Maria Paula Correa, la imprescindible de Presidencia

Maria Paula Correa, la imprescindible de Presidencia
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María Paula Correa conversa con el presidente Duque minutos antes del programa Prevención y Acción. La rodean otros integrantes del estrecho círculo de Duque en 2021: Los asesores de comunicaciones y discursos Hassan Nassar, Alejandro Salas y Carlos Cortés. De esos, solo Nassar y Correa siguen en el equipo. Foto: Presidencia.

Cuando apenas se conocía el alcance de la contratación estatal de la pareja conformada por Karen Váquiro y su esposo, el hoy exasesor presidencial Andrés Mayorquín, varios senadores de la coalición de gobierno llamaron a la jefe de gabinete y jefa directa del funcionario, María Paula Correa.

"Estaba golpeada", nos resumió uno de ellos, con entrada a Palacio y que suele comunicarse con Correa. Era la primera polémica pública con posibles consecuencias fiscales y penales que tocaba a la puerta de su despacho. "Pero enseguida me dijo que desde noviembre había una investigación interna y que ella desconocía lo que él (Mayorquín) hizo y claro que le creí".

Horas después, el miércoles, Correa dio su primera rueda de prensa al frente de la entrada de la Casa de Nariño. Luego de tres años y medio junto al presidente Ivan Duque, primero como secretaria privada, Correa nunca había enfrentado así un escándalo mediático. Al lado estaba Víctor Muñoz, el director administrativo de Palacio y su amigo desde el colegio.

Ambos confirmaron la investigación interna, que Mayorquín fue despedido de su cargo y que Correa no sabía de ese negocio ni cómo Váquiro había podido tener 24 contratos estatales en un año. Además, que asistirían a los controles políticos de Congreso y que no dejarían sus cargos.

"Seré jefe de gabinete hasta que el presidente lo diga", dijo la funcionaria. Y según constató La Silla con tres fuentes conocedoras para actualizar este perfil, la posibilidad de dejar de ser la mano derecha del presidente Iván Duque, nunca estuvo sobre la mesa.

Con 39 años, la abogada con dos maestrías María Paula Correa es referenciada por políticos, mandatarios locales, funcionarios de Palacio y ministros como la mujer más poderosa del Gobierno.

Su despacho queda a cuatro metros de la oficina presidencial. Es la que decide quién ve al presidente, qué llamadas recibe, cuál es su agenda diaria —nacional e internacional—. Su oficina hace seguimiento a los trámites de leyes que le interesan a Duque, supervisa la estrategia de comunicación, tramita lo que pidan los congresistas y la política migratoria. Además de otra veintena de funciones.

Un poder que deviene, por un lado, de dos reestructuraciones internas hechas a su medida —en 2019 y 2021— para manejar temas neurálgicos del Estado y de su jefe, el presidente Duque, principalmente en política y diplomacia. Por encima o en paralelo (según el caso) de los ministros de esas carteras: Daniel Palacios (amigo de Correa) y la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, con quien Correa ha tenido probados roces internos por ese rol.

Y, por el otro, por su estrecha cercanía con Duque. Sus mamás son amigas desde hace años y ambos tienen la misma extracción social y política: bogotanos de colegios de clase alta y de universidades privadas, con poca experiencia en lo público antes del actual mandato, vivieron largos años en Estados Unidos, priorizan los asuntos internacionales, tienen poco roce con movimientos sociales y sus carreras políticas arrancaron con Álvaro Uribe, quien los presentó.

El rol de Correa es comparado con el trabajo de Germán Montoya, quien hace 35 años fue la mano derecha del entonces presidente Virgilio Barco y un superpoderoso de ese gobierno.

Con Muñoz, Correa conforma un cerrado círculo que le habla al mandatario, imposibilitando una voz discordante. Han sido criticados, durante los últimos dos años —cuando ambos ganaron poder en Palacio— de la desconexión del mandatario y de no decirle que No.

"Soy la que hace que lo que el presidente pide se haga", le dijo a El Tiempo en agosto, en una de sus pocas entrevistas. No le gustan los focos de los medios.

Por todas estas razones es que, a pesar de la magnitud del caso que mostró una debilidad en los procesos internos de la Casa de Nariño (que hoy comenzó a ser subsanado con una directiva interna para evitar posibles nuevos casos), nadie cree que Correa deje el cargo.

Eso, a pesar de que bajo sus narices su asesor legislativo principal maniobró para conseguirle más de mil millones de pesos en contratos a su esposa, una economista que pasó de un cargo medio en un banco, a cobrar decenas de millones a entidades del estado por una asesoría. En el medio, estudió, tuvo un hijo y la mujer que le habla a Duque al oído y mueve los hilos de la Presidencia nunca se enteró.

El poder de Correa solo ha aumentado

La idea de una jefatura de gabinete fue del mismo Duque antes de cumplir su primer año en la Presidencia. Como recordó un exfuncionario presidencial, la idea era replicar el modelo del "chief of staff" que funciona en la Casa Blanca.

Eso significa que Correa aprieta a los ministros, evita que los chicharrones diarios suban hasta el presidente y que "no se mueva nada" en la Casa de Nariño en los temas que maneja sin su consentimiento. Duerme de cuatro a cinco horas diarias y funcionarios que trabajan con ella dicen que la pueden encontrar disponible en el chat desde las 4AM. Sus amigas reconocen que es una adicta al trabajo.

Correa dice, de todos modos, que no es poder lo que detenta. "No es un tema de poder, sino de hacer bien la tarea", le dijo a La Silla para un primer perfil como secretaria privada.

En detalles de gran envergadura comenzó a evidenciarse su manejo interno.

Correa comenzó a dirigir subconsejos de ministros durante los primeros meses de la emergencia para revisar el avance de la reactivación económica. Allá le rendían cuentas, semanalmente, ministros sectoriales y un delegado del minSalud para tomar decisiones sobre los sectores que seguirán en la reapertura, que al final verificaba Duque.

En los consejos de ministros o reuniones del presidente no habla mucho, ni opina en la discusión de las políticas públicas; pero está ahí para escuchar, reflexionar y, luego, para presionar pidiendo resultados.

Cuando le toca regañar, lo hace. Lleva el registro de tareas pendientes por hacer por cada ministro. "Es la que pone orden, nos llama y hace todos los seguimientos", nos dijo un Ministro que habla a diario con la funcionaria.

Eso también se ve en los temas políticos.

Una revisión al registro de entradas a la Casa de Nariño, de personas que decían que iban a la oficina de Correa —al que La Silla tuvo acceso por un derecho de petición— muestran que la funcionaria recibió durante 2021 a una treintena de políticos y congresistas de todas las corrientes. En 2020 la cifra superó las cincuenta visitas.

En la lista están desde el senador del Pacto Histórico, Armando Benedetti, hasta aliados de Duque como los uribistas Ruby Chagui y David Barguil, además de los secretarios de Senado, Gregorio Eljach y Saul Cruz. También pasaron congresistas liberales, como Mauricio Gómez Amín y Laura Fortich; y de Cambio Radical, como Antonio Zabaraín y José Amar.  

Eso porque además de los enlaces que tiene Correa desde Palacio en el Congreso, su mano derecha en esos temas es el ministro de la política, Daniel Palacios.

Siendo viceministro del Interior, Palacios ya venía fungiendo como ministro en el trámite de la política menuda. Y como contamos en este perfil al funcionario, tener a Correa de amiga —se conocieron en Estados Unidos— era una carta clave para que Duque lo nombrara como el llamado a suceder a Alicia Arango en el cargo a inicios de 2021.

Arango fue la primera jefe de Correa en la secretaría privada de Uribe. Correa dice que para ella es como "una mamá". La exministra fue una de las pocas funcionarias de trayectoria que le hablaba duro a Duque hasta que volvió a Suiza para ser embajadora a finales de 2020.

El poder político de Correa también fue evidente en la filigrana diaria de Palacio. Las funciones de la consejería política, que en principio tuvo el exsenador y hoy embajador Jaime Amín, las terminó absorbiendo el despacho de Correa.

Un segundo consejero, el exembajador Federico Hoyos, duró menos de un año en el cargo. Una fuente de Palacio señaló en su momento a La Silla que Hoyos renunció en 2020, en parte porque muchas de las funciones las ejercía la jefe de gabinete. Esa consejería está acéfala desde entonces.

La crecida en lo político venía de la mano con lo diplomático.

Son varias las voces dentro del círculo diplomático y político con acceso a Palacio —que recogimos en notas como ésta— que indican que el cargo soñado de Correa es el de Canciller. La jefe de gabinete negó a La Silla esa intención.

La Casa de Nariño, a través de Correa, ha mantenido lazos directos con la Cancillería. En primera instancia con la exvicecanciller Adriana Mejía, quien tras la reestructuración del ministerio en pleno paro de 2021, ahora es embajadora ante la Ocde en Francia.

La canciller Claudia Blum renunció porque Mejía estaba actuando sin su autorización en temas públicos y delicados desde hace tiempo, con la mirada pasiva de la presidencia Duque y el apoyo de la jefe de gabinete.

De acuerdo a lo que supo La Silla por seis fuentes —un diplomático que para ese momento trabajaba con Duque, un exministro que se mueve en círculos diplomáticos, dos fuentes dentro de la vicepresidencia y dos personas que dicen saberlo de primera mano—, el nombramiento de Ramírez en la Cancillería como reemplazo de Blum ocasionó una fuerte reacción de Correa.

Duque de todos modos hizo evidentes las labores diplomáticas de Correa en octubre de 2021 con un nuevo decreto de reestructuración de Palacio en el que reconfirmaba la injerencia de la jefe de gabinete en asuntos diplomáticos.

Es la encargada de adelantar gestiones para obtener recursos de cooperación internacional (con la Agencia de Cooperación de Presidencia, a la que llegó Viviana Manrique, exviceministra de Justicia, en reemplazo de Angela Ospina, aliada de años de la vicepresidenta Ramírez, fue nombrada embajadora en México) hasta "representar al Gobierno en foros, audiencias y demás escenarios en el ámbito internacional", si Duque así lo considera, según dice el decreto.

Correa también asesora al presidente, con la Cancillería, temas de relaciones internacionales y hace seguimiento a las agendas bilaterales y multilaterales del despacho.

Tareas que se unen a las que ya tenía desde 2019 para manejar la gerencia de frontera (ahora oficina de atención al migrante) y la agenda de diplomacia ambiental de la Cop26 con el minAmbiente, Carlos Correa.

Ambos —no están emparentados— construyeron una estrecha amistad desde que el hoy ministro fue uno de los asesores de Duque en la antigua Gerencia Presidencial del Covid.

Además, Correa fue la que lideró el lobby en Washington para que Sergio Díazgranados fuera nombrado jefe de la CAF. Y tiene reuniones de alto nivel con el gobierno norteamericano, como la llamada en febrero con Jake Sullivan, asesor de defensa y seguridad de Biden y el minDefensa Diego Molano.

Todo eso levantó ampollas en la Cancillería y la Vicepresidencia por una posible pisada de mangueras de las funciones entre Ramírez y Correa. Incluso, el expresidente Andrés Pastrana, aliado de la Vice, dijo públicamente que fueron Correa y Muñoz los que impulsaron el decreto que impide que Duque y Ramírez estén en el mismo recinto y viajen al mismo destino internacional, aduciendo temas de seguridad.

Del corazón uribista a la jefe del llavero de Duque

A Correa le gusta la política desde muy joven. Y durante ese acercamiento a la política comenzó a conocer aliados y amigos que hoy hacen parte de los aliados de Duque.

Cuando estaba en octavo en el colegio Los Nogales, con 16 años, se unió a las Juventudes con Andrés, el movimiento juvenil que apoyaba la elección de Andrés Pastrana para las elecciones de 1998. Allá conoció a Víctor Muñoz, la otra mano derecha de Duque.

En la universidad de los Andes se unió al movimiento que apoyaba la primera elección de Uribe: JuventUribe y se volvió la mano derecha del director del movimiento, Nicolás Uribe, hoy presidente de la Cámara de Comercio de Bogotá y un asiduo visitante a Palacio.

Correa comenzó repartiendo volantes y terminó coordinando todo el movimiento. En esa correría conoció a Carlos Felipe Córdoba, hoy Contralor General, y en ese momento coordinador nacional de universidades de JuventUribe.

En su entrada al mundo político conoció y se hizo muy amiga de Bibiana Taboada, hoy codirectora del Banco de la República e hija de Alicia Arango. Fue la hoy embajadora en Suiza la que le dio el primer trabajo a Correa como su asesora en la Secretaría Privada del segundo gobierno de Álvaro Uribe entre 2005 y 2009.

En junio de 2009 Uribe la envió como cónsul a Nueva York, donde estuvo hasta agosto de 2013. Sobre 2011, Uribe le presentó a Iván Duque. En ese entonces, el joven abogado era el asesor del expresidente en el panel que creó la ONU para investigar el ataque de Israel a unos barcos cargados con ayuda humanitaria para la franja de Gaza.

Desde ese momento, cuenta Correa, el hoy mandatario le contaba sus dudas. Y fue ella una de las que le dijo a Duque que volviera a Colombia para hacer parte de la lista cerrada del Centro Democrático en 2014, que conformó Uribe y le aseguraba un puesto en el Senado.

Mientras Duque arrancaba como Senador, Correa salió del consulado y se convirtió en la directora senior de estrategia de Concordia, una organización internacional dedicada a crear vínculos entre el sector público y el privado, con tendencia hacia posiciones de derecha y que ha ido ganando influencia en varios países, incluido Colombia. Llegó a ser la consejera principal de la organización.

En 2017, cuando Duque ganó la nominación uribista para la Presidencia, llamó a Correa para que lo acompañara en la campaña. El resto es la actual historia política de la Casa de Nariño.

"Acá no ha cambiado nada, es como siempre: María Paula, Víctor y el presidente deciden los temas", dijo un alto consejero a La Silla para esta nota al explicar la triada de poder interna de Palacio luego del escándalo de Mayorquín.

Hoy Correa anunció en redes sociales una directiva presidencial que endurece los filtros para las contrataciones de prestación de servicios. La "directiva Mayorquín" obliga a las entidades públicas a indagar los nexos familiares de los aspirantes para evitar conflictos de interés y revisar si tienen el tiempo y capacidades para obtener varios contratos al tiempo.

La idea es actuar frente a lo que ocurrió con el escándalo que tocó a la puerta de la mujer más poderosa de Palacio. Y de lo que queda en casi 200 días de mandato de Duque.

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