La implosión del uribismo

La implosión del uribismo
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En el primer foro de precandidatos uribistas, el expresidente Álvaro Uribe estuvo solo en los himnos.

Anoche, cuando se cumplieron cinco años de la victoria del No en el plebiscito que lideró el uribismo, el Centro Democrático celebró su primer foro de precandidatos para reemplazar a Iván Duque en la Presidencia. 

El evento se realizó en el Salón Rojo del Hotel Tequendama de Bogotá. Estaban cerca de mil personas, la mayoría militares retirados y de la reserva activa. La imagen de Álvaro Uribe, el anfitrión, aparecía proyectada en una pantalla gigante; abajo en la tarima, los cinco precandidatos del Centro Democrático parecían diminutos. Pero la verdadera metáfora era otra: el líder del partido no estuvo en el auditorio. Acompañó los himnos iniciales por zoom y luego se desconectó.

Y esa ausencia, sumada a otros factores que escapan el control de Uribe, han llevado a una implosión del uribismo.

El uribismo ya no es lo que fue

El Centro Democrático nació como partido en enero de 2013. Y desde entonces, se caracterizó por su disciplina y por mostrarse como un bloque monolítico que sigue la línea de Uribe. El expresidente escuchaba a todos, pero al final todos sabían no sólo que él tenía la última palabra sino que a nadie se le ocurría discrepar de ella públicamente.

Como era un partido vertical y cohesionado, otro rasgo de la colectividad era su coherencia ideológica; el Centro Democrático era un partido que asumía posiciones férreas, y las mantenía incluso cuando no eran populares.

La coherencia más la disciplina le dieron al uribismo un aura de eficiencia: el gobierno de Uribe prometió seguridad y entregó seguridad (a costa de violar muchos derechos, como quedó en evidencia con las capturas masivas, las chuzadas y la complicidad del Ejército con los paramilitares, entre otros). Su bancada en el Congreso también fue efectiva en ejercer una férrea oposición a Santos, y en liderar la campaña del No que frustró el futuro del Acuerdo de Paz con las Farc.

Hoy ninguna de las tres características que definían el Centro Democrático se mantienen.

La implosión del Centro Democrático

La campaña por el aval presidencial del Centro Democrático —que saldrá del que gane una encuesta a la militancia uribista y otra a los cuadros del partido en noviembre— comenzó con la muestra pública de fisuras internas.

El Centro Democrático es el partido que más precandidatos tiene en la baraja: cinco (las senadoras Paloma Valencia y María Fernanda Cabal; el exministro Oscar Iván Zuluaga; el exgobernador de Casanare, Alirio Barrera; y el exviceministro Rafael Nieto) o seis, dependiendo a quién se le pregunte en el partido, pues varios todavía incluyen al representante bogotano Edward Rodríguez.

Esa diferencia ocurre por la última pelea interna que saltó a redes y medios: el consejo de Ética del partido, integrado por exfuncionarios de los ocho años del Gobierno Uribe y amigos del expresidente, vetó a Rodríguez. Dijo que si bien no tenía procesos penales o disciplinarios en su contra, carecía de “los requisitos correspondientes” para aspirar.

El consejo ya había vetado a Rodríguez, un congresista que lleva dos periodos en la Cámara y en 2018 fue la votación más alta de Bogotá con 100 mil votos. Fue en 2017 cuando ese organismo dijo que no cumplía “el perfil de transparencia y nivel que debe tener un congresista del Centro Democrático”, según contó en su momento el portal de nicho uribista Los Irreverentes.

Al final, por intermediación de Uribe y su hijo Tomás —de quien Rodríguez es amigo— el congresista obtuvo el aval y fue la cabeza de lista a la Cámara por el partido.

Por ese veto previo, Rafael Nieto condicionó su participación en la contienda a que Rodríguez no fuera avalado por el partido. Una queja que elevó a Uribe, quien por intermedio de la directora del partido, Nubia Stella Martínez, ordenó al Consejo de Ética entrevistar a los precandidatos y emitir un “concepto” sobre los mismos. Por segunda vez, el organismo excluyó a Rodríguez.

El congresista hoy aduce “clasismo” al interior del Consejo. Dice que la pelea de Nieto tiene que ver con “unas élites que quieren manejar el partido” y que quisieron manchar su nombre y patrimonio. “Edward decide victimizarse y politizar la decisión del Consejo”, dijo a su turno Nieto.

Al final, la decisión recaerá en Uribe pues el Consejo dijo que serán las directivas las que definan si puede participar. Anoche, el congresista no asistió al foro y en la tarima hubo cinco sillas. “Nosotros seguiremos peleando por la aspiración”, dijo el congresista el viernes.


La implosión del uribismo
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Los cinco precandidatos del foro.

Otra pelea estalló hace unas semanas, cuando 33 de los 51 congresistas del Centro Democrático manifestaron su apoyo a Óscar Iván Zuluaga, y dijeron en una carta que el exministro y excandidato representaba “las banderas del uribismo”. Esa frase indignó a Paloma Valencia, una de las senadoras más cercanas al corazón de Uribe.

En el chat de la bancada, la congresista dijo que si Zuluaga era el único que encarnaba al uribismo los demás precandidatos deberían salir del partido. “Que nos expulsen”, advirtió.

A su turno, María Fernanda Cabal, quien ha ganado espacio y popularidad dentro del sector más radical del uribismo, se sumó: “En el país si conocen a cinco no conocen a más congresistas del partido”, dijo en una entrevista en youtube, restándole importancia a esos apoyos e insultándolos de paso.

En un episodio inédito, al mismo Zuluaga le tocó salir a negar esta semana que estuviera distanciándose de Uribe. A raíz de una reunión entre el exministro y empresarios paisas, Semana afirmó que Zuluaga había dicho que su estrategia para llegar a la Presidencia sería “desmarcarse de Uribe”. Zuluaga negó que la noticia fuera cierta y tuvo que pedirles a los empresarios con los que se reunió que negaran esa versión para que no quedara duda sobre su fidelidad a Uribe.

“Lo de Semana tuvo que haber salido de gente del partido”, nos dijo un congresista enterado de la situación y que apoya al exministro. “Se están sacando los trapos sucios”.

En todas estas situaciones, Uribe ha sido un espectador. En el caso Nieto vs. Rodríguez a ambos les pidió que consultaran con el consejo de Ética. En el caso de Zuluaga y las senadoras no ha pasado de enviar mensajes para calmar los ánimos.

“A Uribe no le gustaría que pasaran estas cosas, pero ¿qué le va a hacer?”, nos dijo un directivo que semanalmente consulta al expresidente.

Dentro de la bancada, la militancia y los congresistas consultados, la sensación es que la división está carcomiendo al partido. 

Las razones de la división

¿Qué le pasa al uribismo? Varias cosas.

Desde que Uribe renunció al Congreso para evitar ser juzgado por la Corte Suprema de Justicia tras ser acusado de presuntamente torcer testigos, su liderazgo de la bancada se redujo.

“Con Uribe en el Congreso se hacían reuniones de bancada más seguido, él pasaba por la Cámara, tiraba línea, hablaba con todos y resolvía las cosas rápido”, nos dijo un representante.

Una vez Uribe renunció, se perdió un peso clave dentro de la bancada de 19 senadores para evitar peleas externas y para llegar a acuerdos con otras bancadas.

Prueba de eso ocurrió recientemente en la Cámara, entre la presidenta Jennifer Arias y el representante Gabriel Santos, ambos de la entraña de Uribe. Luego de semanas de rifirrafe porque Arias no agendaba un proyecto de Santos, el joven representante le protestó públicamente con carteles en todo el Congreso, Uribe con un trino, pidió respeto por la congresista. 

“Uribe no ha podido estar al frente”, dice un directivo uribista que pide no ser citado para hablar con libertad. “El tema judicial (el proceso por falsos testigos) le impide estar pendiente de nosotros y la colectividad al 100 por ciento”.

Su relativa ausencia le ha hecho perder cohesión y disciplina al partido en dos frentes clave: la relación con el gobierno del presidente Iván Duque y la escogencia del candidato del partido, dos temas que al final se entrecruzan.

Un partido de gobierno y de oposición

Un factor de implosión del partido tiene que ver directamente con Iván Duque. Mientras que el gobierno nunca había sido tan uribista como ahora (todos los puestos claves están en manos de personas cercanas a Uribe como el ministro de Defensa, la jefe de gabinete de Palacio, el ministro del Interior, el consejero de comunicaciones, para mencionar los clave), el Centro Democrático e incluso el mismo expresidente Uribe son cada vez menos gobiernistas.

La distancia del uribismo con la Casa de Nariño resuena en los precandidatos, la bancada y los militantes.

Entre los precandidatos hay más críticos que aliados de Duque. Anoche, durante el foro, la mayoría evitó mencionar al presidente en sus intervenciones. El único que lo mencionó fue el exgobernador Alirio Barrera: “debemos apoyar su gobierno porque es nuestro hermano y es de esta casa”. Sus palabras arrancaron unas pocas palmadas de la audiencia.

Son conocidas las distancias que desde el inicio del mandato tienen las senadoras Valencia y Cabal y el exviceministro Nieto con Palacio. Zuluaga ha sido mesurado en sus calificativos hacia el Gobierno.

El más cercano a Duque es Rodríguez. Es, con el senador Ernesto Macías, uno de los congresistas con mayor acceso a la Casa de Nariño. Un empresario que conoce a Duque lo describió como una de las personas “que pueden hablar con el presidente y esos detalles cuentan”.

El representante Rodríguez argumenta que una de las razones para sacarlo de la contienda es justamente su cercanía con Duque. “Acá hay un sector claro que representa ideas contrarias a Duque, que son Paloma, Cabal y Nieto”, dijo. “Ellos son un sector radical. Hay unas posturas más moderadas como las mías y las de Oscar Iván a las que atacan”.

Dentro de la bancada la distancia es igual. Ocurrió ad portas del Paro en abril tras la “súplica” de Uribe a Duque para no presentar la reforma tributaria. Con el estallido social encima, alfiles uribistas en el Valle —la zona más golpeada— como los congresistas Gabriel Velasco y Christian Garcés renunciaron a sus vocerías en Senado y Cámara en rechazo a Duque.

El caso más reciente, esta semana, con la orden de Uribe a su partido de no apoyar la polémica iniciativa del Gobierno de tumbar la Ley de Garantías electorales, a través de una ley y un artículo en el Presupuesto. Lo hizo después de que la bancada —con excepción de la senadora María del Rosario Guerra— había apoyado el artículo en las comisiones económicas del Congreso.

Esa distancia frente al presidente tiene eco también en la militancia. Hace una semana, por iniciativa del directivo regional y twittero Jaime Arizabaleta, los uribistas comenzaron a mover una carta para unir al partido.

Las razones no fueron solamente las peleas, que ya estaban preocupando a quienes defienden a Uribe en redes. También enviar el mensaje de que el partido es de Uribe, no de Duque. Así nos lo dijo Laura Medina, quien le maneja las comunicaciones al expresidente y acaba de lanzar su nombre como candidata a la Cámara por consejo de Uribe.

“Estamos decepcionados del gobierno y no ha cumplido con lo que prometió”, dijo Medina. “Creemos que el partido debe ser respetado alrededor de su doctrina (...) Y hay quienes creen que el jefe es Duque y eso no es así”.

“Al pasar de partido de oposición al de gobierno, las cosas comienzan a complicarse”, nos dijo a su turno el abogado y twittero uribista, Miller Soto, quien se considera en un punto medio entre los “uribistas recalcitrantes” y los “gobiernistas”. “No podemos desconocer uno que otro error como la presentación de la primera tributaria de este año”.

Por eso, según los militantes y congresistas consultados, la decisión de encuestar a la militancia y los carnetizados del partido (que las directivas calculan en 2.5 millones de personas entre todos) para ungir al aspirante del Centro Democrático funciona para realinear al electorado uribista alrededor de un candidato que tenga el apoyo de las bases. Hace cuatro años, el método de encuestas fue indiscriminado y Duque ganó, siendo más popular por fuera del partido que adentro.

“La consigna es garantizar la unidad del partido y que se impongan las tesis de los militantes”, dijo el representante José Jaime Uscátegui, organizador del foro de anoche.

Sin embargo, muchos en el partido saben que independientemente de quién salga escogido como candidato del Centro Democrático, es muy posible que no sea el candidato uribista el que cuente con el guiño de Uribe para llevar la centro derecha a la segunda vuelta y derrotar a Gustavo Petro. Y saber eso, tampoco ayuda a sacar al partido de la crisis.

Un candidato no uribista de Uribe

“El mayor motivador de las decisiones de Uribe no es un candidato de derecha sino detener a Petro y eso incide en las decisiones estratégicas del Centro Democrático y por eso buscan un candidato muy elegible por fuera”, señaló el analista Andrés Mejía. “Y el nombre podría ser Federico Gutiérrez”.

El exalcalde de Medellín arrancó esta semana insistiendo en que no tiene el respaldo de Uribe. Mientras que el expresidente y su partido salieron al paso diciendo que no tienen “favoritismos ni dentro ni fuera de la colectividad”.

No obstante, sus caminos ya se entrelazan: dentro del uribismo hay quienes no descartan llegar con Fico para la primera vuelta: “Sabemos que terminaremos donde Fico. Se lo hemos dicho al presidente Uribe, y él se queda callado, pero sabemos que habla mucho con Fico”, nos dijo para esta historia un senador del Centro Democrático. Además, el empresario Manuel Santiago Mejía, que unió a la coalición de derecha en 2018, ya está en la campaña con el exalcalde.

“¿Y qué dice Uribe? Que ojo con el 2022. Esto es de vida o muerte —anota el senador José Obdulio Gaviria, ideólogo del partido— Tan metido está en esa búsqueda que es el propio Uribe el que ha hecho los contactos con las otras colectividades y políticos para la alianza”.

Los precandidatos uribistas, entonces, se venden como los que pueden lograr los consensos para mantener el poder en la Casa de Nariño.

“Debemos entender la nueva realidad del país, para tener puntos de encuentro y hacer una alianza nacional para el reto electoral que se avecina”, dijo Zuluaga al recibir la carta de respaldo de los congresistas del Centro Democrático.

“No te pido que quieras a Uribe para votar por mí, solo les pido que entiendan por qué soy uribista y que juntos podremos salir de la crisis”, dijo Paloma Valencia en un foro virtual esta semana.

“Siempre tenemos que buscar los votos que nos unan frente a principios y valores y llegar a acuerdos”, dijo la senadora Cabal en esta entrevista en Cúcuta.

Pero más allá de los problemas internos del Centro Democrático y de la factura que les ha pasado la impopularidad del gobierno Duque y del mismo expresidente Uribe, quizás el mayor golpe que sufren es por la carencia de ideas que entusiasmen a sus electores, un fenómeno que como lo anotó esta semana el diario Wall Street Journal están padeciendo los partidos de derecha en todo el mundo.

Temas que emocionaban a los uribistas como la Seguridad Democrática o el rechazo al Acuerdo de Paz han perdido fuerza durante el gobierno de Duque porque no logró cumplir las expectativas que lo llevaron a la Casa de Nariño.

La seguridad ha sido un fracaso rotundo y ya no puede ser una bandera del uribismo.

Y los dos puntos del Acuerdo que más energizaron al No —la participación política de las Farc y la JEP— son los únicos que ya parecen irreversibles. Tanto que figuras icónicas del uribismo como los generales Rito Alejo del Río y Mario Montoya pidieron pista en la JEP. Hasta Mauricio Santoyo, el jefe de seguridad de Uribe.

Anoche, los precandidatos en sus discursos intentaron revivir esas emociones. La que más arrancó aplausos fue la candidata Cabal, quien —como el resto de sus colegas— criticó el Acuerdo con las Farc. “El texto tiene un lenguaje inclusivo tan feo. No sé cómo no le pusieron ‘el acuerdo o la acuerda, o le acuerde’”, dijo a la audiencia de militares y militantes uribistas.

Pero hasta el mismo Uribe parece haber perdido fe en el discurso que catapultó al uribismo de la mano dura con su propuesta de amnistía para todos y su propaganda a Epa Colombia, que para muchos encarna el vandalismo en persona.

Bajo este panorama arranca la carrera presidencial del Centro Democrático. Esta semana seguirán los foros con las direcciones regionales, Uribe y sus candidatos de forma virtual para hablar de la política anticorrupción y tomará más forma la campaña interna. Una en la que, por primera vez en este siglo, el papel de Uribe arranca disminuido y hablando desde la distancia.

Tanto que durante el foro de ayer el expresidente no habló. El sargento (r) Augusto López, fórmula del congresista Uscátegui en las elecciones, al final, después de los discursos de los precandidatos y de miembros de la reserva activa, para despedirse se dirigió a Uribe: “Si sigue usted en línea, le deseamos buena noche”. El expresidente hacía rato había colgado.

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