La paridad de género en la política llega estancada a las elecciones de 2022

Esta historia hace parte de la Sala de redacción ciudadana, un espacio en el que personas de La Silla Llena y los periodistas de La Silla Vacía trabajamos juntos.

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La obligación legal, que cumple una década, de incluir una cuota de mujeres del 30 por ciento en las listas a concejos, asambleas, Cámara y Senado llega estancada al 2022. Esa cuota se elevó al 50 por ciento, pero posiblemente la medida no alcance a entrar en vigencia en las elecciones del próximo año. 

Aún si se concreta esta ampliación de las medidas afirmativas para elevar la participación de las mujeres en la política, cada vez son más las voces que dicen que hay que ir más allá.

En 2019 Miosoris Castillo aspiró por primera vez a un cargo de elección popular después de más de 20 años siendo una lideresa reconocida en Guachené, Cauca. Tiene 48 años y quería ser alcaldesa con un programa de gobierno feminista y en red con organizaciones de mujeres de su región. 

Pero fue la menos votada entre cuatro candidaturas, con apenas 171 votos. Según ella, porque su propuesta y el partido que la apoyó eran contradictorios, entonces la candidatura no caló. Primero se acercó al Partido Verde, pero no consiguió el aval. Finalmente fue candidata por Colombia Justa Libres, un partido de origen evangélico y cuyos miembros hacen parte de iglesias cristianas. 

“En la entrevista yo era tapándome un tatuaje que tengo en el brazo y que quiero mucho. Varias veces me dijeron que hiciera el esfuerzo de que no me viera tan feminista. Pero a mi me convenía el aval y al partido le convenían los votos”, dice Castillo. 

Como Castillo, muchas mujeres lideresas en sus regiones quieren aspirar a cargos de elección popular pero enfrentan barreras para conseguir el apoyo de los partidos, que son los que dan avales y con sus estructuras impulsan candidatos. 

Las cuotas se estancaron 

En 2011 el Congreso decidió que los partidos tendrían que cumplir con una cuota del 30 por ciento de mujeres en sus listas a corporaciones públicas. Diez años después, tras un salto inicial en el número de mujeres que llegaron al Congreso, en el 2018 hubo incluso un ligero retroceso. 


La mayoría de partidos a duras penas logran cumplir con el mandato de inscribir el 30 por ciento de mujeres. Al final terminaban inscritas nombres de relleno, como asesoras de prensa, y las dejaban al final de las listas. 

“La ley de cuotas solamente estaba permitiendo que hubiera más mujeres candidatizadas, pero no es efectiva para la elección. Si no se crea un sistema electoral orientado a la participación de las mujeres, el ritmo de aumento de ellas ocupando cargos de poder va a ser muy lento”, explica Angélica Bernal, politóloga, filósofa e investigadora sobre la participación de las mujeres en la política. 

El año pasado el Congreso trató de avanzar en el tema de la paridad y aumentó la cuota de mujeres al 50 por ciento dentro del Código Electoral, que hoy podría no alcanzar a entrar en vigencia por la demora que tiene su revisión en la Corte Constitucional. 

Esa ampliación sucedió después de que Paridad ya, una iniciativa que recoge a varias organizaciones feministas, promoviera la conversación pública sobre la participación de las mujeres. 

“La campaña no solo quería una acción afirmativa sino que apuntaba a que los partidos reformen sus estructuras partidistas”, dice Juliana Hernández, directora de la Organización Artemisas que lideró la campaña Paridad Ya. 

Eso no ha pasado. Tanto la inscripción como las medidas para incentivar la participación de las mujeres están crudas en la mayoría de los partidos, que tienen hasta el 13 de diciembre, cuando se cierran las inscripciones. 

Un vacío entre las lideresas y los partidos

Paradójicamente, el partido que más mujeres ha llevado al Congreso, el Centro Democrático, es el más escéptico a las medidas de acción afirmativa. Varios de sus congresistas, como Edwar Rodríguez y Margarita Restrepo, se oponían a ese punto de la reforma al Código Electoral. Pero es el partido que más mujeres tiene, no solo en el Congreso, sino también en su estructura de partido. 

“Yo no estoy de acuerdo con que las mujeres seamos una cuota por ley. No necesitamos un empujón. En el partido buscamos que la participación de las mujeres sea una cosa que fluya”, dice Nubia Stella Martínez, directora del partido. 

Por otro lado, solo un par de movimientos y partidos han avanzado con acciones concretas para propiciar la participación de mujeres. El Pacto Histórico, que lo conforman varios partidos y movimientos, es el más adelantado. Algunos, como el Polo Democrático, tienen un proceso de reestructuración interna para promover el liderazgo de las mujeres internamente. 

La coalición liderada por Petro ya decidió que van con una lista cerrada, paritaria y cremallera el otro año. Será la primera en el país. Algo que celebraron la mayoría de mujeres que ya son visibles dentro del Pacto Histórico, pero que también ha generado suspicacia entre algunas feministas, que se preguntan quiénes van a ser las mujeres priorizadas en los primeros puestos. 

Ya hay indicios. Este fin de semana, por ejemplo, Petro acompañó la oficialización de la candidatura a la Cámara de Susana Boreal, una directora de orquesta de Antioquia que se hizo famosa durante el paro nacional.

Además, como contamos, acercar influencers a los partidos hace parte de la estrategia de algunos partidos para 2022. “Estamos viendo una campaña que está consiguiendo estrellas y que es muy difícil identificar cuál es la causa que representan dentro de las listas. Los partidos repiten la práctica patriarcal de cosificar a las mujeres de manera pragmática”, dice Hernández de Paridad Ya.

El Partido de La U, el único que está encabezado por una mujer, Dilian Toro, también se ha movido. Lanzó una plataforma para identificar liderazgos en las regiones y elegir 40 personas para darles el aval y financiar la campaña. Aspiran a que las inscripciones les permitan impulsar más mujeres. 

Pero otros, que habían liderado la ampliación de las cuotas de las mujeres en la política, tienen por ahora prioridades distintas.  

“En la Coalición de la Esperanza no veo un debate específico sobre la paridad en las listas, porque no saben si va a ser una lista única o si será una lista con las nuevas fuerzas. Al Verde, aunque fue el gran impulsor de la paridad el año pasado, la agenda los tiene mirando para otra parte. Si logran ponerse de acuerdo, seguro van a tener una lista paritaria”, dice Ángela María Robledo, feminista y representante a la Cámara. 

Este panorama hace preveer que, como en años anteriores, justo antes de la inscripción de las listas haya un frenesí de búsqueda de nombre de mujeres, que al final, como se vio en la pasada elección no tiene un impacto mayor en el número de congresistas electas. Un frenesí evitable, sostienen desde Paridad Ya, pues sí hay mujeres. 

El proceso que lidera Hernández ya acompañó las candidaturas de 88 mujeres de todas partes del país en 2019. Once de ellas resultaron elegidas en los concejos, asambleas y alcaldías. 

Para el 2022 y 2023 –elecciones locales– tienen mapeadas por lo menos 55 candidaturas de mujeres estratos uno y dos que son lideresas en sus municipios y departamentos. “No todas saben a qué partidos quieren adherirse. Muchas terminan vendiéndose al mejor postor”, explica. 

Por eso, desde Paridad Ya, afirman que hay que ampliar la mirada de la inclusión más allá de las cuotas.

Más allá de las cuotas

Varias de las lideresas que acompañó Paridad Ya que lograron escaños en concejos municipales tuvieron que tocar las puertas de los partidos y no al revés.

Y a varias, luego de conseguir los avales los partidos las dejaron solas. “A mi el partido no me da plata, me toca transportarme a las veredas con mis propios recursos. Puse de mi plata para unos volantes de una campaña dentro del municipio”, cuenta Jennifer Pinzón, concejala del Partido Verde en Chocontá, Cundinamarca que quiere aspirar a la alcaldía en 2023. 

Por eso, además de tener aval y estar inscritas en una lista, se necesita una mirada distinta dentro de los partidos. Por ejemplo, que promuevan que más mujeres estén en cargos directivos en la estructura interna, se preocupen por formar a sus militantes y les den fuerza a las campañas de las mujeres.

“Se deben tomar en serio la financiación de las campañas de mujeres de manera afirmativa, promover alternancia en las candidaturas a las alcaldías y hacer reformas estructurales sobre temas como la redistribución del trabajo doméstico, el acceso a tierras y trabajos y la mejora en los pagos”, dice Bernal. 

Eso podría evitar que sigan presentándose casos como el de Miosoris Castillo, en Cauca, que terminó siendo candidata a la alcaldía de un partido contrario a su línea política. Todavía quiere ser alcaldesa, esta vez por el Pacto Histórico, pero las dificultades que enfrentó en la campaña de hace tres años la hacen dudar. “No tenemos condiciones para participar. No es que le tengamos miedo a la política: yo ya lo probé, pero ahorita lo estoy pensando. Es un sacrificio”, dice. 

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