Silla Caribe
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Bernardo 'el Ñoño' Elías y Juan Manuel Santos, hace un año en Sahagún.

Se repite la historia de los poderosos regionales bajo sospecha que se asocian con el poder bogotano que primero los engorda y tolera y luego los mira con conveniente distancia. 

En medio de tambores, vivas y aplausos, hace poco más de un año Bernardo ‘el Ñoño’ Elías recibía en su pueblo, Sahagún, al presidente Juan Manuel Santos, quien viajó expresamente hasta allí para inaugurar varias de las millonarias obras que ese Senador gestionó con recursos de la llamada mermelada (o cupos indicativos para invertir en región, cuyo destino es decidido por los congresistas).

 

Santos parecía en visita típica de político en campaña. En el nuevo estadio, jugó fútbol. En el nuevo coliseo de boxeo, simuló hacerle unos ganchos al campeón mundial Miguel ‘el Happy’ Lora. En el nuevo mercado, saludó a unos vendedores y les preguntó cómo creían que las recién estrenadas instalaciones les iban a cambiar la vida.

El Ñoño no cabía de la dicha con semejante champú frente a todos sus coterráneos y a tantas cámaras locales. La presencia de Santos ese día significaba nada menos que el espaldarazo presidencial a la polémica mermelada, cuyo conocido modus operandi -el Gobierno la negocia para asegurar apoyos en el Congreso y, a la vez, algunos congresistas la usan para beneficiar a contratistas amigos- muchas veces pone en duda la finalización de los trabajos.

Pero venía más. Once días después de ese caramelo, el Presidente le dio otro regalito nombrando como gerente del Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo Fonade, justamente una de las entidades de la mermelada, al sucreño Ariel Aduén, aliado de la Ñoñomanía, el movimiento de Elías.

Acababa de empezar la campaña para el plebiscito con el que Santos esperaba refrendar la principal bandera de sus ocho años en el poder: el proceso de paz con las Farc. Y el Gobierno necesitaba más que nunca al Ñoño y a los poco más de 140 mil votos que en las legislativas de 2014 lo convirtieron en un fenómeno electoral que saltó en garrocha de la octava votación de su partido La U en 2010 a ser el segundo congresista más votado de la coalición oficial y clave en la reelección santista.

Esas maduras contrastan con las duras por las que pasa hoy el Senador cordobés a quien la Fiscalía pidió investigar en el escándalo de las coimas que la corrupta empresa brasilera Odebrecht entregó en el país para hacerse a multimillonarios contratos públicos.

Sin plebiscito ni reelección santista por delante y expuesto ante la opinión pública nacional, el Ñoño Elías y su poderosa máquina de votos ya no son vitales para el Gobierno Santos que lo abandonó, comenzando por haberle sacado hace unos días a Ariel Aduén de Fonade.

El Congresista lo sabe. Y así lo dejó claro en un trino esta semana, poco después de que la directora saliente del ICBF Cristina Plazas, alta funcionaria de las entrañas del Presidente, lo acusara públicamente de haber saqueado la sede de ese instituto en Córdoba durante 14 años.

En una rueda de prensa abierta, poco después, Santos se limitó a contestar sobre el Ñoño que le dolía lo que le estaba pasando, pero que no tenía “ningún comentario sobre el particular”.

En contraste, en el mismo evento, el Presidente no ahorró defensa para otro político de Córdoba que ha enfrentado líos: su alto asesor para las regiones, el exalcalde conservador monteriano Carlos Correa, a quien acaba de nombrar como cabeza de Findeter en momentos en los que tiene abierto un proceso por presuntas irregularidades en la construcción de un coliseo.

Correa no lidera un grupo político propio ni tiene un exagerado caudal de votos y su nombramiento es considerado sobre todo como “de Santos”. Ante las críticas, éste lo definió como un “funcionario de lujo”.

***

El brillo y la sombra del Ñoño en el alto Gobierno ratifica esa muy usual dinámica del poder en el país, que consiste en que unas élites bogotanas toleran, impulsan y hasta le ponen gasolina a poderosos regionales bajo sospecha para servirse de sus votos.

Cuando el cuestionado regional cae en desgracia ante la ley o ya no sirve, es desconocido, desechado y casi siempre único objeto de los señalamientos mediáticos, como si para ciertos proyectos electorales no se tratara de dos caras de una misma moneda.

Los desprestigiados Kiko Gómez (exgobernador guajiro, condenado por varios homicidios e investigado por otros tantos), Yahir Acuña (exrepresentante sucreño, investigado por parapolítica) y Oneida Pinto (exmandataria de La Guajira, detenida y acusada por corrupción), son tres botones recientes para la muestra, como ya lo hemos contado.

Sobrino y heredero político del fallecido y liberal excongresista vinculado al proceso 8.000 Jorge Ramón ‘Joche’ Elías Náder, el ingeniero Bernardo Miguel ‘el Ñoño’ Elías Vidal llegó a la Cámara de Representantes en 2006 por el Partido de La U como fórmula de la poderosa exsenadora cordobesa Zulema Jattin (otra gran aliada de Santos, actualmente con una investigación abierta por parapolítica).

Ambos ondeaban las banderas de sus antecesores venidos a menos: Ñoño la de su tío Joche y Zulema la de su papá Francisco José Jattin, quien en 1996 perdió su curul en el Congreso por el proceso 8.000.

De político nacido en medio de las cenizas del movimiento del tío -que prácticamente había quedado sin poder debido a sus líos judiciales-, el Ñoño toma fuerza en ese primer cuatrienio en el Congreso y en 2010 logra subir a Senado con la octava votación de La U (74.247 apoyos).

Una votación con la que, no obstante, mantenía un perfil bajo, por no decir inexistente, en los medios nacionales y hasta en el mismo Congreso.

Hasta que Santos peleó con Álvaro Uribe. Y uno de los botines políticos que se empeñó en quitarle a ese expresidente fue el departamento de Córdoba.

Antes de 2014, prácticamente los únicos que no le votaban a Uribe en Córdoba era la casa liberal López-Casado, que dirigen el exsenador condenado por parapolítica Juan Manuel ‘Juancho’ López Cabrales y su esposa la senadora Arleth Casado.

Pero en las legislativas de ese año el Presidente logró que en ese departamento su partido La U barriera con el uribismo que apostaba en el recién nacido Centro Democrático: con 274.603 votos superó en más de seis veces los apoyos que la lista del expresidente obtuvo allí a Senado.

Los hacedores de ese triunfo santista fueron el Ñoño Elías y el también sahagunense senador Musa Besaile, quienes saltaron de congresistas que pasaban sin pena ni gloria a fenómenos electorales que en cuatro años aumentaron su votación en 66 mil y 83 mil votos, respectivamente. (Ñoño sacó 140.143 y Musa 145.402, quedando a nivel nacional sólo por debajo de la votación del senador del Polo Jorge Enrique Robledo).

Su éxito fue tan vertiginoso y sorprendente que se convirtieron en la comidilla y pronto la única explicación que hubo fue que ambos fueron los grandes beneficiarios de la mermelada que entregó el Gobierno Santos.

En una investigación que publicamos en La Silla en 2014, detallamos cómo entre una elección y otra el Ñoño aumentó sus votos en casi todos los municipios a los que ayudó a llevar esa inversión.

La mermelada se convirtió, además, en una de las fuentes de financiación de campaña más poderosa para muchos congresistas de la coalición oficial, porque los alcaldes que reciben la plata tradicionalmente contratan con los que, a su vez, patrocinan la reelección del legislador en cuestión.

La súper engordada estructura electoral de Elías -y también la de Besaile- fue clave después para reelegir ese mismo año a Santos, cuya segunda Presidencia fue definida en el Caribe a peso de maquinaria (aunque el apoyo al proceso de paz, el antiuribismo y la movilización de la izquierda lo ayudaron, sin los caciques hubiese sido casi imposible su triunfo).

Eran los días en que al alfil santista Roberto Prieto (exgerente de la campaña Santos y quien admitió haber recibido aportes de Odebrecht para esa iniciativa) no le asustaban las “mafias” de Córdoba, como dijo después, y viajaba a ese departamento a buscarle votos al Presidente, entre otros con la Ñoñomanía.

Aunque al principio Santos tuvo a los llamados Ñoños de tinieblos de su campaña, para la segunda vuelta ya los mostró de frente.

El Ñoño Elías brindó y aplaudió en la posesión del Presidente junto a toda la Unidad Nacional, se sentó a manteles con el alto Gobierno todos estos años, se subió al avión con Santos.

La investigación preliminar que tiene en la Corte por lo de Odebrecht a lo mejor detalle si las buenas relaciones que le dio tener las puertas de Palacio abiertas fueron usadas o no para cometer algún posible acto ilícito.

El Senador, cuyo círculo cercano también está salpicado en ese lío judicial, ha insistido hasta ahora en su inocencia y asegura que aclarará lo que él considera es “un impasse”.

Su historia es la misma de otros poderes regionales bajo sospecha y cuestionamiento inflados desde el poder bogotano, y luego mirados con conveniente distancia.

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