Mientras se dispara el cuarto pico, la idea de convivir con el covid se afianza

Mientras se dispara el cuarto pico, la idea de convivir con el covid se afianza
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Desde el 27 de diciembre, cada día que pasa trae un nuevo récord de casos de covid a nivel mundial. Sin embargo, desde octubre de 2020 no se contaban tan pocas muertes en el mundo.

Esta disociación entre contagios y muertes ha caracterizado el cuarto pico de la pandemia que se vive actualmente por la variante Ómicron, y nos proporciona un primer vistazo al que sería el escenario ideal de la pospandemia. Incluso en Colombia.

Mientras en diferentes países afectados por la variante —como el Reino Unido, Estados Unidos, Argentina y Francia— los casos aumentan a una velocidad nunca antes vista, en una línea casi vertical, y superando con creces los picos anteriores, las muertes se mantienen por debajo de las cifras registradas en olas previas. Los reportes de enfermedad grave y requerimiento de UCI se comportan de manera muy similar. 

Colombia, aunque inició el pico más recientemente, no ha mostrado ser una excepción a esta regla. 

Los pros y los contras de Ómicron

Hay dos razones principales que explican este comportamiento, tan diferente al de las variantes que causaron los picos anteriores.

Por un lado, hay una proporción cada vez mayor de la población que tiene inmunidad, ya sea por infección previa, por vacunación o por ambas. En Colombia, según el Instituto Nacional de Salud, cerca del 90 por ciento de la población ya se contagió; adicionalmente, el 76 por ciento cuenta con al menos una dosis de la vacuna, y el 57 por ciento con el esquema completo.

Aunque se ha evidenciado que frente a Ómicron las vacunas y la infección previa pierden efectividad a la hora de prevenir contagio y enfermedad leve, sí sirven para evitar que las personas contagiadas se mueran o terminen en una UCI.

De hecho, un estudio publicado a finales de diciembre encontró que las células T —células del sistema inmune que no previenen infección pero sí enfermedad grave— conservan entre 70 y 80 por ciento de su capacidad de respuesta frente al virus cuando se trata de Ómicron.

Por otra parte, diferentes estudios han observado que Ómicron produce una enfermedad más leve, en el sentido de que el riesgo de enfermarse gravemente o morir es menor si una persona contrae esta variante que si contrae otras como Delta o Alfa. Por ejemplo, un estudio de Estados Unidos que incluyó más de 500 mil adultos y niños encontró que el riesgo de requerir UCI es 67 por ciento menor con Ómicron que con Delta.

Otros estudios (acá y acá) han visto que Ómicron afecta menos los pulmones y se concentra más en la nariz y la garganta.

“Todavía es temprano, pero lo que sugiere la evidencia hasta el momento es que la condición biológica del virus está más relacionada con otros virus respiratorios que no producen enfermedad respiratoria severa, sino más hacia la gripe”, explica Lyda Osorio, epidemióloga de enfermedades infecciosas y profesora de la Universidad del Valle.

Y ese es precisamente el escenario ideal del fin de la pandemia, un momento que técnicamente se define como “endemia”, en el que el virus continúa circulando de manera constante con picos o brotes ocasionales, usualmente asociados a una época del año. En el escenario optimista que entrevemos con Ómicron, el virus endémico se comportaría como una gripa, con picos estacionales y una baja frecuencia de enfermedad grave.

“Ya venían circulando 4 tipos de coronavirus que se vigilaban entre los virus respiratorios. Ahora el covid también se va a incorporar ahí”, opina Luis Jorge Hernández, doctor en salud pública y profesor de la Universidad de los Andes.

Para Hernández, Ómicron puede ser una variante de “cierre de pandemia”, variantes que se caracterizan por una alta transmisibilidad y una adaptación para continuar circulando entre la población.

Esto no quiere decir que ya estemos en ese punto, o siquiera cerca. El fin de la pandemia nos eludirá otro rato.

Aunque Ómicron es una fuente de optimismo cauteloso, como indicio de la dirección que podría tomar el covid para convertirse en una mera “gripa”, también presenta aspectos preocupantes que nos pasarán factura antes de que este cuarto pico termine.

“La paradoja es que, como su capacidad de contagio es mucho más alta, y es capaz de infectar a personas con inmunidad, aunque no desarrolle cuadros graves tan a menudo en términos agregados sí puede suponer reto bastante importante para el sistema de salud”, explica Jorge Galindo, analista de datos para El País de España.

Y aunque la presión sobre las UCI y los requerimientos de ventilación mecánica sean menores, la cantidad de pacientes con síntomas más leves pondrá una presión importante en niveles más primarios de atención médica, como los servicios de urgencias.

Tampoco hay una certeza de que la endemia se vea similar a Ómicron. Para Osorio, ese es el escenario optimista. Y aunque ciertamente parece probable, el futuro de la pandemia va a depender de varios factores que siguen siendo incógnitas: cuánto va a durar la inmunidad de las vacunas e infecciones previas, qué tanto seguirá mutando el virus, y cómo nos seguiremos desempeñando nosotros en las medidas para contrarrestarlo, según explica Galindo.

Aún así, las características de este pico de Ómicron han impulsado un cambio de paradigma en el manejo de la pandemia y en nuestra relación con el covid. La idea de convivir con el virus cala cada vez más.

El cambio de paradigma

Ómicron, con su combinación de alta transmisibilidad y baja mortalidad comparativa, nos ha obligado a lidiar con el virus de una forma más pragmática.

Con un número de contagios tan alto, no es sostenible que todos los infectados se aíslen por 14 días. Aún menos que cada vez que alguien tenga una sospecha de covid por un contacto estrecho se aísle también. Ni siquiera hay suficiente capacidad para que todos los que tienen síntomas o estuvieron expuestos se hagan pruebas, ni para hacer rastreo de contactos a todos los casos reportados.

Esto ha derivado en nuevas directrices de MinSalud que disminuyen el tiempo de aislamiento, eliminan el aislamiento para asintomáticos que ya estén vacunados y eliminan la necesidad de hacerse una prueba diagnóstica. Y en una estrategia de manejo que se aleja de la que fue la estrategia bandera de mitigación durante los dos años de pandemia: el Prass.

“Se está pensando en manejarlo más como una gripa, donde no se hace rastreo de contactos sino se vigilan más las medidas generales, como el lavado de manos y el tapabocas”, explica la epidemióloga Osorio. Y, por supuesto, la vacunación.

Tampoco hay asomo de retomar las restricciones con las que se intentaron controlar los tres primeros picos de la pandemia en Colombia.

Así, mientras el país entra en un pico de contagios sin precedentes a una velocidad vertiginosa, la disrupción de la vida de las personas, los espacios de socialización, la educación y la fuerza laboral podría ser mínima. Y el concepto de convivir con el virus se afianza durante su momento de mayor circulación. 

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