La sombra del Presidente

Imagen
alicia-arango-HOME(0).jpg

La reelección está viendo sus últimos días y si hay alguien que está acompañando al Presidente Uribe en la agonía es su Secretaria Privada, Alicia Arango.

La reelección está viendo sus últimos días y si hay alguien que está acompañando al Presidente Uribe en la agonía es su Secretaria Privada, Alicia Arango.

Ella ha estado a su lado en todos los momentos cruciales desde el 2002 y fue una de las que, según fuentes de Palacio, más le insistió en un tercer mandato. Es la persona que nunca se le despega.

Desde la primera vez que Alicia Arango Olmos habló con Álvaro Uribe en el 2001, cuando él tenía menos del 10 por ciento en las encuestas, para decirle que quería hacer parte de su campaña, carga con un cuaderno donde anota y chulea todas las tareas que el gobierno debe cumplir.

Al lado de un Presidente obsesionado con la inmediatez y el resultado, que intenta centralizar en su despacho responsabilidades de ministerios y entes territoriales, esta administradora del CESA se ha convertido en la mujer de acción en Palacio.

Además de coordinar la agenda del mandatario, es la funcionaria estrella de la microgerencia. Y aunque es nueva en la vida política de Uribe, la Secretaria Privada ha logrado que la empodere y le de un protagonismo que antes le correspondía al Secretario General.

Es la superministra, que coordina a los alcaldes, a las distintas carteras y a los asesores para lograr que el centenar de tareas y compromisos que Uribe suma diariamente en reuniones y concejos comunitarios se hagan realidad.

Por ver soluciones donde otros ven obstáculos, por su inteligencia práctica, su olfato político, su eficiencia y su energía, esta cartagenera se convirtió en el sostén del modelo de acción-reacción que le ha dado tantos triunfos al gobierno. Y que se basa en el imperativo de que es Uribe, personalmente, quien debe atender las quejas de los ciudadanos y darles inmediata respuesta.

Después de siete años de aguantar regaños y de andar 24 horas del día al lado de su frenético jefe, Arango aún le da la talla a la insaciable sed de resultados de Uribe, quien un día incluso le ordenó que enviara uno de los cuadros de Palacio a Fernando Botero para que lo retocara. Pero no sólo con capacidad, ambición, y maña Alicia está donde está.

Esta mujer franca, alegre y espontánea, para la cual el gran éxito de su carrera había sido ser la directora del IDRD en la administración de Enrique Peñalosa en Bogotá, donde construyó más de 1000 parques, se metió al bolsillo a uno de los Presidentes más populares de Colombia a punta de carisma.

Así como el Secretario Jurídico de Palacio, Edmundo del Castillo, el ex Secretario General Alberto Velásquez y la ex Directora del DAS María del Pilar Hurtado, Alicia pasó del peñalosismo, al uribismo más puro. Uribe y la hija de Juan C. Arango, uno de los alcaldes más queridos en el corralito de Piedra, por su honestidad y no hacer parte de las redes clientelistas, hoy tienen una relación de empatía y confianza que trasciende lo laboral.

La Secretaria Privada, quien llama la atención por su ropa de zebra y leopardo y sus llamativos collares, fue desde el principio una buena sicóloga, que aprendió cómo dorarle la píldora y decirle las cosas a su jefe, a quién le dice 'Pre'. “Alicia influye mucho en el temperamento del Presidente, que es lo más básico de un ser humano”, afirma un asesor de Palacio.

Es la que le maneja a Uribe las dosis de medicinas homeopáticas, sus rutinas de meditación y sus requerimientos alimenticios. Contrario a la exposición mediática que han tenido otros asesores, como José Obdulio Gaviria, el poder de Arango se ejerce desda adentro y hacia adentro, en el día a día, en la minucia y en lo cotidiano, que es al fin y al cabo de lo que está hecho este gobierno.

Su influencia empezó de cero y fue creciendo aceleradamente. Alicia llegó a la primera campaña presidencial como una aparecida. Y aunque durante estos agitados meses lo lógico era que el protagonismo se lo llevaran Sandra Suárez y Any Vázquez, cercanas a Uribe desde la gobernación, las credenciales de Arango en el peñalosismo y su eficiencia pesaron mucho. No sólo ayudaron a posicionarse desde el principio en la primera línea de mando de Primero Colombia sino que a la hora de la repartición de cargos, le dieron la nominación a la Secretaria Privada.

Ya en Palacio, formó una pareja de lujo con el Alto Consejero Presidencial José Roberto Arango Pava, a quien Alicia conoció en la campaña y con quien entabló una relación sentimental de varios años.

Los dos lograron un puesto privilegiado en la cúpula de este naciente uribismo. Donde también tuvieron mucho poder, Cecilia Álvarez-Correa (quien renunció el año pasado de Ministra Consejera y quien entre 2002 y 2004 ejerció como mano derecha de Arango Pava), Alberto Velásquez y Ricardo Galán, ex Secretario de Prensa de Palacio.

Han pasado siete años y Alicia Arango se consolidó como la mano derecha de un presidente que en momentos de crisis como el que vive ahora es más receptivo frente al sentido común y a las soluciones audaces que a los conceptos técnicos y a las teorías. Y que toma la mayoría de decisiones montado en un avión y un carro, sin tiempo, ni espacio para divagar largamente con sus asesores. Es en este escenario donde la voz omnipresente, fiel y práctica de la Secretaria Privada, entra fácilmente a los oídos de Álvaro Uribe.

Ante la salida de Mauricio González Cuervo como Secretario Jurídico de la Presidencia para ser elegido en la Corte Constitucional, Arango promovió el nombramiento de Edmundo del Castillo en este cargo. Edmundo es su amigo desde que hicieron parte de la administración Peñalosa.

Pero, la voz de Alicia no es siempre la mejor consejera. Por estar metida en el afán del resultado, se cerró a las opiniones externas y se volvió tan alérgica a la crítica como su jefe. Es más uribista que Uribe, y con frecuencia termina echándole leña al fuego, en situaciones que el Presidente necesitaría pensar con cabeza fría.

Como su poder es directamente proporcional a que nadie éste tan cerca de Uribe como lo está ella, es una mujer de amores y odios que a más de uno le ha cerrado la puerta de Palacio en la cara y a la cual algunos funcionarios cercanos al Presidente le temen más de lo que la quieren.

Este es el estilo de Arango y así se convirtió en parte vital del proyecto uribista. Y si no sale el referendo, Arango es una de las pocas voces que Uribe escuchará para seleccionar a quién dejarle su legado o para salir con un plan B o C para quedarse en el poder.