Los retos de hacer negocios en Venezuela

Los retos de hacer negocios en Venezuela
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En su discurso durante la inauguración de la reapertura de la frontera con Venezuela, el presidente Petro afirmó que las ventas en el vecino país le permitirán a Colombia industrializarse para satisfacer la nueva demanda. Y es que el Ministerio de Comercio calcula que Colombia podría cerrar el año con mil millones de dólares en ventas a Venezuela.

Sin embargo, el que quiera entrar a hacer negocios a Venezuela tiene que superar varias barreras. La Silla habló con cuatro empresarios fronterizos, tres expertos económicos venezolanos y tres políticos que conocen el mercado de ese país que identificaron estos cuatro desafíos:

1. Se enfrentan a una economía en reanimación, pero no recuperada

La economía venezolana ha comenzado a crecer pero está lejos de recuperarse. La inflación pasó de casi 700% en 2021 a un pronóstico de 150% para 2022. Es una mejora considerable pero sigue siendo muy alta.

“Si estás creciendo al ritmo de 7, 8 por ciento, necesitas crecer durante 20 años para volver a donde estabas”, dice Luis Vicente León, presidente de la investigadora de mercados Datanálisis.

Y aún la capacidad de consumo de la mayoría de la población (unos 15 millones de personas) está limitada a bienes y servicios de primera necesidad.

Así que para pequeños y medianos empresarios que no estén en sectores como alimentos o artículos de aseo y que carezcan de un músculo financiero grande para no arriesgar todo su capital en entrar al mercado, puede ser difícil aventurarse al mercado venezolano.

“Los que están contentos son los grandes importadores. El que vende y cobra y se da él mismo los vueltos. Claro que hay varias empresas colombianas que tienen la capacidad de llegar y poner una vitrina de ropa hecha en Colombia, pero no es la mayoría“, le dijo a La Silla Jorge Rozo, expresidente de Confecámaras en el Estado de Táchira, haciendo alusión a los empresarios que tienen la capacidad de manejar toda la cadena de su negocio, desde la producción hasta la comercialización.

2. Llegan a un mercado que está atendido por empresas de otros países o colombianas que no se fueron

La reapertura comercial se da en un momento en que Venezuela ya no sufre de desabastecimiento como hace unos años; tanto porque existen altos niveles de contrabando como por el hecho de que la frontera terrestre de la Guajira y las fronteras marítimas nunca cerraron lo que permitió que una parte del comercio entre Colombia y Venezuela siguiera vivo.

Legalmente, en 2021 Colombia exportó 187 mil dólares en mercancía a Venezuela y 222 mil dólares a corte de agosto de este año vía marítima y por la frontera de la Guajira. Por las trochas, el ministro Germán Umaña calculó que pasan 400 millones de dólares en ventas ilegales.

“Todos estos años, si tenías con qué pagar a quienes controlan el mercado negro en la frontera, pasabas un elefante si te daba la gana”, dice Luis Vicente León.

Así que la reapertura de la frontera por Cúcuta incentiva el comercio legal por los menores costos en flete, pero los empresarios no llegarán a un mercado desatendido.

Por ejemplo, el empresario del calzado Mario Hernández lleva 25 años comercializando sus zapatos en Venezuela, incluso en medio de la crisis, y hace poco publicó una foto en Twitter de una nueva bodega que abrió allá.

“Todo intercambio es positivo. Vamos a ver qué tanta demanda tienen los productos”, le dijo Hernández a La Silla.

Además, el régimen de Maduro aprovechó el cierre de la frontera con Colombia para estimular las importaciones desde otros países como China, Brasil, Panamá y el mismo Estados Unidos, por lo que, con todo y las ventajas de la cercanía geográfica, los empresarios que decidan entrar a Venezuela enfrentarán competencia.

“El gobierno venezolano tiene propensión a facilitar importaciones no solo porque hay grupos allegados beneficiándose de esa actividad, sino porque tiene el incentivo de que estas importaciones son instrumento complementario de la lucha inflacionaria porque importas a menores costos para el consumidor”, le dijo a La Silla Tamara Herrera, directora de la consultora Síntesis Financiera.

3. Enfrentarán las coimas al transporte de carga y pasajeros

El gran beneficio para los empresarios colombianos con la reapertura es la facilidad del comercio vía terrestre. Pero aún tendrán que enfrentar los múltiples sobornos de las autoridades venezolanas corruptas al transporte de carga y pasajeros por las carreteras.

El famoso “matraqueo” o extorsiones en lo que en Venezuela se conocen como “las alcabalas”, que son el equivalente a los retenes militares o policiales en Colombia.

Oficialmente son conocidos como “puntos de atención ciudadana” o puntos de control. Los más antiguos cuentan con una infraestructura sencilla como casetas viejas a borde de carreteras, en salidas de pasos fronterizos, aeropuertos o estaciones de servicio. Pero los que pululan son temporales y constan de cuatro oficiales con dos conos que paran el tráfico. Son de la Guardia Bolivariana, también de la Policía Nacional, del Seniat (autoridad aduanera) y hasta la Policía Científica que hacen requisas o control de documentos.

La Ong Transparencia Venezuela identificó más de 322 alcabalas en troncales de Venezuela en su último informe

Un comerciante de Norte de Santander nos dijo que entre San Antonio (el municipio frontera con Cúcuta en Táchira), hasta Caracas, podía haber hasta 100 alcabalas. Algunas veces, las autoridades corruptas cobran en cada una 10 dólares. Otras, se organizan entre ellos para cobrar en un solo retén 80 dólares inventando cualquier argumento para no dejar pasar la carga.

“Una gandola (tractomula) llega a una alcabala y le dicen ‘hay que descargarla para revisarla’. El conductor de una vez se tensiona porque es mucho tiempo y llama al dueño y también se preocupa porque se puede dañar en el cargue y descargue. Entonces usted paga de una vez y listo”, le dijo a La Silla otro empresario.

Según cinco de las fuentes consultadas, el gran problema de las alcabalas es que parecieran fuera del control del régimen de Nicolás Maduro. Incluso aunque él mismo ha hecho llamados públicos a retirarlas, siguen activas.

Actualmente, el paso de contrabando está regulado por un permiso especial que termina legalizando el paso de mercancía ilegal pero no los hace exentos de las alcabalas. Así que la mayoría de comerciantes colombianos que siguen activos, cargan y descargan la mercancía en zona de frontera y se desentienden de lo engorroso y estresante de las alcabalas.

Son tan parte del sistema de corrupción que impera en Venezuela, que los empresarios ya presupuestan esos cobros en su costo de ventas.

“El que está acostumbrado a recorrer la vía cada semana ya tiene más o menos una estimación de lo que necesita. Ya sabe donde lo van a parar, donde no. Si de aquí a tal punto me encuentro 7 alcabalas pero solo me cobran en 3, presupuesto 3”, le dijo a La Silla otro empresario.

Y aunque en las alcabalas paran a todo mundo y no distinguen de dónde venga la mercancía, la desventaja para los empresarios colombianos es que la salida hacia Colombia es la más transitada (desde el fenómeno de migración) y por lo tanto la más atractiva para poner puestos de control y en comparación a los puertos, hay más kilómetros hasta Caracas.

4. Toda la actividad económica depende del arbitrio del régimen

El régimen de Maduro controla desde lo más sencillo, como el acceso a la información de indicadores económicos, hasta la disponibilidad de dólares.

Por ejemplo, este año se supo que en el primer trimestre la economía venezolana creció 17 por ciento pero no se pudo hacer seguimiento durante el resto del año porque el régimen no dio más reportes.

En palabras de Tamara Herrera “las estimaciones que hacemos pasan por la recolección de información anecdótica con el sector privado. Y lo que encontramos es que hay una gran desigualdad. Fluctuación entre los mismos sectores, por ejemplo”, dijo.

La misma reapertura de la frontera fue ejemplo del control arbitrario de la dictadura. Faltando dos semanas para que Wingo empezara a operar el vuelo Bogotá-Caracas, el régimen le suspendió el permiso de vuelos comerciales, argumentando que necesitaba ajustar detalles con el Gobierno colombiano.

Por otro lado, la mercancía que entró a Venezuela en tractomulas el día de la reapertura estuvo varada varios días en la frontera. “Las gandolas pasaron casi una semana en el Seniat (la aduana), porque supuestamente no habían adecuados sus sistemas informáticos y no tenían validados sus certificados de origen…trabas burocráticas”, le dijo a La Silla el periodista fronterizo Gustavo Azócar.

Y aunque la dolarización en Venezuela es buena noticia para los importadores colombianos porque les permite tener ingresos en dólares cuando el peso se está devaluando, también tienen que enfrentar las afectaciones que tenga el dólar oficial por las medidas del régimen.

Por ejemplo, en agosto Maduro le dio una bonificación a los empleados del sector educativo que generó un aumento de la demanda del dólar en el país. A tal punto que los bancos se quedaron sin dólares qué vender y solo quedó circulando el dolar negro que es más caro.

Ante situaciones como esa, los comerciantes también están sujetos a asumir costos por intermediación. Es común que en Venezuela haya casas de cambio o personas con dólares propios, que se ofrecen a vender dólares y tramitar los pagos a importadores a cambio de cobrar esa intermediación.

Con eso, también se asume el riesgo de entrar en círculos de lavado de dinero. “Aquí hay mucha gente que tiene dólares que solo puede gastar aquí porque su capital es de dudosa procedencia. Eso, para cualquier empresario, no solo colombiano, hay que verlo con pinzas”, dijo Jorge Rozo.

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