La cara colombiana del movimiento mundial anti vacunas covid

La cara colombiana del movimiento mundial anti vacunas covid
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El miércoles 11 de agosto, frente al Ministerio de Salud hubo un plantón en contra de las vacunas contra el covid-19. “No al pase Nazi de vacunación, mi cuerpo mi decisión, sí al dióxido de cloro”, rezaba la pancarta más grande. “Las vacunas son una gran mentira”, decía otra.

Eran unas 50 personas con no más de 10 pancartas y un megáfono. Sin embargo, causaron revuelo. Era la primera manifestación visible de un movimiento contra las vacunas del covid que parece estar cobrando fuerza en Colombia, donde las personas que no se quieren vacunar se han convertido en el principal obstáculo para el avance del Plan Nacional de Vacunación (PNV). Ya hay nuevos plantones citados en Bogotá y otras cuatro ciudades para este viernes 27 de agosto.

Estos plantones son organizados y publicitados por la plataforma Familias por la Verdad, quienes se describen a sí mismos como “un grupo de activistas cristianos pro-vida y pro-familia” y que, desde mediados de este año, se organizaron para mover desinformación y teorías conspirativas sobre el covid y la vacunación.

Su principal vocero es Esteban Ramírez, médico veterinario de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (Udca) de Bogotá, y especialista en educación religiosa. Es hijo del exconcejal de Bogotá Marco Fidel Ramírez, un líder cristiano evangélico conocido como el “Concejal de la familia”, que estuvo en el Concejo entre 2012 y 2019.

Apadrinado por su papá, Esteban fue candidato a la Cámara por Bogotá en 2018 con Opción Ciudadana —el viejo Partido de Integración Nacional (PIN), del parapolítico Luis Alberto “El Tuerto” Gil; un partido reconocido por ser el puerto de llegada de parapolíticos y rechazados de otros partidos. El lema de Ramírez Jr. a la Cámara fue “#DefendamosLaFamilia del socialismo y la ideología de género”. Se quemó con menos de 6 mil votos.

Ahora, Ramírez es la cara visible de Familias por la Verdad, aunque no se identifica como su líder sino solo como su vocero. En general, las respuestas sobre quiénes conforman esta agrupación son vagas: “No hay una sola persona detrás de este esfuerzo, no es solo una plataforma ciudadana, sino diferentes organizaciones”, le dijo Ramírez a La Silla. “La conformamos un grupo de profesionales que hemos querido mirar de forma distinta lo que ocurre”, agregó después.

En el sitio web de Familias por la Verdad convergen varias teorías conspirativas alrededor de la pandemia: desde que el virus es un invento del Partido Comunista Chino para establecer un “nuevo orden mundial” hasta que la pandemia fue planeada por Bill Gates y otras organizaciones para reducir la población mundial. 

Pero el contenido se enfoca principalmente en argumentar que el covid es prevenible y tratable (con métodos anti científicos y hasta peligrosos como el uso del dióxido de cloro), y que la vacunación es un “ensayo clínico a nivel mundial donde están inoculando sustancias experimentales de forma masiva en la población”, como expone Ramírez. Aclara que no se consideran antivacunas, pues a la única a la que se oponen es a la vacuna del covid.

El objetivo de la plataforma, según el vocero, es condensar en un sitio web información “académica y médica” alrededor de estos planteamientos. 

“Nos dimos cuenta de que era necesario recoger toda esa información, organizarla, sistematizarla y plasmarla en una plataforma de un sitio web que nos permitiera eludir la censura que de manera sistemática se ha venido desplegando con todos estos contenidos”, nos dijo Ramírez.

Pero no se han limitado a una página web: también tienen presencia en Twitter, Instagram, Facebook y YouTube. Donde más se han popularizado, sin embargo, es en Telegram, una plataforma de mensajería cerrada que se ha convertido en el canal por excelencia de los antivacunas en la pandemia.

Así circula la desinformación

Ramírez denuncia repetidamente la “censura sistemática” en las redes sociales. En efecto, Facebook, Instagram, Twitter y YouTube han optimizado su vigilancia para detectar y retirar contenidos que desinformen acerca de la pandemia y la vacunación. 

Solo en junio 2021, Facebook reportó haber retirado más de 76 mil piezas de contenido digital, mientras que Twitter retiró 43 mil mensajes por violar la política de información del coronavirus. La Silla Vacía es uno de los chequeadores independientes del programa de verificación de Facebook en Colombia y hemos reportado cientos de publicaciones falsas relacionadas con la vacunación. 

En Familias por la Verdad se ven constantemente obstaculizados por estas restricciones. Ramírez señala que hace poco recibió una advertencia de Facebook en su cuenta personal diciendo que si vuelve a publicar información que viole las normas comunitarias eliminan su cuenta. Tan solo la semana pasada, la cuenta oficial de la organización quedó inhabilitada por tres días luego de compartir un video sobre efectos adversos de la vacuna. 

Ante esto, Familias por la Verdad ha replicado comportamientos propios de grupos antivacunas en Estados Unidos, según el análisis de Linterna Verde, una iniciativa que monitorea el debate público digital y ha investigado estos movimientos. Al igual que sus equivalentes norteamericanos, Familias por la Verdad ha buscado formas de adaptar el lenguaje que usan en redes para evitar ser identificados por los filtros de moderación de contenido de las plataformas, por ejemplo, escribiendo “V.a.c.u.n.a. C/o/v/i/d-19”. 

Y, sobre todo, han migrado a plataformas alternativas, donde, en palabras de Ramírez, han podido “refugiarse”. 

Durante la pandemia, plataformas como BitChute, Gab y Rumble han tenido un crecimiento importante. “Esas plataformas donde no hay monitoreo, no hay políticas que eliminen la desinformación, se vuelven nidos de radicalización”, explica Daniel Acosta Ramos, investigador sobre vacunación y covid en First Draft, una ONG estadounidense que trabaja en temas de desinformación.

Familias por la Verdad tiene enlaces a Gab, BitChute y MeWE, todas redes de este tipo. Pero la más importante para ellos, y una de las que más importancia ha cobrado en el contexto colombiano e internacional, es Telegram. “Es allí donde estamos encontrando cada vez más acogida, donde más personas nos están siguiendo”, señala Ramírez.

En efecto, mientras en Instagram cuentan con alrededor de 320 seguidores y en Twitter no llegan a los 300, su canal de Telegram reúne más de 1.400 suscriptores. Más diciente aún, es el ritmo de crecimiento: el canal fue creado el 6 de agosto; cuando La Silla lo conoció, el 17 de agosto, contaban con 641 suscriptores. Hoy, ocho días después, ese número subió a más del doble. Mientras en el mismo periodo de tiempo, en Instagram sumaron apenas 100 seguidores y en Twitter aún menos —aunque en las tres plataformas circulan prácticamente los mismos contenidos. 

Y aún hay espacio para crecer. Organizaciones similares en Latinoamérica cuentan con decenas de miles de seguidores en sus canales de Telegram. La más célebre es Médicos por la Verdad, cuyo canal de Argentina tiene más de 50 mil suscriptores, y el de México, más de 23 mil.

Aunque el nombre de Familias por la Verdad va por la misma línea, Ramírez sostiene que no hay ningún trabajo coordinado con ellas, sino que ha sido más bien algo espontáneo e independiente de cada grupo. 

Pero, en términos de contenidos, todos estos grupos se alimentan entre sí. Según encontró Linterna Verde, Familias por la Verdad ya está empezando a crear una red en Telegram, por medio de enlazar contenidos de otros canales y grupos, tanto dentro de Colombia como fuera del país. Incluso esta semana están llevando a cabo un evento llamado “Semana por la verdad”, en el que transmiten en vivo charlas de diferentes figuras colombianas e internacionales que sostienen teorías antivacunas. 

Más allá de esto, Familias por la Verdad cuenta con poco o nulo contenido original. De los videos que almacenan en su página y circulan en sus redes —principalmente testimonios de efectos adversos de vacunas y presuntos científicos que exponen supuesta evidencia a favor de sus tratamientos alternativos y en contra de las vacunas— ninguno es de origen colombiano. 

Varios son figuras reconocidas en Estados Unidos y Europa, a algunos de los cuales ya les hemos pasado el Detector de Mentiras en La Silla, como Scott Jensen (acá), Luc Montagnier (acá) y Andreas Kalcker (acá).

Y muchos son personajes reconocidos en América Latina, que hacen parte de grupos como Médicos por la Verdad —que se originó en España y se expandió a Latinoamérica— y los Epidemiólogos Argentinos, que también han sido objeto de fact-checkers como el medio Chequeado. La Silla le ha pasado el Detector a una de las caras más visibles de Médicos por la Verdad en Argentina, la médica Chinda Brandolinio (acá y acá).

“Las fronteras en las redes sociales son difusas, las teorías conspirativas sobre la pandemia que se mueven en un grupo de Colombia también se mueven en grupos de Perú, México, Argentina, Bolivia. Es muy difícil establecer cuál es el origen”, explica Laura Cely, investigadora en política y redes del Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes y de la iniciativa Colev de la misma universidad.

Y estas teorías que se mueven en Latinoamérica son importadas, a su vez, de Estados Unidos y Europa. “Estas desinformaciones generalmente surgen y se popularizan en medios anglosajones, espacios de teorías de conspiración, que son traducidos y reempaquetados por blogs y páginas web en español. De ahí se van esparciendo a través de grupos de WhatsApp y canales de Telegram”, explica Acosta Ramos, de la ONG First Draft. 

Y aunque las organizaciones no están adscritas a movimientos políticos particulares, muchas de las caras visibles y sus seguidores son de corte conservador, varias veces religioso, y en ocasiones se adscriben a otras teorías de conspiración propias de la ultraderecha estadounidense como Q Anon. Ramírez, durante la conversación con La Silla, llegó a referirse a Joe Biden como “el presidente ilegítimo de los Estados Unidos”. 

Esta son algunas de las mentiras que promueven, pasadas por nuestro detector de mentiras:

“Las vacunas son experimentales”


falso

 

La parte experimental de una vacuna se da en la fase I de su desarrollo, y las que estamos usando están en la Fase IV.

En la I se evalúa en un grupo de personas pequeño, generalmente de menos de 100 voluntarios, para ver si es segura y qué respuesta inmunológica provoca. 

Si le va bien, deja de ser un experimento y pasa a la fases II y luego a la III, en las que se prueba en cientos y después miles de personas. Allí se sigue midiendo su seguridad y capacidad inmunógena, y también se prueban las dosis y el método de administración.

Esas pruebas son aleatorias (algunas personas reciben la vacuna, otras un placebo) y doble ciego (ni el voluntario ni quien entrega la dosis sabe si es vacuna o placebo). 

Ya en la fase IV se evalúa cómo le va a una vacuna ya aprobada para ser usada de forma masiva en uno o varios países, para ver cómo funciona en el “mundo real”. También se mide su efectividad y se monitorean los eventos adversos.

Como las vacunas que se están usando están en fase IV, vacunarse no es someterse a un experimento.

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“Las vacunas no tienen licencia”


falso

 

Ayer la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) le dio la aprobación total a la vacuna de Pfizer. Otras vacunas, como las de Moderna o Janssen, tienen aprobación de emergencia del Invima y la FDA. Todas las que se usan tienen aprobación en los países que las aplican. 

La autorización de uso de emergencia se aplica durante emergencias de salud pública, como la actual pandemia de covid. No implica que las vacunas no se hayan probado rigurosamente: la FDA explica que han pasado tres fases de estudios clínicos y que tienen el aval porque cumplen criterios como que no hay otras alternativas adecuadas, aprobadas y disponibles.

Además, las solicitudes de autorización de emergencia incluyen un plan para ir verificando que son seguras. Por ejemplo, revisan cuántas muertes, hospitalizaciones y otros eventos adversos graves hay y a qué se deben, para ir revisando su riesgo-beneficio y definir si se mantiene la autorización de emergencia.

Con esa autorización, los fabricantes deben continuar sus estudios para obtener la suficiente información de seguridad y eficacia para lograr la aprobación ordinaria de la vacuna, como logró Pfizer.

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“No tiene sentido vacunarse si aún es posible contagiarse, desarrollar la enfermedad, contagiar a otros”


falso

 

Los estudios que han observado la efectividad de las vacunas en condiciones reales han encontrado que reducen de manera significativa la muerte y la enfermedad grave: por ejemplo, la de Moderna disminuye la posibilidad de muerte en 100 por ciento y la de Pfizer en 98. Es decir, sí tiene sentido vacunarse. 

Aunque las vacunas no evitan el contagio, decenas de estudios alrededor del mundo demuestran que sí lo reducen. Este publicado en The New England Journal of Medicine mostró que la transmisión domiciliaria fue de un 40 a un 50 por ciento menor en los hogares con pacientes vacunados. O éste publicado en Nature indica que la pronta vacunación a una población disminuye la probabilidad de que aparezca una nueva cepa resistente del virus. 

En Bogotá, tras la vacunación se redujeron los casos activos con covid de la población mayor de 70 años en un en 20 por ciento, y en 39 por ciento en población mayor de 80 años. 

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“El dióxido de cloro es eficaz para la prevención de síntomas del covid”


falso

 

El principal promotor de esta teoría es el alemán Andreas Kalcker, quien se autonombra biofísico por títulos de una universidad sin ningún aval académico. Familias por la Verdad invita a consultar la página de Kalcker para comprar CDS. 

Kalcker afirma que la acción terapéutica del dióxido de cloro ocurre cuando una persona lo consume y entonces la molécula (ClO2) se separa y libera oxígeno. Dice que esa aparente oxigenación permite curar enfermedades como gripa, o cáncer, y contrarrestar la sensación de ahogo.

Pero no hay ninguna evidencia científica de estos efectos. La FDA no aconseja usarlo, la Organización Panamericana de la Salud tampoco, la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades de Estados Unidos advierte que es peligroso ingerirlo y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios desaconseja su uso”.

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