“Me verán durmiendo en los campamentos donde duermen los soldados”: Petro

“Me verán durmiendo en los campamentos donde duermen los soldados”: Petro
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Foto: José Fernando Villota

“Pues hasta ahora tranquilo, de pronto cansado físicamente”, dice Gustavo Petro sobre cómo se siente a cinco días de las elecciones. El candidato presidencial del Pacto Histórico es cauto y no se declara ganador, en una carrera apretada con Rodolfo Hernández. Pero en esta entrevista con La Silla Vacía habla con amplitud de sus planes si logra llegar a la presidencia y, en cambio, tiene pocas palabras sobre qué haría si es derrotado.

En este tramo hacia la segunda vuelta Petro no ha tenido ningún evento de plaza pública pero se ha movido por todo el país creando postales cuidadosamente calculadas: un pescador en el río magdalena, una familia negra en Quibdó, vaquianos en el Casanare, campesinos en Santander, etc.

Esta entrevista la recibió en Bogotá, donde habló de cómo ve a su rival, de cómo gobernaría en los primeros días si es elegido presidente, de cómo sería su relación con los militares y de las filtraciones de videos de su campaña.  

es la Silla Vacía. 

es Gustavo Petro. 

Rodolfo y usted derrotaron a parte del establecimiento político en primera vuelta. Él, más allá de toda la gente que le ha llegado ahora, parece tener un vínculo genuino con una parte del pueblo colombiano que quiere cambio. ¿Cuál es ese pueblo colombiano que se expresó por Rodolfo?

La base que votó por Rodolfo es la base del uribismo.

¿Y qué valores los mueven?

Los valores del uribismo, que pues no estoy muy de acuerdo con ellos, pero existen. Son parte de la realidad de la sociedad colombiana. El hombre autoritario, el hombre machista, el hombre que cree en la parte violenta. La idea de que “le pego su tiro”. Son millones de personas que votan, que son libres, que votan por un sentido.

En algún momento después de la primera vuelta usted le propuso un acuerdo a Rodolfo ¿Cómo se lo imagina?

Se trata de reconducir al país a métodos que no tengan que ver con el sectarismo y el odio. Y comienza con que podamos hablar.

Esas fuerzas de la sociedad, que se han dispersado, y antes han dado soluciones autoritarias y por continuar la violencia, son las que deben definir sus voceros, cualesquiera que sean: si es Rodolfo, si es Uribe, si es Federico. 

Ha dicho que desconfía de la Registraduría y que su equipo definirá si hay algo fraudulento en los resultados electorales si ustedes pierden. Si es así ¿a qué mecanismos acudirían para oponerse?

A los que establece la Ley. El código electoral establece una serie de mecanismos en caso de que se verifique un fraude.

Ahora, nos preocupa la alteración del software. En la primera vuelta electoral descubrimos alteración del software de manera marginal. El Registrador se comprometió a que podíamos hacer una auditoría técnica del software, que es mirar 20 millones de líneas de algoritmos y verificar si no hay algoritmos maliciosos que cambien los resultados. Después, hablamos con el registrador y la respuesta fue que eso no se podía hacer porque el software era privado. O sea que estamos ante una total ausencia de garantía frente al software.

¿Si Rodolfo gana el Pacto Histórico le haría oposición? ¿Volverá al Senado?

Mi actitud personal, mi vida personal, la voy a pensar cuando pase el domingo. De eso depende todo.

“Me verán durmiendo en los campamentos donde duermen los soldados”: Petro
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Foto: José Fernando Villota.

Usted propone una agenda profunda de reformas en varias áreas, salud, pensiones, transición energética, agro, educación. ¿Cómo la priorizaría? 

Se divide por el instrumento jurídico. Unas son inmediatas, decretos del resorte del Gobierno. Otras son leyes que tienen un proceso más dispendioso, algunas son constitucionales que son todavía más complejas.

Los primeros días hay que hacer un plan inmediato que depende mucho del empalme y de las circunstancias concretas de cada institución. Depende también de las necesidades inmediatas de la sociedad. Como el hambre, porque no da espera y tiene consecuencias irreversibles, sobre todo en la primera infancia.

En ese contexto mencionó la emergencia económica. ¿Declararía una para combatir el hambre?

No necesariamente emergencia. Se pueden hacer convenios entre el Gobierno nacional y las instituciones públicas departamentales. Podrían darnos el aparato para resolver problemas de compra y venta de cosechas y entrega a sectores populares.

¿Qué otras acciones inmediatas ha pensado?

Desde el punto de vista de estos instrumentos jurídicos, usted puede iniciar acciones dentro de Ecopetrol para solucionar el problema del raponazo que hizo el uribismo tratando de prolongar la junta directiva. Después, la política nueva de Ecopetrol debe darnos ya los trazos hacia la transición energética. Y no necesita sino decisiones internas de la empresa, ni siquiera son decretos ministros. Tal como las que tomamos en las empresas que iniciamos en el Distrito en Bogotá.

Cuando hablamos de una reforma agraria, por ejemplo, hay dos campos diferentes. Lo que la actual legislación en relación al campo colombiano permite y que está siendo entorpecida por los intereses de tipo burocrático o político dentro de las instituciones gubernamentales. Vamos a poner un tema concreto: las víctimas y la restitución de tierras.

El porcentaje es mínimo porque no hubo voluntad política de reparación integral. Aquí con voluntad política se puede adelantar el tema. La sustitución de cultivos de hoja de coca, es otro ejemplo. Hay una serie de temas que no necesitan una nueva ley, porque la ley ya existe.

Otro ejemplo, el transporte. Entonces hay Confis y unos Conpes, que no son de ley, son del resorte gubernamental, que ha tenido una política hasta ahora, que es incentivar la construcción de troncales de buses, que hoy debe ser cambiada por una electrificación del transporte y otras soluciones tecnológicas férreas. Eso no necesita de leyes.

Pasando a los instrumentos jurídicos ya más complicados, como por ejemplo, las reformas constitucionales. ¿Por cuál empezaría?

Trasladar la Procuraduría al Poder Judicial, para convertirlo en la fiscalía anticorrupción.

Pero, ¿sería de investigación disciplinaria?

De investigación penal. Por eso la Procuraduría falla hoy. Se mueve dentro de los parámetros de una investigación disciplinaria. La corrupción no es una irregularidad, es un delito. Hay que construir la Fiscalía Anticorrupción y se adecúa la institucionalidad colombiana a lo que dijo la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 

En este tramo final de la campaña usted ha enviado el mensaje de que si gana buscará consenso para implementar sus reformas. Lo dijo ante empresarios en el foro anual de la Andi, por ejemplo. ¿Cómo construirá esos consensos?

Es lo que yo llamo el Gran Acuerdo Nacional. Debe contar con unos gestos, primero, invitar a la oposición a dialogar con uno, no hacer lo que ha sucedido durante todo este siglo.

¿A quién ve como la cara de su oposición?

Eso es un tema que la oposición debe definir, no es un asunto que el gobierno debe imponer. Entonces, habrá unos partidos que se definen como oposición y de ahí se establece un diálogo para cambiar el tono político.

En segundo lugar, el diálogo regional, y esto también tiene que ver con la paz. La violencia tiene características muy regionales. Una especificidad regional que no se puede suspender a partir de visiones nacionales. El diálogo regional debe ser vinculante, es decir, tener efecto sobre las normas, las leyes. Se trata de poner a la sociedad, realmente, a actuar en función de acuerdos, independientemente de por quien haya votado. Y esos acuerdos pueden volverse concretos en el marco regional.

Y ese diálogo ¿tiene que ver con incluir esas voces que antes estaban en la ilegalidad, como los parapolíticos, y los que siguen en armas, como la guerrilla?

Eso hay que diferenciarlo. No es con ellos, es con la sociedad de la región. Ellos deben supeditarse a las decisiones de la sociedad, eso es darle el poder de la ciudadanía, no a los grupos en armas.

Estos diálogos regionales recuerdan su propuesta, del año 2018, de hacer una constituyente territorializada. Ahora ha abandonado la idea de una constituyente. ¿Qué cambió?

Los problemas que en aquel entonces adujimos, como la reforma a la justicia y a política, que no hacía el Congreso, hoy están en otras condiciones. Las fuerzas progresistas tienen una relación de fuerzas mucho más importante en el Congreso electo actual, y pueden generar reformas que antes los Congresos eran incapaces de hacer.

Pero usted va a llegar con un margen de gobernabilidad reducido en el Congreso. Todo apunta a que la elección tan reñida tampoco le va a dar un mandato tan fuerte, si es que gana en la segunda vuelta. ¿Cómo va a impulsar ese consenso, sin esas mayorías y sin ese mandato ciudadano? ¿Cuáles van a ser sus herramientas de negociación?

En el Congreso, por primera vez desde hace mucho tiempo, la correlación de fuerzas puede ser favorable.

¿Pero no le alcanza para tener mayorías en el Congreso? ¿Cómo hace usted las cuentas?

Hoy las mayorías parlamentarias tienen casi una realidad automática. Las dos bancadas alternativas, que son la Coalición de la Esperanza y el Pacto Histórico, son de lejos mayoría relativa. En la Cámara se junta la banca de la paz. Con esas sumas, solo se necesita otra agrupación importante que sea capaz de construir transformaciones sociales.

Como el Partido Liberal.

Eso depende de ellos. El Partido Liberal ha tenido una conducción errática hasta el momento. De "Fico" pasó a Rodolfo. Hoy el liberalismo inició una Convención Nacional de liberalismo progresista. Tienen casi una mayoría en la banca de Cámara. No es mayoritario en la banca del Senado, pero la conducción errática ha puesto al Partido Liberal a definirse y hay que dejar que se definan. Ojalá a favor de las transformaciones sociales.

El Pacto Histórico que ganó en primera vuelta es una coalición amplia de fuerzas de izquierda, algunos sectores del Partido Liberal, de la U. Ahorita en segunda vuelta llegaron otros sectores de centro. ¿Si gana usted piensa unir a estos sectores en su Gobierno?

Del Pacto Histórico tenemos que pasar a un Frente Amplio, que tiene que asumir, manteniendo la diversidad en todas las agrupaciones, coordinar acciones comunes, una de las cuales es ser mayoría parlamentaria en un Congreso.

¿Piensa armar un sistema de gobernabilidad, como en el pasado, en el que otros partidos que no lo acompañaron ganan representación en su gobierno?

En el pasado no se ha hecho eso. En el pasado se han comprado a los congresistas que es diferente. Eso no se ve encima de la mesa, eso lo hacen clandestino. Lo que sí no se ha hecho es precisamente plantear de frente cogobiernos, por unidades programáticas. Entonces yo sería más partidario de lo segundo que de lo primero.

Lo primero no tiene nada que ver con nuestro movimiento político: No vamos a comprar congresistas y no estoy repitiendo las palabras de Duque, que ya las había dicho. Sino que es que mi lucha política en el Congreso se ha construido a partir de eso. 

¿Su gabinete sería el resultado de un acuerdo político de gobernabilidad en el Congreso?

El gabinete tiene que ser el resultado de las luchas sociales de Colombia. Entre ellas la de equidad de género, la de la necesidad de articular la política con la ciencia y no con el crimen, la defensa de los derechos humanos, el equilibrio con la naturaleza. 

El grueso de su agenda de cambio apunta a un cambio económico. ¿Cómo piensa lograr consensos cuando impliquen que algunos poderosos pierdan parte de su riqueza?

Yo pienso que los más poderosos del país no pierden plata con precios más justos socialmente. Si usted ve a los Estados Unidos o a la Unión Europea, donde se han construido durante décadas fuertes procesos de justicia social, los empresarios son más ricos. En una sociedad más rica, los empresarios son más ricos.

Pero en su agenda viene un impuesto al patrimonio, impuesto a las personas más ricas.

Sucede en los países con mayor justicia social en el mundo. 

Los miedos frente a su propuesta aterrizan en que si usted gana y no puede llevar a cabo su agenda de cambio, va a utilizar la protesta social como un mecanismo de presión. Y usted al respecto ha dicho que es legítimo en algunas ocasiones llamar al pueblo a protestar. ¿En qué ocasiones sería?

Yo pienso que la sociedad no se llama protestar, la sociedad protesta incluso pueden ser contra mí, pues es lo que hemos visto. Es un derecho fundamental y hace parte de las democracias del mundo.

Ante un “no” del Congreso o de la Corte Constitucional ante una de sus reformas, ¿sería legítimo llamar a la calle?

Yo pienso que la justicia se debe respetar.

Frente a como gerenció la Alcaldía, ¿cambiaría algo?

Habrá mayores procesos de concertación, al interior de mi equipo y con la ciudadanía.

El tema de los militares. Usted ha hablado de una selección cuidadosa de la nueva cúpula. ¿Cuáles serían esos criterios?

Lo primero es garantizar mayor bienestar del soldado y de la policía. Eso implica el respeto a sus asignaciones de retiro, eso implica políticas públicas de construcción de vivienda, de salud. Debe haber una protección social al soldado, al agente de policía y a su familia.

Lo segundo que he propuesto es la profesionalización, no sólo en el sentido de que se puede hacer una carrera militar o policial, sino en el sentido que el Estado le otorga al soldado y a la gente policía la educación superior.

En tercer lugar, he propuesto que no exista el muro entre suboficiales y oficiales, que impide que uno no puede ingresar al otro, sino que puedan ascender por méritos. En cuarto lugar, los méritos se vuelven el criterio fundamental del ascenso.

Entonces su cúpula sería una cúpula de oficiales que estén de acuerdo con esos planteamientos.

Sí.

Si usted llega, ¿tiene confianza en que será obedecido como comandante en jefe?

Obvio. Cuando fui jefe de la Policía en Bogotá no se produjeron 13 muertos en Bogotá porque la gente protestó. 

¿Y con el Ejército?, que es un cuerpo muy distinto.

Obvio, el liderazgo es fuerte en mi caso. Igual que me ve durmiendo en la casa de los campesinos, me verá durmiendo en los campamentos donde duermen los soldados. 

Sobre las filtraciones de los videos de su campaña usted ha dicho que no hay conductas que puedan ser delitos. Sin embargo, el senador Roy Barreas habla de una contribución de una empresa que se llama Supergiros, y eso podría ser un delito. ¿Qué sabe usted?

Digamos, mucha gente puede decir se puede decir: "Se me acercó tal empresario que quiere aportar".

El senador Barreras dice en el video que ya aportaron.

Entonces hay que preguntárselo al gerente de la campaña, si eso se verificó o no se verificó.

Usted ha dicho que las filtraciones hacen parte de una campaña sucia, porque no se filtran cosas que denuncian.

Eso no es culpa de la prensa, eso es culpa de quien hizo las grabaciones. A nosotros nos grabaron durante siete meses, interfiriendo las reuniones internas privadas de miles de militantes del Pacto Histórico. Las grabaciones que se muestran empiezan en octubre. Estamos frente a un crimen. Un crimen que tiene que ver con una violación del derecho fundamental de la reunión política, incluso a la intimidad. Porque los militantes expresaron libremente sus opiniones, que si supieran que alguien las iba a grabar y poner al público, pues les altera su seguridad.

Sebastián Guanumen hoy está, con su familia, amenazado de muerte. Está por descubrirse que nadie dentro de Colombia Humana autorizó grabar esas reuniones. Nos grabaron desde afuera.

Vinicio Alvarado, ex ministro ecuatoriano de Rafael Correa que fue condenado por corrupción, aparece asesorando su campaña en los videos ¿sigue en la campaña?

Nunca ha sido miembro de la campaña. El director de la campaña desde el punto de vista comunicacional se llama Antoni Gutiérrez-Rubi. Vinicio ni siquiera está en Colombia, por eso lo graban, porque yo de vez en cuando lo llamo para tener su asesoría, que no es paga, es personal, porque él me ayudó en segunda vuelta del 2018. 

¿Usted cree que él es inocente?

Pues yo sé que en Ecuador ocurrió una enorme persecución judicial contra miembros del progresismo, pero no puedo comentar sobre su situación particular. Pero ahí hubo una represión total del enemigo público, contra quienes tenían posiciones progresistas, igual que ocurrió con nosotros. 

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