La paradójica vuelta de Adriana Córdoba

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Adriana Córdoba se dio a conocer cuando se casó con Mockus en un elefante. Desde entonces, ha mostrado que tiene su propio vuelo político.
Paul Bromberg Zilberstein ya había sido anunciado por Petro, en twitter, como su veedor. Pero hoy, Navarro anunció el nombre de Córdoba.

Si Adriana Córdoba acepta el cargo de veedora, significaría que ahora es ella quien asumirá el protagonismo político y no su esposo Antanas Mockus.

Foto: Archivo - www.lasillavacia.com

Gina Parody queda en una encrucijada frente a la eventual aceptación del cargo por parte de Córdoba, teniendo en cuenta que quiere perfilarse como la más crítica de la administración.

Foto: Sara Rojas - www.lasillavacia.com

El secretario de Gobierno de Bogotá Antonio Navarro dijo que esperaban que Adriana Córdoba fuera la nueva veedora de Bogotá. Es un anuncio inesperado puesto que no sólo ya el Alcalde Gustavo Petro había dado otro nombre en twitter sino porque Córdoba fue precisamente quien impidió que durante la campaña se diera una alianza entre Petro y su marido Antanas Mockus.

La Veeduría Distrital es uno de los cargos mejor pagos del Distrito. Gana lo mismo que el alcalde porque, cuando Jaime Castro lo diseñó consideró que ese puesto debía ser ocupado por una persona de alto nivel, que fuera capaz de hablarle de ‘tú a tú’ al gobernante. Su función específica es señalarle preventivamente al alcalde lo que no va bien en su administración para que lo corrija antes de que intervengan los organismos de control.

La veeduría no puede sancionar a un funcionario corrupto o cambiar un procedimiento ineficiente, pero sí puede recomendarle al alcalde sacar a alguien que no funciona o procesos más eficientes como comprar al por mayor u otros temas por el estilo.

Dado que realmente no tiene ‘dientes’, como sí los tienen el Contralor y el Personero, su verdadero poder radica en su capacidad de decir cosas y en su legitimidad para que el alcalde le crea y siga sus recomendaciones.

Si el alcalde nombra alguien de bajo perfil o de bolsillo, la ciudadanía ni siquiera se entera que tiene un verdadero representante ante el alcalde, como sucedió en los últimos ocho años, cuando María Consuelo del Río Mantilla fue la Veedora Distrital de 2004 hasta 2012, y difícilmente alguien la escuchó alguna vez decir algo sobre lo que estaba ocurriendo en las administraciones de Lucho Garzón y de Samuel Moreno.

Por eso hace unas semanas, cuando Petro, vía twitter, dijo que Paul Bromberg sería su veedor ciudadano, el mensaje que envió es que estaba muy seguro de sí mismo y de su administración, pues estaba nombrando a una persona que no solo conoce muy bien Bogotá -ya que había sido alcalde cuando Mockus abandonó el puesto en 1997-, sino que es una pesadilla incluso para sus amigos.

Bromberg nunca se queda callado con sus opiniones y las va diciendo sin siquiera intentar ser políticamente correcto. Habría sido un Veedor totalmente independiente.

Hoy, sin embargo, Navarro lanzó el nombre de Adriana Córdoba y luego Bromberg dijo que Petro le había confirmado que sería ella –y no él– quien ocuparía el cargo.

 

¿Por qué el viraje? 

La razón puntual de Petro para no nombrar a Bromberg es que tuvieron una discusión sobre el nombramiento de Augusto Rodríguez como viceveedor.

Rodríguez es uno de los amigos íntimos de Petro y quien lo acompañó durante todo el tiempo en el que él fue congresista en su Unidad de Trabajo Legislativo. Rodríguez es un gran investigador y estuvo detrás de casi todos los debates de control político que hicieron famoso a Petro: desde la parapolítica en Antioquia hasta los del Cartel de la Contratación en Bogotá.

Sin duda estas habilidades de investigador y su conocimiento de la administración pública por dentro habrían beneficiado su función en la Veeduría. Pero había un problema y es que Rodríguez es ingeniero químico y en el manual de funciones de la Veeduría, la carrera más cercana que aparece para el perfil de Veedor es ingeniero industrial. Es decir que técnicamente no cumplía con todos los requisitos.

Rodríguez pensaba que bastaba con sacar un decreto para reformar el Manual de Funciones, pero Bromberg se negó a hacerlo por considerar que no sería ético y así se lo planteó a Petro. Con lo cual el Alcalde dijo que, en todo caso, Bromberg no compartía realmente el mismo modelo de ciudad que él –desde el esquema de concesiones de Transmilenio hasta otros temas de movilidad en los que Bromberg ha criticado la visión de Petro.

Al final, entonces, ni Rodríguez aceptó el cargo de Viceveedor, ni Petro nombró a Bromberg como cabeza de la entidad. Y así, apareció el nombre de Adriana Córdoba.

Lo cual no deja de ser paradójico porque precisamente mientras Bromberg servía de intermediario entre Mockus y Petro durante la campaña para que ambos llegaran a una alianza, Mockus –sin contarle a Bromberg– decidió que más bien se unieran con Gina Parody, con quien Adriana venía discutiendo una eventual coalición.
 

Córdoba sale al ruedo

La primera vez que los bogotanos realmente se fijaron en Adriana Córdoba fue cuando se casó con Mockus encima de un elefante. Pero fue en la campaña presidencial de 2010 cuando Córdoba se convirtió en la “revelación” de los Verdes y, como lo contó La Silla Vacía, comenzó a jugar un papel cada vez más protagónico y público.

Córdoba, de 42 años, es una mujer hecha a pulso. Su papá era obrero, y ella, según dijo en una entrevista, no quería estudiar de noche así que trabajó un tiempo para ahorrar lo del primer semestre de la universidad en el Colegio Mayor de Cundinamarca. Después se ganó la beca todos los semestres por su rendimiento académico. Estudió trabajo social y conoció a Mockus, 20 años mayor que ella, cuando era organizadora estudiantil y él rector de la Universidad Nacional. En 1996 se casaron.

Córdoba tiene una especialización en Planeación Urbana y Regional del CIDER de la Universidad de Los Andes y un Máster en Planeación Regional y Políticas Públicas y varias personas la describen como “la mejor alumna del profe”, pues es una convencida de las teorías de Mockus sobre el cambio cultural.

Ella ha sido consultora de varias entidades públicas como el Ministerio de Educación con Cecilia María Vélez, de la Vicepresidencia con Francisco Santos en el tema de Derechos Humanos, del Departamento Nacional de Planeación y de Unicef en temas de juventud y niñez.

En 2010 jugó un papel clave en la campaña del Partido Verde a la Presidencia y en muchas ocasiones los militantes del Partido prefirieron que fuera ella quien hablara, pues nadie como ella servía de traductora de los proyectos y visión de Mockus. Cuando se acabó la campaña, y teniendo en cuenta el Parkinson de Antanas, muchos seguidores verdes le pidieron que se lanzara a la Alcaldía de Bogotá. Y por un momento ella y su marido mostraron interés en que lo hiciera, pero luego se le dejó el camino abierto a Peñalosa para que se convirtiera en el candidato Verde.

Ya luego, cuando Mockus se retiró del Partido y decidió que él quería ser nuevamente candidato, Córdoba volvió al rol de acompañar su candidatura.

Pero la gente que los rodeaba sabía que ella también tenía sus propias ambiciones políticas y que en la frustrada campaña para la Alcaldía ella era quien tenía ‘las riendas’, pues otras mujeres fuertes que antes habían acompañado a Mockus como Liliana Caballero, la ex gerente de la campaña presidencial, ya habían asumido otros rumbos.

 

El viraje en campaña

En su calidad de ‘jefe’ de la campaña, Adriana Córdoba fue la pieza decisiva para que Mockus terminara aliado con Gina Parody y no con Petro.

Petro y Mockus se conocían hace años y, como se ha contado, Petro fue quien convenció a Mockus de lanzarse a la política luego de la bajada de los pantalones cuando era rector de la Universidad Nacional y quien lo buscó en varias ocasiones infructuosamente para trabajar como aliados políticos.

Para las elecciones pasadas, Petro volvió a buscar a Mockus, después de que Antanas se salió del Partido Verde y antes de que decidiera lanzarse con la ASI. Daniel García-Peña, mano derecha de Petro y ahora encargado de las relaciones internacionales de la Alcaldía, se reunió con Adriana Córdoba y le ofreció encabezar la lista de Progresistas al Concejo. Al final esas conversaciones no llevaron a ningún lado y Mockus lanzó su candidatura con la ASI.

Pero cuando fue evidente que ésta no cuajó, se abrió otra línea de comunicación entre la campaña de Mockus y la de Petro, a través de Paul Bromberg, que era uno de interlocutores predilectos de Mockus. Del lado de Petro se escogió al publicista paisa Daniel Winograd.

Durante tres semanas, Bromberg y Winograd produjeron documentos que buscaban acercar a los dos candidatos, tanto en sus propuestas programáticas como en la misma táctica de un eventual acuerdo. Bromberg llevaba estos documentos donde Mockus y Winograd donde Petro.

Sin embargo, un día, leyendo La Silla Vacía, Bromberg se enteró que en realidad la alianza de Mockus no sería con Petro sino con Gina Parody. Adriana había forjado esa alianza y Mockus había aceptado. Parody había conocido a Córdoba en 2007 cuando la esposa de Mockus trabajaba en Unicef y Gina, como congresista, trabajaba en la Ley de Infancia. Una semana antes de que se concretara el acuerdo, Gina llamó a Córdoba y le dijo: "quiero proponerles matrimonio".

Córdoba y Mockus decidieron dar el sí porque pensaban que Parody representaba la renovación y una forma de hacer política sin clientelismo. Además, sería un proyecto liderado por una mujer. En su momento, se rumoró que el acuerdo incluía una participación de Córdoba en un eventual gabinete de Gina, pero tanto la candidata como Córdoba lo negaron.

Pero ahora, si Córdoba acepta el ofrecimiento de veedora, tendrá un puesto en el gabinete pero de Petro, con quien ha mantenido una amistad durante años, incluso antes de que Mockus y ella se conocieran.

 

El efecto político

Para ser un buen veedor ciudadano se necesita conocer muy bien la Administración, ser un buen gerente y ser una persona honesta e independiente. Córdoba cumple sobre todo la tercera. Ella ha conocido Bogotá sobre todo a través de su marido pero nunca ha tenido un puesto en la Alcaldía. Y tampoco ha sido gerente. Pero con su nombramiento, Petro sí envía el mensaje de que quiere tener a una persona inteligente, crítica e independiente y que no pertenezca a Progresistas.

Como efecto adicional, Mockus queda neutralizado. Si en realidad Antanas tenía la intención de hacerle una oposición reflexiva a Petro como lo anunció con Gina Parody, ahora si quiere hablar lo tendrá que hacer por interpuesta persona. Pero dado lo poco que ha dicho Mockus frente a lo mucho que ha propuesto Petro en los últimos dos meses, hará poca diferencia que tenga que optar por el silencio público.

La que sí queda en una situación más difícil es Gina Parody, que desde que perdió ha continuado su campaña a la Alcaldía para el 2015. Ahora tiene la opción de felicitar a Petro por nombrar a una persona independiente y cruzar los dedos para que Córdoba comience a criticarlo. O romper la alianza, ya de por sí extremadamente frágil.

Para Córdoba, si acepta el puesto, la única forma de lucirse públicamente y fortalecer sus propias aspiraciones políticas es criticando públicamente el gobierno de Petro. Un camino que no es fácil con alguien que ha sido su amigo durante años y que la nombra en vez de otro precisamente por no compartir el modelo de ciudad y ser excesivamente independiente y crítico.

Nota de la Directora: después de publicada esta historia, La Silla Vacía recibió una solicitud de rectificación de parte de la ex Veedora Distrital María Consuelo del Río Mantilla. LSV consideró que no procedía la rectificación. Pero sí cree que su punto de vista es valioso para que los usuarios enriquezcan su visión sobre el trabajo de la Veeduría y sobre la labor realizada por la ex funcionaria distrital. Esta es su carta.

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