Los herederos del Nuevo Liberalismo tienen visiones distintas de dónde debe jugar

Los herederos del Nuevo Liberalismo tienen visiones distintas de dónde debe jugar
GalanLara.jpg

Esta semana la Corte Constitucional tiene en su agenda el estudio de una ponencia que pide devolverle la personería jurídica al Nuevo Liberalismo, el movimiento político que lideraron Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Bonilla antes de ser asesinados durante la década de los 80. 

Lo que decida la Corte será el punto final de una pelea jurídica que arrancó en 2017 y ha pasado por otras instancias, como el Consejo Nacional Electoral y el Consejo de Estado, donde fue rechazada. Varios de los interesados son optimistas de que la Corte avalará el renacimiento, en el Siglo XXI, del movimiento de Galán.

El anuncio de que el Nuevo Liberalismo pueda regresar al ruedo político ha abierto el debate sobre quién puede liderar las banderas ideológicas del movimiento, y qué rumbo va a elegir pensando en el 2022. Y en eso van a ser claves los herederos de Galán y Lara. 

Los de Galán, en cabeza de su hijo Juan Manuel, exsenador y hoy precandidato presidencial, están en la Coalición de la Esperanza, la alianza de centro izquierda encabezada por Sergio Fajardo. Por otro lado, el heredero de Lara, su hijo Rodrigo, senador que renunció recientemente al partido Cambio Radical, pide pista para crear un bloque aparte, uno de centro liberal. 

Así que, además de una lucha jurídica aún inconclusa, el futuro político de este movimiento si renace, tampoco está resuelto. Ahora que los herederos piensan que puede estar cerca el renacimiento del partido, se abre la pregunta de quién será el dueño del aviso.  

Para dónde agarrar

Si la Corte da el aval, el Nuevo Liberalismo entrará a hacer parte de la carrera por el 2022. 

Sería el partido o movimiento número 17 del actual escenario político. Eso le daría derecho a financiación económica por parte del Estado, tener espacios en los medios de comunicación, y poder presentar candidaturas para las próximas elecciones. 

Y eso, les impone de entrada tres retos que se entrecruzan. 

El primero es quién se va a adueñar de las banderas y el manejo del partido. Los hermanos Galán han estado frente al proceso judicial y en sus campañas políticas se han presentado como la continuidad del proyecto político que arrancó su padre. Eso les ha valido cuestionamientos, como las denuncias de que la Escuela Galán, dirigida por Maruja Pachón, tía de los hermanos Galán, había sido beneficiada con contratos públicos. Al final, no se probó ninguna irregularidad.   

Por ejemplo, el senador Rodrigo Lara. En sus dos campañas recientes al Congreso por Cambio Radical, ha dicho que representa los idearios políticos y las cruzadas socialdemócratas de su padre. En ese recorrido ha ocupado cargos directivos en Cambio Radical en los que ha tenido que enfrentar polémicas como el aval a Oneida Pinto en La Guajira; o alianzas políticas como la que hizo en 2018 con Cielo González Villa en el Huila

Su postura ahora se ha centrado en consolidar un bloque socialdemócrata en el Congreso que ha cuestionado al Gobierno Duque y se ha separado de Cambio Radical. 

El problema jurídico que tiene Lara es que aunque renunció a Cambio Radical, no lo hizo a la curul en el Senado, y por eso meterse a otro partido le podría representar demandas por doble militancia en caso de que decidiera aspirar en las elecciones del 2022. 

Lara confía que el fallo de la Corte le abra el camino para dar ese salto sin que eso represente líos. “Ojalá permita que quienes no hemos renunciado a la curul podamos pasar a un partido que nos llega a la fibra y el corazón y con el que compartimos sus orígenes ideológicos”, dice Lara.  

Definir la cabeza del partido y la línea a seguir va a ser clave en los retos a corto plazo. 

Empezando por montar una lista al Senado fuerte y robusta en menos de cuatro meses, que les garantice sacar al menos el 3 por ciento de los votos totales. Ese porcentaje es el que exige la ley para que los partidos políticos puedan mantener su personería jurídica nacional. 

En las elecciones de 2018, por ejemplo, el partido Opción Ciudadana no alcanzó ese umbral y el CNE le quitó la personería jurídica. Por eso la de Lara es una propuesta arriesgada.

El senador cree que se puede lograr en “la medida en que recojan bases de ese movimientos que se dispersaron en colectividades como Cambio Radical, La U o el mismo partido Liberal”. 

Mientras que Juan Manuel Galán dice que debe haber una apertura a nuevos liderazgos. “Líderes sociales, indígenas, afros, todos deben encontrar en el Nuevo Liberalismo una plataforma de cambio”, dice Galán.

Si el Nuevo Liberalismo sigue dentro de la Coalición de la Esperanza, podría hacer parte de una lista conjunta, con otros movimientos, lo que le daría más posibilidades de llegar al umbral. 

Esa estrategia de lista conjunta fue la que aplicaron la UP, Mais y la ASI, con la Lista Decentes, apoyada por Petro, para superar el umbral en 2018. 

Por ahora ni Galán ni Lara se aventuran a dar nombres de potenciales candidatos. 

El segundo pendiente es definir cómo van a jugar en las presidenciales. 

Galán ya está montando en la Coalición de la Esperanza. El lío es que esa apuesta de centro-izquierda aún no emociona, a pesar de que ha buscado consolidarse en las regiones. Además, se ha visto afectada por las pujas internas de uno de sus primeros aliados: la Alianza Verde. 

Por su parte, Lara cree que el camino no está en esa coalición, sino en un nuevo bloque de “centro liberal”. 

“El Nuevo Liberalismo puede ser la plataforma de integración liberal, aquello que los colombianos llaman el centro, es un centro de origen liberal, no de izquierda, ni de derecha. Es un centro que hay que fortalecer con principios socialdemócratas y reformistas. Es la alternativa para fijar cambios colectivos”, dice Lara. 

Esa apuesta liberal que plantea Lara ha empezado a calar en otras facciones rojas. Esta semana, por ejemplo, el representante Alejandro Carlos Chacón, cercano al expresidente César Gaviria, propuso que el liberalismo debía hacer una consulta para la Presidencia entre Juan Manuel Galán, Rodrigo Lara y Alejandro Gaviria.  

El fin de semana se hizo un congreso nacional de juventudes liberales, que entre sus conclusiones planteó que el camino para el 2022 no estaba ni con Gustavo Petro ni con Álvaro Uribe. 

Sin embargo, no todos están en esa línea. El senador Luis Fernando Velasco lanzó ayer su precandidatura presidencial haciendo un llamado al liberalismo a estar en las coaliciones de centro-izquierda: en la de la Esperanza o la del Pacto Histórico. 

Todo esto depende de qué suceda con un pleito que lleva cuatro años andando.

Las dos batallas perdidas 

El Nuevo Liberalismo surgió a finales de la década del 70 como una propuesta divergente contra el oficialismo del Partido Liberal. Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Bonilla sentaron sus bases cuando se encontraron en el Senado. 

En 1986, ese movimiento consiguió 6 curules en el Senado y 7 en la Cámara de Representantes, con lo que obtuvo formalmente su personería jurídica. 

Legalmente el Nuevo Liberalismo dejó de existir en 1988 por una reunificación liberal. Galán solicitó la cancelación de la personería jurídica como parte de un acuerdo pensado para las elecciones de 1990. Accedió para que el liberalismo eligiera candidato único a través de una consulta popular, en la que las encuestas lo ponían ganador. 

Galán no alcanzó a ver la materialización de ese acuerdo porque fue asesinado el 18 de agosto de 1989. 

“Además de la consulta, el acuerdo implicaba sacar adelante una reforma constitucional  y  un acuerdo en la agenda legislativa. Pero todo se incumple: matan a mi papá, la reforma no se hizo y la agenda no existió. Todo fue un vil engaño a mi papá y al proyecto de Nuevo Liberalismo”, ha señalado Juan Manuel Galán. 

Esa traición, señalan los herederos de Galán, fue el punto de quiebre que no permitió que el Nuevo Liberalismo siguiera existiendo como movimiento político. Añaden que hay al menos 50 asesinatos más de dirigentes de esa colectividad que han sido documentados por la justicia. 

“El exterminio físico de muchos dirigentes hizo imposible la participación de los miembros de este partido en la contienda electoral en la época posterior al asesinato de Luis Carlos Galán”, comenta Carlos Fernando Galán. 

Denuncia que han respaldado políticos que en su momento acompañaron a Galán Sarmiento como Iván Marulanda, actual senador de la Alianza Verde; Gustavo Bolívar, senador petrista; o el exministro uribista Juan Lozano, 

La batalla por retomar las banderas del Nuevo Liberalismo arrancó en 2017 en el Consejo Nacional Electoral (CNE). Gloria Pachón de Galán, viuda de Luis Carlos Galán, y otras personas que hicieron carrera política en ese movimiento, le pidieron a esa autoridad devolverles la personería jurídica con base en dos hechos políticos recientes. 

Por un lado, que se había firmado el acuerdo de La Habana con las Farc, que tenía como “uno de sus ejes la promoción de la participación política y la apertura democrática”. Y que eso les permitió a las Farc convertirse en partido político. 

Y por el otro, que en 2013, el Consejo de Estado le devolvió la personería jurídica a la Unión Patriótica, UP, el movimiento de izquierda que sufrió un exterminio político con complicidad del Estado. 

Pero en 2019, el CNE cerró esa posibilidad. En el fallo, advirtió que fueron las mismas directivas del Nuevo Liberalismo las que pidieron la nulidad de la personería jurídica en 1988. Y que en cualquier caso, el Nuevo Liberalismo había podido seguir haciendo política por otra vía: como la presentación de grupos por firmas. 

Carlos Fernando Galán, actual concejal de Bogotá, reprochó esa decisión señalando a los magistrados del CNE de representar a jefes políticos como César Gaviria y Germán Vargas Lleras que, aunque nacieron en el Nuevo Liberalismo, se han opuesto a su resurgimiento. 

“El CNE lo integran partidos políticos, y por eso hay políticos que fungen como magistrados. Esos magistrados tienen jefes políticos como César Gaviria y Germán Vargas Lleras que les que tiran línea. Lo que es curioso es que Vargas Lleras y Gaviria se opongan al Nuevo Liberalismo, cuando en el pasado lo usufructuaban presentándose como continuadores de ese proyecto político”, dijo Galán. 

Los magistrados del CNE que tomaron esa decisión siete votos contra uno, son más políticos que expertos. Cuatro de los nueve fueron candidatos quemados al Congreso. Entre ellos están Jorge Enrique Rozo, cercano a Vargas Lleras o César Abreo, quien llegó al cargo con el apoyo del expresidente Gaviria. 

El pleito luego escaló al Consejo de Estado, donde los Galán sentían tener más garantías. 

En esa instancia, la Procuraduría General de la Nación, en manos de Fernando Carrillo (quien fue jefe de juventudes del Nuevo Liberalismo), respaldó la solicitud de resucitar al Nuevo Liberalismo.  

En mayo de 2019, la Sala Quinta del Consejo de Estado ratificó la decisión del CNE.  Sostuvo que el fin del partido fue una decisión política y no “una consecuencia trucada de la historia de la violencia del país en las últimas décadas”. 

La Corte es el último salvavidas

La Corte Constitucional seleccionó el estudio de esa tutela el 14 de febrero de 2020. Coincidió que de la sección encargada de esa revisión hacía parte el magistrado Antonio José Lizarazo, quien tiene su propia historia en el Nuevo Liberalismo.  

Lizarazo se declaró impedido porque en el año de 1988, cuando se decidió la disolución del partido, participó en la toma de dicha decisión en la condición de afiliado a esa organización.

Ante ese impedimento, la magistrada Gloria Stella Ortiz fue quien definió la escogencia de la tutela. 

Por reparto, la ponencia del caso le correspondió al magistrado Jorge Enrique Ibáñez, quien llegó a la Corte Constitucional en agosto de 2020 apoyado por los partidos de derecha (conservadores, cirstianos, uribistas y Cambio Radical).  

Tras solicitar pruebas y expedientes relacionados al caso en la Fiscalía, el Consejo Nacional Electoral, la Procuraduría, la Registraduría, el Centro Nacional de Memoria Histórica y al Partido Liberal, el magistrado Ibáñez radicó hace una semana la ponencia positiva. 

El “resuelve” de la ponencia se filtró a medios de comunicación. Lo que se conoce es que tumba las decisiones del Consejo de Estado, y le ordena al CNE devolver la personería jurídica al Nuevo Liberalismo en un plazo máximo de diez días. 

El exsenador Juan Manuel Galán cree que la ponencia valora la persecución violenta al Nuevo Liberalismo y el contexto político que antecedió el acuerdo con el que ese movimiento accedió a la cancelación de la personería jurídica en 1988. 

Otra fuente que ha estado atento al desarrollo del proceso en la Corte, y pidió no ser citada para no enredar el caso, señala que también tendrá en cuenta las garantías políticas que se abrieron con el acuerdo de La Habana. “El acuerdo de paz ya hace parte del bloque de constitucionalidad, y por eso sus lineamientos son vinculantes al caso del Nuevo Liberalismo”, dice esa fuente.

La ponencia del magistrado Ibáñez está agendada para el debate en la sesión del próximo miércoles. Ahí los demás magistrados, excepto Lizarazo, votarán para aprobarla o negarla. 

La posibilidad de revivir al Nuevo Liberalismo ha abierto un debate entre académicos y políticos. Ayer el abogado y columnista Ramiro Bejarano, director del DAS en la presidencia de Ernesto Samper, escribió en su columna de El Espectador que hay al menos tres diferencias entre lo que le pasó al Nuevo Liberalismo y la UP, como para que la Corte reviva su personería jurídica asemejando los casos.  

Hace unos días, el exvicepresidente Vargas Lleras, reprochó que Juan Manuel Galán usara las banderas del Nuevo Liberalismo para lanzar propuestas como la legalización del consumo de droga. 

“De fallar la Corte Constitucional a favor de la vigencia del partido Nuevo Liberalismo, habría que rebautizarlo como el Nuevo Nuevo Liberalismo, pues nada más lejano del pensamiento de Luis Carlos Galán que este proyecto de legalización que tensa todas las fibras no solo de nuestro pasado, sino, en especial, de nuestro futuro”, dijo Vargas en su columna en El Tiempo. 

En el resurgimiento del Nuevo Liberalismo se agitan fantasmas viejos, como la amenaza al oficialismo liberal, que en la versión de hoy sería el Liberal de Gaviria y Cambio Radical de Vargas. También trae dilemas nuevos como los de sus herederos ante el panorama del 2022. Todo esto, sin ni siquiera haber revivido como partido. 

Compartir