La minga vuelve a Cali para amplificar su mensaje y tensiona a la ciudad

La minga vuelve a Cali para amplificar su mensaje y tensiona a la ciudad
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Mañana llega la minga a Cali. Es la segunda vez que visita la ciudad en menos de un año y en la capital del Valle hay tensión por lo que pueda pasar.

La última vez que la minga, liderada por el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), llegó a Cali, fue hace siete meses: el 9 de mayo. En ese momento, la capital del Valle cumplía 11 días como epicentro del paro. Los ánimos en la ciudad, que contaba con más de 20 bloqueos y desabastecimiento de gasolina y víveres, estaban caldeados.

La llegada de la minga, que entró en varios buses escalera con indígenas caucanos, generó violencia en la comuna 22, al sur de la ciudad. Algunos indígenas, ante los bloqueos de ciudadanos de la vereda La Viga (en el corregimiento de Pance, Cali) y la avenida Cañasgordas, lanzaron cohetes de pólvora hechiza y dañaron carros. Varios ciudadanos armados en Ciudad Jardín, un barrio estrato seis al sur de Cali, respondieron con balas a algunos indígenas que se movilizaban hacia donde estaba el bloqueo de los civiles. Según la secretaria de salud de Cali, Miyerlandi Torres, hubo ocho indígenas heridos con arma de fuego.

Como verificó Colombiacheck, la desinformación y las redes sociales fueron claves para generar pánico, que terminó en violencia. Por todo eso, el anuncio del regreso de la minga reabrió las heridas que dejó el paro en Cali. Para unos, el temor es que ataquen a los mingueros; para otros, que haya bloqueos, desmanes y regresen los días agitados del paro que inició el 28 de abril.

Cali y la minga se preparan para la movilización

Según los indígenas de la minga, no tienen miedo de llegar a Cali. Han anunciado una movilización pacífica que salió ayer desde Argelia (Cauca) a Popayán. Y hoy van rumbo a Jamundí donde pasarán la noche para llegar a Cali mañana en la mañana. “Calculamos que estaremos en la ciudad unas horas y ese mismo días, alrededor de las 3 de la tarde, nos regresamos”, nos dijo el consejero mayor del Cric, Ancizar Majín.

La razón de la movilización es visibilizar las amenazas y el asesinato de líderes sociales, el reclutamiento y la persecución a mujeres y jóvenes en el suroccidente por parte de los grupos armados ilegales. “No es simplemente una denuncia, queremos decirle al país que defendemos la vida y apoyamos la paz”, nos dijo Jorge Sánchez, coordinador político del Cric. El 10 de diciembre, cuando llega la minga a Cali, es clave porque se conmemora a nivel internacional el día de los derechos humanos.

“¿Por qué tienen que venir a Cali?, ¿por qué no se quedan en su territorio?”, nos dice una habitante del sur de la ciudad que está en desacuerdo con la llegada de la minga. La explicación principal desde el mismo Cric que la lidera, es que Cali es la principal ciudad región del Pacífico y la que sirve como plataforma para visibilizarse.

Además, el paro le dio un plus: “fue la ciudad que este año envió un mensaje sobre la situación de Colombia”, nos dijo Joe Sauca, excoordinador de derechos humanos del Cric y actual consejero del pueblo Coconuco.

La minga ha insistido en que no habrá bloqueos ni traumatismo en la ciudad. Incluso las chivas se quedarán parqueadas en la Universidad del Valle y desde ese lugar iniciará la marcha con destino al Parque de las Banderas. Ahí realizarán actos simbólicos como sembrar árboles por los líderes asesinados y llevar las siluetas de los jóvenes asesinados durante el paro nacional de abril.

En lo que sí están prevenidos es en la posible infiltración de personas que quieran cambiarle el tono pacífico a la movilización. “La guardia indígena, cimarrona y campesina irá primero, va a estar atenta y preparada para capturar infiltrados que quieran crear desorden y entregarlos a la Fiscalía”, nos dijo Majín.

Para llevar la movilización en paz, representantes de la minga se reunieron en cinco ocasiones con la Defensoría del Pueblo, la Gobernación del Valle, la Alcaldía de Cali y tras un consejo de seguridad ampliado de esa administración, se plantearon algunas medidas. Entre esas está que la minga contará con el acompañamiento de la Policía, el Ejército, 350 mediadores de paz de la secretaría de Paz y Cultura Ciudadana y unos 25 agentes de tránsito para evitar problemas en la movilidad, por dar algunas cifras.

Los esfuerzos de la administración del alcalde Jorge Iván Ospina no han sido pocos. Llevan semanas preparándose para la visita. A pesar de eso, hay sectores de la ciudad que, además de desaprobar la llegada de la minga, dicen tener miedo y sentirse desprotegidos. Por eso han protestado y se están preparando a su manera para el paso de los mingueros.

La comuna estrato seis del sur de Cali que se siente desprotegida ante la minga

El 10 de noviembre, días después del anuncio de la llegada de la minga, habitantes al sur de Cali salieron a una calle del barrio Ciudad Jardín a protestar. Con carteles rechazaron la llegada de los indígenas.

“Tenemos miedo y vivimos en zozobra. Yo trato de dar un parte de tranquilidad a los vecinos, pero también les decimos que no se confíen. Estamos preocupados y no nos sentimos protegidos por la Alcaldía. Ellos (los indígenas), dicen que vienen en paz, ¿será cierto? no sabemos, ya no hay fé”, nos dijo días después una mujer que participó en el plantón, que tiene contacto con varias personas inconformes en la ciudad y que vive en la vereda de La Viga en el corregimiento de Pance, ubicado en la comuna 22 al sur de Cali en la que se encuentra Ciudad Jardín.

Asegura que no se trata sólo de ese barrio y esa comuna, sino de varios habitantes de la ciudad en sectores como el norte o el oeste, el último era el sector donde estaba ubicada la estatua de Sebastián de Belalcázar que tumbaron los indígenas y que fue el acto con el que inició el paro de abril. A la vez, barrios estratos seis al oeste de Cali limitan con otros como Terrón Colorado entre estratos 1 y 2.

El miedo aumentó cuando el exconsejero mayor del Cric salió en un video diciendo que van de forma pacífica, pero que “si el gobierno no avanza con las garantías, seguramente tampoco habrá navidad”. Después salió a decir que el video fue editado por los medios, que no se mostró la totalidad de este y que reivindicaba el carácter pacífico de la movilización.

Pero el miedo que sienten algunos habitantes no se fue y se ve reflejado en que nadie quiere hablar al respecto ni quiere que su nombre aparezca. La mujer que nos habló explica que parte de eso se debe a lo que pasó el 9 de mayo: “Hay personas que fueron amenazadas, que tuvieron que salir de la ciudad y algunos incluso tuvieron que pedir asilo político en Estados Unidos”. Dice que parte de eso se debe a que los vecinos a los que les quemaron o dañaron los carros dejaron sus papeles en estos y luego fueron ubicados o expuestos en redes.

Una habitante de Ciudad Jardín que estuvo al tanto de lo que pasó el 9 de mayo y de lo que se ha discutido vía Whatsapp después de esto, dice que ve un ambiente negativo por parte de sus vecinos: “He visto muchos mensajes de la llegada de la minga, como muy racistas”. Cuenta que lo que pasó ese día de mayo fue confuso y que lo que muchos sintieron fue una arbitrariedad por parte de los indígenas que bloquearon e hicieron retenes, mientras la minga se podía mover con tranquilidad.

“También pesa que muchos vecinos acá son dueños de tierras en lugares como el norte del Cauca donde algunos indígenas hacen lo que ellos llaman ‘procesos de liberación de la madre tierra’, acá sienten que les invaden las fincas”, explica la mujer para profundizar más sobre la tensión que existe. Y dice que cadenas de Whatsapp sin verificar en las que aseguran que los indígenas son terratenientes y tienen dinero que no invierten en sus territorios, incentivan el miedo y la estigmatización. A eso se suman señalamientos de que son guerrilleros o se dedican al narcotráfico.

“Lo que pasó (el 9 de mayo) no fue planeado ni de acá (sur de Cali) ni de allá (la minga). Pero entendimos muchas cosas: ¿tienen capacidad de respuesta?, ellos sí, nosotros no. ¿Queremos tener capacidad de respuesta? No, ya entendimos que no, nosotros somos cuatro pelagatos, ellos son un montón”, aclara la mujer que ha participado en las movilizaciones y que habla por los vecinos que le temen a la llegada de la minga.

Aunque los indígenas de la minga fueron los que resultaron heridos, la mujer asegura que el miedo no es gratuito. "Llegaban con machetes a decirnos que nos iban a cortar las manos si no rompíamos la cadena humana que teníamos para bloquear el paso de ellos", asegura que en el sector en el que ella estuvo y en el que vive no hubo disparos contra los indígenas, pero sí se quedaron despiertos hasta la madrugada con temor de que saquearon sus hogares.

El miedo fue un sentir que unió a la persona que nos habló y a otros habitantes de Cali para organizarse y alzar la voz. Pero no fue lo único.

Los caleños que se organizaron en rechazo a la visita de la minga

Por eso, junto a otras 15 personas de diferentes sectores de la ciudad, se reunió a mediados de noviembre para pensar qué podían hacer ante lo que sentían. Acordaron salir a protestar y, entre la lluvia de ideas que se formó, optaron por llevar una camisa negra con la frase #MeDueleCali y un código QR que, al escanearlo, llevara a una página web que construyeron con un asistente a la reunión que conoce de tecnología y financiaron entre todos.

La página cuenta con un video de seis minutos que critica la gestión del alcalde durante el paro y dice que Ospina guardó al Esmad “para que los vándalos destruyeran Cali” y que autorizó a la “Minga indígena para que se tomaran la ciudad”.

El plantón al que asistieron unas 30 personas se realizó el sábado 27 de noviembre, frente al Hotel Intercontinental, uno de los más conocidos de la ciudad. Se hizo justo en las fechas en las que estaban las justas deportivas de los Juegos Panamericanos Junior que se realizaron en Cali.

A esa protesta pacífica y sin bloqueos, a la que aseguran que les mandaron el Esmad para pedirles que se fueran -y que cumplieron-, se sumaron otras acciones menos visibles. Las camisas negras las están vendiendo para recuperar la inversión que pusieron inicialmente y para recoger dinero con el fin de contratar drones que sobrevuelen y vigilen a la minga en su paso por Cali. 

Hasta el momento van más de 130 camisas vendidas y esperan llegar a las 300. Para eso no hay una fecha límite, ya que piensan en que sea una iniciativa a largo plazo: “Hasta que se vaya o nos quiten este alcalde”.

A la vez han creado una red de vecinos en varios puntos de la ciudad que cuentan con cámaras de seguridad -que va desde el sur hasta el norte, por el centro comercial Chipichape- para que, en caso de desmanes, bloqueos y demás, puedan enviar lo que registren las cámaras a un número de celular particular que luego difundirá los videos por redes sociales a modo de denuncia.

El punto clave para quienes ven en la llegada de la minga una amenaza es estar alerta, con el celular en la mano y sin salir de las casas ese día. Mientras esto sucede, los indígenas han hecho varios llamados para que los ciudadanos de Cali que se oponen a su movilización se unan a ellos y crean en su anuncio pacífico.

“Yo no creo que vaya a pasar nada ese día porque la prensa internacional y nacional va a estar encima mirando lo que pasa. Pero me preocupa lo que ellos (la minga) puedan hacer en los siguientes días”, expresa la mujer.

Por ahora, la tensión crece, Cali se alista para recibir la movilización de la minga y los ojos de todos estarán de nuevo en la capital del Valle, la minga y los habitantes del sur de la ciudad.

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