Los Gilinski, los ajedrecistas que tienen en jaque al GEA

Los Gilinski, los ajedrecistas que tienen en jaque al GEA
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Isaac, Jaime y Gabriel Gilinski. Foto: Tomada de Internet.

Anoche los Gilinski lo volvieron a hacer. Ayer a las siete de la noche, la Superintendencia Financiera de Colombia anunció que recibió una nueva Oferta Pública de Adquisición para comprar entre el 25,3 y el 31,7 por ciento de las acciones del Grupo Sura. 

Un nuevo ataque al corazón del Grupo Empresarial Antioqueño (un grupo de empresas multilatinas arraigadas en esa región del país) tras solo dos semanas del primer golpe: la oferta pública por el 50,1 por ciento de las acciones de Nutresa, considerada por muchos la joya de la corona del conglomerado paisa.

La movida fue diseñada con el cálculo y la precisión de un ajedrecista que lleva treinta años jugando en las grandes ligas del sector financiero latinoamericano: Jaime Gilinski Bacal y su hijo, Gabriel Gilinski Kandonski, quien se hizo famoso en Colombia hace dos años por haber comprado la revista Semana.

Jaime y Gabriel son respectivamente hijo y nieto de Isaac Gilinski, el patriarca de la familia que llegó al país a inicios del siglo pasado y empezó a amasar fortuna cuando fundó con su esposa, Perla Bacal, la empresa de alimentos Yupi, la de los chitos de maíz.

Hoy, a sus 64 años, Jaime está en el puesto 882 entre los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes, con una fortuna valorada en 3.700 millones de dólares, el mismo monto que está dispuesto a pagar por las acciones de Sura y Nutresa.

Si lo logra, significaría un revolcón a la Bolsa de Valores de Colombia, el fin del GEA y la consolidación del poder de los Gilinski en la escena nacional. Y, para el libro de anécdotas empresariales, una venganza pagada con cucharita de oro.

De Yupi, al negocio del siglo

Hasta los 80, la riqueza de los Gilinski se apalancaba en tres empresas: los productos Yupi, las sillas Rimax y la empresa de productos de limpieza Bonbril.

Pero cuando Jaime, quien es el mayor de los hijos de Isaac, regresó de realizar sus estudios en Administración de Negocios en la Escuela de Negocios de Harvard, y de trabajar varios años en el área de fusiones y adquisiciones de Morgan Stanley en Wall Street, le planteó a su papá incursionar en el negocio de los bancos.

Venía de formarse con tiburones de Wall Street, y no solo trajo a Colombia algo del estilo de hacer negocios de la época, sino también contactos internacionales.

La entrada al negocio bancario arrancó con la compra de las operaciones en Colombia del Banco Internacional de Crédito y Comercio, BCCI, un banco árabe-paquistaní que estaba en quiebra e inmerso en líos judiciales después de haber reconocido públicamente que lavaba dinero del narcotráfico colombiano, en uno de los escándalos de corrupción privada más grandes del siglo pasado.

Eso fue en 1991. Jaime tenía 34 años.

Contra todo pronóstico, lograron rescatar el banco en tres años, le metieron 13 millones de dólares, le cambiaron el nombre a Banco Andino y multiplicaron por cuatro sus activos.

La de Colombia fue la única filial de la corrupta multinacional financiera que se salvó de la quiebra, y en 1994, la vendieron al Banco Popular de Ecuador.

Ese mismo año, le compraron al Estado el Banco de Colombia, que estaba nacionalizado desde la crisis del Grupo GranColombiano, del cacao de la época Jaime Michelsen; y, en una transacción más discreta, el Eagle National Bank de la Florida, con lo que arrancó en forma su expansión internacional.

Para la compra del Banco de Colombia, Gilinski trajo al padre de uno de sus amigos de la universidad, el magnate George Soros, quien puso 50 millones de dólares en los negocios, recogió dinero de otros 85 inversionistas internacionales y negoció un crédito con Barclays e ING para cerrar el negocio.

Después de tres años, Jaime Gilinski reestructuró el banco, duplicó el valor de sus activos y le vendió el 51 por ciento de sus acciones al Banco Industrial Colombiano, del Grupo Empresarial Antioqueño, con la idea de fusionar las dos entidades. De ahí salió lo que hoy es Bancolombia, uno de los bancos más grandes del país.

Los medios calificaron esta transacción de más de 400 millones de dólares como el negocio del siglo. Y de allí también salió la pelea empresarial del siglo.

La pelea por Bancolombia

En 1999, los Gilinski demandaron al Banco Industrial del GEA argumentando que solo pusieron 8 millones de dólares del negocio y que el resto lo sacaron tomando préstamos apalancados con plata de los ahorradores, que además no fueron reportados en los estados financieros.

El pleito duró 11 años en tribunales de Nueva York y Colombia y enfrentó a Jaime e Isaac Gilinski con los cacaos antioqueños. Incluso, tuvo un episodio en el que participó el actual candidato Gustavo Petro, con un resonado debate en el Congreso contra el GEA y en llave con Álex Vernot, el entonces abogado de los Gilinski. Desde entonces, se forjó una relación personal entre Petro y Jaime Gilinski.

Fue una pelea tan intensa que inevitablemente medios, analistas y los empresarios paisas recordaron cuando salió la oferta por Nutresa. Y no pocos la han visto como la dulce venganza de los Gilinski.

“Esto definitivamente suena como una telenovela colombiana”, escribió en un reporte el analista de renta variable de ScotiaBank Colpatria en Nueva York.

En su primera ronda de entrevistas a medios, Jaime Gilinski dijo que esa era ya historia patria: “Eso ocurrió hace ya más de 20 años. Nosotros llegamos a un acuerdo, en ese momento con el Banco de Colombia. No hubo ganadores, no hubo perdedores y con el paso de los años se ha ido poco a poco eliminando esa aspereza", dijo a El Colombiano.

Sin embargo, si se concreta el negocio Bancolombia volvería a manos de los Gilinski.

La globalización

Mientras salía de sus acciones en el banco del GEA, Gilinski miraba hacia afuera.

Casado con Raquel Kardonski, sobrina del banquero panameño Sam Kardonski y miembro de una poderosa familia que tiene negocios en el sector inmobiliario y que es socia de Copa Airlines, Jaime Gilinski aprovechó sus contactos para abrir nuevos negocios en el istmo.

Se asoció con London & Regional Properties, una empresa de los hermanos británicos Ian y Richard Livingstone, (en el puesto 261 en la lista de los más ricos del mundo de Forbes), para participar en la concesión Panamá Pacífico para construir una pequeña ciudad en la antigua base norteamericana de Howard, en Ciudad de Panamá.

Gilinski puso la mitad de los 700 millones de dólares pero, con la crisis de 2008, decidió vender el 25 por ciento al grupo inmobiliario del Gobierno de Quatar, Qatar Diar.

Poco tiempo después, empezó a consolidar su grupo financiero Gilinski National Bank Sudameris, GNB Sudameris. Este conglomerado nació con la compra de la mayoría del grupo italiano Intesa Sanpaolo en el Banco Sudameris, y la adquisición de acciones del banco y la fiduciaria Tequendama.

Con el Sudameris, el banquero se hizo a la red de cajeros más grandes del país, Servibanca, un negocio muy rentable por sus bajos costos de operación.

Luego compró la comisionista de bolsa Suma Valores en 2010; en 2014, sumó los negocios de HSBC en Colombia, Perú, Paraguay y Uruguay por 400 millones de dólares, y el año pasado, creó Corfi GNB Sudameris para invertir en nuevos negocios.

En esa serie de transacciones, los Gilinski afinaron su estilo agresivo de hacer negocios que hoy vuelve a quedar en evidencia con las ofertas por Sura y Nutresa. Entrar fuerte, con socios de grandes músculos financieros.

La profesora Beatríz Rodríguez-Satizábal, experta en grupos empresariales de la Universidad de los Andes, explica que es un estilo muy marcado por las relaciones globales que han hecho los miembros de la familia con banqueros de inversión en Londres y Estados Unidos, principalmente.

“Es un grupo que en Colombia es tal vez más parecido a los Santo Domingo, desde el punto de vista de su internacionalización y de su capacidad de mover capitales, incluso de otros conglomerados que son selectivos para hacer negocios como la familia real de Abu Dhabi”, asegura.

Y no evita notar lo llamativo de que la transacción por Nutresa haya logrado unir en un negocio a un grupo de inversores de origen musulmán con uno judío.

Con su fortuna, Gilinski se mueve entre Londres, Miami, Panamá, Nueva York y Colombia. Su hijo mayor, Joshua, vive en Los Ángeles, y también hace parte de las sociedades panameñas propietarias de las empresas colombianas que quieren comprar Nutresa y Argos.

Su tercer hijo, Benjamín, se encarga de los negocios del grupo empresarial en Lima y ha estado al frente de LuloBank el banco digital de los Gilinski, que en Colombia compite directamente con Nequi, de Bancolombia. Y Gabriel es la mano derecha de su padre y está al frente del Grupo GNB Sudameris.

Ese esfuerzo de globalizarse catapultó a los Gilinski en 2013 al listado Forbes de las personas más ricas del mundo, al que llegó en el puesto 613. En ese momento la revista Dinero le dedicó una portada al magnate:

“Jaime Gilinski no registra con fuerza en el radar de las élites bogotanas. Pero el error es de ellas. Gilinski hijo es hoy el magnate más global que ha producido Colombia”, decía “es tal vez el secreto mejor guardado entre los magnates colombianos”.

El regreso a Colombia

Paradójicamente, fue la compra de la revista Semana y de sus medios, entre ellos Dinero, lo que puso su apellido en boca de muchos que no lo tenían en el radar. La transacción se dio en 2019 y fue armada por Gabriel, su segundo hijo.

No es la primera vez que Gabriel mete a la familia en un nuevo negocio. En 2015, bajo su batuta, incursionaron en los hoteles, comprando por 100 millones de dólares el Charleston y el Casa Medina en Bogotá, y el Santa Teresa en Cartagena. Los dos primeros son operados por la multinacional Four Seasons.

Con Semana, entraron al negocio de los medios de comunicación. Los Gilinski eran los únicos colombianos en la lista Forbes que no habían ingresado al negocio de los medios, y bajo la gerencia de Gabriel, Semana dio un vuelco a su línea editorial al punto que hoy es la caja de resonancia del gobierno y de la derecha

La apuesta de Gilinski hijo con Semana es demostrar que bajo su liderazgo empresarial es capaz de volver a Semana un negocio rentable a pesar de la crisis que enfrenta el sector. Es una meta que, hasta el momento y según las cifras de la Superintendencia de Sociedades, está lejos de lograr, pese a que sí ha aumentado drásticamente su tráfico.

En todo caso, Semana puede verse solo como una avanzada del fortalecimiento del grupo en Colombia, que se consolidaría de concretarse la oferta de la familia por Nutresa y por Sura.

Como dijo Jaime Gilinski en Blu Radio la oferta por Nutresa y Sura la vienen analizando desde hace dos años. La pandemia interrumpió sus planes, pero con las señales de reactivación de la economía colombiana, un dólar que llegó alcanzar los 4.000 pesos y el bajo precio al que se cotizan las acciones en la Bolsa de Valores de Colombia midieron que este era el momento de hacer sus movimientos.

Aunque en un principio anunciaron que iban solo por Nutresa, la movida de anoche dejó claro el juego: la apuesta del grupo es ir por el Grupo Empresarial Antioqueño. Si en las próximas semanas también concretan una oferta por Argos garantizarían la ruptura del Grupo Empresarial Antioqueño.

Justamente el Grupo Argos, dueño del 27,7 por ciento de las acciones por Sura, hizo un reclamo por la inestabilidad que está generando las ofertas consecutivas de los Gilinski por sus empresas. 

"Hemos radicado una comunicación ante la Superintendencia Financiera de Colombia expresando serias preocupaciones sobre la eventual aprobación de una OPA por Grupo Sura", dijo el presidente de la compañía, Jorge Mario Velásquez en un comunicado. 

Un pronunciamiento que evidencia que ya el Grupo Empresarial Antioqueño está contra las cuerdas. La semana pasada, el presidente de Sura, Gonzalo Pérez, anunció que están buscando socios estratégicos, lo que les serviría para hacer un contrapeso a la oferta de los Gilinski. 

Si los Gilinski tienen éxito, esta movida de ajedrecista meticuloso podría terminar no solo rompiendo el enroque del GEA, sino también dominando el tablero de la Bolsa de Valores de Colombia, que quedaría principalmente en manos dos familias: Los Sarmiento con el grupo Aval y sus empresas, y los Gilinski con las empresas del GEA.


*Advertencia: El Grupo Sura financia el podcast El Futuro del Futuro de La Silla Vacía y Bancolombia financia la Sala de Redacción Ciudadana, la Red Cachaca de La Silla Llena y las hackatones de La Silla Vacía.

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