Las paradojas de una rosa llamada UP

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Todos los 11 de octubre desde 1987 alguien en el país, en una marcha o de manera solitaria, revive el viejo cántico setentero español adaptado a la protesta argentina, primero, y colombiana después: "Yo te daré, te daré patria hermosa, te daré una rosa, esa rosa se llama UP". Ese día, domingo por la tarde, mientras conducía por carretera en compañía de su familia, fue asesinado Jaime Pardo Leal, candidato presidencial y máxima figura de la Unión Patriótica.

Así anunciaban los afiches el primer congreso nacional de la UP, en 1985. Hoy se instalará el quinto. Fotos archivo Unión Patriótica y Unión Patriótica, expedientes contra el olvido, libro de Roberto Romero Ospina.

Todos los 11 de octubre desde 1987 alguien en el país, en una marcha o de manera solitaria, revive el viejo cántico setentero español adaptado a la protesta argentina, primero, y colombiana después: “Yo te daré, te daré patria hermosa, te daré una rosa, esa rosa se llama UP”. Ese día, domingo por la tarde, mientras conducía por carretera en compañía de su familia, fue asesinado Jaime Pardo Leal, candidato presidencial y máxima figura de la Unión Patriótica. Por eso desde entonces, y de manera ininterrumpida, sus seguidores (cada vez menos) se han manifestado cada año para recordarlo a él y a los más de tres mil militantes de ese partido que fueron exterminados en uno de los capítulos más negros de la historia política reciente de Colombia.

Las manifestaciones de este año tuvieron un sabor distinto. La rosa, que se marchitó en 2002 cuando el Consejo Nacional Electoral le retiró la personería jurídica por no alcanzar los 50 mil votos que exigían las normas, resucitó en julio gracias a un fallo del Consejo de Estado que reconoció que si la UP no obtuvo esos apoyos fue porque físicamente no tenía candidatos que los buscaran. Casi todos estaban muertos o desaparecidos. Por eso el pasado 11 de octubre hubo los reclamos al Estado y la serenata a los ausentes de siempre, pero también sus dirigentes reivindicaron su intención de seguir haciendo política y llegar al poder.

El primer paso hacia ello lo darán este fin de semana con un congreso nacional que será instalado esta tarde en la Universidad Pedagógica de Bogotá, luego de una movilización por la carrera Séptima.

La paradoja de la colectividad que es hija de los acuerdos fallidos de paz de La Uribe entre el Gobierno y las Farc, es que el triunfo jurídico que le devolvió la vida la dejó frente a un reto casi imposible de cumplir como están las cosas: sacar en las elecciones de marzo al menos unos 450 mil votos (que serían el 3 por ciento de los votos válidos, norma que aplica a partir de estos comicios) para poder mantener su personería.

“A la UP le devolvieron la personería y le dijeron, al tiempo, consiga casi medio millón de votos para mantenerla cuando en el pasado ni siquiera tuvimos cómo alcanzar 50 mil”, le dijo uno de los dirigentes de ese partido a La Silla.

Hoy editoriales y notas de prensa celebran el regreso de la UP “como el ave Fénix”. Si nada cambia -sobre todo teniendo en cuenta que desde La Habana las Farc hablan ya de un nuevo movimiento político que saldrá de los diálogos de paz y que, en cualquier caso, parecería que esos acuerdos no estarán listos de aquí a marzo-, la resurrección de esta rosa no será más que flor de un día.

Paz, garantías y alianzas: los temas del congreso

El punto central del congreso nacional de la UP que se instalará esta tarde, como es apenas lógico, será el apoyo al proceso de paz de La Habana. Sus líderes esperan reunir en estos dos días a unas mil personas para que aplaudan la salida negociada al conflicto colombiano y demuestren que el partido sigue teniendo una militancia.

Bernardo Jaramillo, el segundo candidato presidencial de la UP. Asesinado. Fotos archivo Unión Patriótica y Unión Patriótica, expedientes contra el olvido, libro de Roberto Romero Ospina.
Jaime Pardo Leal y al frente Belisario Betancur. Fotos archivo Unión Patriótica y Unión Patriótica, expedientes contra el olvido, libro de Roberto Romero Ospina
Clara López, quien fue candidata de la UP a la Alcaldía de Bogotá, en un acto público con Bernardo Jaramillo. Fotos archivo Unión Patriótica y Unión Patriótica, expedientes contra el olvido, libro de Roberto Romero Ospina

Mil personas invitadas de organizaciones campesinas, sindicales, juveniles y comunitarias provenientes del Magdalena Medio, Caquetá, Cauca, Valle, el Urabá, el Catatumbo, y otras zonas que en el pasado fueron fortines políticos del partido que nació en el 85 y en el 86 tuvo su mejor momento electoral: sacó 14 congresistas, 27 alcaldes, 361 concejales y las más alta votación hasta el momento para un candidato presidencial de izquierda: 328 mil apoyos para Jaime Pardo Leal.

Si llegan, estos militantes estarán acompañados de artistas e intelectuales que también fueron invitados y de nueve delegaciones internacionales que ya arribaron al país, incluyendo las de tres partidos de gobierno: el Frente Sandinista de Liberación Nacional, el Partido Socialista Unido de Venezuela y el Partido Comunista Cubano. Y serán saludados por el Polo Democrático, por Piedad Córdoba, por Iván Cepeda.

Esas serán las formalidades. Pasadas éstas, los líderes de la UP tomarán el micrófono para plantear al Gobierno la paradoja que los tiene en aprietos y pedirán respeto a la personería jurídica que les acaban de devolver. Advertirán que, al igual que en 2002, están en condiciones de desigualdad frente al resto de partidos y que por eso no es aceptable que les exijan ya no 50 mil votos sino el 3 por ciento del umbral. Un asunto que ya le plantearon en privado el pasado jueves al ministro del Interior, Aurelio Iragorri.

Se lo contó a La Silla Aída Avella, la icónica exconcejal de la UP que llevaba 17 años en el exilio y regresó a Colombia para asistir a este congreso nacional: “Tuvimos una reunión privada con el Ministro y le dijimos que ese nuevo umbral es un regreso al Frente Nacional, que va a acabar con los partidos pequeños, y que por eso no basta con que nos hayan devuelto la personería jurídica”.

En esa reunión, prosigue Avella, se habló de la posibilidad de que la exigencia en estas elecciones para la UP sean los 50 mil votos de la norma vieja o incluso que no haya ningún requerimiento por ahora en número de votos. Iragorri, aseguró la exconcejal, se comprometió a hacer unas consultas al respecto.

En su evento la UP hablará también de sus condiciones de seguridad (por ahora la mayoría de sus líderes cuenta con esquemas de protección), de los recursos para funcionar que debe darle el Consejo Nacional Electoral, de la necesidad de acceder a los medios de comunicación, de una necesidad más grande: una campaña para no seguir siendo estigmatizados como el brazo político de la guerrilla y de una exigencia que no es nueva: que el Estado le devuelva a la colectividad las curules que conquistó y que no pudo disfrutar porque sus dueños fueron asesinados.

Convocarán a una gran alianza de la izquierda. Llamarán al Polo, a los progresistas, a la minga indígena, al Congreso de los Pueblos, a la Marcha Patriótica y hasta a los verdes, los liberales y los conservadores descontentos para que se sienten a conversar sobre candidaturas al Congreso y a la Presidencia. Candidaturas para las que ellos aún no tienen figuras claras. Solo hay rumores. Por ejemplo, se rumora que el exministro Álvaro Leyva podría ser candidato a la Presidencia por la UP.

La Silla lo sabe porque conversó con seis de los máximos dirigentes de la UP. Ellos no lo dicen así, pero con todos esos planteamientos demostrarán que, aunque apoyen 100 por ciento el proceso de paz, no quieren que su proyecto político dependa de lo que pase en La Habana. Máxime teniendo en cuenta que las Farc no están pensando en la sombrilla de su personería jurídica para hacer política, sino que ya han hablado de un nuevo movimiento político.

Así hizo política sin armas Jaime Pardo Leal. Fotos archivo Unión Patriótica y Unión Patriótica, expedientes contra el olvido, libro de Roberto Romero Ospina
La UP tuvo su mejor momento electoral en 1986. Fotos archivo Unión Patriótica y Unión Patriótica, expedientes contra el olvido, libro de Roberto Romero Ospina
La UP medirá cómo está su militancia este fin de semana. Fotos archivo Unión Patriótica y Unión Patriótica, expedientes contra el olvido, libro de Roberto Romero Ospina

“Las Farc son las Farc y la UP es la UP”, dijo al respecto el presidente del partido Ómer Calderón.

“Las Farc fueron las primeras que tomaron la decisión de irse de la UP en el 87, cuando Iván Márquez era congresista, porque consideraron que no habían condiciones para estar en la política”, agregó por aparte Felipe Santos, el secretario de la colectividad.

Pero la otra paradoja, y esto lo reconocen algunos de los dirigentes con los que hablamos, es que a pesar de lo positiva que pueda ser la resurrección (así sea momentánea) de un partido que nació fruto de un acercamiento de paz, y al que sistemáticamente le asesinaron la mayoría de sus miembros, es poco probable que una eventual gran alianza de la izquierda y del centro los incluya a ellos porque pocos partidos los querrían a su lado en una foto. No sólo porque aparentemente no tengan votos sino porque los que están planteando convergencias ni siquiera los han mencionado públicamente entre sus opciones. Antes, la personería de la UP le hubiera servido por ejemplo a los progresistas, pero estos ya se unieron con los verdes y no necesitan ese escampadero. Eso además de que en varias colectividades siguen viendo a la UP bajo la sombra de las Farc.

El presidente de la UP nos contó que con ellos, con los progresistas, ha habido “acercamientos”. En concreto, Calderón dice que se ha reunido con el exsecretario de Gobierno de Bogotá Guillermo Asprilla para hablar de una posible alianza. Pero ahí mismo reconoce que el inconveniente sería el exalcalde verde Enrique Peñalosa, con quien ya los progresistas se unieron para formar la Alianza Verde. “Peñalosa ahí es un alto riesgo porque, todos saben, él ha expresado una afinidad alta con el uribismo. Es una situación complicada”, afirmó Calderón.

Política desde la nostalgia
Rodolfo Ríos, Víctor Manuel Matiz y Nixon Padilla, del comité ejecutivo de la UP. Foto: Juan Pablo Pino

El 16 del mes que viene, la demanda que puso la UP ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) buscando justicia, reparación, verdad y el reconocimiento de su exterminio como un genocidio, cumplirá 20 años. Veinte años del expediente que documenta los casos de más de tres mil muertos y 100 masacres, ocurridas por mano de paramilitares con la ayuda de algunos políticos (como el recién condenado por la masacre de Segovia, César Pérez) y algunos miembros de las Fuerzas Militares, que los consideraban el brazo político de las Farc.

Felipe Santos es el secretario general del partido. Foto: Juan Pablo Pino

Hablar con varios dirigentes de la UP -todos mayores en edad, pero también todos con un brío más propio de la juventud- basta para concluir que, más allá del tema de la personería, en el futuro de ese proceso tienen todas sus esperanzas de desagravio puestas.

De hecho, a hacerle fuerza a esa demanda ante la CIDH fue a lo que se dedicaron varios de esos dirigentes (como Nixon Padilla, Víctor Manuel Matiz y Felipe Santos, del comité ejecutivo del partido) desde 2002, año en el que desaparecieron del panorama político.

Con el Partido Comunista y la ONG Reiniciar apoyándolos, organizaron a las familias de las víctimas y se dedicaron a esperar. Y un poco a vivir de la nostalgia.  

Ahora, con lo de la personería y el fallo de la masacre de Segovia como motivos, hacen labor de reconstrucción organizando este 5° congreso nacional de la UP cuyo antecedente más inmediato se realizó en 1999, hace 14 años.

En la memoria, todavía el 1° congreso. El de noviembre de 1985. Cuando ya empezaban a contar muertos y desaparecidos: entre ellos Marco Raúl Castro, quien había abandonado las armas en las Farc para hacer política, y Pablo Caicedo, un profesor caleño, cuyos cuerpos no han sido encontrados.

Ese fue el pasado, aunque no haya que olvidarlo. Habrá que ver si la UP, con todo y sus paradojas, logra escribir una nueva historia para su futuro y el del país. El evento que comienza hoy dará algunos indicios.

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