Listos para levantarnos de la mesa

#procesodepaz

La semana que comienza será una semana definitiva para el futuro del “proceso de paz”. Se encontrarán voceros de los equipos para definir temas de “logística”, que en realidad será para determinar si el “acuerdo marco” que sirvió de base para esta segunda fase se va a cumplir o no.

La semana que comienza será una semana definitiva para el futuro del “proceso de paz” que se intenta con la guerrilla de las Farc. Se encontrarán voceros de los equipos para definir temas de “logística”, que en realidad será para determinar si el “acuerdo marco” que sirvió de base para esta segunda fase se va a cumplir o no.

La sola pregunta parece absurda en un proceso que apenas comienza. Los acuerdos son para cumplirlos, pero en éste caso la guerrilla resolvió meterle abogados al tema y reivindicar una interpretación del texto que es distinta a la que se convino y a la que el Gobierno aceptó. Estábamos en que teníamos una agenda “acotada”, limitada a cinco puntos. Habíamos quedado en que esta sería una fase entre el Gobierno y la guerrilla, que consultaría a la ciudadanía pero que la “participación” era en la fase siguiente. Dijimos que de lo que se trataba era de terminar el conflicto para empezar a construir la paz y que en esa fase se implementaban los instrumentos que permitieran hacer las “transformaciones” necesarias, etc, etc.

Ahora resulta que la guerrilla dice: no son los cinco puntos; miren el preámbulo y como si se tratase de un pleito reivindican el “carácter vinculante” del preámbulo para proponer en la práctica rediseñar el proceso.

El Presidente ha dicho públicamente que si esa es la pretensión de la guerrilla, él daría por terminado el proceso. Ya De la Calle había sido enfático en Oslo sobre los alcances de esta fase del proceso y ambos han dicho que si las Farc quieren la revolución que no lograron con las armas van a tener que ganársela con votos.

El comunicado denominado Reflexiones de La Habana I parece un memorial de abogados mañosos en el que afirman que: “En la breve introducción, está nada más ni nada menos que el espíritu y el sentido que ha de dársele al conjunto del documento que se suscribió entre las partes, para iniciar las discusiones en la Habana”.

Además de querer “abrir la agenda”, las Farc niegan la metodología acordada, que estaba impecablemente concebida, pero que ellos la han calificado de “esquemas tecnocráticos”, que dan “la idea equívoca que de lo que se trata es de un itinerario breve de la capitulación insurgente”.

Estas son las discusiones propias del proceso. A esto es a lo que se tendrán que enfrentar los negociadores del gobierno durante interminables reuniones. Que las Farc hayan decidido retroceder no era de esperarse pero no debe sorprender, especialmente a partir del cambio de voceros. La exclusión de alias “el médico” hacia presagiar que querían reabrir las discusiones de la primera fase.

Así que esos debates y esas situaciones forman parte del proceso. Lo que está en juego ahora es el tipo de respaldo que los sectores políticos y sociales le brindan al gobierno. Este proceso solo es posible si la sociedad colombiana está dispuesta a apoyar al Presidente no solo para arrancar el proceso, sino también para terminarlo. Santos tiene que sentirse libre para levantarse de la mesa cuando lo estime conveniente. “No puedo convertirme en rehén del proceso”, ha dicho una y otra vez, pero eso tiene un costo político que es donde se miden realmente los respaldos.

Los enemigos del proceso estarán listos a cobrarle a Santos un fracaso del mismo. El puñal está debajo del poncho para pasar la factura cuando el Presidente decida que hay que levantarse de la mesa, a pesar de exigirle permanentemente que no hay que ceder en nada. De los “rufianes de esquina” es previsible su actitud, pero la pregunta es ¿Y los que hoy apoyan? ¿Estarán listos a apoyar una levantada de la mesa?

La actitud de las Farc; su comunicado en el que califican de intrascendente el tema de las víctimas, cuando es impensable un proceso que no garantice sus derechos; la idea de reabrir la agenda y de rediseñar el proceso debe hacernos pensar a quienes estamos de este lado que la “levantada” puede ser más temprano de lo esperado, pero lo importante es que el Presidente y los negociadores del Gobierno tengan claro que si eso deciden los que hoy respaldan van a estar con ellos.

Cada proposición de las que hoy apoyan el proceso debería tener un parrafito en la que le digan al gobierno que también apoyan una “levantada de la mesa”, si –por ejemplo- no se cumplen los acuerdos sobre el proceso. Es insostenible un proceso que comience renegociando el único acuerdo al que hasta ahora se ha llegado.

El Presidente parece dispuesto a asumir los costos de una terminación anticipada de este proceso. Diseñó un esquema en el que los riesgos fueran menores si no se lograba avanzar, pero es importante que el resto de la sociedad sepa que si toca toca.

El cumplimiento de la agenda y de la metodología del “acuerdo marco” es una prueba de fuego, las Farc han dado muestras de querer correrse y pueden hacerlo, pero tienen que tener claro que el proceso en el que nos montamos la mayoría fue en ese y no en otro y que a ese le vamos a apostar, que en ese estamos dispuestos a hacerles concesiones muy superiores a las que se merecen, pero que como dice Santos “no podemos convertirnos en rehenes del proceso”.

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