La crisis de El País de Cali ya llega a los salarios

La crisis de El País de Cali ya llega a los salarios
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Foto: El País de Cali

Este lunes el medio Cali 24 horas dijo que la crisis en el diario El País de Cali empeoró tanto que los reporteros no pueden hacer trabajo en campo porque no había plata para la gasolina y que el diario espera a un inversionista, probablemente el grupo Gilinski, para seguir funcionando.

Y hace menos de un mes empezó a funcionar una cuenta en Twitter - que cancelaron hace pocos días - llamada El País Miente. En los tuits que alcanzó a publicar, contó que los empleados del diario más antiguo y conocido de la ciudad y el suroccidente, no recibían pago hace dos meses y que debía liquidaciones de personas que renunciaron a mediados de año.

La Silla habló con trabajadores y extrabajadores del medio sobre la situación actual del periódico. Ninguno de los que siguen trabajando en el periódico dice que se hayan afectado las salidas de campo, pero concuerdan en que la crisis ha empeorado este año.

Dos de ellos le confirmaron a La Silla que están recibiendo el pago con retrasos: este mes les pagaron el sueldo de agosto, y están a la espera de dos de las tres cuotas en las que el diario dividió la prima salarial del primer semestre, como permite la ley debido a la pandemia.

La situación es tan dura que El País ha estratificado el pago de los salarios. Empieza a pagar cada nómina con los que ganan menos y solo al final paga a los que tienen los sueldos más altos, para afectar menos a los que están en condiciones más frágiles.

Esa es una de las acciones que le permite la ley de reorganización empresarial a la que ingresó el año pasado antes de la pandemia, cuando ya no tenía el flujo de caja para saldar deudas y la Dian incluso le había embargado un inmueble, y en lo que fue un hito porque se convirtió en el primer medio de comunicación en ser admitido en esa ley.

Pero tras año y medio de proceso, la situación está peor.

Una reestructuración en veremos

Entrar en una reestructuración es una decisión difícil para cualquier empresa, porque aunque implica una oportunidad para salvarse (permite congelar los pagos de créditos, evitar embargos y renegociar deudas), también significa aceptar que está en mal estado, y eso puede llevar a que se le cierren muchas puertas en bancos, proveedores o alianzas.

El mal estado es claro, pues los ingresos se redujeron a la mitad de 2017, cuando fueron casi 53 mil millones de pesos, a 2020, cuando apenas sumaron 26,6 mil millones.

Por eso, en esos años las pérdidas se triplicaron hasta superar los 6 mil millones de pesos. Y el costo se nota incluso en la pérdida de sus trabajadores.

La Silla le escribió a la gerente, directora y promotora de la reorganización de El País, Maria Elvira Domínguez Lloreda, para conocer sobre el proceso de reorganización y el futuro del medio. Su respuesta fue “dentro del proceso de reorganización en el que se encuentra la compañía no es conveniente dar información”.

Entre lo que es público del proceso se sabe que al momento de pedir la reorganización revelaron deudas por más de 24 mil millones (incluyendo 2 mil laborales, más de 5 mil de impuesto y casi 12 mil a bancos); que han buscado vender inmuebles o partes de que no se necesitan para el funcionamiento del diario; y que el primer promotor, Gustavo Delgadillo, salió de la empresa.

Entrar en ese proceso fue quizás la más visible, pero no la única decisión de El País para mantenerse a flote. Como explica Enrique Rodríguez, sociólogo y director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Icesi: “la posibilidad de cerrarlo ha estado sonando desde hace casi una década. Esta es una opción para no hacer realidad la desaparición”.

Eso porque el diario terminó indirectamente afectado no solo por la pandemia sino incluso por la renuncia de Karen Abudinen del Ministerio de TIC.

Los intentos por mantenerse a flote

Cuando ese Ministerio terminó anticipadamente la convocatoria de subsidios a medios, que había sido cuestionada, El País perdió una posibilidad de recibir oxígeno: había solicitado cerca de 3 mil millones para dos proyectos. Es decir, dinero equivalente a la mitad de sus pérdidas en el año de la crisis por la pandemia.

Ese golpe se sumó a que el diario venía de recibir otro, pues la dureza del paro en Cali afectó sus ventas.

Según una persona que conoce el medio desde adentro, los bloqueos que afectaron por más de dos meses la circulación en la ciudad, frenaron la circulación del periódico en algunos puntos: carros que repartían el impreso no podían ni salir ni llegar a todos los puntos de distribución, con lo que el diario se gastaba el costo de imprimirlo sin recibir ningún ingreso o uno muy bajo. Así pasó durante varias semanas, aunque la fuente no nos supo dar cifras de las afectaciones que tuvo el medio.

A eso se suma la pandemia, que sorprendió al medio un mes después de que la Supersociedades la admitió para reorganización y que, como contamos, profundizó la caída de la pauta con las cuarentenas y el frenazo del comercio que ya no tenía cómo pagarla, y prefirió migrar a las redes sociales o pagarle a influenciadores.

Aunque El País fue una de las empresas que pidió y recibió el subsidio al pago del 40 por ciento de la nómina que ofreció el Gobierno, no fue suficiente.

Tampoco parece haber funcionado la suscripción digital que lanzó el País como su gran apuesta de negocios, como recuerda una periodista que estuvo en el medio. En su momento la gerente María Elvira Domínguez reseñó las suscripciones como “el principal motor que impulsa el desarrollo del periodismo de calidad en el mundo entero”.

Germán Rey, profesor de la maestría de Comunicación de la Javeriana, explica que el caso de El País muestra que esa estrategia tiene límites que hacen difícil imitar el éxito del New York Times. “Es grande, nacional e internacional, tiene una versión digital importante, corresponsales extranjeros. Eso es algo que no tiene El País de Cali”, aseguró.

De hecho, aunque tras El País medios nacionales como Semana, El Tiempo y El Espectador empezaron a cobrar por sus contenidos, en Colombia nada que arrancan esos pagos: según el Informe de Noticias Digitales 2021 del Instituto Reuters de la Universidad de Oxford, sólo un 15 por ciento de los colombianos pagó por noticias digitales el año pasado.

Para el profesor Rodríguez, de Icesi, esa crisis parte de que el modelo de negocio no logró acomodarse a la transformación digital, como ha pasado con centenares de medios en todo el mundo.

Solo en Colombia, entre 2016 y 2019, la Casa Editorial El Tiempo despidió a más de 295 personas y cerró su canal de televisión. Y la Fundación para la Libertad de Prensa contó que en 2019 se perdieron 400 puestos de trabajo en la industria de las noticias.

Para el profesor, en el caso de El País eso se agrava porque el periódico nació y creció en un sector que ya no tiene el poder de antes: “Nunca fue un periódico que lograra salir del nicho que lo leía y pagaba la pauta. Sigue siendo un periódico de élite, muy marcado por la agenda política conservadora y, más recientemente, por la derecha”, explica Rodríguez.

Lo fundó hace 70 años el político conservador Álvaro Lloreda, y lo dirigió por unos 25 años. Su familia, de empresarios y una de las más poderosas del Valle del Cauca, sigue siendo la dueña; su nieta María Elvira Domínguez es directora y gerente, y el director de información es Diego Martínez Lloreda.

Y eso, en una región en la que la derecha ha demostrado tener poca fuerza en las elecciones de los últimos 15 años, y en la que la molestia social es tan latente como se notó en el paro reciente, es un lastre mayor.

La crisis ya tiene a los periodistas a media marcha

Aunque la crisis no es nueva, hasta este año no había tocado directamente el bolsillo de los trabajadores. Pero ahora ese impacto es tan fuerte que una persona que trabaja en el medio nos dijo que debe rebuscarse entre ventas de almuerzos y domicilios mientras le llega el pago.

Esa fuente, que no da su nombre para evitar problemas con su empleador, dice que sigue en el periódico porque le apuesta a recibir algún día una liquidación, aunque no sabe si tendrá el dinero para pagarle ni cuánto tardará en hacerlo. Por otra parte, un periodista nos dijo que tenía “puesta la camisa” por el periódico y no pensaba abandonarlo en este momento por cariño, porque ha sido su casa durante años.

Ambos reconocen que la crisis ha estado tocando la puerta del periódico desde hace años, pero que está peor que nunca.

Fabio Posada, quien fue editor de la Unidad Investigativa entre 2008 y 2014, asegura que trabajar en el País era sinónimo de estabilidad económica. “Era absurdo que se demoraran en un pago”, nos dijo una periodista que estuvo por años en el periódico y que, como otros cuatro, concuerda con Posada.

Los periodistas empezaron a vivir directamente el golpe hace dos años: “(hasta entonces) sagrado pagaban los 25, luego lo pasaron a los 30. Este año empezó a demorarse entre dos y cinco días más de la fecha, a veces hasta 10. Ahí empezó la preocupación”, nos dijo un periodista.

Una preocupación que ha llevado a que para muchos ya no sea deseable trabajar en El País.

“Sabíamos que a la primera oportunidad nos teníamos que ir, teníamos que saltar del barco. Los que se van a quedar son los que llevan años allá y van tras una pensión”, nos dijo una periodista que trabajó allí hasta este año.

Pero la situación es tan difícil que renunciar no asegura un pago inmediato: tres extrabajadores aseguraron a La Silla no les han pagado la liquidación ni las cuotas restantes de la prima que para uno de ellos, que renunció hace tres meses, suman más de 6 millones de pesos.

“Mi mayor miedo es que me paguen con bienes lo que me deben, que me diga que vaya por un computador o un televisor para saldar la deuda”, nos comentó un exempleado que dice que necesita la plata.

Los seis trabajadores y extrabajadores que hablaron con La Silla, coinciden en que hay un rumor fuerte desde 2020, de que la familia Lloreda, dueña del diario, está en conversaciones con el grupo empresarial de los Gilinski -que compró la revista Semana- para venderle el medio o parte de él.

Una alta fuente que lo saben de primera mano, nos contó que al grupo Gilinski les han ofrecido El País, pero no lo están negociando y, al menos por ahora, no está interesados en hacerlo. 

Si no  llega un inversionista, el muro de pago no despega y la pauta no vuelve, no es fácil saber cuál es el destino de El País, a menos de que la familia Lloreda le inyecte más capital. Un destino que impacta el periodismo, y por lo tanto la democracia, en Cali, el Valle, el suroccidente y El País: como explica Rodríguez, en El País, “a pesar de las críticas, había una forma de hacer periodismo confiable”.

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