Los factores que siguen empujando la reducción histórica de homicidios en Cali

Los factores que siguen empujando la reducción histórica de homicidios en Cali
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Foto del primer encuentro juvenil del programa Perla de la Alcaldía de Cali. Foto tomada de la Alcaldía de Cali.

“Poco publicitado está, por ejemplo, que la ciudad de Cali por primera vez en 30 años tiene menos de mil homicidios”, dijo el presidente Gustavo Petro en su discurso en Buenaventura cuando se refería a la paz que vive ese distrito. El anuncio fue retomado por el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, quien aseguró que la reducción significaba 250 asesinatos menos frente al año anterior, que este era el año de menos muertes violentas en tres décadas y que en 2023 apostaba a cerrar con menos de mil homicidios.

La cifra no es menor. Cali es la capital más violenta del país y casi duplica la tasa de homicidios a nivel nacional. Desde que la ciudad tiene registro oficial del número de asesinatos anuales, en 1993, el promedio es de 1688. La ciudad nunca ha contado un año por debajo de los mil.

La expectativa es que este año se romperá esa racha o, al menos, se estará muy cerca. Por ahora ya hay hitos. Por primera vez en esas tres décadas, la ciudad inicia diciembre con menos de 900 asesinatos.

¿A qué se debe esa cifra histórica de reducción de homicidios? Según expertos, obedece a una tendencia a la baja que viene desde hace nueve años y que fue interrumpida en 2021, un año atípicamente violento por el Paro Nacional. También resaltan que el trabajo disperso de organizaciones sociales, apuestas de privados y la institucionalidad en los barrios y comunas de la ciudad, aún sin una estrategia que logre articularlos, también influyó.

“Nunca los procesos de reducción de la violencia son de una sola administración o de corto plazo. Tiene que ver con la historia, la continuidad de programas y acciones que vienen de décadas”, dice Katherine Aguirre, investigadora del instituto de Igarapé, un centro de investigación brasilero sobre seguridad, que le sigue la pista a Cali.

Los homicidios venían a la baja

El martes, a las cinco y media de la tarde, cuatro hombres que iban en dos motos dispararon contra un carro en el barrio El Porvenir, en Cali. Un hombre y una mujer fueron asesinados delante de dos niñas de cinco y siete años que los acompañaban. Una de ellas está herida de gravedad. El hombre asesinado, según las autoridades, tenía antecedentes por homicidio y concierto para delinquir y estaba de paso en Cali. Al parecer la familia provenía del Cauca.

La noticia, de la que aún se sabe poco, es una muestra de los factores que inciden en que Cali tenga un alto número de homicidios: un mercado legal e ilegal de armas, que viene desde que inició la guerra entre narcos, y una ciudad en la que se saldan las deudas y disputas de otros municipios y departamentos del Pacífico.

También inciden otros aspectos. La ciudad es clave en el corredor del narcotráfico del Pacífico por su ubicación, cerca al puerto de Buenaventura, y tiene una herencia narco que la hace centro de negocios ilícitos. A esto se suman las pequeñas bandas criminales que se pelean con otras el control territorial y ofrecen servicios de sicariato.

Cali pone un promedio del 10 por ciento del total de homicidios en el país. Y ha llegado a triplicar las tasas de homicidios de Medellín y Bogotá, que tienen más población. A pesar de eso, la ciudad ha vivido una tendencia a la baja en los últimos nueve años.

“Desde 2014 en Cali, cada año era sistemáticamente el año con menos homicidios desde que hay registro”, dice Alberto Sánchez, analista de seguridad. El 2014 fue clave para ver la violencia desde un enfoque de salud pública en el que se diagnostica, se trata y se previene. Una mirada innovadora para el momento que llegó a la ciudad de la mano del entonces alcalde Rodrigo Guerrero.

Ese año también fue importante porque mostró una reducción de la intensidad de la violencia. Según Sánchez, Cali dejó de ser escenario de las confrontaciones entre miembros activos del cartel del norte del Valle y esas violencias se desplazaron a otros municipios del departamento.

Frente a la reducción sistemática de homicidios, Sánchez dice que se debe a que ha existido un trabajo más o menos similar en intervención a los factores de riesgo que viene por parte de las instituciones, lo que explicaría la constante a la baja. “Es gradual porque es una acción del Estado. (En Cali) no se ha negociado con criminales ni se ha entregado la ciudad a un orden mafioso”. Como ejemplo pone a Medellín en donde los pactos entre bandas criminales inciden directamente en las cifras de asesinatos de la ciudad.

Esa tendencia a la baja fue interrumpida en el 2021. Ese año, Cali fue epicentro del paro nacional en el que la Policía salió de los barrios y la delincuencia aprovechó ese vacío para, por ejemplo, pelear el control territorial de forma más abierta. Sólo entre mayo y junio de 2021, los meses más álgidos del paro nacional, hubo 332 asesinatos y la ciudad cerró ese año con más de 1200 homicidios, una cifra que no se veía desde 2017. Por eso, la reducción va a ser evidente por tener como referencia un año extremadamente violento.

La hipótesis de Sánchez es que la violencia del año pasado y la alza en asesinatos produjo que algunas disputas entre bandas criminales quedaran resueltas. “Esa podría ser una de las causas por las que ahora hay menos confrontación y homicidios en la ciudad”.

Múltiples apuestas para interrumpir la violencia

Otro factor clave son las apuestas de organizaciones sociales, empresas e instituciones que llegan a barrios y comunas. “Cali es rica en estrategias de prevención de la violencia”, dice Aguirre del instituto Igarapé. Aunque no están bajo una sombrilla y la mayoría trabajan de forma independiente, sin articularse, tienen una incidencia en el territorio.

Por ejemplo, la Arquidiócesis de Cali cuenta con el Observatorio de Realidades Sociales en el que realiza procesos formativos sobre paz y convivencia y propicia espacios de movilización social por el cuidado de la vida. Los empresarios también han tenido su apuesta con Compromiso Valle, una iniciativa que promueve la inversión social y el fortalecimiento y ampliación de programas que ya estaban en terreno. Como el programa de interruptores de la violencia, que ayudan a mediar en conflictos, de la fundación Alvaralice que pasó de estar en dos barrios a 50.

Para el secretario de seguridad, Jimmy Dranguet, la Alcaldía ha tenido programas claves para incidir en la cifra de reducción. Entre los que nombra está Perla, un proyecto para la prevención del delito entre jóvenes de entornos vulnerables que cuenta con atención psicosocial, capacitaciones, actividades artísticas y rutas de empleabilidad que ha impactado 4 mil jóvenes. Y “Todos y todas a estudiar”, uno de los programas bandera que fue la respuesta del alcalde Ospina a algunas de las peticiones de los manifestantes el año pasado y que becó a 7 mil jóvenes.

Para Aguirre las acciones de la Alcaldía tienen resultados muy puntuales y a corto plazo porque carece de una estrategia integral que interrumpa la violencia de forma inmediata, intervenga y prevenga. Las críticas a esta administración por el manejo de la seguridad han sido constantes desde que inició su gestión.

Sin embargo, conocer el efecto de cada apuesta, venga de donde venga, es difícil. “Con una política pública no sabes si estás metiendo el gol o dando en el palo. (...) Puede haber personas u organizaciones trabajando en territorio, que nadie está mirando, y que contribuyen a reducir los homicidios”, asegura Felipe Fernández, asesor de paz, desarrollo y gobernanza.

“En Cali no sabemos cuál es el factor que más incide en la disminución de homicidios”, dice Álvaro Pretelt, investigador y consultor de seguridad. Cuenta que la ciudad no tiene una evaluación de impacto sobre las estrategias que aplican y que permitiría evaluar cuáles están mostrando resultados positivos. “Lo que hay son múltiples instituciones en múltiples puntos, pero todo suma”.

Y como todo suma, algunos expertos no descartan la posibilidad de que haya un factor más incidiendo: la política de Paz Total de Petro. Como Cali es una ciudad receptora de migrantes y desplazados del Pacífico, epicentro del narcotráfico, y que vive los coletazos de lo que pasa en la región, también puede estar viviendo ese cese de hostilidades que pasa, por ejemplo, en Buenaventura.

En el distrito, Shottas y Espartanos, bandas que se peleaban el control territorial de los barrios desde diciembre de 2020, acordaron dejar de matarse. “Hasta hace tres o cuatro meses había personas en algunos barrios de Cali ofreciéndole a jóvenes irse a pelear conflictos en Buenaventura”, cuenta Juan Camilo Cock, director de la fundación Alvaralice. “No descartaría que lo que vive Buenaventura tenga un impactó en Cali”, dice Aguirre.

Para Dranguet la Paz Total no influye en las cifras de este año. El logro, dice, es de varias instituciones, como el Ejército, la Fiscalía y la Policía. En el caso de esta última resaltó que ha fortalecido sus capacidades investigativas y de identificación elevando el nivel de esclarecimiento de 17 a 40 por ciento. Lo que quiere decir que la impunidad ha disminuido y que hay mayores datos sobre el asesinato, lo que permite conocer los contextos violentos de la ciudad y poder actuar sobre estos.

Aún no se sabe si Cali logrará mantener la cifra de menos de mil homicidios cuando acabe este año. Más cuando diciembre es uno de los meses más violentos y en estos primeros días ya suma 49 homicidios para un total de 930 en lo que va del año.

Incluso el alcalde Jorge Iván Ospina se puso como meta que el próximo año los asesinatos sean por debajo de los mil. Sin embargo, las cifras siguen mostrando reducción frente a años anteriores y, por donde se mire, la reducción de homicidios es una buena noticia para la ciudad.

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