La revocatoria de Peñalosa por dentro

Silla Cachaca
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Foto: tomada de www.marchapatriotica.org

La campaña para tumbar al Alcalde de Bogotá trasciende la figura de Gustavo Petro. Mientras avanza la recolección de firmas, Peñalosa busca más cercanía con la gente.

Mes y medio después de que comenzó en forma la campaña para revocarle el mandato al Alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, hay tres cosas claras: es muy probable que los promotores, aunque están divididos, logren recoger las firmas necesarias antes de julio; Gustavo Petro no es el único superpoderoso detrás de la campaña; y, a pesar de que en la administración dicen que seguirán trabajando igual, el Alcalde ha decidido salir a la calle para que la gente lo sienta más cercano.

Así se mueve la revocatoria por dentro, la segunda que enfrenta Peñalosa después de la que le tocó en su primer gobierno.

Razones para firmar

-¿Ya firmó?

Nelson Grajales, vendedor de fruta picada que ubica su puesto frente a la Universidad El Bosque, le hacía esa pregunta a cada cliente que se le acercaba el jueves pasado. Al que contestara que no, lo remitía a tres voluntarios de la campaña para revocar al alcalde Enrique Peñalosa que aprovechaban la entrada y salida de estudiantes.

Grajales firmó ese día, y se ofreció a buscar firmantes, porque recuerda a Peñalosa como un alcalde que en su primer gobierno (1998-2000) “fue muy duro” con su gremio.

A unas 100 cuadras de allí, Juan Pablo Tovar, que trabaja en la Universidad Javeriana, firmó porque se opone a los planes de Peñalosa para intervenir la reserva Van der Hammen. Vive en El Tunal (al sur) y no tiene nada que ver con esa zona del norte, pero, a su juicio, revocar al Alcalde es una forma de prevenir un daño al medio ambiente.

Son dos ejemplos que ilustran la suma de causas en que se ha convertido la campaña para sacar a Peñalosa de la Alcaldía.

Se activaron los sindicatos de la ETB, que se oponen a la venta de la empresa; la ADE, el principal sindicato de maestros, que no quiere más colegios en concesión; grupos ambientalistas, que no comparten la intervención de la reserva. Sectores de recicladores, que consideran que el nuevo modelo de aseo los deja por fuera; los defensores del metro subterráneo. Y sigue.

Más allá de buscar un mensaje unificado, los promotores han estructurado un mosaico de argumentos que chocan con el plan de gobierno de Peñalosa.

Esto ocurre en un contexto en el que la imagen desfavorable del alcalde llega al 70 por ciento, según la más reciente encuesta Polimétrica, de Cifras y Conceptos.

La misma medición concluye que el 58 por ciento de los habitantes de Bogotá está de acuerdo con la revocatoria, frente a un 34 por ciento que no.

De ahí que quienes están detrás confíen en que alcanzarán con facilidad la meta de firmas. En Suba, por ejemplo, hay un Comité que dice estar recogiendo un promedio de 6 mil por semana a punta de voluntarios.

Organizados, aunque divididos

De los cuatro comités que se inscribieron el 2 de enero en la Registraduría para recoger firmas, quedan vivos tres, pero solo dos se volcaron a las calles.

El que desapareció se llamaba Recuperemos Bogotá, inscrito en solitario por Álvaro Andrés Gómez, un estudiante de radiología, que terminó uniéndose al comité Unidos Revocamos a Peñalosa.

El que se mantiene, pero no ha hecho campañas masivas de recolección de firmas, es Bogotá Mejor sin Peñalosa, iniciativa de César Augusto González, un liberal que defiende el gobierno de Gustavo Petro y que demandó a Peñalosa por cambiar el proyecto de metro subterráneo por uno elevado.

Los que sí están en la calle constantemente son Revoquemos a Peñalosa y Unidos Revocamos a Peñalosa, cuyos integrantes no lograron ponerse de acuerdo para recoger las firmas en conjunto y por eso cada uno, por aparte, deberá cumplir la meta (algo que beneficia a Peñalosa).

Las diferencias se han mantenido a tal punto, que Leonardo Puentes, líder de Revoquemos a Peñalosa, le dijo a La Silla que los voluntarios de Unidos Revocamos han asustado a la gente en la calle diciéndole que sus formularios están mal hechos.

Por eso, agrega, optó por invitar en redes sociales a que la gente les firme solo a las camisetas azules, que identifican a su comité.

Ayer, sin embargo, Unidos Revocamos publicó un video invitando a la gente a firmar en ambos comités, en un mensaje que pretende bajarle la caña a la rivalidad.

Y esto molestó más a Puentes, que asegura que no los consultaron y quien aparece de camiseta azul no hace parte de su comité.

Pero más allá de eso, lo que queda claro es que ambos comités se han preocupado por organizarse meticulosamente.

Unidos Revocamos tiene la ventaja no solo de que lo respalda la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), que agrupa a algunos de los sindicatos más influyentes del Distrito, sino que allí también están organizaciones sociales y políticas de izquierda con capacidad de movilización. Eso lo convierte en el comité más poderoso, con fuerzas como las siguientes:

Al ser un comité tan diverso, organizó una estructura que les permita tener voz a todos sus grupos, algunos de los cuales siempre han sostenido diferencias ideológicas (por ejemplo el MOIR con los comunistas y los progresistas).

Su órgano base, explica el profesor Carlos Carrillo, es la Asamblea Distrital Permanente, a la que va “hasta el perro”, ilustra una promotora para explicar que allí asisten desde directivos hasta integrantes rasos de todas las organizaciones que conforman el comité. Hasta ahora ha sido convocada cuatro veces.

Cada semana, sin embargo, en la sede de Sintrateléfonos, sesiona el Comité de Dirección Ciudadana, encargado de tomar decisiones estratégicas con la presencia de unas 50 personas, una por cada organización. Allí deberán definir pronto, por ejemplo, dónde juntarán y guardarán las firmas que cada grupo ha recogido y conservado por su cuenta.

Reunir tanta gente para definir cómo actuar tiene un costo, pues “a veces las decisiones se discuten más de lo necesario”, admite el exsecretario de Salud Román Vega, militante del Partido Comunista e integrante del comité.

Esa forma de operar se traslada a las localidades, donde trabajan comités territoriales que cumplen funciones operativas.

Allí también actúa, por su cuenta, cada grupo que integra el comité, y eso es clave para los intereses de cada organización. Por ejemplo, mientras el discurso de Marcha Patriótica ante los firmantes es porque considera que Peñalosa "no hace nada" por aplicar en Bogotá los acuerdos de La Habana, los afiliados a Sintrateléfonos hacen énfasis en su oposición a la venta de la ETB. Y los militantes de Progresistas recalcan aquellos programas que venían de la administración pasada y no continuaron, como territorios saludables y el metro subterráneo.

Esa descentralización del proceso también se refleja en que, como explica Román Vega, no haya una directriz única en términos de dónde, cómo y cuándo recoger firmas, pues eso depende en buena medida de cada grupo que hace parte del comité. “En el Partido Comunista y la Unión Patriótica, por ejemplo, trazamos una meta de mínimo 100 para cada militante”.

Definirán pronto, eso sí, si es necesario pagar por la recolección de firmas, aunque hasta ahora encontrar apoyo de la gente ha sido tan fácil, dicen, que no lo han requerido.

El otro comité, Revoquemos a Peñalosa, está más centralizado. Tiene capítulos en las localidades y hay cerca de 40 personas trabajando de lleno en el proceso, pero Leonardo Puentes es el líder que más figura.

Su particularidad es que comenzó a forjarse en noviembre de 2015, semanas después de la elección del Alcalde y sin que éste se hubiera posesionado. Y esto porque, admite Puentes estaban predispuestos y preveían que Peñalosa intentaría de nuevo vender la ETB y pedir permiso para intervenir la reserva Van der Hammen.

Puentes fundó el movimiento con su esposa, Viviana Horlandi. En el gobierno Petro ella fue contratista de la Caja de la Vivienda Popular, y él hizo parte de la campaña Petro no se va, que movilizó a gente en la calle ante la decisión del procurador Alejandro Ordóñez de destituir al entonces alcalde. También fue consejero distrital de cultura en 2014. Sin embargo, aseguran no ser petristas.

Hoy, agrega Puentes, los acompañan 22 organizaciones que aglutinan a unas 9.000 personas, aunque dice que no todas quieren ser visibles (por eso mismo La Silla no logró comprobar si esa cifra es cierta).

Entre las que sí nombra resaltan Árbol Fuente de Vida (que agrupa unos 1.300 vendedores ambulantes), la veeduría Vecinos del Metro, la Unión Sindical Bancaria y la organización defensora de Derechos Humanos Odcopas.

“Operamos como nodos anárquicos; es decir, los grupos lanzan las propuestas que quieran y luego cada uno aporta para concretarlas. No discutimos tanto”.

La recolección de firmas en este comité está a cargo, sobre todo, de los llamados “venados”, aquellos integrantes que están metidos de lleno en el proceso y han organizado “estampidas” en Transmilenio y en la Plaza de Toros en domingos de corridas. Ya pasaron, según Puentes, de las 100.000 firmas, que reposan “en un lugar secreto”.

Pero siguen pidiendo ayuda. Esta semana arrancaron con una campaña de donaciones, sea en tiempo, materiales o dinero. Hasta ahora han vendido camisetas estampadas con el logo del comité para costear, al menos, la impresión de formularios.

En la Alcaldía están pendientes, pero no los trasnocha

Dos fuentes cercanas a Peñalosa le dijeron a La Silla que en la Alcaldía se mantienen al tanto del movimiento por la revocatoria, pero no es algo que los tenga con los pelos de punta.

Otra fuente que no trabaja allí pero que es cercana a Peñalosa dice que en realidad sí les preocupa mucho, y por eso ya no aparecen frecuentemente en su discurso referencias a temas sensibles como la Van der Hammen.

El Alcalde no ha dado una directriz para que funcionarios ni concejales que lo respaldan salgan a la calle a confrontar a quienes promueven el proceso.

“La orden es seguir ejecutando porque aquí no ocurrirá lo que pasó con Petro: que la administración se paró para salir a defenderlo”, precisó una fuente.

Sin embargo, sí hay una intención de propiciar mayor cercanía con la gente, y por eso esta semana Peñalosa comenzó en Ciudad Bolívar, con mucho pompo mediático, un recorrido semanal por barrios para hacerle seguimiento a proyectos y entregar obras.

La otra fuente advierte, de todas formas, que en el gobierno sí inquieta que los promotores estén ganando apoyos con argumentos falsos. Y pone como ejemplo el haberle achacado al Alcalde la reapertura de la Plaza de Toros (como hizo Petro, cuando eso obedeció a una orden de la Corte Constitucional).

Al hablar de la revocatoria, Peñalosa ha concentrado sus críticas en su antecesor, a lo que se suma que la concejal peñalosista Lucía Bastidas (Alianza Verde), ha intentado incluso posicionar el término “Petrocatoria” con el fin de restringir la iniciativa a los dominios del exalcalde.

Pero eso es impreciso.

Más que una "Petrocatoria"

Progresistas, movimiento que dirige Petro, se vinculó formalmente al comité Unidos Revocamos hace tres semanas. Representantes de grupos ambientalistas, animalistas, que hacen parte de lo que esas nuevas ciudadanías en las que él tiene fuerza, ya estaban desde antes, pero no a nombre de esa organización.

Es decir: el exalcalde dio su guiño de manera oficial después de la inscripción de los comités, cuando la recolección de firmas estaba en marcha y la estructura organizativa estaba armada.

Y eso evidencia, como afirman varias voces de Unidos Revocamos, que Petro no controla esta campaña, aunque sí puede aportarle. “Que aquí lleguen los Progresistas es como que lleguen el Polo o los verdes”, ilustra Román Vega.

En su representación, a las reuniones han asistido petristas como José Cuesta, otro exmilitante del M-19 que ha acompañado a Petro a lo largo de su carrera política y que fue en la Alcaldía su Director de Participación y Acción Comunal.

Lo que sí está claro es que en Unidos Revocamos entienden la revocatoria como una forma de incidir en las presidenciales de 2018, principalmente para torpedear la estrategia electoral de Germán Vargas Lleras.

Y ahí, tanto Petro como Jorge Robledo y la misma Piedad Córdoba (líder de Marcha Patriótica) pueden aprovechar para abonar sus campañas presidenciales.

La que está detrás, entonces, es una coalición de movimientos de izquierda junto con organizaciones sociales que, más allá de sus reivindicaciones, no siempre quieren identificarse con algún partido.

Una izquierda que, como admite un concejal peñalosista que pidió no ser citado, no es la misma de hace 17 años, cuando Peñalosa gobernó por primera vez, y por eso hay que estar alertas. Se ha fortalecido con tres alcaldías de su cuerda y ahora está más organizada.

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