Los petristas, lejos de sentirse derrotados

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A pesar de las críticas del Polo después de la derrota a Petro, que han dicho incluso que el Alcalde no les puso votos, los Progresistas se defienden diciendo que Clara López ya tenía sus votos como se demostró en la primera vuelta presidencial. Foto: Pablo Orozco.

“Ahora llegan unas elecciones que van a ser una forma de medir mi gestión. El domingo se sabrá si la población quiere que continúen o no estas medidas”, dijo Gustavo Petro al diario El País de España el pasado jueves 22 de octubre. Efectivamente la medición se dio y Petro perdió.  Sin embargo, los petristas creen que la historia le dará la razón.

“Ahora llegan unas elecciones que van a ser una forma de medir mi gestión. El domingo se sabrá si la población quiere que continúen o no estas medidas”, dijo Gustavo Petro al diario El País de España el pasado jueves 22 de octubre. Efectivamente la medición se dio y Petro perdió.  Sin embargo, los petristas creen que la historia le dará la razón.

“Este es el país del sagrado corazón y la política es dinámica”, dijo una fuente cercana al Alcalde.

“Hoy es fácil decir que es un cadáver político pero en tres años pueden pasar muchas cosas. Se van a ir decantando las cosas y apareciendo las bondades”, agregó otra persona.

“La historia va a mostrar que Petro hizo muchas cosas”, aseguró una tercera fuente.

Las cifras de la derrota

 

Hace cuatro años, Gustavo Petro ganó la Alcaldía de Bogotá con el 32 por ciento de los votos, en total 723.157 sufragios. Ganó en 13 de las 20 localidades y su lista al Concejo fue la segunda más votada en Bogotá (301.447 votos), lo que le sirvió para elegir ocho concejales. Además, fue el tercer movimiento que logró poner más ediles: 25, es decir, uno de cada siete de los que hay en Bogotá.

La apuesta del petrismo era refundar el Progresismo que, por decisión del mismo Alcalde, decidió marginarse de la fusión que terminó creando la Alianza Verde. Su plan no era ganar la Alcaldía sino la Presidencia, en cabeza de Petro, en el 2018.

Para eso, lanzó a una candidata propia, María Mercedes Maldonado, con la estrategia de agrupar a sus bases que estaban dispersas en varios partidos. Pero como esto no sucedió y no logró superar el margen de error en las encuestas, Maldonado se retiró para apoyar a Clara López, del Polo, en aras de unir a la izquierda detrás de su candidatura.  La idea de los progresistas era conservar así Bogotá para abonar la candidatura presidencial de Petro en el 2018.

Este plan también falló. Clara López sacó la misma votación en la capital que logró en la primera vuelta presidencial el año pasado, casi 500 mil votos que sumaron el 18 por ciento del total de la votación en Bogotá. Es decir, 30 por ciento menos que lo que sacó Petro hace cuatro años.

A pesar de tener la maquinaria de los contratistas del Distrito y de entregar casi cuatro millones de subsidios, sólo salió elegido un concejal de la cuerda de Petro: Hollman Morris, el ex gerente de Canal Capital, que tenía en todo caso una fuerza propia por su trayectoria como periodista y por sus apariciones en el canal que manejaba.

Su lista al Concejo obtuvo 58.744 votos y  pesar de que presentaron listas a ediles en nueve localidades, no sacó ni uno.

“Antes estuvimos de buenas. Un concejal con este desorden tan berraco, rompiendo acuerdos, con una lista que se armó de la noche a la mañana, gente que no defendió el gobierno en las calles. Eso fue por carambola. Hollman (Morris) llegó por mérito propio” dice una fuente de Progresistas que prefirió guardar su nombre.

Además, los candidatos que de alguna u otra forma tuvieron que ver con su administración, como los ex progresistas que buscaban reelegirse con el verde o sus exfuncionarios que renunciaron para lanzarse, y que eran 16 (sin contar a Morris), todos se quemaron.

Y ahora, el Polo lo culpa a él de haberles dado "el abrazo del oso”.

“Las reacciones son primarias, entendibles. Buscan culpables a como dé lugar”, dice una persona de la entraña del Alcalde.

“Hubo una sanción fuerte. La campaña (de Clara López) estaba débil, sin recursos. Hubo un castigo a la gestión. Un desgaste de la izquierda”, dice otra fuente de Progresistas que jugó en estas elecciones. “Fue una debacle de la izquierda, no sólo de Petro”, agregó una tercera fuente.

¿Autocrítica?

Ayer, tras conocerse los resultados, el hijo de Gustavo Petro, Nicolás, sorprendió en twitter cuando trinó su propia explicación de lo que pasó el domingo:

“No es una crítica en contra de mi papá sino hacia personas que lo rodearon y lo aislaron de sus bases por un interés personal. No dejaron que Progresistas se convirtiera en un partido político, trataron mal a las bases, los humillaron. Critico la forma: mi papá estuvo muy encerrado. No salió a las calles”, explicó Nicolás Petro a La Silla.

Esa misma visión la tuvieron otras dos fuentes consultadas por La Silla que trabajaron cerca del proyecto de refundar Progresistas en estas elecciones y que culpan directamente a personas como Augusto Rodríguez, su mano derecha, de haber sido uno de los que ‘aisló’ al Alcalde.

“No pudimos crear un movimiento real. Nos afectó el caudillismo. No había estructura mínima ni reglas del juego y así es muy difícil. Él estaba allá (en el Palacio Liévano) y no intervino en nada”, agregó una de ellas.

Otros, creen que también pesó su estilo confrontacional. Pero que, en últimas, será el tiempo el que muestre sus logros a pesar de que ahora nadie los quiera ver.

“La gente se mamó de la confrontación. Sus logros se desdibujan cuando se mete en tantas peleas. Lo que hizo (Petro) no se ve: no hay metro, no hay POT. Las transformaciones (sociales) de la izquierda radical se verán a largo plazo. Ni siquiera los mismos beneficiarios lo ven hoy. No será fácil que a Petro en el futuro cercano le reconozcan nada y él no va a reflexionar, yo lo conozco”, agrega otra persona que lo conoce de cerca. “Por eso va a perder la posibilidad política inmediata”.

En lo que sí coinciden las seis fuentes con las que habló La Silla es que buena parte de los malos resultados de esta Administración tienen mucho que ver con factores externos que -según ellos- obstaculizaron las propuestas y programas del Alcalde Petro. Una visión muy similar a la que dio él mismo en la entrevista con El País.

Culpan, por ejemplo, a los medios de comunicación que sirvieron, según ellos, para mandar el mensaje de que la Bogotá Humana no había hecho nada. Y reforzar la percepción y no la realidad en temas como la seguridad y la movilidad que son claves para los bogotanos y “y no le dieron tregua ni un minuto”, según una de ellas.

“Los medios de comunicación adormecieron a la gente ante la expectativa del cambio”, le dijo a La Silla otra fuente del círculo cercano del Alcalde en el Palacio Liévano.

Además, “la guerra inmisericorde del Procurador para sacarlo del 2018”. Y que se evidencia en las tres investigaciones disciplinarias que tiene hoy abiertas el Alcalde por el caos de las basuras de diciembre del 2012, por el decreto del POT y por la línea 1,2,3. “Eso no lo ha vivido ningún Alcalde en Bogotá”

“De aquí al 2018 hay buen tiempo. Ya pasará esta etapa y los líderes de la izquierda van a recapacitar y evaluar en vez de buscar chivos expiatorios”, agregó.

El futuro de Petro

A pesar de que hoy todo parece estar en contra del Alcalde, la mayoría de las fuentes consultadas cree que él está lejos de estar derrotado con miras a las presidenciales del 2018. Más bien, tienen esperanza en dos cosas: la firma del proceso de paz y la transición que vivirá Bogotá al gobierno de Enrique Peñalosa.

Para ellos, es innegable que Petro tuvo buenos resultados en reducir la pobreza para 500 mil personas y la desigualdad con programas como el mínimo vital, los subsidios para los más pobres, la jornada 40 por 40 o programas como territorios saludables que llevó médicos a los barrios o ‘ámbito familiar’ para tener en jardines y con comida caliente a los niños más pobres.

“En Bogotá la gente cambió la comida por el relleno fluído”, le dijo a La Silla una de las fuentes, pero, agrega, son problemas que todavía persiste y más grave en el resto del país.

“A nivel nacional, Petro es visto como una promesa política en un país que va hacia la paz”, le dijo a La Silla una persona que lo conoce de cerca.

Esperan que su pasado, haber sido militante de la guerrilla del M-19 y después haber ingresado a la política, sumado a su experiencia en Bogotá en reducir las desigualdades sociales le sirva para llegar al poder en el futuro.

Para algunos, tendrá que esperar al 2022. Otros creen que esos resultados serán visibles incluso en dos años y medio. Pero en todo caso, le servirán para volverse un candidato de izquierda viable, cuando se acabe “la excusa de que la izquierda es la guerrilla”.

Sobre todo, porque Petro se enfrentará al vicepresidente Germán Vargas Lleras que hasta ahora ha construido un fortín electoral a nivel nacional para armar su candidatura presidencial pero no se ha pronunciado frente a la paz.

“La firma del proceso de paz en marzo le va a dar un vuelco al país. Se van a ver las necesidades sociales que tiene la gente, en salud, en educación, en las que Gustavo Petro tiene propuestas y demostró que se puede. Vargas Lleras es un experto en construcción pero no en el tema social”, agregó una de las fuentes.

Además, creen que durante los próximos cuatro años el modelo de Peñalosa se pondrá a prueba y al final, los bogotanos deberán comparar quién lo hizo mejor.

Tocará ver ahora si la lectura que los petristas tienen de lo que pasó termina siendo compartida por suficiente gente para que Gustavo Petro tenga vida política cuando deje el Palacio Liévano en dos meses.

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