La campaña de Fajardo se mueve a paso lento

La campaña de Fajardo se mueve a paso lento
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En lo que va de la contienda electoral, Sergio Fajardo ha logrado aferrarse al segundo lugar en las encuestas de favorabilidad e intención de voto a pesar de los dos procesos en su contra en las ías, la salida al ruedo de Alejandro Gaviria y el desgaste político que traía de su campaña de 2018 y su posterior ida a ver ballenas.

Sin embargo, dos encuestas que hacen mediciones comparables de intención de voto, la de Invamer y las del Centro Nacional de Consultoría, muestran que no crece e incluso ha tenido una caída. A pesar de esto, su campaña no ha cambiado de rumbo, y no está haciendo nada distinto de lo que ha hecho siempre.

Mientras Gustavo Petro, quien lidera la intención de voto, está en modo campaña desde hace semanas, en eventos multitudinarios con tarima, luces y producción, la campaña de Fajardo no tiene multitudes, y no planea llenar ni una sola plaza.

Fajardo va a la calle

“Esta campaña va a tener sobre todo calle. Por más que cualquier candidato haga tarimas y grandes concentraciones, a Fajardo nunca lo verás en esos escenarios”, dice Juan Abel Gutiérrez, consultor en marketing político que está a la cabeza de la estrategia de campaña de Fajardo. “La forma histórica en la que ha hecho campaña es caminando. Y así ganó la Alcaldía y la Gobernación, y estuvo a 250 mil votos de pasar a segunda vuelta”.

“Nosotros hacemos política en la calle, entregando volantes. No nos vas a ver en una tarima con grandes multitudes, ese no es el estilo de Fajardo”, coincide Valentina Tunjo, quien hace parte de Compromiso Ciudadano y ayuda a coordinar los voluntarios de la campaña en el Valle del Cauca.

Efectivamente, hasta ahora la agenda de Fajardo en los lugares que ha visitado se ha limitado a reuniones con grupos pequeños de empresarios, conversatorios con auditorios modestos de ciudadanos y recorridos por las calles.

Una estrategia que, además, se basa mayoritariamente en trabajo voluntario, y por el momento tiene una financiación austera, según nos dijeron cuatro fuentes de la campaña de manera independiente. Otra gran diferencia con el proceder de Gustavo Petro, que ha optado, en varios sentidos, por montar una campaña política más tradicional.

“Lo que hay detrás de las tarimas de Petro son empresarios y un montón de plata, pagando buses y moviendo gente. Fajardo viene, arma caravanas, se junta con gente, hace caminatas, y lo que sí estoy seguro es que detrás no hay un solo peso”, dice Daniel Duque, concejal verde de Medellín que ha sido cercano a Fajardo.

Y a pesar de la austeridad, las fuentes consultadas coinciden en que las bases de voluntarios cada vez cogen más fuerza. Tienen estructuras en 28 departamentos, con 5 mil voluntarios activos permanentemente y 100 mil de apoyo, números que han venido subiendo desde mitad de año y que superan la estructura con la que contaban para 2018, según fuentes oficiales de la campaña.

Apoyados en esta estructura, la idea en las próximas semanas es hacer giras por las ciudades donde más fuerza ha tenido Fajardo históricamente, y donde más se reflejan los problemas del país, como Cali con la desigualdad y el reciente estallido social.

Aunque en algunos viajes va acompañado de los otros precandidatos de la Coalición de la Esperanza, a otros va solo él con su equipo. En esa competencia interna de la Coalición, con Jorge Robledo, Juan Manuel Galán, y Juan Fernando Cristo, Fajardo sigue liderando, al menos en las encuestas.

Ahora, el plan es mezclar los conversatorios y reuniones que ya venían haciendo con una campaña fuerte de volanteo en las calles. Pero, aunque llevan meses moviéndose por el país, esta campaña apenas empieza a despegar. Y tiene el reto de empezar a emocionar a la gente, algo que hasta ahora el centro no ha logrado hacer del todo.

“La campaña del centro ha sido hasta ahora muy aburrida, incluyendo la de Fajardo y Alejandro Gaviria. Parecen científicos y pensadores, y sus propuestas están lejos de generar alegría”, le dijo a La Silla el analista político Héctor Riveros.

Aunque dos fuentes cercanas a la campaña aseguran que Fajardo en la calle tiene reconocimiento y genera emoción, la Coalición de la Esperanza no logró emocionar ni siquiera en su inauguración.

Y Fajardo todavía tiene un camino por recorrer para afianzarse en las calles en esta campaña. Hace un par de semanas, durante un recorrido de la coalición para impulsar las listas al Congreso, el lustrabotas que embolaba sus tenis preguntaba: “¿Cómo es que se llama este doctor?”

Fajardo va a su propio ritmo

Aunque Petro desde hace mes y medio inauguró su campaña masivamente, desde una tarima en forma de P en la Plaza de la Paz de Barranquilla, la campaña de Fajardo en las calles apenas empezará con fuerza este fin de semana, con una jornada nacional de volanteo en todos los municipios donde tienen equipos.

Esto ha hecho que no solo se vean quedados frente a Petro, sino frente a rivales más cercanos como Alejandro Gaviria, que se han movido más para recoger las firmas necesarias para avalar su candidatura antes del 17 de diciembre. “Porque Alejandro recoge firmas y nosotros no, eso genera un dinamismo muy superior en su campaña respecto a la nuestra”, dice uno de los coordinadores de la campaña en Valle, que pidió no ser citado porque no es vocero.

No solo se ha demorado el arranque en las calles. Tampoco parece tener afán para armar su lista al Congreso, que será una lista conjunta de toda la Coalición de la Esperanza. Aunque ya hay más de 300 personas inscritas a través del formulario en la página web de la coalición, todavía falta conformar un comité de ética que seleccione los candidatos, y definir el mecanismo para seleccionarlos. Y aunque las inscripciones en teoría cierran mañana, 22 de octubre, desde la coalición le dijeron a La Silla que lo más probable es que amplíen el plazo.

Entre tanto, aunque dos fuentes aseguran que hay varias personas cercanas a Fajardo y de Compromiso Ciudadano ya inscritas, desde la campaña todavía no dan nombres. Ni dan pistas sobre el aval que el candidato llevará a la consulta de la coalición, aunque afirman que lo definirán antes de diciembre.

Sobre la mesa, desde la campaña de Fajardo, ven varias opciones. Además de la ASI y Colombia Renaciente, partidos poco conocidos, no descartan que Fajardo pueda aspirar incluso por Dignidad, de Robledo, o por el Nuevo Liberalismo, de Galán. 

Tampoco han avanzado mucho en posicionar las propuestas de la campaña. Mientras Gustavo Petro agita las redes sociales proponiendo gravar solo a 4 mil personas, suspender la exploración petrolera en el país o volver las tierras de los terratenientes más productivas, Fajardo ha tenido que reaccionar a las acusaciones y fallos en su contra en la Fiscalía y la Contraloría.

En las últimas semanas, sus declaraciones en redes sociales y medios de comunicación se han enfocado en estos procesos (que él llama “la otra campaña”) y ha retirado el foco de sus banderas de campaña, que por el momento permanecen desdibujadas.

Las banderas que buscan enarbolar para 2022 son las ya tradicionales de educación y lucha contra la corrupción, con la más reciente adición de la desigualdad. Pero para posicionar estas banderas le queda camino por delante.

Del debate de la educación presencial, por ejemplo, ha estado notablemente ausente desde abril, aunque su equipo asegura que a nivel programático se han enfocado mucho en este tema. Su bandera anticorrupción puede flaquear ante el público por los procesos que enfrenta en los entes de control (aunque ninguno involucra acusaciones por corrupción).

Y la bandera de la desigualdad a duras penas ha empezado a ondearla. De hecho, de tres fuentes regionales a las que les preguntamos por las banderas de la campaña, ninguna mencionó la desigualdad. Aunque sí destacaron la propuesta de reactivación económica con enfoque en los jóvenes.

En todo caso, el equipo de Fajardo espera que esto cambie pronto. Según adelanta Juan Abel Gutiérrez, en las próximas semanas el discurso de Fajardo cambiará de foco: de los procesos que enfrenta en los entes de control y sus presuntas irregularidades, pasará a hablar sobre los ejes de la campaña y las propuestas programáticas.

“Él quiere que lo programático despierte también emociones”, dice Gutiérrez.

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