La gasolina legal es combustible de los ilegales en la frontera

La gasolina legal es combustible de los ilegales en la frontera

En octubre, como cada dos años, el Gobierno redefinirá el cupo de gasolina subsidiada que le otorga a cada departamento fronterizo, lo que hace que en esas zonas sea hasta 2 mil pesos más barato tanquear. Y desde hace varias semanas, la Gobernación y el gremio de estaciones de servicio en Norte de Santander están pidiendo que el cupo aumente en un 25 por ciento.

La solicitud plantea un serio dilema para el presidente Iván Duque: porque, de un lado, tras el desabastecimiento en Venezuela, los nortesantandereanos tienen que comprar la gasolina al precio nacional antes de llegar el fin de mes pues la exenta se acaba en las primeras dos semanas. Pero del otro, es vox populi que una parte de la gasolina se va de contrabando para Venezuela y para la producción de cocaína en el Catatumbo.

La gasolina subsidiada

Jorge es taxista en Cúcuta hace 20 años. Como todo su gremio y en general todos los habitantes de esa ciudad, solía tanquear su carro con gasolina venezolana de contrabando.

“Era tan barato que uno podía llenar el tanque con 20 mil pesos”, recuerda. Además, era fácil. Prácticamente en cada esquina de Cúcuta y, a cualquier hora, había pimpinas con combustible venezolano disponible.

Pero hace dos años el contrabando de allá para acá se acabó; y ahora, los primeros días de cada mes, en Cúcuta se forman largas filas para tanquear. A veces, de horas.

Como durante 40 años las estaciones de servicio de frontera compitieron con la desventaja de la gasolina venezolana, el Estado eximió de impuestos cierta cantidad de combustible en estas regiones para desestimular el contrabando.

En Norte de Santander, la llamada gasolina subsidiada cuesta 7 mil pesos –2 mil pesos por debajo del precio nacional– y se distribuye a principio de cada mes. Que es justamente cuando se forman las filas, pues a partir de la tercera semana los más de 11 millones de galones que les da el gobierno con el subsidio ya están agotados.

La Gobernación y Mario Arévalo, gerente de Coomulpinort, una de las dos distribuidoras de combustible en Norte, dicen que al departamento le hacen falta al menos 2,5 millones de galones para cubrir la demanda del mes. Alberto Moros, propietario de una de las estaciones con mayor cupo subsidiado en Cúcuta, dice que necesitan 16 millones de galones subsidiados.

Entre sus argumentos está que mientras el Cesar tiene 1 millón de habitantes, 211 estaciones de servicio activas y 12,8 millones de galones subsidiados, Norte de Santander tiene 1,6 millón de habitantes, 181 estaciones activas y 11,4 millones de galones.

Pero Jorge lo ve de otra manera: “La subsidiada no alcanza, pero porque la sacan para contrabandear”.

En un grupo de whatsapp del gremio amarillo, varios taxistas como Jorge se quejan y denuncian con fotos y videos que los primeros días del mes a las estaciones llegan volquetas con cuatro o cinco pimpinas de 50 galones o carros viejos venezolanos con tanques modificados que pueden comprar hasta 500 mil pesos en gasolina.

Representantes del gremio de las estaciones de servicio como Mario Arévalo o Maria Eugenia Martínez, de la Asociación de Estaciones de Servicio de Norte, Asesnort, insisten en que se trata de casos aislados.

A favor tienen que, según la Policía Fiscal y Aduanera, la gasolina de contrabando en la región representa un 3 por ciento. En todo caso, esa cifra es una estimación calculada a partir de las ventas diarias que reportan las mismas estaciones en el Sistema de Información de Combustibles, Sicom, del Ministerio de Minas.

Pero tal y como nos dijeron desde esa cartera, el reporte no es tan detallado como para saber si las ventas fueron a precio subsidiado o a precio nacional.

En cambio, la realidad de la frontera que Jorge y en general los nortesantandereanos conocen, alimenta la idea de que la gasolina subsidiada se va para otros lados.

El contrabando de Colombia a Venezuela

La vía principal del barrio El Cerrito, en la periferia de Cúcuta, tiene dos cuadras que parecen un mercado persa. Huelen a carne y queso, que traen de contrabando desde Venezuela en cientos de bolsas plásticas y manipulan para la venta al aire libre. Es lo que viene del otro lado, la mayoría de contrabando va en sentido contrario. A escasos 300 metros de allí, sale una de las tantas trochas por las que contrabandean desde un bulto en bicicleta hasta camiones enteros cargados de productos.

Hasta hace dos años, el barrio olía sobre todo a gasolina. Hoy sobreviven unos cuantos vendedores informales allí, sentados al pie de un par de pimpinas y una manguera con una botella como embudo. Venden el líquido a la gente del sector que, por cercanía y costumbre, sigue tanqueando así. Pero ya no es gasolina venezolana. Es la colombiana, subsidiada.

El negocio de esos pocos pimpineros que aún trabajan en Colombia es comprar la gasolina libre de impuestos (7 mil pesos el galón) en las estaciones de gasolina e ir a venderla a la periferia un poco más costosa (hasta 9 mil pesos, como el precio nacional) donde hay pocas estaciones de gasolina.

La ganancia es mayor para los pimpineros que cruzan la frontera y pasan gasolina de Colombia a Venezuela. En medio de la escasez originada por el colapso del país que alguna vez fue potencia petrolera, un galón allá puede costar hasta 25 mil pesos. Y un pimpinero en una moto puede amarrarse hasta 11 pimpinas con 6 galones, cada una, para cruzar al vecino país.

Solo en el sector del Cerrito hay al menos cinco caminos para cruzar a Venezuela. En los sectores de La Parada, Juan Frío y Boconó en Villa del Rosario, municipio del área metropolitana de Cúcuta, hay otros tantos.

La mayoría de las trochas están custodiadas por el ELN, y algunas por las disidencias de las Farc, que organizan cómo pasar personas y contrabando de víveres, medicamentos y gasolina. Por unos caminos, como los de El Cerrito o La Parada, solo permiten el paso de pimpineros en bicicleta o en moto, cobrándoles 3 mil pesos por pimpina. Por otros, como Boconó o Juan Frío, pasan carros y hasta camiones. La extorsión ya va desde 300 mil pesos hasta un millón.

Todo eso, bien sea sorteando los escasos controles de la Policía Aduanera colombiana (que apenas tiene 90 miembros en Norte de Santander y solo hace operativos en las trochas de día) o, tal y como nos dijeron, dándoles “algo de contribución” para que los dejen trabajar.

Así nos lo explicaron por separado seis contrabandistas que trabajan en cada uno de esos sectores.

Es el negocio del momento

La Y de Astilleros es una intersección sobre la carretera nacional que va de Cúcuta hacia la Costa Caribe, famosa en Norte de Santander porque conduce hacia Tibú, a la derecha, y hacia Ocaña a la izquierda. Ambos, municipios de la subregión del Catatumbo, epicentro de la producción mundial de coca.

De madrugada, la intersección está custodiada por dos policías con chaleco antibalas puesto y su moto en la acera.

A uno de ellos le preguntamos por qué había tantas estaciones de gasolina cerca. De Cúcuta hasta allí hay apenas 40 kilómetros —una hora en carro— y en la primera mitad de recorrido hay dos estaciones y en la segunda mitad, diez. Tres de ellas en construcción.

“¿Pues por qué va a ser? Ese es el negocio ahora aquí. Ese es el negocio”, dijo, haciendo todo el énfasis.

La Y de Astilleros, es según tres contrabandistas de gasolina, un punto estratégico en el negocio ilegal.

Como contamos, en las estaciones de servicio cercanas a la Y de Astilleros se abastecen cientos de pimpineros que contrabandean gasolina en pequeñas cantidades por la trocha de Aguaclara, en zona rural de Cúcuta, hasta el vecino país.

También en veredas cercanas a la Y se organizan acopios de gasolina. Es decir, entre varios pimpineros —cada uno con capacidad de mover hasta 60 galones—, llenan camiones o volquetas rumbo a Venezuela o rumbo al Catatumbo para la producción de coca.

Para convertir la pasta de coca en cocaína, los narcos usan gasolina. En el Catatumbo, la guerrilla rompe el oleoducto de Ecopetrol y fabrica un combustible artesanal conocido como pategrillo, que también es usado para la producción cocalera. Sin embargo, una fuente que monitorea los cultivos ilícitos en el país, nos dijo que el negocio en el Catatumbo ha crecido a tal punto que los carteles de droga están dispuestos a pagar el transporte y expendio de gasolina refinada, con tal de que el producto final sea de mejor calidad.

Incluso, según nos dijeron una fuente oficial de Norte de Santander y una del gremio del combustible por aparte, en la región hay rumores de que está llegando gasolina desde Barranquilla hacia el Catatumbo.

Que los narcos le inviertan a mejores insumos explica en parte una de las conclusiones principales del último informe del Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos, Simci, de la Oficina de Drogas de Naciones Unidas: hoy en Colombia hay menos coca sembrada pero la capacidad de extracción del alcaloide se ha tecnificado tanto que los lotes de coca en 2020 resultaron un 23 por ciento más productivos con respecto a 2016.

Intentamos infructuosamente obtener una explicación del comandante de la Policía de Norte de Santander acerca de ese transporte de gasolina en grandes cantidades por las carreteras del departamento.

Desde el Ministerio de Minas, nos dijeron que no sabían al respecto. Nos aseguraron que el aumento de consumo de gasolina en Norte de Santander se podía relacionar más al cambio de dinámica de consumo y a la reactivación económica que a las rentas ilegales. Pero también nos reconocieron que el desvío de gasolina en la región es prácticamente imposible de controlar. 

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