Los verdes se suben a la Ola, pero de la Unidad Nacional

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Hoy se reunió la bancada del Partido Verde con Juan Manuel Santos para oficializar su entrada a la coalición oficial

Fotos: Presidencia de la República

 


La decisión del Partido Verde de entrar a la Unidad Nacional tiene pocas implicaciones prácticas. Pero simbólicamente significa el fin del Partido Verde como opción política alternativa.

Juan Manuel Santos anunció ayer en la instalación del Congreso la llegada de este partido a la coalición de gobierno, con lo cual el Presidente cuenta ahora con el respaldo de 80 senadores más nueve del PIN (que votan de facto con el gobierno) de un total de 103.

En términos concretos, la entrada de la bancada verde no cambia significativamente la dinámica de la coalición oficial, dado que Santos cuenta ya con una holgada mayoría que no lo hace rehén de ninguno de los cuatro partidos que ya estaban en la Unidad Nacional. Y dado el tamaño de la nueva bancada –constituída por cinco senadores y tres representantes a la Cámara– no alterará fundamentalmente ninguno de los equilibrios internos de la coalición.

Con su entrada a la Unidad Nacional, el Partido Verde podría desuribizar la campaña de Enrique Peñalosa por la Alcaldía de Bogotá.
Esta decisión de entrar a la Unidad Nacional confirma una vez más que Mockus no cabía en lo que se ha transformado el partido.
Sergio Fajardo no fue consultado de la decisión de entrar a la Unidad Nacional a pesar de ser el candidato del partido con mayores opciones de ganar.

Además, el Partido Verde venía votando de manera consistente con el Gobierno la mayoría de los proyectos de Unidad Nacional. Y la Mesa de Unidad Nacional, donde se llega a un consenso sobre los proyectos de la coalición, estudió proyectos de los Verdes como el del referendo contra violadores de Gilma Jiménez. O incorporó propuestas como la de Ángela María Robledo que trabajó todo el capítulo sobre atención psicosocial y perspectiva de género en la Ley de Víctimas.

O sea que, aunque el Partido Verde se comprometió con una independencia deliberativa en la que buscaría hacerle una oposición constructiva al Gobierno, en la práctica se alineó con Santos más incluso que su propio partido, el de la U, o que los Conservadores que plantearon reservas frente a varias iniciativas.

Con excepción de un debate muy importante que planteó el Partido Verde sobre la reforma a la educación superior, no hizo ningún otro control político de importancia. Y durante el año que lleva de gobierno, el Partido Verde como tal no planteó ninguna objeción o idea verdaderamente alternativa a las que propuso Santos, salvo las iniciativas de populismo jurídico de Gilma Jiménez.

El Partido dice que no tenía a qué oponerse, pues Santos había retomado sus banderas principales. Así se lo dijo Lucho Garzón, el director del Partido, hoy al Presidente en la reunión que tuvieron los de la bancada verde como nuevos miembros de la coalición oficial en Casa de Nariño. “Me preparé para darle palo con toda y me quedé con las ganas”, fue lo que le dijo hoy Lucho Garzón a Santos, aunque no exactamente con esas palabras. Garzón ha dicho desde hace meses que Santos se eligió con la agenda de Uribe y ha gobernado con la de los Verdes.

Esa situación de no poder hacer oposición porque están de acuerdo con las políticas de Santos, pero tampoco formar parte del gobierno por no ser parte de la Unidad Nacional, comenzó a preocupar a varios miembros de la Dirección Nacional del Partido Verde. Sobre todo a los que venían de Opción Centro, que desde hace unos meses plantearon su interés en que el partido considerara entrar a la coalición de gobierno.

 

La decisión no consensuada

El 21 de junio pasado, se discutió en la Dirección Nacional una carta que enviaron a Santos y a los medios en la que elogiaban que el Presidente hubiera condenado ambas manos negras y aplaudían la aprobación de la Ley de Víctimas. Era una carta elogiosa y que no parecía tener un propósito explícito, aunque en retrospectiva parece haber tenido un mensaje entre líneas

Después de recibirla, Juan Manuel Santos invitó a Lucho Garzón a una reunión el 11 de julio en Palacio. Lucho le planteó ese mismo día a la Dirección Nacional si debería ir o no y según cuenta Daniel García, Secretario del Partido Verde, todos los miembros de la Dirección Nacional le dieron carta blanca.

García dice que no se planteó de manera explícita la posibilidad de entrar a la Unidad Nacional, sino más bien la de formar parte de unas mesas temáticas con el gobierno para discutir proyectos de importancia para los verdes. Pero que cuando volvió Lucho con la idea de la Unidad Nacional, la discutió con el congresista Alfonso Prada y con los codirectores Jorge Londoño, Carlos Ramón González y Enrique Peñalosa y tomaron la decisión de entrar a la coalición oficial. Hoy por hoy el poder del partido está en manos de los de Opción Centro y los peñalosistas.

Aunque García dice que él escuchó cuando Lucho Garzón llamó a la representante Ángela María Robledo y le contó que iban a ser parte de la Unidad Nacional, Robledo ratificó hoy que ella no sabía sobre esa decisión y que se enteró por el discurso de Santos. Lo que Lucho Garzón le dijo es que había discutido con Santos la participación del Partido en algunas mesas programáticas, algo que no es lo mismo que pertenecer a la coalición oficial de gobierno. Tampoco fueron consultados el representante Carlos Andrés Amaya, el senador John Sudarsky, Catalina Ortiz, miembro de la Dirección Nacional, ni Sergio Fajardo.

Aunque Fajardo ya había renunciado para ese momento a la Dirección Nacional y por lo tanto formalmente no tenía que ser consultado, es el candidato Verde con mayor posibilidad de ganar un cargo de importancia representando a ese partido, por lo cual podría haber sido informado, aunque fuera por mera cortesía.

El Partido Verde tampoco le informó a sus militantes y tampoco al país, lo que ha generado una cascada de rumores sobre qué se negoció tras bambalinas. García explicó que lo que habían acordado es que anunciarían la noticia hoy después de discutir la propuesta con Santos pero que el Presidente se adelantó y le dio la noticia al país.

¿A cambio de qué?

Todos los directores del Partido Verde negaron hoy que hubieran entrado a la coalición oficial a cambio de algo. Y también lo negó Santos. “Celebro como presidente y colombiano esa decisión del Partido Verde, no tenía por qué hacer esto, decidieron tomar la decisión para contribuir a la discusión de políticas. Es una demostración de inmensa responsabilidad ¿a cambio de qué? A cambio de nada”, manifestó el presidente.

El Secretario del Partido confirmó que no había habido transacciones burocráticas y tampoco acuerdos programáticos salvo apoyar la discusión de las iniciativas del gobierno como la reforma de las CAR, el Código Minero, y darle prioridad al tema de la niñez, un punto en que las posiciones al interior de la bancada verde son diametralmente opuestas.

En conclusión, a diferencia del Partido Liberal, por ejemplo, que acordó con Santos que impulsaría la Ley de Víctimas, la de Primer Empleo y una agenda para superar la desigualdad a cambio de su entrada a la Unidad Nacional, los Verdes no trataron de incidir en la agenda de la Unidad Nacional como requisito para su entrada.

Según explicó hoy Peñalosa, el objetivo es tener más influencia en el gobierno para poder sacar adelante los proyectos de ley del Partido. Esto si es posible que lo logren, pues al participar en la Mesa de Unidad Nacional tendrán más capacidad de interlocución con el gobierno.

En términos simbólicos

Puede ser que los efectos prácticos de su decisión sean pequeños, pero los simbólicos son gigantescos.

Como lo dijimos en el anterior artículo, para Santos es una victoria simbólica significativa porque se sacude de una vez por todas de la sombra moral que significó la campaña de Antanas Mockus y la Ola Verde hace un año.

Con la admisión de los Verdes en su coalición –a cambio de nada–, Santos termina de borrar en el imaginario colectivo la percepción de que su campaña usó el todo vale para llevarlo a la Presidencia: desde impostar la voz de Uribe, hasta llevar buses de beneficiarios de Familias en Acción a sus manifestaciones y manipular sus miedos hasta emplear usuarios fantasmas en las redes.

Y se reduce aún más el peso de la escasa oposición que tiene el actual gobierno. Sobre todo porque si los Verdes hubieran cumplido su promesa y hubieran por lo menos intentado hacer una oposición constructiva, habrían podido mostrar los lunares que este gobierno ha tenido: desde su incapacidad para sacar lecciones ambientales de la ola invernal, hasta comenzar a ejecutar una verdadera agenda social que vaya más allá de los discursos.

Porque si bien Santos anunció ayer como logro que se unificaría el POS contributivo y el subsidiado a partir del 2014 con la reforma de la salud aprobada, lo cierto es que la Corte había ordenado hacerlo a partir del 2012. Y Colombia sigue teniendo la cifra más alta de desempleo de América Latina y la reforma a la educación no cuenta con un solo rector de universidad que la respalde. En fin, no es que no haya qué criticar, o qué proponer hacer mejor.

Por el lado de los Verdes, el impacto simbólico de esta decisión es aún mayor. En términos puramente electorales, le podría servir a Enrique Peñalosa para ‘desuribizar’ su campaña, una consideración que seguramente fue la que más motivó su decisión de entrar a la Unidad Nacional.

Las encuestas revelan que, por lo menos hasta ahora, la alianza con Álvaro Uribe le ha transferido más sus odios que sus votos y por eso, cada vez más, Lucho Garzón ha tratado infructuosamente de convencer a la gente que su alianza con la U más que ser una alianza con el ex presidente Uribe, lo es con el “Partido del Presidente”.

Entrando a la Unidad Nacional esto se hace más cierto. Pero en la práctica puede ser más lo que resta que lo que pone. Difícilmente Peñalosa se puede convertir en el candidato de “la unidad distrital” puesto que tanto el Partido Liberal como Cambio Radical tienen sus propios candidatos y si se le unen lo harían por consideraciones diferentes a la Unidad Nacional.

Pero podría perder a los más uribistas que apoyarían a Peñalosa por ser aliado de Uribe, pero que dado que rechazan visceralmente a Santos podrían ahora pensarlo dos veces. Y podría perder definitivamente a los Verdes que todavía tenían la ilusión de que su partido se constituyera en una verdadera opción alternativa de poder.

En otras regiones, las dinámicas de poder dependen de variables muy locales y, si Santos cumple su promesa de mantenerse neutral en estas elecciones, a la larga no traerá réditos electorales. Y si puede ahuyentar a la base verde militante que, inspirada en Mockus, no se caracteriza por un pragmatismo, sino que se ha movido por la convicción de que realmente pueden ser una fuerza política alternativa. Por ejemplo, Jorge Melguizo, quien se había postulado como precandidato para la Alcaldía de Medellín por los Verdes, ya dijo hoy que renunciaba al partido.

Y es que es en este punto donde el Partido Verde más arriesga con su entrada a la Unidad Nacional. Así como aliarse con Uribe golpeó el mito fundacional con el que nació este movimiento, su entrada al establecimiento político tradicional lo termina de enterrar.

“Le quita esa fortaleza de ser una opción diferente y lo convierte en una fuerza política igual a cualquiera”, dijo a La Silla Vacía Mary Hengy Torres, líder del Movimiento Ciudadano Verde y una de las personas que más se movió el año pasado en las redes sociales a favor de Mockus.

Peñalosa, Mockus, Lucho y Fajardo prometieron cuando crearon el Partido Verde que su verdadero interés no era tener un puesto, sino crear una colectividad que representara una forma totalmente diferente de hacer política, que no fuera transaccional y que estuviera anclada sobre unos principios no negociables.

La gente que se ilusionó con ellos y que creyó que dadas sus trayectorias podrían cumplir su palabra ha tenido desilusión tras desilusión. Primero con la falta de preparación de Mockus en la recta final de la campaña; luego con su silencio después de haber dicho el último día que "ahora venía todo"; después con la alianza de Peñalosa con Uribe; el retiro de Mockus; y ahora esto, con lo cual quienes soñaron con una alternativa política diferente ahora comprueban que el Partido Verde no será esencialmente una alternativa política diferente a la del establecimiento que siempre ha gobernado a Colombia.

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