La violencia cambia los ánimos del barrio hacia la primera línea en Bogotá

La violencia cambia los ánimos del barrio hacia la primera línea en Bogotá

Primera Línea Portal Américas. Foto: Juan Carlos Hernández/La Silla Vacía.

El 28 de junio el paro cumplía dos meses. A las dos de la tarde se presentaron frente al Portal Américas, rebautizado por algunos Portal Resistencia, unos 15 jóvenes con capuchas, máscaras, gafas y guantes de construcción. Llegaron con piedras en las manos y empezaron a lanzarlas contra los uniformados. Los gestores de convivencia, encargados de mediar entre ambos, no pudieron hacer mucho. 

A los pocos minutos rodaban por la Avenida Ciudad de Cali dos tanquetas del Esmad. Lanzaron chorros de agua a diestra y siniestra. Acorralaron a los manifestantes hasta cuadras residenciales. Después llegaron otros jóvenes para apoyar a este primer grupo. 

“Hoy sí queríamos que hubiera trifulca”, dijo un joven encapuchado, mientras estrellaba un bloque de cemento contra el piso, en la Avenida Villavicencio. “¿Cómo así que la alcaldesa nos viene a prohibir que protestemos?”, dice recogiendo los pedazos rotos más pequeños que luego le lanzará a la policía.  

El enfrentamiento terminó cerca de la medianoche.

Al otro día, en una conversación por teléfono, Gordo, de 18, y El negro, de 23, dos jóvenes de la primera línea de Américas, hablaron con La Silla. Pidieron no ser identificados por miedo a señalamientos y persecuciones de las autoridades.

“Nos están culpando de lo del motociclista, de los cobros del peaje, del consumo de droga, de todo, pero no somos nosotros”, dice El negro. 

Degradación de la protesta

Durante casi dos meses de paro en Bogotá hubo un muerto, Daniel Alejandro Zapata, de 20 años, en Kennedy. Pero solo en la última semana hubo tres más. Jaime Alonso Fandiño, de 32 años, en Usme, y Cristian David Castillo, de 26 años, en Suba, murieron, presuntamente, en choques con el Esmad. 

En cambio, Camilo Vélez, un ingeniero de 27 años, murió degollado cuando se estrelló montado en su moto con un cable que manifestantes atravesaron en una calle alrededor del Portal Américas. El hecho causó una honda impresión en los bogotanos.

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, dijo esa noche que quedaban suspendidas las aglomeraciones en esta terminal y en la de Suba. “Los jóvenes que se manifiestan pacíficamente en estos puntos no han podido garantizar que no se presenten actos vandálicos y violentos como los de los últimos días”, justificó la mandataria. 
 
Hasta hace poco Yesid Arias se paraba en las noches en la reja de su conjunto, que limita con el Parque Mundo, cercano al Portal Américas. Regalaba leche y agua con bicarbonato a los jóvenes para aliviar los efectos de los gases lacrimógenos que lanzaba el Esmad, incluso en cuadras residenciales. Pero decidió no salir más. 

“La marcha ha perdido fuerza. Lo de la muerte del motociclista fue muy impresionante y quién sale con esa mano de policía que mandaron después”, dice Arias. “El olor a marihuana en el parque es tremendo y uno no sabe ya a quién está ayudando. Además se pelean entre ellos. Fui con una amiga al parque porque íbamos a entregar donaciones de ibuprofeno, pero vimos a los jóvenes agarrados a cuchillo”. Así que no volvieron. 

Hay vecinos, como Andrés Carrillo, que además se preguntan por qué estos jóvenes siguen en las calles: “Ya se cayó la tributaria, la de salud. La alcaldesa va a dar más plata para lo social. Uno ya ni sabe por qué protestan”. 

El cansancio de la resistencia

De las grandes movilizaciones que se habían visto en el Portal Américas, al suroccidente de Bogotá, hace tan solo unos días, hoy no quedaba casi nada. En la plazoleta de enfrente ya no está la olla comunitaria con cientos de personas haciendo filas para comer. No se ven las brigadas de salud, ni a los artistas pintando o tocando música, ni las miles de personas gritando arengas. 

En cambio, el portal y sus alrededores están acordonados por policías. También hay unas carpas de la Alcaldía con ofertas de empleo, formación, recreación y asistencia psicosocial y jurídica. Frente a estas, la fila más larga es la de quienes buscaban trabajo, pero no hay más de 30 personas. 

“¿Me tomas una foto?”, pide un joven que posa frente al aviso de Portal Resistencia. “Yo me había ido de viaje y vine dizque para ver la conmemoración de dos meses del paro, pero acá no hay nada”. Gira mirando por todos lados, como buscando a alguien. “Solo policías y vendedores ambulantes… gracias por la foto”.  

Cerca al portal, en el Parque Mundo, que había sido tomado por decenas de manifestantes que armaron cambuches, ahora había 60 uniformados que le daban la vuelta al lugar.

“Puede pasar. El espacio es público, solo necesitamos requisarla”, dijo uno de los agentes. Cuando se le pregunta por qué están ahí, dice que es una petición de los vecinos: “Los están extorsionando para pasar por la cuadra y para dejarles abrir el local por más tiempo”. 

Alrededor del Portal Américas hay barrios populares donde la gente vive de las ventas ambulantes, del reciclaje y muchos encuentran empleo en Corabastos, la central de abastecimiento de alimentos más grande del país. Pero la gran mayoría trabaja en el comercio.

Frente al Parque Mundo, el dueño de una tienda, que no quiere dar su nombre, dice que “para entrar por las cuadras alrededor del parque me ha tocado pagar peajes de 10 mil pesos cuando voy en el carro. Me dicen que es la forma de financiar la movilización. Pero por el local no me han cobrado. Otra cosa es que nos toque cerrar temprano por los desmanes”. 

A unos cuantos metros de ese local, Óscar Fajardo, dueño de un supermercado, cuenta que a él nunca le han cobrado peajes, tampoco le han pedido dinero por permitirle abrir el local. Pero tiene otras quejas.

“Acá siempre ha habido consumo de drogas. No nos vamos a mentir. Pero ahora es un descaro. Uno escucha a los jíbaros vendiendo los moños todo el tiempo. La sensación de inseguridad es tremenda”, dice Fajardo, frente de una vitrina llena de carne. 

Mira de reojo y habla entre susurros. “Motivos para marchar todos. Pero llevamos dos meses sin dormir, tragamos gases casi a diario, las ventas se han reducido y las casas se están desvalorizando. Los taxis tampoco quieren venir por aquí”. 

La primera línea fragmentada

El negro, el joven de primera línea, cuenta que el pasado viernes, cuando vio a otros jóvenes poniendo la guaya sobre la Avenida Ciudad de Cali, intentó evitarlo. “Les dijimos que no la pusieran, que con eso se podía accidentar cualquiera. No nos hicieron caso. Les dijimos entonces que le prendieran fuego al menos a la cuerda para que el que pasara la pudiera ver, pero tampoco”. 

Uno de los mayores problemas de las primeras líneas es que no tienen un vocero o un líder que los represente. Tampoco dejan ver su identidad para evitar represalias de la Policía. Esto les da seguridad, por un lado, pero, por otro, no les permite diferenciarse de quienes cometen actos de vandalismo. 

“Nosotros teníamos la regla de nunca atacar primero, pero las nuevas primeras líneas que llegaron al portal atacan de primeras. Son más violentas. Ese ha sido el problema”, dice Mono, de 17, otro de los jóvenes manifestantes.

Sobre el cobro de peajes y el aumento de consumo de drogas, El negro cuenta que incluso se han peleado con los expendedores y con los que están cobrando peajes. Pero dice que es algo que se les sale de las manos. “La gente cree que somos nosotros los que vendemos y no es verdad. De hecho, el otro día le dimos como a rata a uno de esos en el parque. Misma cosa con lo de los peajes. Pero nos están confundiendo”. 

Según ellos, son jóvenes de otras primeras líneas o “gamines que se aprovechan de la protesta”.

Fabián Márquez, uno de los vecinos que sigue apoyando a los jóvenes, dice que los chicos de la primera línea no están detrás de estos problemas. “Yo he apoyado a los muchachos y ellos no son. Ahora van a venir a decir que Américas es Disneyworld. Acá siempre ha habido ventas de drogas, vandalismo, prostitución”.

A estos jóvenes también les juega en contra que cualquiera puede autodeclararse de primera línea. Además, como dicen ellos, y como contamos, hay diferencias de posturas frente a actos de vandalismo como los daños a la infraestructura. Tampoco se han puesto de acuerdo sobre lo que le van a pedir al Gobierno.  

“Las peticiones han ido evolucionando. En un principio fue la tributaria, la reforma a la salud, pero hay muchas otras peticiones que no se han cumplido”, dice Gordo. El pliego de peticiones estará listo en pocos días. Adelanta que van a reclamar garantías para la protesta, reforma a la Policía, mejor atención de salud y más oportunidades de educación. 

Este miércoles Noticias Caracol entrevistó a unos cuantos jóvenes de la primera línea de Usme que dicen tener listo el que sería el primer pliego de peticiones. Este grupo exige, entre otras cosas, que los reconozcan como actores políticos, que las instituciones del Estado y los medios les pidan disculpas por estigmatizarlos, instalar una mesa de diálogo con el Gobierno Nacional y que la alcaldesa los escuche.

Ya lo había intentado antes, sin éxito, cuando el Portal Américas se convirtió en un lugar de asambleas ciudadanas, visitas de políticos, periodistas, y un ambiente de festival. El secretario de Gobierno, Luis Ernesto Gómez, fue sacado a pierda. Ayer Gómez anunció que instalará unas mesas para dialogar. Pero por ahora, según le dijeron a La Silla, los jóvenes de la primera línea de Américas no van a parar de protestar.

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