La reapertura de la frontera se hizo a pesar de Duque, no gracias a él

La reapertura de la frontera se hizo a pesar de Duque, no gracias a él

Ayer anunciaron la reapertura de la frontera con Venezuela en Norte de Santander. Es un triunfo para los empresarios locales y la administración departamental que, ante la ausencia de relaciones binacionales, tuvieron que liderar procesos de diálogo con dirigentes del vecino país.

Es también una muestra más de que el cierre hace seis años fue un capricho del régimen de Nicolas Maduro que hoy, por cálculos políticos con miras a las elecciones regionales que se avecinan en Venezuela, le sirve deshacer.

Y aunque el presidente Iván Duque pretenda catalogarlo como un triunfo de su cerco diplomático al régimen, es todo lo contrario: el nuevo aire que le dio la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, en su rol de canciller, a las conversaciones fronterizas, sumado a los diálogos entre Maduro y la oposición –con los que suma puntos en relaciones internacionales–, prueban una vez más que la estrategia de Duque fracasó.

La presión en frontera

Los primeros movimientos en los puentes fronterizos se dieron la noche del domingo. Del lado venezolano, limpiaron las calles y barandales, retiraron algunas vallas e instalaron iluminación en los puentes fronterizos. En la mañana de ayer, empezó el show mediático.

Subido en la puerta de una máquina montacarga, el diputado chavista Freddy Bernal retiró los contenedores atravesados en el puente internacional Simón Bolívar, el que hasta 2015 solía ser el principal paso fronterizo entre Colombia y Venezuela. Lo hizo mientras grababa un video que rotó en redes diciendo “como yo se los prometí hace meses (...) hoy se cumple esa promesa”. 

La decisión fue sorpresiva y sus efectos no son inmediatos. Hoy en ese puente hay cientos de personas intentando pasar, pero el flujo va lento, lejos de las 50 mil personas que solían pasar diariamente.

En todo caso, la medida sí está precedida por una gestión larga.

En los últimos meses, los gremios de Norte de Santander y del estado fronterizo del Táchira, principales damnificados con el cierre, elevaron la presión sobre sus gobiernos para la reapertura, pues la economía de ambas regiones está cimentada en el intercambio propio de la frontera.

Tal y como nos contó Amilcar Mirep, el presidente del gremio hotelero Cotelco en Norte, una vez inició la reapertura económica por pandemia, hace poco más de un año, los gremios de ambos lados decidieron organizarse. Comenzaron a hacer reuniones y a sacar comunicados conjuntos periódicos, exigiendo a ambos gobiernos soluciones.

Del lado de Norte de Santander le recriminaron a Duque el fracaso de su cerco diplomático. Del lado de Táchira, donde la oposición al chavismo es fuerte, le echaron en cara a Maduro que su impopularidad en la región se disparó como consecuencia del cierre.

Los gremios de Norte se enfocaron en presionar para que el gobernador, Silvano Serrano, y el alcalde de Cúcuta, Jairo Yáñez, asumieran la vocería ante Casa de Nariño para dialogar con Venezuela. Un papel que, dado el talante obediente de ambos gobernantes, era difícil de asumir públicamente.

El único gesto del alcalde de Cúcuta fue en abril de este año. A propósito de una visita de Duque a Norte de Santander, pidió la reapertura vía Twitter. Salvo ese episodio, ha sido más un espectador que parte activa de la solución.

Por su parte, el gobernador Silvano Serrano se mantuvo totalmente al margen de la discusión pública pero sí delegó a su secretario de Fronteras, Victor Bautista, un exfuncionario de Cancillería con cancha en el tema, para abogar por la apertura.

Sin pretensiones diplomáticas y cobijado por el Estatuto Orgánico Territorial que permite a los mandatarios locales hacer diálogos internacionales, Bautista promovió reuniones con los gremios de ambas regiones desde el año pasado.

El desenlace fue una reunión en mayo entre el gobernador Serrano y Freddy Bernal, el protector del Estado de Táchira, delegado directo de Maduro en la frontera. Como reveló La Silla, Cancillería, en su momento acéfala (Claudia Blum ya había renunciado y Marta Lucía Ramírez no se había posesionado), desautorizó el encuentro y la gobernación se echó para atrás. 

La nueva canciller oxigenó la discusión

Pero la presión de los gremios continuó, y tal y como nos dijeron dos personas que han sido parte activa de las reuniones, la llegada de Marta Lucía Ramírez a Cancillería le dio otro aire a la interlocución binacional.

El gobierno de Duque sigue sin reconocer al régimen de Maduro y sin tender puente diplomático alguno, pero la canciller asumió una postura más activa, en la medida en que pidió que le reportaran directamente lo que sucedía en las reuniones gremiales.

“Con Marta Lucía, la Cancillería al menos empezó a apropiarse del tema. Sin decidir nada pero al menos oyéndonos a través del gobernador, con quien tiene buenas relaciones”, nos dijo una de esas fuentes.

Aunque el padrino político de Silvano Serrano es el exgobernador William Villamizar, quien milita en La U, Serrano llegó al poder con el aval azul y en él prima la disciplina de partido, el mismo que la vicepresidenta.

De ahí que mantenga buenas relaciones con Ramírez, quien en las elecciones de 2018 contó con el respaldo de todo el directorio conservador en Norte, el partido de mayor tradición allá.

A finales de agosto, Marta Lucía Ramírez, en su rol de vicepresidenta visitó Cúcuta para instalar el Congreso Nacional de Historia, en el marco de la celebración del Bicentenario de la Constitución de Villa del Rosario.

Dos meses antes y tras la presión de los gremios, Duque reabrió unilateralmente la frontera. Sin interlocución con Venezuela, fue una medida inocua. Migración Colombia aumentó su presencia en los puentes basados en rumores de que Venezuela también iba a abrir pero no sucedió. La gente solo podía llegar hasta la mitad de los puentes internacionales. Los pasos ilegales debajo de los pasos formales y a lo largo de 2 mil kilómetros fronterizos siguieron vivos.

El chavista Freddy Bernal seguía enviando mensajes públicos al gobierno de Duque y privados a las autoridades de Norte de Santander para que retomaran la reunión fallida de mayo. Entonces, en privado y desde su rol como canciller, Ramírez habló con Serrano y finalmente le dio luz verde a los diálogos fronterizos.

Así, la reunión se concretó a los ocho días. Bautista y cuatro líderes gremiales de Norte de Santander viajaron a San Antonio de Táchira, se reunieron con Bernal y acordaron tres puntos clave para la reapertura: coordinar la entrada y salida de los niños que viven en Venezuela y estudian en Colombia, regular el paso peatonal y la reactivación del transporte de carga (que en la frontera entre La Guajira y El Zulia sí ha permanecido activo).

Solo habían resuelto el primero. Hasta que ayer Venezuela anunció la reapertura total sin avisarles. El esfuerzo de los gremios y administración departamental en Norte finalmente dio frutos.

Aún cuando Duque siga diciendo que es gracias a su estrategia diplomática fallida.

La terquedad diplomática de Duque

“He tenido la posibilidad de hablar con Juan Guaidó y varios representantes de la resistencia democrática y el gobierno interino y ellos han llevado también la voz de presión (...) esa presión que ha venido haciendo la resistencia democrática y el gobierno interino y claramente, la presión que se ha hecho a través del cerco diplomático para mejorar las condiciones de vida de tantos hermanos venezolanos”, dijo Duque ayer, en referencia a la reapertura.

Hoy lo repitió: “Lo que ha ocurrido (...) es también un triunfo de la presión diplomática, del cerco diplomático y de la evidencia que tiene el mundo hoy de las graves afectaciones que existen en zonas de frontera”.

Migración Colombia, mientras tanto, enviaba otro mensaje, más cercano a la realidad.

“Se espera que con el retiro de este grupo de contenedores, el cual se da gracias a la gestión de la Gobernación de Norte de Santander, así como del sector comercial, industrial y de transporte del departamento, Venezuela abra nuevamente su frontera, en un marco de orden y seguridad para los dos países y la región”, dice el comunicado que publicaron horas después del anuncio de reapertura.

Es que los contenedores que retiraron ayer, más que el cierre de la frontera, simbolizaban la disputa diplomática que Iván Duque y Maduro protagonizaron en febrero de 2019, cuando el primero quiso entrar camiones cargados con ayudas humanitarias a Venezuela y el segundo impidió el paso con esas estructuras decoradas con su bandera.

Una disputa que ninguno de los dos ganó. Venezuela, en aras de reconocimiento internacional, pedía una interlocución directa con el gobierno de Duque para la reapertura y eso nunca pasó. El régimen tampoco cayó en “pocas horas”, como lo anunció en ese momento el presidente colombiano.

En todo caso, Maduro sí lleva ventaja.

La mesa de diálogo entre el régimen y la oposición que arrancó en agosto en México es una muestra. “Maduro ha logrado cierto nivel de visibilidad internacional y la comunidad internacional ha entendido que no se puede romper al régimen súbitamente, no se puede con un cerco diplomático”, explica Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.

Mientras Duque sigue insistiendo en que hay que derrocar a Maduro para restablecer la democracia en Venezuela, Estados Unidos y la Unión Europea optaron por apoyar una salida negociada. Hoy buscan que haya garantías de participación en las próximas elecciones locales de Venezuela, a finales de noviembre.

En parte, esas elecciones también influyeron en el espectáculo de Freddy Bernal ayer. Como es el candidato del régimen a la Gobernación de Táchira, la reapertura también es una forma de congraciarse con la población en la coyuntura de campaña.

Mas allá del tejemaneje político, la reapertura de la frontera permitirá que el comercio entre los dos países, la única fuente de empleo en esa zona, se revitalice y le quitará parte del negocio a los grupos ilegales que se habían hecho su agosto pasando gente ilegalmente.  

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