Los congresistas influencers: la nueva oposición a las listas cerradas

Los congresistas influencers: la nueva oposición a las listas cerradas
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La reforma política que impulsa el Gobierno de Gustavo Petro avanza firme hacia el cuarto de los ocho debates que necesita para cambiar las reglas de juego de la política. Pero el corazón de la reforma —las listas cerradas— ha encontrado una férrea oposición y no de parte de sus históricos contradictores, los partidos tradicionales. Voces alternativas, y particularmente los congresistas influenciadores, son las que quieren hundirla y para ello están promoviendo la indignación en redes sociales. 

Una muestra es la campaña del senador verde Jonathan Ferney Pulido, más conocido como Jota Pe.

Él, que se eligió por una lista abierta con una votación sorpresa gracias a su activismo digital, está presentando en sus redes las listas cerradas como sinónimo de “una mafia y un negocio para favorecer a caciques regionales”.

El video donde planteó su queja tiene más de 2 millones de reproducciones entre las plataformas de Facebook y Youtube, más de las que tienen todas las sesiones de este año del Congreso transmitidas en esa plataforma. 

Fabián Díaz, quien pasó de ser un zanquero y activista en redes a representante y de ahí a senador, también por una lista abierta, coincide con Hernández. Define las listas cerradas como un “atentado a la democracia”. Y, además de videos virales ratificando su oposición, ha usado sus redes para señalar con fotos y nombres a los congresistas que han ido aprobando la idea de las listas cerradas. 

“Estoy haciendo un llamado a la ciudadanía a rechazar las listas cerradas obligatorias”, le dijo a La Silla. 

Aún con esos reparos que han trascendido las puertas del Capitolio Nacional, la reforma política que quiere el Gobierno va sí o sí por las listas cerradas, paritarias y bloqueadas como las que provocaron el éxito del Pacto Histórico en las elecciones legislativas de este año. “Sin listas cerradas no habría reforma política”, dice el senador Roy Barreras.

Es una propuesta que organizaciones como la Misión de Observación Electoral MOE, e instancias consultoras internacionales como la Misión Especial Electoral - MEE- llevan años recomendando para atacar prácticas como el clientelismo, los partidos de garaje o la financiación irregular de las campañas. Y, en su defecto, abaratar las campañas, fomentar la identidad de los partidos políticos y la paridad de género en los espacios de representación política.

"Un candidato, en el sistema actual, queda comprometido a proveer un retorno a la inversión que sus financiadores han hecho a su campaña, ya sea mediante la promoción de políticas públicas que favorezcan los intereses de dichos financiadores - en detrimento del interés general -, o por adjudicación de forma ilegal de contratos, licencias u otras prebendas", dice el informe de la MEE.

La introducción de las listas cerradas y paritarias propuestas van de la mano de dos reformas más que impulsa el gobierno. Por un lado, que los partidos deben establecer unos mecanismos internos para elaborar esas listas como consultas internas, por ejemplo. Y por el otro, que el Estado financie en su totalidad las campañas.

Para montar en el bus de la reforma a los congresistas de los partidos tradicionales, que en la mayoría de casos tienen microempresas electorales y que en 16 intentos anteriores de reforma hundieron ese punto, el Gobierno ha tenido que poner caramelos en el camino.

Pero con los congresistas influenciadores no han podido hasta ahora y eso anticipa más discusiones mediáticas en lo que resta del trámite y en el corazón de la coalición del gobierno.

La desconfianza empieza por casa

Los congresistas-influenciadores son el fenómeno político de este Congreso. Llegaron sin estructuras políticas conocidas, con un discurso anticorrupción que se multiplicó por su activismo en redes sociales y con votaciones que estuvieron por encima de congresistas con varios periodos.

Los hay en la izquierda, en el centro y en la derecha y aunque no son más que unos 20, han ido transformando rápidamente la política con su capacidad de volver virales los temas que les interesan en el Congreso. No solo han cambiado la forma de acceder al poder sino de ejercerlo vía sus redes sociales y su capacidad de exponer públicamente a sus colegas.

Son varios de esos congresistas influenciadores los que se oponen a las listas cerradas porque, dicen, no garantizan la democracia.

Coinciden en un mismo argumento y es que si lograron llegar al Congreso no fue por esa vía sino por las ventajas que dan las listas abiertas.

“Yo tenía el número 54 en la lista, era más fácil encontrar a la mamá del Chavo que a mí con ese número. Y aún así saqué más de 190 mil votos, personas que votaron por mí, porque los represento. En una lista cerrada no hubiera llegado hasta acá”, señala el senador JP.

“Fue el camino que me trajo a acá, y que no puedo cerrar sin dar las garantías democráticas a los que quieren entrar a la política”, añade la representante Catherine Juvinao, quien llegó al Capitolio tras liderar iniciativas de veedurías al Congreso como ‘Trabajen Vagos’ con la que expuso a políticos ausentistas. 

“Si fuera por listas cerradas muchos alternativos que estamos acá no podríamos estar acá ni en los concejos, ni en las asambleas, porque no somos de familias adineradas para que nos compren el cupo en las listas, porque no somos de familia política”, complementa el senador Díaz.

Los tres advierten que con las listas cerradas el poder se puede concentrar en los directivos y dueños de los partidos. El poder del bolígrafo. Incluso en su propia casa: la Alianza Verde. “La elección no será del pueblo, sino de los dueños de los partidos políticos”, dice Díaz.

Es decir, aún dentro de partidos alternativos y más horizontales como el Verde, la desconfianza impera. Y eso plantea una pelea interna porque en el pasado reciente ese partido fue uno de los grandes impulsores de las listas cerradas.

Por ahora, los alternativos opositores no se han juntado para planear una estrategia conjunta que les ayude a hundir ese artículo. “Hemos coincidido en el tema, pero cada quien ha hecho su tarea por su lado”, comenta el representante del Valle, Duvalier Sánchez, quien lideró la Consulta Anticorrupción de 2018 y desde entonces ganó protagonismo mediático.

“Yo, por ejemplo, presenté mi postura, entiendo que en la teoría es lo indicado, pero en la práctica no va a pasar ese ideal. Mientras permanezca ese artículo no voy a acompañar la reforma”, añade.

Mientras tanto, Jota Pe y Díaz insisten en generar indignación entre sus seguidores, y presionar desde las redes una decisión al respecto en sus bancadas. Y, en el caso más lejano, oponerse por la vía legal.

La oposición que hacen, paradójicamente, recoge en líneas generales los argumentos que en el pasado usaron los partidos y congresistas tradicionales para cerrarle el paso a las listas cerradas.

El problema de las listas cerradas ya no son los partidos tradicionales

Aún con los reparos, la coalición que montó el gobierno Petro en el Congreso tiene avanzada la aprobación de las listas cerradas y paritarias.

Es un viejo anhelo de la anterior generación de sectores alternativos por regresar al estado de las cosas antes de 2003.

Ese año, bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, y por petición del partido Conservador, el Congreso reformó la Constitución para eliminar la obligación de las listas cerradas y abrir el espacio al voto preferente. Un revolcón al sistema electoral que sirvió de moneda de cambio para pasar los otros grandes puntos de esa reforma política como el fin de la ‘operación avispa’.

Los partidos minoritarios y alternativos de esa época como el Polo Democrático con figuras como Antonio Navarro —hoy copresidente de la Alianza Verde— o Carlos Gaviria, se opusieron señalando que eso abriría las compuertas a la corrupción política y clientelista.

Aunque esa apertura de listas se planteó como transitoria, se quedó permanente. Y desde que se eligió el primer Congreso bajo ese modelo en 2006 se han radicado al menos 16 proyectos de reforma política para volver a las listas cerradas. Todas naufragaron por falta de apoyo de congresistas y partidos que utilizaron el voto preferente para salir electos.

El intento que más lejos llegó fue el de la reforma al equilibrio de poderes de 2015 en el gobierno de Juan Manuel Santos con el liderazgo de Claudia López, Antonio Navarro y el impulso del ministro del Interior, Juan Fernando Cristo. Pasó los primeros cinco debates —dos más que el que lleva la actual reforma— pero sucumbió en la plenaria del Senado por intervenciones de viejos caciques políticos como el conservador Roberto Gerlein que se opusieron.

“La lista cerrada no pasa de ser un embeleco de los caudillos, un embeleco del centralismo, un embeleco de quienes controlan los instrumentos de mando”, dijo Gerlein, quien estuvo en el Congreso durante 44 años y tuvo señalamientos de compra de votos.

“El país no puede ante la demanda ciudadana simplemente provocar reformas de carácter centralista, que en el país se implemente la lista cerrada me recuerda un ejemplo: es como si construyéramos un gran supermercado con una sola caja y tuviéramos filas interminables porque el dueño así lo quiere”, dijo el entonces senador Martín Morales de La U, quien fue detenido en 2016 por presuntos nexos con paramilitares.

Ocho años después de ese antecedente, son los partidos tradicionales los que están dispuestos a darles una segunda oportunidad a las listas cerradas. Porque, a diferencia de esos intentos del pasado, el gobierno Petro les está dando incentivos que les garantizan su supervivencia política.

Para hacer más digeribles las listas cerradas, la reforma política les da la seguridad a los actuales congresistas de que puedan ocupar los primeros puestos de esas listas cerradas en 2026; les reconoce esa preferencia como un derecho adquirido.

“Para la organización de estas listas, por única vez, se podrá tener en cuenta el orden de elección del último periodo constitucional”, señala un parágrafo transitorio planteado en los diferentes debates. Es decir, que según la votación que sacaron en estas elecciones quedarían en el tarjetón del 2026.

Además, la reforma plantea que los partidos deberán crear mecanismos internos para definir esas listas (consultas internas, por ejemplo). En esa definición, tendrían voz y voto los actuales congresistas.

Paradójicamente, entonces, la reforma para cambiar la política aseguraría de entrada la reproducción de la mayoría de los actuales congresistas, incluyendo los influenciadores, durante por lo menos un período más.

Esto, claro, si el gobierno y los partidos tradicionales logran derrotar a los influencers.  

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