Las iglesias abandonan a Duque y se alinean con el paro

Las iglesias abandonan a Duque y se alinean con el paro
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Iván Duque es un católico confeso que llegó a la Presidencia con el respaldo de sectores conservadores que se identifican con las creencias de la Iglesia Católica y las iglesias cristianas evangélicas. Ahora, cuando su mandato y el país atraviesan la crisis más profunda en décadas, estas iglesias se han alineado con el paro.

“Nos hemos dado cuenta que el actor principal del paro han sido los jóvenes. Ellos han sido  de los más afectados por el desempleo y la pandemia. Esto nos llevó a pedir no estigmatizar la protesta y entender que muchos no tienen oportunidades, que hay una carencia de esperanza muy grande”, le dijo a La Silla Vacía monseñor Héctor Fabio Henao, el delegado de la Iglesia Católica para mediar en los diálogos entre el Gobierno y el Comité del Paro.

Las razones para entender el estallido social detrás del paro van más allá de los dogmas de una religión que, en general, se alinea con ayudar a los más vulnerables. Se trata de una cuestión práctica.

Estas iglesias, tanto la católica como muchas evangélicas, tienen un trabajo social de décadas en todo el país, en especial en las zonas más pobres y afectadas por el conflicto armado. Esto quiere decir que han visto de primera mano, y no solo a través de las cifras del Dane, los efectos de la pandemia. Han visto de frente cómo 2,78 millones de colombianos cayeron en la pobreza, cómo 581 mil personas han perdido su trabajo y cómo esto ha afectado más a las mujeres que a los hombres.

Y esto ha llevado a que las mismas iglesias que —en su mayoría— se mantuvieron neutrales o alineadas con el No en el plebiscito, ahora tengan una posición contraria a la del Gobierno en la coyuntura del paro. A pesar de que Duque ha defendido muchas de sus posturas ideológicas, como la prohibición del aborto y el matrimonio igualitario, e incluso accedió a reabrir las iglesias en plena pandemia, tras un intenso lobby.

La iglesia católica: el eco del papa Francisco

El 27 de abril, un día antes del comienzo del paro, la Conferencia Episcopal, el órgano rector del catolicismo en Colombia, invitó a no marchar por los riesgos que esto implicaba en pleno tercer pico de la pandemia. Sin embargo, lo hizo reconociendo la legitimidad de la protesta pacífica y reconociendo “la complejidad de la situación actual”.

Una vez el paro fue tomando fuerza también lo fueron haciendo las declaraciones de las instituciones de la iglesia.

“Reconocemos las motivaciones legítimas que han llevado a millones de colombianos a expresar en las calles y en otros escenarios la inconformidad con las situaciones de injusticia que se viven en el país. Ser uno de los países más desiguales del mundo, contar con cerca de la mitad de la población viviendo en la pobreza, (...) son razones suficientes para que la copa se rebozara”,  dice un comunicado del 12 de mayo de la Diócesis de Quibdó.

En una entrevista el 13 de mayo en la W, el arzobispo de Cali, monseñor Darío Monsalve, pidió, incluso, no satanizar los bloqueos, que tienen a barrios enteros de la ciudad aislados. 

“El bloqueo es el único elemento que tuvieron estos sectores excluidos tradicionalmente en sus territorios (...).  A esos 50 mil jóvenes en Cali, tradicionalmente excluidos, hay que decirles ustedes también son un Yo, son un sujeto de derechos”, aseguró.

Que instituciones de la iglesia católica en las regiones periféricas de Colombia apoyen las causas detrás de la movilización social no es novedoso. Como hemos contado en La Silla, en el Pacífico, en el suroccidente y en otras regiones del país, la iglesia tiene un trabajo con organizaciones sociales de casi 70 años. Incluso en regiones como el Pacífico tiene un mayor legitimidad que el Estado, que siempre ha sido un ausente.

Lo que sí es novedoso es que a nivel nacional, a la altura de los máximos jerarcas del catolicismo en el país, se haya tomado una postura tan contundente que reconoce la crisis social detrás del paro y legitimidad de la protesta pacífica.

Un día después de que estallara el paro, la Conferencia Episcopal sacó un comunicado con sus criterios a tener en cuenta para discutir una futura reforma tributaria. Pidieron, entre otras cosas, una economía más solidaria con los más vulnerables, mayor inversión social y resaltar “el aspecto ético de la economía. “Hay que pensar en los obreros, en los campesinos, en los indígenas y afrocolombianos, en los jóvenes, en las familias, en los estudiantes y docentes, en quienes sufren las consecuencias de la violencia que se ha recrudecido en casi todo el territorio nacional”, dice un aparte.

“Ha habido un viraje en la posición del Episcopado — le explicó a La Silla el filósofo Carlos Manrique de la Universidad de los Andes, que ha investigado los cruces entre religión y política en movimientos sociales— La diferencia es que a escala nacional está siguiendo el ejemplo de lo que las iglesias han hecho en la periferia, principalmente en el Pacífico y en el suroccidente, en donde hay una historia de inmersión en los procesos de organización social de base”.

Detrás de este cambio a nivel nacional está el trabajo social que hacen en terreno los obispos, que se han dado cuenta de la crisis que atraviesa el país y que les reportan esta situación a sus superiores. 

“Hay una realidad que se vive en las parroquias del país y los obispos nos la reportan. Tenemos mucha información de la realidad que viven los jóvenes, de las muchas familias que solo comen una vez al día. Esto nos hizo darnos cuenta de que tienen que darse unas transformaciones y hay que pensar un plan de recuperación”, nos dijo monseñor Henao.

Que este mensaje, antes periférico, esté ahora en la voz de la Conferencia Episcopal se explica porque allí ahora hay sacerdotes que ahora son más sensibles a los problemas sociales.

“Ha habido una evolución en la jerarquía de la iglesia. El paro es un problema social y los que hoy son arzobispos tienen una sensibilidad por estos temas. Los que ahora están en la Conferencia Episcopal han experimentado los problemas de las regiones”, le dijo a La Silla el padre Luis Fernando Múnera, profesor de Ciencia Política en la Universidad Javeriana.

Por ejemplo, el arzobispo de Bogotá, Luis José Rueda, uno de los que más peso tiene en la Conferencia por estar encargado de la capital del país, fue antes obispo de Montelíbano (Córdoba) y arzobispo de Popayán, dos zonas históricamente afectadas por el conflicto y la pobreza.

Incluso, monseñor Héctor Fabio Henao lleva 20 años siendo el director de Pastoral Social, el ala de la iglesia que se dedica al trabajo social, la protección de los derechos humanos, la atención de crisis humanitarias y la protección de la democracia, la paz y la justicia social.

Además de esta mayor vocación por los problemas sociales en los altos mandos de la iglesia, hay otra razón detrás de la postura de la iglesia católica frente al paro: la filosofía del papa Francisco.

En sus discursos y en encíclicas (las cartas que un papa escribe a los obispos y a todos los creyentes), Francisco ha llamado a la iglesia a tener un papel más activo en la sociedad para proteger a los más vulnerables y ayudar a reparar las injusticias que causa el modelo económico.

Frente a la situación de Colombia, el papa ha sido explícito e reconocer que detrás del paro hay un problema social que afecta a los más pobres y que la manera de solucionarlo es a través del diálogo.

También ha legitimado la protesta pacífica y condenado su represión.

“La posición de la Conferencia Episcopal es muy consistente con la del papa Francisco. Su influencia es muy grande, él es quien los nombra. Hay, ahora, una sensibilidad muy grande frente a los problemas que viven los pobres y la injusticia”, le dijo a La Silla el padre Carlos Novoa, profesor de ética de la Universidad Javeriana.

“El papa Francisco ha producido unos documentos muy importantes que nos invitan al diálogo, pero no es un diálogo vacío. Es un diálogo que nos invita a asumir que las demandas del otro son justas y que deben ser atendidas. Son demandas que merecen ser escuchadas. Y eso lo ha entendido la iglesia”, explicó el padre Vicente Durán, filósofo de la Javeriana.

Por eso, la Iglesia Católica está no sólo acompañando el diálogo nacional entre el Comité del Paro y el Gobierno, sino, también, diálogos locales en Cali, Nariño, Cauca, Norte de Santander, Huila y Putumayo.

También están buscando un diálogo directo con los jóvenes que marchan en las calles. En alianza con universidades públicas y privadas y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), están construyendo una plataforma para recoger las inconformidades, propuestas y reclamaciones de los marchantes en Bogotá.

Para las otras regiones del país, están construyendo una iniciativa que se llama “A movilizar la palabra” que también cuenta con el apoyo de Naciones Unidas. 

Acá también participan iglesias cristianas evangélicas, que han estado hablando con los jóvenes, incluso con los de la primera línea.

Las iglesias cristianas: el quiebre con la narrativa Duque

La semana pasada en Cali, entre las fotos que diariamente circulan de manifestantes de la primera línea, una de ellas fue noticia en los principales medios del país. Se trataba no de un grupo de jóvenes, sino de un grupo de pastores que, con escudos y cascos, formaron lo que llamaron “La Primera Línea Ecuménica”.

La llamaron ecuménica porque reúne a líderes de diferentes religiones, incluso hay un judío y un musulmán. Pero principalmente la encabezan pastores cristianos evangélicos.

“Nosotros apoyamos el paro y le decimos no al vandalismo y al abuso policial”, le dijo a La Silla Edilson Huertas, pastor de la Comunión de Iglesias Evangélicas Episcopales (Ceec), uno de los voceros de “La Primera Línea Ecuménica”.

“Al unirnos diferentes religiones, queremos mandar un mensaje de unidad. Queremos decirles a los muchachos: ‘vengan, sentémonos a dialogar’. Pero conociendo que la realidad es que muchos de los jóvenes no tienen futuro. Se gradúan y después no consiguen trabajo”, explicó.

Entre las iglesias que la componen, además de la Ceec, están la Iglesia Nazareno, la Iglesia Cuadrangular del Vergel, la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, entre otras. 

Aunque no todas son de carácter neoconservador y apoyaron a Iván Duque en su campaña presidencial, hay algunas que sí lo hicieron. 

Por ejemplo, en esta primera línea está la Iglesia de Dios Ministerial, cuyos líderes fundaron el partido político Mira. El Mira hace parte de la coalición en el Congreso del presidente Duque y tiene puestos en el Gobierno. De hecho, uno de sus líderes, Carlos Alberto Baena, es el viceministro para la Participación e Igualdad de Derechos.

Lo mismo ha sucedido con otras iglesias cristianas que —al igual que la mayoría de los colombianos, según la última encuesta Gallup— no han copiado la narrativa del Gobierno y están buscando un diálogo con los jóvenes para tratar de resolver el problema social que hay detrás.

“Muchas iglesias están en las calles ayudando a construir consensos y diálogos. Se han hecho reuniones para escuchar lo que tienen que decir los jóvenes”, dijo John Milton Rodríguez, senador del partido cristiano Colombia Justa Libres, que también hace parte de la coalición de Duque.

Rodríguez, además, le contó a La Silla que, a partir de esas reuniones en las que él ha estado, han construido una propuesta para presentarle a la mesa de diálogo que gira en torno a cuatro temas: programas sociales para los más vulnerables, programas de educación y emprendimiento, derechos humanos y participación política.

También han propuesto un Conpes que permita organizar un programa de respuesta a las solicitudes de los jóvenes y así apaciguar el estallido social.

Las iglesias cristianas que apoyan el paro no solo han aparecido en Cali. En Bogotá, han organizado plantones en Suba

y al frente del Museo Nacional.

El protagonismo de las iglesias cristianas no solo es una muestra de la multiplicidad de voces que hay al interior de este movimiento. También, al igual que lo que sucede con la Iglesia Católica, es una puerta que se abre para llegar a un consenso entre las partes. 

La razón es que ambas iglesias tienen la capacidad de hablar con movimientos sociales de base y directamente con el presidente, como hemos contado.

Pero, más allá de eso, su visión del problema social detrás del paro nacional es una muestra más de la soledad de Iván Duque, gran parte de su gabinete y su partido en su estrecha interpretación de las causas detrás del estallido social que vive Colombia.

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