Noguera y, hace ocho, hubo pulso Alex Char Vs Máximo Noriega).

“En calidad de democracia no hemos avanzado, hay una crisis de liderazgo, deberíamos tener un ramillete de candidatos como el de Bogotá”, advierte sobre este punto el director de la ONG Protransparencia y columnista Horacio Brieva.

No hay pelea por la Alcaldía. Y la razón es la que ya conoce el país político: el ex alcalde Álex Char tiene su triunfo cantado desde hace meses, según las encuestas.

Sus únicos contrincantes son el exfuncionario, de la cuerda del exmandatario Bernardo ‘el Cura’ Hoyos (quien fue condenado por peculado por apropiación y celebración de contrato sin el lleno de requisitos) Rafael Sánchez Anillo, al que muchos ven jugando como sparring de Char. Y el líder de izquierda Antonio Bohórquez. Pero el segundo anunció hace unos días que estudia retirarse para aspirar al Concejo.

Char nada en aguas tan tranquilas, que ha estado viajando fuera del país y ahora anda de gira regional entregando los avales de su partido Cambio Radical en otras ciudades. Seguramente hará campaña cuando se inscriba oficialmente como candidato esta semana, pero es claro que no sufre afanes.

Como nos dijo un taxista, “él podría volver el 25 de octubre (día de las elecciones) en la mañana, que en la tarde está elegido”.

De su mano y de la de su sucesora y futura predecesora Elsa Noguera, la capital del Atlántico ha florecido en casi todo. Aunque prácticamente desapareció el activismo ciudadano y las voces críticas, continúan los problemas en la movilidad y los grandes contratos siguen quedando en manos de los mismos tres o cuatro mega contratistas, la mayoría de ellos trabajando de la mano de los políticos.

Barranquilla, en donde se unen el río y el mar, vive un buen momento, además, por la coyuntura de la apertura de mercados y los TLC. 
Ya no le dicen "La Arenosa" porque sus vías sin pavimentar en los barrios, ahora lucen así. 

La historia de un buen momento

Es probable que ningún barranquillero menor de 20 años lo sepa, pero hubo un tiempo en que en la ciudad -2 millones 460 mil habitantes, dos billones de pesos largos de presupuesto para 2015- salía barro de la llave del agua.

Fue el colapso de los servicios públicos en los 80, cuando a las Empresas Públicas Municipales de Barranquilla las desbordó la politiquería y el clientelismo mientras intentaban prestar los servicios de acueducto, alcantarillado y aseo. Gente de la cuerda de los clanes Name y Gerlein llevaban controlándolas muchos años.

En el recuento de malas horas de la historia reciente de curramba, también están la última administración del Cura Hoyos (cuyos cuestionados manejos a las finanzas terminaron con la ciudad en Ley 550 o de quiebras en la Administración siguiente). Y la de su heredero y luego enemigo Guillermo Hoenigsberg (condenado por peculado y contrato sin el cumplimiento de los requisitos), sobre cuya cabeza se posó el fantasma de los paramilitares en la Alcaldía, como lo contó La Silla.

La era Char comienza, precisamente, luego del acabose del Movimiento Ciudadano del Cura.

Hijo de la familia del magnate dueño de las tiendas Olímpica, después de pasar por el Concejo en el 97 y de ocho meses como gobernador en 2003 (aparentemente había perdido el cargo en 2001 con Ventura Díaz, pero luego el Consejo Nacional Electoral se pronunció a su favor), Char llegó a la Alcaldía con el apoyo de toda la clase política tradicional que iba en contra del liberal Eduardo Verano a la Gobernación. Todos, incluidos los Name, rivales tradicionales de los Char.

Sus cuatro años se destacaron sobre todo por su labor para sanear las finanzas, en cabeza de su secretaria de Hacienda Elsa Noguera; por el desmonte de varias polémicas y onerosas concesiones y por haber proyectado muchas de las obras de infraestructura que hoy lucen en Barranquilla, incluyendo los megacolegios.

A Elsa le reconocen logros, especialmente, en los sectores de educación y salud. Y las cifras oficiales que nos entregó la Alcaldía la respaldan: su programa Universidad al Barrio le dio uso en horas no escolares a 20 colegios públicos, para que bachilleres sin oportunidades reciban clases técnicas todos los días de 6 de la tarde a 9 de la noche. Los beneficiados son siete mil, según el dato oficial.

La cobertura en salud es del 100 por ciento y en este gobierno los estudiantes de las instituciones públicas pasaron de recibir todos meriendas (una cobertura total que logró Char) a contar también con desayuno y almuerzo todos los días.

Pero acaso el proyecto más significativo para los barranquilleros atribuido a estos dos gobiernos es la mirada sobre el río, que hace parte de un mega plan de transformación urbana. La ciudad que creció de espaldas al Magdalena, hoy ha vuelto la vista sobre él con tres iniciativas: la Avenida del Río, las obras de La Loma y el puerto de aguas profundas.?

Imagen de las obras del centro de convenciones Puerta de Oro, que se hace con plata pública y privada.
Álex Char adquiere cada vez más poder a nivel nacional, gracias a su alianza política y amistad con el vicepresidente Germán Vargas Lleras.

La Avenida del Río fue inaugurada en el 2012 y arranca en el remodelado edificio de la Intendencia Fluvial.

La Loma es una propuesta emblema de las alianzas público privadas que de manera permanente impulsa la Alcaldía. Cuesta medio billón de pesos y consiste en “un gran desarrollo inmobiliario, de uso mixto, en donde quedará la Alcaldía, un malecón, el 55 por ciento del espacio será público y habrá predios para uso privado”, como se lo definió la Alcaldesa a La Silla. Arrancó en agosto pasado.

El puerto de aguas profundas, como lo contó La Silla, es la súper concesión que va hasta 2055, costará unos 1,8 billones de pesos y consta de una zona franca e industrial de 800 hectáreas a la que podrán llegar barcos de mayor calado. La ciudad podría así hacerle competencia a Panamá con este negocio que quedó en manos de los empresarios Yuyo y Cristian Daes, Carlos Mattos y Julio Gerlein.

En esa revolución del cemento también se cuenta un extenso programa de pavimentación de vías llamado Barrios a la Obra, que comenzó Char y ha financiado el Gobierno a través de Fonade y el DPS, el centro de convenciones del Caribe y todas las obras que se van a hacer -también cofinanciadas- para los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018 que la ciudad se ganó.

Lo de los servicios públicos se solucionó con la creación, en 1991, de la empresa Triple A, cuya buena operación ha sido reconocida por los barranquilleros en las encuestas de percepción del programa Barranquilla Cómo Vamos.

Eso a pesar de que, de tener la mayoría accionaria, la ciudad pasó a perder ese activo desde que el exalcalde Édgar George le entregó el negocio a Aguas de Barcelona. Hoy el Distrito apenas tiene el 14 por ciento. Pero el único servicio público que se presta mal es el de la luz, por culpa del caos de la privada Electricaribe, que está en siete de los ocho departamentos de la región.

La cereza del pastel barranquillero es la coyuntura del modelo de apertura de mercados, que le ha aportado a la ciudad cifras históricas de inversión privada y empleo. Por ejemplo, dos años después de la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, se contaron inversiones por 230 millones de dólares en Barranquilla. El dato es de la promotora de inversión de la ciudad, Fundesarrollo.

El año pasado, según la Agencia de Inversión del Atlántico Probarranquilla, se instalaron o ampliaron 75 empresas extranjeras en la ciudad, una cifra considerada récord.

Pero aun frente a todas estas luces, es posible ver algunos lunares.

Todos los días hay embotellamientos en las vías de Barranquilla.

Sin movilidad, sin voces críticas y con muchos mega contratos

Republicana y libre, a diferencia de Cartagena, Barranquilla es una dama que no ha respetado mucho las jerarquías y le ha abierto sus brazos con facilidad a movimientos disruptivos como el del Cura Hoyos y el petrismo (a Petro le fue bien aquí cuando se lanzó a la Presidencia y llenó la Plaza de la Paz, más recientemente, cuando el Procurador lo destituyó en Bogotá).

Sin embargo, si de algo carece la ciudad en esta era de los Char es de competencia política pues éstos lograron consolidar detrás suyo el apoyo de los caciques que antes competían entre sí.

Para reelegirse en la Alcaldía, Char cuenta con el apoyo del clan Gerlein y de congresistas como Efraín ‘Fincho’ Cepeda, Laureano Acuña y Álvaro Ashton, de partidos diferentes. Esta vez no lo acompaña el grupo de los Name.

“Lo que hay es una hegemonía apabullante de las maquinarias que sostienen gobiernos locales, en buena parte con la compra y venta del voto”, le resumió el analista Brieva, de Protransparencia, a La Silla.

La Administración de Barranquilla efectivamente se sostiene en la misma clase política tradicional que en los 80 fue en buena parte responsable del colapso de los servicios públicos. Solo que ahora tienen un candidato que a los ojos de muchos representa lo contrario.

Y de la mano de la ausencia de una verdadera competencia política han desaparecido las voces críticas de antaño. Quizás porque dado el progreso visible nadie siente que tenga que hacer activismo en contra de nada, o quizás porque como dicen algunos expertos la medida de la oposición mediática la da la oposición política que le da ‘ideas’ e información a los periodistas y columnistas.

Durante la época del caos, El Heraldo, el principal medio barranquillero, fue clave junto a los líderes gremiales para plantear una agenda de ciudad que a la postre impulsó nuevos liderazgos como el de Char.

Son muy pocas las voces críticas. La del investigador de la Universidad del Norte Jairo Parada, quien ha escrito en columnas al respecto, dice que aunque hay pluralidad en los contratos medianos y pequeños, y las obras se están haciendo, los mega contratos siguen quedando en manos de los mismos tres o cuatro contratistas.

Esos contratistas tienen estrechos vínculos con la Administración, como lo contó La Silla.

Valorcom, de Julio Gerlein; A Construir, de los Daes; Sergio Torres Reatiga; y Castro y Tcherassi, son las empresas que se están quedando con el grueso de la contratación, según lo ha documentado Protransparencia.

Al respecto, la Alcaldesa nos dijo hace dos meses que si no hubiera transparencia, no avanzarían las obras, “porque en Barranquilla no ha habido un retraso que haya pasado de tres meses. Fueron muchos años de desadministración, pero ahora ha habido pluralidad en la contratación”.

Y mientras los negocios se mueven, lo que no avanza es el tráfico, quizás el lunar que en lo que tiene que ver con políticas públicas más le critican a las dos alcaldías del grupo Char. Barranquilla luce embotellada, desconectada vialmente y sin un sistema de caminos presentable.

Por todo lo anterior, no son pocos los retos que tendrá el Alcalde ‘cantado’ de esta ciudad que no se llama Charranquilla, así a veces parezca.

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