La política 'transicional' de las Farc

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Mientras a nivel nacional hay un intenso debate sobre si se les debería permitir a los guerrilleros participar en política, y en qué condiciones, en los territorios donde se implementarían los acuerdos, las Farc ya está haciendo política.

Mientras a nivel nacional hay un intenso debate sobre si se les debería permitir a los guerrilleros participar en política, y en qué condiciones, en los territorios donde se implementarían los acuerdos, las Farc ya está haciendo política.

En estas elecciones se está dando ya esa transición de la lucha armada a la política y social que mencionó Timochenko en su twitter al dar la buena noticia de que había ordenado “a estructuras de FARC-EP suspender cursos militares y dedicarse a la formación política y cultural”.  Pero como en toda transición, todavía no está lo nuevo y aún no ha desaparecido lo viejo, con los riesgos que eso implica para la democracia.

En Tumaco, por ejemplo, donde las Farc hicieron su ofensiva militar en mayo causando millonarias pérdidas, la guerrilla está haciendo proselitismo armado en este importante puerto.

En la zona rural de este municipio de Nariño, la columna móvil Daniel Aldana le está haciendo campaña al candidato a la Alcaldía Víctor Morcillo. Así se lo confirmaron a La Silla tres personas diferentes, y no relacionadas entre sí, que recibieron presiones o invitaciones directas de guerrilleros de las Farc para que votaran por él.

Morcillo, un psicólogo familiar de 62 años que hasta hace poco asesoraba a una organización campesina, que ha sido político antes, y que aspira a dirigir el destino de Tumaco por la UP, le dijo a La Silla que como sus rivales “no pueden decir que soy ladrón entonces dicen que soy de las Farc.” Y agregó, ofendido: “Señora periodista, le pido que tenga respeto por la gente que entrevista. Cómo se le ocurre decir que soy candidato de las Farc cuando lo que soy es el candidato de la paz.”

La Silla no sabe si Morcillo es de las Farc pero sí obtuvo testimonios directos de la campaña que la guerrilla ha emprendido a su favor y de otros concejales en las zonas rurales de Tumaco.

“Ellos vienen haciendo presión en Llorente, en los consejos comunitarios por sus candidatos al Concejo y a favor de Víctor Morcillo”, dijo a La Silla un líder de la región, que por motivos obvios pidió guardar la reserva de su nombre como los demás que accedieron a hablar para este artículo.  “Hemos recibido amenazas de que si no apoyan a este señor se van o se mueren. Son ellos quienes han venido amedrentando a la gente que vote bajo esa consigna”.

Este líder contó que en la zona alta del Río Mira –región donde crece el 4 por ciento de todas las plantas de coca que tiene Colombia- las Farc hicieron inscribir a mucha gente y que puestos electorales en zonas donde viven 40 o 50 familias tienen hasta 380 cédulas inscritas.  “Son coqueros que viven en Llorente”, dijo.  Gente que han traído ellos desde Putumayo, Ipiales a cultivar la coca en el pacífico nariñense.

Esta misma versión la confirmó La Silla con una mujer del corregimiento de Llorente, a una hora y pico del casco urbano de Tumaco, quien dijo a este medio que los guerrilleros les hicieron inscribir las cédulas para que votaran por Morcillo y un candidato al Concejo.

“La plata la ponen ellos”, dijo. Y contó que en la tienda de su vereda, los guerrilleros dijeron que ellos acompañarían a la gente a las urnas a votar.  “Eso me parece mal porque en las mesas en que he estado se había hecho respetar el ingreso a la urna”, dijo ella.

Un activista político dijo que él estaba presente cuando llegaron guerrilleros de la columna móvil Daniel Aldana a decirles que permitirían que otros candidatos fueran a hacer campaña pero que “la gente ya sabe por quién votar”.

“Los obligaron a inscribir cédulas en la vereda La Playa, Kilómetro 54, en Llorente”, dijo a La Silla. “El comandante de la zona va y los presenta [a los candidatos]. Se decidió hace más de un año que el candidato sería Morcillo. La gente sabe que al fin de semana siguiente debe mostrar el registro electoral y haber votado donde ellos dijeron.”

La Silla entrevistó unas diez personas en Tumaco, algunos de ellos involucrados de una u otra forma en la contienda electoral, y todos coincidieron en que era vox populi en el puerto que Morcillo estaba apoyado por las Farc.

Ninguno parecía extrañado ni indignado por ello. Les parecía más o menos normal dada la presencia y el control que tiene desde hace años esta guerrilla en la zona rural del pacífico nariñense. Dudaban que tuviera un chance para ganar y solo uno de ellos creía que Morcillo sí podía convertirse en el próximo alcalde de Tumaco. “El día de las elecciones terminan rompiendo con el billete y le gana a todos”, pronosticó.

Un trabajo metódico

En 2010, el Observatorio de Derechos Humanos de la Presidencia publicó un informe sobre el Pacífico en el que contaba que las Farc habían “promovido la conformación de organizaciones no compuestas por nativos, como es el caso de la Asociación de los ríos Mira, Nulpe y Mataje, Asominuna, una asociación de colonos con ascendencia paisa, principalmente, lo que está deslegitimando la autonomía étnico-cultural.”

El informe denunciaba cómo las Farc habían fortalecido Asominuma, al tiempo que habían debilitado las autoridades de los Consejos Comunitarios, que son los que mandan en los territorios afro. Lo han hecho desde adentro y desde afuera.

Desde adentro, los debilitan diciéndole a la gente que los consejos comunitarios se roban la plata (lo cual es cierto en algunos casos) y presionándolos para que en cambio de ir a sus asambleas vayan a las reuniones de las organizaciones paralelas que han ido creando como Asominuma.

“Si no vas, 300 mil pesos de multa.”, dijo uno de los líderes entrevistados.

Según le contaron a La Silla, las Farc crean asociaciones de juntas de Acción Comunal que asocian en una organización sombrilla como Asominuma y obligan al consejo comunitario a someterse como una organización más.

Los que no obedecen han sufrido las consecuencias. Así le sucedió a Génaro García, el representante legal del consejo comunitario del Alto Mira y Frontera que las Farc asesinaron en agosto después de que un campesino de Asominuma le llevara la citación de la guerrilla, como contó La Silla.

Según pudo averiguar este medio, tanto Genaro como la junta de su consejo comunitario se habían negado a las pretensiones de las Farc de que Asominuma lo liderara.

 “Las Farc desplazó a unos compañeros hace tres años porque no correspondían a su accionar”, contó un líder de otro consejo comunitario en Tumaco y agregó que lo mismo ha sucedido en Chaguí y en la zona de Barbacoas, donde dos líderes de consejos comunitarios de Roberto Payán fueron “suspendidos y destituídos” por las Farc y obligados a una pena de confinamiento en el municipio.

La mujer que vive en Llorente confirmó que los que mandan en los consejos comunitarios de su zona son las Farc. “Como adentro en las fincas [de coca] tienen los hombres que cultivan, les dicen tal día paro, tal día reunión con esa asociación y ellos vuelven a la casa y le dicen a uno, y uno va”, cuenta.

Una estrategia nacional

Esta misma estrategia de crear organizaciones paralelas a las tradicionales para subvertir su poder y reemplazarlas por organizaciones creadas por ellos es una de las formas de participación política más prominentes de las Farc en las regiones donde tienen influencia.  Además de Tumaco, la Silla documentó casos parecidos en Bojayá, Chocó; en varios municipios del Caquetá; y en el Cauca.

Esta estrategia es particularmente efectiva para el futuro político de las Farc –y una campana de alerta para el gobierno y la sociedad civil- por la figura de las Circunscripciones Especiales de Paz y los derechos que adquieren los “movimientos sociales” en el acuerdo sobre participación política pactado en La Habana.

Durante toda la negociación, las Farc han defendido la idea de que los movimientos sociales son mucho más representativos de los intereses del pueblo que los partidos políticos.

En los acuerdos fue acordada una “legislación de garantías” para los movimientos sociales que será discutida con ellos; la posibilidad de que den a conocer sus propuestas en “medios institucionales y regionales” (sobre todo televisión); la posibilidad que estos movimientos formen parte de veedurías ciudadanas que ejerzan control  frente a los gobernantes y que participen en la elaboración y seguimiento a los planes de desarrollo local, integrando los consejos territoriales de planeación; y “apoyos especiales” a nuevos movimientos (no se específica en este punto qué tipo de apoyos pero seguramente podría incluir financiación estatal).

Como contó La Silla, fuera de esas garantías, el acuerdo tiene un punto, que es quizás el más significativo: las circunscripciones transitorias especiales de paz.

Estas circunscripciones buscan integrar políticamente a las regiones más golpeadas por el conflicto (es decir, aquellas donde tiene presencia las Farc) y es el mecanismo para garantizarles a las Farc una mayor representación de sus bases en el Congreso.

Básicamente, estas circunscripciones buscan permitir que en estas regiones (que no se han definido), y durante un período de tiempo determinado, se puedan elegir “representantes adicionales con unas reglas especiales”.  

Esto, traducido, significa que, por ejemplo, Asominuma, en el Pacífico, pueda postular en la región del Alto Mira sus candidatos y que los ciudadanos de esas regiones puedan votar (o no) por ellos. También lo podrían hacer organizaciones que se han resistido a las Farc como las indígenas en el Cauca.

Pero en la medida en que las Farc aproveche este tiempo previo a la firma del Acuerdo de Paz en reforzar –a punta de la intimidación de las armas- ciertas organizaciones sociales en sus territorios y a debilitar otras sin que el Gobierno o la sociedad se preocupe por ello, estos puntos del acuerdo dejarán de “significar una reparación política muy importante para cientos de miles de colombianos, que en estas zonas no han podido ejercer y participar en la democracia libremente” como lo explicó el ministro del Interior Juan Fernando Cristo cuando fueron aprobadas. Sino todo lo contrario.

En el Caquetá, por ejemplo, las juntas de acción comunal han ido “mutando” –como lo contó una fuente de la región a La Silla- y han surgido asociaciones campesinas que cuentan con el respaldo de las Farc.

“Se han ido separando de las junta de acción comunal. Van ganando en sumar juntas de acción comunal y forzarlas a permanecer en las asociaciones campesinas”, explicó.  Dijo que por ejemplo en Puerto Rico, ya la interlocución de los funcionarios no puede ser con la junta de acción comunal sino con la asociación campesina por órden de la columna Teófilo Forero.

Dice que esto está sucediendo en Paujil, Doncello, Montañita, Puerto Rico e incluso, Florencia. “Es una configuración diferente y nueva y la línea es muy delgada. Las juntas de acción comunal se mantienen por el respaldo jurídico pero no tienen autonomía. Se le transfiere a la asociación campesina.”

Parte del éxito de esta estrategia es el discurso que manejan las nuevas asociaciones campesinas de protección de la tierra, protección ambiental y oposición a la industria extractiva, lo que ayuda a que la gente se organice alrededor de ellas.

“Si te opones a eso es como si te opusieras al territorio¨, dijo la líder caqueteña.

En estas elecciones, como en Tumaco, las Farc se han movilizado pero no lo han hecho a través de partidos de izquierda “que ya están pintados”, según la fuente, sino con candidatos del Partido Verde. La Silla no pudo confirmar con otra fuente independiente sus nombres y por eso no los da.

En Toribío, Cauca, las Farc también están haciendo campaña a favor de un candidato que va por un partido inesperado dada la poca afinidad ideológica: la U.

“Van de casa en casa diciéndole a la gente que la implementación de los acuerdos la va a hacer Silvio”, dijo a La Silla una persona que conoce de primera mano la dinámica política de la región, información que fue corroborada por la Silla. Se refiere a Silvio Valencia Lemus, candidato de la U.

Valencia, un líder indígena, delegado de la Palabra de la parroquia como varios líderes indígenas, está haciendo campaña con la idea de que él será quien concrete la paz territorial a favor de su comunidad.

Se enfrenta al líder tradicional Alcibiades Escué, del Movimiento Alternativo Indígena y social, que es apoyado por la guardia indígena y que ha basado su campaña en la idea de que será él quien hará “la verdadera” paz territorial.

Según dijo una fuente de la región a La Silla esta es la única elección que no pueden perder las autoridades indígenas tradicionales “porque cómo va a ser la implementación de los acuerdos. ¿La va a dirigir las Farc o las comunidades?”

“Es una lucha casa a casa con un discurso político muy bien estructurado”, agregó.

La competencia, en todo caso, está dura. Porque en esta zona del Cauca, como en las otras regiones, las Farc han emprendido una estrategia política dirigida a reemplazar el poder de las autoridades tradicionales sembrando en su interior la semilla de la división.

Según lo que pudimos averiguar, después de que las Farc desvincularon hace unos meses a los menores de 17 años de sus filas, varios de los jóvenes del Sexto Frente de las Farc (que está integrado en su mayoría por indígenas) volvieron al Cauca y entraron a reforzar los Nietos del Quintín Lame y los Hijos de Avelino Ul, estructuras que tienen vasos comunicantes con las milicias de las Farc.

“Esas estructuras fueron fortalecidas y enviadas a las tomas de las fincas azucareras”, dijo la fuente que conoce la región.  Su evidencia para decir que los recién desvinculados por las Farc estuvieron involucrados es que en esas tomas usaron papas bomba y francotiradores, algo inédito en las tomas de tierra por parte de los indígenas.

Estas corrientes más radicales –según la fuente- casi derrotan a los líderes tradicionales en la última Asamblea indígena del norte del Cauca, acusándolos de gobiernistas por no propender por una reforma agraria más radical.

Las autoridades indígenas saben que el desafío que enfrentan en los próximos años una vez las Farc se convierta en un partido político y entre a competir de frente por su poder es mayúsculo. Y es que desde ya las Farc están diseñando planes y proyectos para la implementación de los acuerdos.

En reuniones de una experiencia piloto de paz del Norte del Cauca, gente de ellos está llegando con propuestas elaboradas de sistemas de riego y cadenas productivas.  “Si no se ponen las pilas, al final la carretera es la misma, pero la hicieron ellos”, dice un observador de la región.

Esos tres niveles de participación política que se están dando en el Cauca, en Tumaco y en otras regiones donde han estado las Farc durante décadas y donde se priorizará la implementación de los acuerdos si se firma la Paz en seis meses es la antesala a un futuro en donde las Farc tendrán que luchar por el poder en igualdad de condiciones con los demás políticos. 

Del éxito de esa transición y de lo que puedan hacer a nivel local dependerá en gran parte el éxito de la paz. Pero mientras llega el futuro sin armas, así es como se está llevando a la práctica la “formación política” de la que habló Timochenko.

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