Las ocho diferencias entre las propuestas de paz de Santos y Pastrana

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Estas son las razones por las que este proceso puede funcionar mejor que el del Caguán: se diseñó sobre sus errores.


Razones tácticas para negociar

Como dice Juan Tokatlián en su análisis del Caguán ¨Negociación para la paz o proceso para la guerra", allí “se sentaron a la mesa de diálogo como resultado de una discusión táctica y no por una determinación estratégica”.

Pastrana buscó ganar las reñidas elecciones en segunda vuelta con el tema de la paz (y el intercambio del reloj con Tirofijo) pero tanto del lado de las Farc como del Gobierno no existía un convencimiento de que a través de la confrontación no fueran a obtener mayores réditos.

Por eso, mientras el Gobierno se preparaba con los recursos del Plan Colombia para una mayor arremetida militar, las Farc se entrenaban en el Caguán para radicalizar la guerra.

Sin punto final al conflicto

En su estudio ¨Negociación para la paz o proceso para la guerra", Juan Tokatlián dice que lo del Caguán fue “un conjunto episódico, contradictorio y tortuoso de conversaciones y no un genuino procedimiento de negociación política tendiente a terminar con casi cuatro décadas de lucha armada”. 

En el Caguán, el Gobierno y la guerrilla nunca pudieron ponerse de acuerdo en el objetivo final: la paz para las Farc era lograr “la justicia social” mientras que para el gobierno era que dejaran las armas. Tampoco estaban de acuerdo sobre qué debía suceder primero.

Agenda omnicrompensiva de negociación

El 20 de mayo de 1999, después de cuatro meses de conversaciones, Gobierno y Farc llegaron a un acuerdo sobre la agenda de discusión. Estaba compuesto de diez grandes temas pero dentro de cada uno había casi cien temas gruesos para acordar –que iban desde la deuda externa hasta los tratados internacionales- y que si se hubieran evacuado uno por mes le habría tomado a la negociación ocho años. 

Cuando, dos años después, Pastrana y Tirofijo firmaron el Acuerdo de los Pozos en el que manifestaron su “voluntad de continuar con el proceso de paz” y de discutir el cese de fuego y hostilidades, aún no se había llegado a ningún acuerdo sobre ningún punto porque sobre la mesa del Caguán toda la Constitución estaba bajo discusión.

Tiempo infinito de negociación

La negociación en el Caguán era infinita y guiada por los tiempos campesinos de la guerrilla.

Sin reglas de funcionamiento

Un problema que tuvo la negociación en el Caguán es que nunca se pudieron poner de acuerdo sobre las reglas de la negociación. Por eso, durante todo el proceso se la pasaron pidiendose mutuamente “pruebas de confianza”. El Gobierno exigía que las Farc dejaran el secuestro y las Farc que el Gobierno combatiera frontalmente el paramilitarismo.

En la práctica, la guerrilla aprovechó la zona de distensión para esconder secuestrados y planear nuevas operaciones terroristas y el paramilitarismo se multiplicó por tres durante las negociaciones. Parte del problema es -como dice Tokatlián- que había un problema conceptual y es que la guerrilla nunca se apartó de la lógica de “primero las reformas, después la paz”.

Zona de despeje en Colombia

Quizás el obstáculo más grande que tuvo la negociación durante el gobierno de Pastrana fue la zona de distensión en El Caguán. Cuarenta y dos mil kilómetros despejados crearon una ventaja estratégica para la guerrilla, que desde allí planeaba sus operaciones, entrenaba cuadros, reclutaba jóvenes y escondía secuestrados.

Sin mecanismos de evaluación

El proceso en el Caguán carecía de un mecanismo claro de verificación, ya que la guerrilla siempre fue reacia a aceptar tener una comisión de verificación. “Los repetidos inconvenientes tácticos de la negociación jamás fueron reevaluados, verificados o sancionados por nadie¨, dice Tokatlián.

El contexto de Bush

La negociación en  El Caguán se vio duramente golpeada por los atentados del 11 de septiembre de 2001 a las torres gemelas. Después de este ataque, se impuso en el mundo el discurso de la lucha contra el terrorismo. Esto le quitó el poco oxígeno que le quedaba a la negociación con los guerrilleros, que a partir de ese momento fueron vistos exclusivamente como terroristas.

Razones estratégicas para negociar

En el caso de este proceso no hay un “mandato” de hacerlo pues Juan Manuel Santos nunca lo prometió en campaña.

El proceso es más bien el resultado de un convencimiento de parte del Gobierno y de la guerrilla de que las ventajas de agudizar la confrontación armada tendría –en términos de los economistas- “rendimientos marginales decrecientes”.

Aunque Santos y el ministro Pinzón mantengan la retórica de que los perseguirán en el último centímetro del país comienza a ser evidente de que a punta de bala y así sigan matando comandantes no los acabarán por completo. Por parte de las Farc también parece haber una comprensión de que nunca llegarán al poder a través de las armas.

El objetivo es ponerle fin al conflicto

Uno de los aspectos más llamativos del Acuerdo filtrado por RCN es que dice explícitamente que es un “Acuerdo para terminar el conflicto”. Y más adelante reitera que serán “conversaciones directas e ininterrumpidas sobre los puntos de la agenda con el fin de alcanzar un acuerdo final para la terminación del conflicto que contribuya a la construcción de la paz estable y duradera”.

Otro de los puntos contemplados en el Acuerdo es la dejación de las armas y la reincorporación de las Farc a la vida civil, un punto que la guerrilla jamás aceptó discutir en el Caguán. Es decir, esta es una negociación que tiene como único objetivo ponerle fin al conflicto, entendido no como “la injusticia social” sino como la confrontación armada.

Agenda acotada de negociación

El Gobierno y las Farc acordaron discutir una agenda de seis puntos que son importantes para la guerrilla y que son negociables: la política de desarrollo integral y el acceso al uso de la tierra, la participación política de los guerrilleros, la solución al conflicto de las drogas ilícitas, el fin del conflicto, las víctimas y la reparación y la implementación, verificación y refrendación del acuerdo. La agenda está acotada, no se discutirá el modelo económico ni se irá a una Constituyente.

Negociación expedita

En el Acuerdo logrado hasta el momento se dice explícitamente que buscarán “negociar de manera expedita y en el menor tiempo posible”.

Con reglas de funcionamiento

El Acuerdo logrado hasta ahora tiene unas “reglas de funcionamiento” que especifica el número de negociadores, el mecanismo para consultar expertos, la forma en que se darán a conocer públicamente los avances, la forma en que participará la sociedad civil, el primer punto con el que iniciará la discusión y que nada está acordado hasta que todo esté acordado. También que la firma del Acuerdo final da inicio a la implementación de los puntos acordados. Es decir, que primero se logra el cese al fuego y se acuerda cómo se dejarán la armas y luego se harán las reformas.

Negociación en el exterior

Gobierno y guerrilla acordaron negociar en Oslo, Noruega y tener como sede de los diálogos La Habana, Cuba. También dicen que podrían negociar en otros países, lo que excluye a Colombia. Con esto eliminan el fantasma de la zona de distensión.

Con mecanismos de evaluación

Gobierno y guerrilla acordaron “evaluaciones periódicas de los avances” y definieron que Cuba y Noruega actuarán como garantes, y a Venezuela y Chile como acompañantes.

El contexto de Obama

Con la muerte de Osama Bin Laden y con Obama en el poder en Estados Unidos el lenguaje de la lucha antiterrorista ha cedido. El pequeño viraje en el enfoque en la lucha contra las drogas también abre un espacio para que el tema de los cultivos ilícitos pueda ser uno de los ejes de negociación con las Farc.

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