La pelea es peleando: nueva estrategia de Santos

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Desde hace unas semanas, el presidente Santos ha pasado abiertamente a la ofensiva contra la oposición, tanto de la derecha como de la izquierda. Santos, ahora sí y de manera definitiva, decidió romper su mantra de “no pecu”. De aquí en adelante, la pelea es peleando no solo con Uribe sino con todos sus opositores.

Desde hace unas semanas, el presidente Santos ha pasado abiertamente a la ofensiva contra la oposición, tanto de la derecha como de la izquierda. Primero, arremetió contra el senador Jorge Enrique Robledo, acusándolo -injustamente- de estar vinculado con la violencia de la guerrilla en la ola de paros de julio. Arremetió contra Pacho Santos, su primo y precandidato uribista con mejor calificación en las encuestas a quien caricaturizó de inepto y luego tildó de tener “sida en el alma” (para después solidarizarse con los enfermos de VIH). Para rematar, a raíz de los balances del 7 de agosto, solo en este mes ha echado 16 discursos además de sendas entrevistas en los medios tradicionales, en los que ha aprovechado para irse de frente contra su antecesor. Santos, ahora sí y de manera definitiva, decidió romper su mantra de “no pecu”. De aquí en adelante, la pelea es peleando no solo con Uribe sino con todos sus opositores.

Así respondió en Montes de María burlándose de la supuesta inauguración de Uribe del acueducto este pueblo (que no fue muy diferente de la "inauguración" de las casas gratis. En todo caso, la Superservicios sacó un comunicado explicando la inversión hecha en el acueducto durante el gobierno anterior:

Desmintió los logros fiscales de su antecesor:

Retrató a Uribe como un instigador del miedo:

E intentó golpearlo por el lado fuerte de Uribe, la seguridad:

Aprovechando la mejora en indicadores de pobreza, le sacó en cara a su antiguo aliado las cifras de desigualdad:

¿Qué hay detrás?

Hay varias teorías sobre qué hay detrás de este cambio lenguaje. La primera es una razón personal y es que Santos ya no aguanta más a Uribe. "Se mamó del expresidente", dijo una persona muy cercana a Santos. "Es que no hay derecho la cantidad de mentiras y de falacias que es capaz de decir para atacar al Gobierno". Pero todas las demás razones tienen que ver con las elecciones del 2014.  “Estamos en un punto similar al que estabamos en la campaña cuando Santos iba perdiendo contra la Ola Verde y decidió hacer un cambio de equipo y de estrategia”, dijo un aliado del Gobierno. “Por eso es que comenzamos a ver más al gordo Bautista, se vino Prieto y JJ Rendón comienza a aparecer en el escenario”.

Este político que habló bajo condición de anonimato con La Silla se refiere a ese momento del 2010, seis semanas antes de la primera vuelta, cuando Juan Manuel Santos decidió traer al consultor venezolano JJ Rendón y darle un vuelco total a su campaña, desplazando incluso a sus asesores gringos y a Juan Mesa. El mismo Rendón explicó el cambio de estrategia en varias entrevistas después del triunfo de Santos:

Varias personas dentro del Gobierno, consultadas por La Silla, consideran que Santos se encuentra ahora en un punto similar y que ha llegado a la conclusión de que la estrategia que ha venido usando para comunicarse y para relacionarse con sus opositores le ha dado más frutos a ellos que al gobierno.

En la reunión de Hatogrande a principios de año con el asesor de comunicaciones Miguel Silva y liderada por el asesor gringo de Santos Jack Leslie, donde se decidió el nuevo slogan con las iniciales del Presidente, Justo, Moderno y Seguro, también se definió una estrategia para enfrentar a Uribe. Básicamente constaba de tres puntos: ridiculizarlo convirtiéndolo en una caricatura (Uribe divide, Santos une; Uribe es el pasado, Santos el futuro; Uribe es habla, Santos escucha); hacerlo ver como un "complaciente con los enemigos" al socavar el proceso de paz y dividir al país; y redefinir el tema de seguridad en el sentido de que las Farc hablan con el Gobierno porque Santos los derrotó.

La estrategia del gobierno se centraría en iniciar la campaña electoral lo más rápido posible, desde la Fundación Buen Gobierno; en garantizar la fidelidad de la U; en generar relaciones más estrechas con los gobernadores y los alcaldes; en el paquete de estímulos económicos PIPE; en planear "eventos de seguridad" como la limpieza de las ollas; en programar más consejos de ministros donde Santos tirara más línea; en acelerar los proyectos de infraestructura y en hacer rondas por las regiones comunicando los logros.

La mayoría de estas tareas se llevaron a cabo. Sin embargo, tanto la encuesta Ipsos como la Polimétrica, de Cifras y Conceptos, reflejan que aunque Santos frenó su caída no ha podido cambiar la tendencia de su favorabilidad.

Aunque la mayoría de colombianos sigue creyendo que negociar con la guerrilla es mejor que la exclusiva ofensiva militar para lidiar con las Farc, en muchos temas es evidente que los trinos del expresidente Uribe han ido calando en la psiquis colectiva.

Y lo que es peor para Santos: que si no cambia la tendencia de la opinión de aquí a noviembre le quedará difícil ganar una reelección.

La estrategia electoral

La nueva estrategia es electoral porque si no reversa pronto las tendencias de la opinión de aquí a noviembre puede traducirse en factores electorales concretos. Como la reelección en la práctica es un referendo sobre el gobierno, el balance del tercer año es fundamental para formar la opinión de quienes tendrán que votarlo.

De esta manera, la nueva estrategia apunta, por un lado, a minimizar a sus opositores y por el otro, obligar a los seguidores del Presidente a definirse si están con Santos o están contra él. La ilusión de mantener a todo el mundo contento ya se desvaneció.

“A Pachito tratan de cascarle para hacerlo crecer frente a las bases uribistas porque lo prefieren a él de contendor que a Ramos”, dijo un político santista. “Y lo que hicieron con Robledo seguramente buscaba que la gente creyera que era él quien había hecho la convocatoria de los paros y no la guerrilla. Era demasiado peligroso para el proceso que la gente creyera que las Farc eran tan poderosas como para convocar paros en todas partes”.

Más allá de si esa fue la intención del Gobierno con Robledo, lo que si es un hecho evidente es que el Presidente ha intentado deliberadamente igualar al principal opositor de la izquierda con Uribe, algo que, según supo La Silla, tiene muy molesto al senador, quien también fue un feroz opositor del expresidente. No es fácil para él ‘desmarcarse’ de esa igualación porque frente a varios temas del Gobierno -paradójicamente- están del mismo lado, aunque por diferentes razones.

Con Uribe la idea es ganarle cada una de las peleas que cace. En el consejo de Ministros el martes pasado en Neiva, Santos le dijo a su gabinete que “contestaran duro” los trinos del expresidente, según contó a La Silla uno de los presentes. Uno de los ministros que contestó al expresidente dijo a La Silla que él había contestado no porque hubiera recibido un instructivo en ese sentido (él no escuchó esa orden) sino porque simplemente no era verdad. De cualquier manera, la semana que terminó tuvo a todos los ministerios rebatiendo los trinos expresidenciales.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hasta Pinzón

 

El nuevo escenario

Santos ha tenido que asumir directamente la vocería de la defensa de su gobierno frente a Uribe porque sus ministros de la política no lo han podido hacer con éxito. A él, en todo caso, le conviene hacerlo antes de que Vargas Lleras termine en ese rol como líder de la Fundación Buen Gobierno reforzando su perfil público (y su favorabilidad entre los no uribistas en las encuestas).

Pero lo más importante es que al ser el mismo Presidente el que encara así las críticas obliga a la U, y sobre todo a los conservadores a definir si acompañan su aspiración reeleccionista o se van con el Centro Democrático.

La U es un partido sin una ideología clara que está dividido por dentro entre los uribistas y los santistas, o por lo menos los que creen que les va mejor en la Unidad Nacional. Por fuera de la maquinaria política, según focus groups internos de algunos partidos, la U sigue siendo percibida como el "partido de Uribe", con lo cual el día que descubran que ya no lo es, el partido del Presidente podría perder aún más simpatías entre futuros votantes.

La llegada de JJ Rendón como asesor electoral del partido, seguramente ayudará a Santos, quien elogió insistentemente al venezolano en la reunión del partido de la U en Paipa. En todo caso, con la ofensiva contra Uribe del Presidente, cada vez le resultará más costoso a los políticos de la U no tomar partido, como lo sufrió en carne propia la semana pasada Manuel Enríquez Rosero. Enríque Rosero, un uribista de la U, perdió por pocos votos la presidencia de la Comisión Primera del Senado cuando el Gobierno, a través de Simón Gaviria, intervino para que saliera elegido Juan Manuel Galán, a pesar de que es de un partido diferente al de Santos. El Gobierno no se podía dar el lujo de tener en la comisión que hará la ponencia de la reglamentación del Marco para la Paz a un uribista.

El caso de los azules es aún más urgente para Santos.  "Ellos son el pivote para donde van los uribistas", dijo un miembro del gabinete de Santos a La Silla. Así son los datos: alrededor del 40 por ciento del directorio conservador está con Uribe. Y mientras el presidente de su directorio, Ómar Yepes, ha dicho que "ni santismo ni uribismo" y que deberían ir con candidato propio a la Presidencia y en segunda vuelta buscar coaliciones, un grupo de uribistas conservadores antioqueños le pidió que respondiera afirmativamente a la invitación del expresidente de hacer una alianza con miras al 2014.

Por el lado del Centro Democrático, con sus 89 trinos recientes, Uribe logró que pasara sin que se notara la fecha que él mismo había fijado del 7 de agosto para anunciar su lista al Senado y principalmente si él la encabezaría. Además, el nuevo movimiento no ha comenzado a recoger firmas para participar en las próximas elecciones.  "La percepción es que la propuesta de Yepes de que los uribistas se vayan con los azules sigue viva y además, Ramos está muy fuerte", afirmó el mismo funcionario santista. La nueva actitud de Santos los obligará a decidirse rápido para él saber con quién cuenta realmente.

Además, en la medida en que se polarice la campaña entre la Unidad Nacional y el uribismo, de paso Santos le cierra una opción real a una tercería. Pues si bien las encuestas muestran que Santos le ganaría a cualquiera de los actuales precandidatos, no es claro qué pasaría si surge un nombre nuevo cuando dos de cada tres colombianos dice que no quisiera cuatro años más del actual Presidente.

Frente a todos estos escenarios, es fácil anticipar que el presidente Santos irá perdiendo su cordialidad cachaca y que irá mostrando una nueva cara, menos conciliadora con sus opositores.

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