La pandemia deja muertes más allá del covid

La pandemia deja muertes más allá del covid
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Hace unas semanas, a un servicio de urgencias tan colapsado como cualquier otro en Bogotá —a 200, 300 o 400 por ciento de su capacidad, como todos los servicios de urgencias durante el tercer pico de la pandemia— llegó un paciente con una ruptura de la aorta. Era un diagnóstico grave: se le acababa de romper la arteria más grande del cuerpo, y el paciente estaba en muy malas condiciones.

Necesitaba cirugía urgente. Pero las salas de cirugía de ese hospital —como de decenas de otros— se han convertido en unidades de cuidados intensivos desde que empezó la pandemia. 

Mientras en urgencias le daban el mejor tratamiento que podían, el cardiólogo hacía cálculos: cuánto tiempo se demora conseguirle una ambulancia para llevarlo a un hospital donde puedan operarlo, si en ese momento no hay ambulancias disponibles; cuánto se demora habilitar una sala de cirugía con todos los dispositivos y especialistas necesarios para una cirugía cardiovascular… 

¿Y cuánto tiempo puede esperar el paciente?

Los médicos se miraban unos a otros, sin querer decir en voz alta lo que todos estaban pensando. 

Un cirujano intentó empezar la cirugía en una sala de urgencias. Hasta que, por complicaciones naturales del procedimiento, el paciente empezó a requerir medidas de circulación extracorpórea, que normalmente estarían disponibles en el quirófano. Pero en urgencias no. Y se estaba muriendo. 

“Quedamos mirándonos las caras y diciendo: ‘no podemos hacer nada más’, dice Javier Moreno, el médico cardiólogo que recibió el caso de este paciente. “Estamos en hospitales que tienen infraestructura y talento suficiente para atender situaciones de estas, y no podemos hacer nada. Estamos viendo morir a los pacientes porque no les podemos dar la atención que necesitan”.

“La tragedia es mucho más grande de lo que se ve en las cifras, porque solo estamos contando los muertos de covid. Hay que contar también los que no tienen covid pero se están muriendo porque no hay forma de atenderlos”, dice Herman Bayona, presidente del Colegio Médico de Bogotá y miembro de la Federación Médica Colombiana. 

Cosas como esta pasan todos los días, según cuenta Moreno. Y lo peor es que varios de estos casos son complicaciones de enfermedades prevenibles y tratables. “¿Por qué este señor llega a esta situación? ¿Cuánto tenía sin consultar al médico, sin revisarse?”, dice el cardiólogo. 

Lo que está pasando ahora en los servicios de urgencias empezó hace muchos meses. Año y medio de pandemia le ha pasado factura a un sinnúmero de pacientes con enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y cáncer, que no han tenido un acceso adecuado al sistema de salud para tratar su condición.

Los otros muertos del tercer pico

Aunque los hospitales están a reventar de pacientes con covid desde hace tres meses, la gente se sigue enfermando de lo que siempre se ha enfermado. Tampoco han parado de tener accidentes de tránsito, ni de reñir a puñaladas. 

Y estos pacientes necesitan los recursos que ya están volcados en la miríada de pacientes covid que llegan todos los días: camas, medicamentos y médicos.

No hay camas suficientes —ni en UCI ni en piso de hospitalización— para hospitalizar a todos los pacientes que lo necesitan. No hay una UCI coronaria para el paciente que se infartó, ni una cama para acostar al paciente que se cayó y se fracturó la cadera. 

El espacio es un problema incluso desde antes de internar al paciente: ni siquiera hay dónde atenderlos, dónde examinarlos ni dónde tratarlos, señalan tres médicos consultados por La Silla.

Pero esto es apenas la punta del iceberg.

También está colapsado el sistema de transporte, señalan Bayona y Moreno. No hay ambulancias. O sí hay, pero todas están ocupadas transportando pacientes covid. Para dar una idea, en Bogotá hay cerca de 800 ambulancias, mientras que se reportan más de 4 mil casos nuevos de covid al día. 

Y cuando el hospital tiene la infraestructura para intervenir a los pacientes, surge una nueva barrera: la escasez de medicamentos. Los sedantes y anestésicos que se usan para los pacientes covid que están intubados son los mismos que requiere cualquier paciente que vaya a cirugía. 

“Los recursos —tanto infraestructura física como insumos y medicamentos— son finitos. Cuando tienes una demanda tan grande que nadie tenía contemplada, esos recursos se consumen”, señala Fabián Rosas, presidente de la Asociación Colombiana de Especialistas en Medicina de Urgencias y Emergencias (Acem). 

Si los pacientes que necesitan cirugía de urgencia encuentran muchas barreras por la reasignación de recursos que han hecho los hospitales, ni hablar de las cirugías no urgentes. Pacientes con cáncer que necesitan una biopsia o una laparoscopia para determinar qué tan avanzada es su enfermedad deben esperar a que pase el pico y vuelvan a abrir los quirófanos. Otros deben esperar a que baje la ocupación de UCI, para tener una cama asegurada luego de su trasplante de médula ósea, o de su cirugía para sacar el tumor. 

Y esperar tiene un costo alto. 

Los pacientes olvidados

Según el emergenciólogo Fabián Rosas, lo que más llama la atención en los servicios de urgencias actualmente es el marcado aumento en los pacientes que consultan por descompensación o complicaciones de sus enfermedades de base, como diabetes, hipertensión y enfermedad cardiovascular. 

Los seis expertos del sector salud que consultamos coinciden en que la situación de estos pacientes ha empeorado visiblemente en el marco de la pandemia. 

Detrás de esto hay dos causas principales. Por un lado, el miedo de las personas a asistir a un centro de salud, por la posibilidad de contagiarse. Aunque esto fue especialmente fuerte al inicio de la pandemia, los médicos afirman que todavía hoy es muy común que los pacientes les digan que no consultaron antes porque les daba miedo ir al hospital o al consultorio.

Esto afecta cosas tan simples como las citas de control y los exámenes de chequeo, que son claves para el seguimiento de las enfermedades crónicas. Y si no van a cita de control con un médico tampoco hay quién les renueve la fórmula de sus medicamentos.

Por otro lado, la reasignación de recursos para destinarlos a la atención del covid golpeó fuertemente la atención primaria en salud (APS), que se encarga de la prevención, el diagnóstico y el seguimiento de este tipo de patologías, y que ya venía con una debilidad histórica en nuestro sistema de salud.

Muchos profesionales de la salud que atendían este tipo de pacientes en consulta externa o hacían jornadas de prevención de estas patologías hoy están en los servicios de UCI o de urgencias.

“Cuando finalmente llegan al consultorio, la situación ha avanzado y ya no tenemos una enfermedad para prevenir, sino complicaciones para tratar. Llegamos tarde al momento óptimo de la intervención”, explica el cardiólogo Moreno, quien preside el capítulo de hipertensión de la Sociedad Colombiana de Cardiología. 

Gustavo Morales, el presidente del gremio que agrupa las 10 EPS más grandes del país (Acemi), dice que desde el inicio de la pandemia han hecho esfuerzos por aumentar las atenciones domiciliarias, la telemedicina y la entrega de medicamentos a domicilio, pero que sin duda la atención de estos pacientes se afectó. 

“Todo esto que hicimos atenuó esas afectaciones, pero llega un punto en que las atenciones tienen que ser presenciales”, dice Morales. “El reto es ponernos al día en las atenciones postergadas, pero el tercer pico volvió a frenar el proceso”, agrega.

Entre estos pacientes crónicos que se vieron damnificados por la pandemia destacan aquellos con cáncer. 

Según una investigación realizada por Virginia Abello, hematóloga y presidenta de la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología (Acho), los principales estudios diagnósticos para detección de cáncer disminuyeron en promedio un 39 por ciento durante el 2020, comparado con el 2019. 

Durante meses no se pudieron realizar procedimientos tan simples como colonoscopias o estudios de médula, y como la gente dejó de consultar, también disminuyeron las citologías y las mamografías.

Como los diagnósticos de cáncer ahora son más tardíos, los pacientes llegan al sistema de salud en etapas más avanzadas de la enfermedad, cuando tienen menos posibilidades de tratamiento y menor probabilidad de sobrevivir. Sus chances empeoran cuando tampoco tienen acceso oportuno al tratamiento. 

Según una encuesta de la Fundación Colombiana de Leucemia y Linfoma, durante el año de la pandemia el 38 por ciento de los pacientes suspendió o aplazó sus quimioterapias, 20 por ciento sus cirugías y 46 por ciento sus citas con especialistas. 

“Ver la cara de algunos pacientes que esperaron mucho tiempo para la cirugía, y luego llegan y les decimos que ya no los podemos operar porque ahora está muy avanzado es muy doloroso, genera una impotencia terrible”, dice Herman Bayona, quien trabaja como cirujano oncológico. 

Esta situación no acabará cuando baje el pico, ni siquiera cuando se acabe la pandemia. 

Según un estudio realizado en Inglaterra, la mortalidad por cáncer puede subir un 20 por ciento por las demoras en la atención de estos pacientes. Para Colombia, eso significaría 9 mil muertes adicionales por cáncer en un año. Y según la hematóloga Abello, ya se calcula que estas consecuencias podrían verse reflejadas en la supervivencia de los pacientes con cáncer durante los próximos 10 años. 

Las consecuencias de la demora en detectar y controlar otras enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes y enfermedad cardiovascular también nos seguirán pasando factura en los meses y años por venir. En la forma de un sinnúmero de complicaciones —como infartos y accidentes cerebrovasculares— que tendrán un costo elevado para el sistema de salud, y uno aún más alto para los pacientes que las padecen y la sociedad que sufre sus muertes. 

Al final, el paciente de la disección aórtica se murió. Porque sus médicos querían salvarlo, pero no tenían cómo. Era una condición tratable, pero no había cómo tratarla, porque los hospitales están colapsados. Y era una condición prevenible, pero no se hizo la prevención a tiempo, porque el sistema de salud tiene un brazo muy corto en tiempos de pandemia. 

Más pacientes como él llegan todos los días, y parece que seguirán llegando. 

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