La renuncia de Uribe, la primera gran prueba del talante de Duque

Silla Sur

Con el expresidente criticando a la Corte, nace un dilema para Duque entre respetar a las instituciones y mostrarse suficientemente uribista.

La renuncia de Álvaro Uribe a su condición de senador tras haber sido llamado a indagatoria por la Corte Suprema representa un desafío de marca mayor para el presidente electo Iván Duque y puede marcar el futuro de su Gobierno.

A las 4 de la tarde el ex presidente Uribe usó su medio de comunicación personal, Twitter, para soltar una bomba política en dos tiempos, para luego empezar a criticar a la Corte Suprema.

El caso

En un comunicado que emitió la misma tarde, la Corte Suprema explicó que hay dos casos contra Uribe.

En el primero no hay indagatoria.

Como explicó la Corte, “accedió a la petición del senador Álvaro Uribe Vélez, y dispuso escucharlo en versión libre en el curso de indagación previa abierta a partir de la compulsa de copias, también por presunta manipulación de testigos en hechos anteriores al 16 de febrero de 2018, derivada de la investigación preliminar que se adelantó al senador Iván Cepeda.”

La Corte se refiere al día en el que desechó la denuncia que Uribe hizo en 2014 contra Cepeda, acusándolo de haber manipulado a los ex paramilitares Hernán Sierra García y Juan Monsalve Pineda, del Bloque Metro, para que declararan que esa estructura se creó en la hacienda Guacharacas, de la familia Uribe, y que lo habrían creado Uribe y su hermano Santiago; los hermanos Santiago y Pedro Gallón Henao; y los hermanos Luis Alberto y Juan Guillermo Villegas Uribe.

Ese día y al cerrar el proceso contra Cepeda, la Corte decidió iniciar uno contra Uribe porque encontró pruebas de que habría enviado personas para que Sierra y Monsalve se retractaran de las declaraciones contra él y su familia. Entre otras, una llamada entre Uribe y Juan Guillermo Villegas, el 22 de diciembre de 2013, en la que Uribe muestra que sabía de decisiones de la investigación judicial.

El segundo es por hechos más recientes, también por presunta manipulación de testigos, pero con hechos de este año.

Como reacción a esa providencia judicial y al parecer con su consentimiento, personas allegadas al expresidente Uribe habrían emprendido nuevos actos de manipulación de testigos. En la indagación preliminar, ordenada el pasado 22 de febrero para corroborar estos últimos hechos, la Corte halló elementos de juicio para iniciar este proceso en el que los senadores Uribe y (Alvaro Hernán) Prada deberán responder por los mencionados delitos."

En concreto, la Corte investiga si Uribe y Prada cometieron delitos por los hechos que reveló Daniel Coronell en sus columna de la Revista Semana del 23 y del 30 de junio, llamadas “El que la hace, la paga” y “El diablo se viste de Prada”.

Los hechos, como contó Coronell, es que el 22 de febrero, el día antes de que se venciera el plazo para que Uribe apelara la decisión de la Corte del 16, tres personas le insistieron a Monsalve que cambiara su testimonio.

Una de ellas es el ex paramilitar alias Caliche, quien le dijo a Monsalve que lo contactó el senador Prada por celular y le puso por altavoz a Uribe.

Prada le aceptó a Coronell que habló con Caliche pero dice fue éste el que lo buscó, que no le ofreció nada, que informó a Uribe del contacto con Caliche y que no tenía el celular con el que se había comunicado con él porque estaba en cadena de custodia y embalado para entregarlo a la justicia.

Como lo anticipó el domingo Noticias Uno, la decisión que tomó la sala de los magistrados de la Sala Penal José Luis Barceló (ponente y presidente de la Sala), Luis Hernández (presidente de la Corte) y Fernando Castro Caballero, fue llamar a indagatoria a Uribe y al recién posesionado senador huilense Álvaro Hernán Prada, quien según la Corte visitó dos veces a Monsalve.

Esa decisión aparentemente tomó a Uribe de sorpresa. La Silla habló con una persona que estuvo con él esta mañana en El Ubérrimo, y nos dijo que habían hablado de varios asuntos pero no de este caso, y estaba tan sorprendido como el resto de las fuentes consultadas.

Los efectos

El primer efecto es de tipo jurídico y tiene que ver con la decisión de la Corte sobre si al renunciar a ser senador, pierde su fuero y el proceso pasa a la Fiscalía. Esta fue una estrategia que utilizaron varios congresistas acusados de parapolítica para quitarse de encima a la Corte Suprema y ser investigados por la Fiscalía, que veían como más neutral.

En un principio, la Corte Suprema aceptó que perdía competencia pero cuando se volvió una práctica regular, cambió el precedente y dijo que los indagados no podían escoger el juez renunciando a su curul después de iniciada la investigación, como en este caso.

Sin embargo, para el penalista Iván Cancino la Corte solo pierde competencia respecto de las conductas que tienen relación con el hecho de ser senador, incluyendo haber hecho alianzas para elegirse como tal (parapolítica).

Tocaría ver en esta ocasión, con cuál de las dos jurisprudencias se va la Corte Suprema.

Una teoría es que Uribe, que durante su gobierno tuvo una relación muy conflictiva con la Corte Suprema porque el DAS bajo su cargo chuzó a los magistrados a raíz del juicio contra el entonces senador Mario Uribe, primo muy cercano del entonces presidente Uribe, renuncie para evitar que la Corte lo capture después de la indagatoria, un procedimiento usual bajo el sistema inquisitivo que rige a la Corte, sobre todo cuando el caso es por manipulación de testigos.

Más aún si considera que tiene más garantías en la Fiscalía de Néstor Humberto Martínez.  Pero es improbable que él no tenga claro antes de hacerlo si la Corte va a permitir perder la competencia.

Otros consideran que renuncia porque, como dijo la exsenadora Claudia López a La Silla, “así sale cómo una víctima de la justicia y le queda más fácil gobernar desde su finca. Hace rato circula el rumor de que quería renunciar”.

De hecho, un congresista uribista le dijo a La Silla que no se sorprendía la decisión, justamente porque ha visto a Uribe aburrido en el Congreso.

Con su salida Uribe le quita a la oposición un espacio para crecer a punta de hacerle debates en el Senado, como ya ocurrió con Iván Cepeda y recientemente con Carlos Fernando Galán; evita tener que salir a defender a ministros no uribistas del gobierno Duque en debates de control político de la oposición; y gana margen para, si quiere, incidir en el nuevo presidente sin que haya críticas por la separación de poderes.

“Da más o menos igual si renuncia porque tiene la misma simbología si está en el Senado o no. El hecho es que Uribe se vuelve un reo de la justicia”, dice el columnista de La Silla Vacía Héctor Riveros. “El desafío es cómo afecta esto al gobierno de Duque”.

El desafío para Duque

Como lo planteó el mismo Riveros en una columna, el llamado a indagatoria -que en el sistema inquisitivo es casi tan grave como una imputación de cargos en el sistema acusatorio de la Fiscalía, pues significa que hay indicios de que cometió un delito, supone un gran desafío para Duque, que tendrá que escoger entre su lealtad a Uribe y el respeto a las instituciones de la justicia.

Uribe se la podría poner más fácil o más difícil.

Si el expresidente fuera respetuoso de la decisión de la Corte, como pareció serlo en su trino inicial al decir que encontraba una incompatibilidad moral entre estar sub judice y ejercer como senador, le abriría el espacio a Duque para pedirle a la justicia todas las garantías para su padrino político y garantizarle la independencia que tiene que tener la Rama Judicial.

Pero ya después del trino de su renuncia, Uribe comenzó a trinar contra sus jueces, con lo cual Duque se verá obligado a escoger y la decisión que tome tendrá un profundo impacto en su gobierno que aún no arranca oficialmente.

Si decide manifestarse respetuoso de la justicia, como se espera de un presidente que ha dicho que respetará las instituciones, seguramente será considerado un traidor por su partido, el Centro Democrático, y por el ala más radical de la derecha.

Basta recordar cómo cerraron filas sus alfiles uribistas detrás del expresidente cuando un juez de tutela obligó a Uribe a rectificar su calumnia contra el columnista Daniel Samper, a quien acusó de ser violador de niños por haberse burlado usando el nombre de la hija de la senadora Paloma Valencia.

En  un caso que era mucho más fácil que el actual, el solo hecho que Duque no saliera a defender a Uribe sino a pedir un mayor nivel del debate llevó a que fuera duramente criticado por otros uribistas, que no lo sienten tan ‘purasangre’.

Si Duque pierde el apoyo de Uribe, que en todo caso es un muro de contención para la derecha más radical, y de su partido, le esperan años muy difíciles a juzgar por lo que le sucedió a Juan Manuel Santos desde el minuto en que fue considerado un traidor por su antecesor.

En el caso de Duque sería aún más difícil dado que él no cuenta con casi nada propio: no tiene detrás un periódico propio ni los amigos que tenía Santos en los medios; no tiene a las Fuerzas Militares; no tiene plata; no tiene un prestigio propio detrás que lo sostenga.

Pero si se va en contra de la justicia arrancaría su gobierno con una larga sombra y con un enfrentamiento de poderes que como mínimo lo distraerán de su agenda 2.0 y aún más de su propósito de unir a los colombianos.

Esta será, sin duda, la primera gran prueba a su talante y a su liderazgo. Lo que diga o deje de decir en las próximas horas seguramente lo definirá de aquí para adelante.

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