“Muy pronto seremos demócratas contra petristas”: Miguel Uribe

“Muy pronto seremos demócratas contra petristas”: Miguel Uribe
281022_MiguelUribeEntrevista.png

A sus 36 años, Miguel Uribe llegó al Congreso como el cabeza de lista del Centro Democrático, el único partido en el Capitolio que le hace oposición declarada al Gobierno de Gustavo Petro.

Uribe recibió a la Silla en el Capitolio, al frente de la estatua recién instalada de su abuelo el expresidente Turbay, para hablar sobre la “oposición constructiva” a la que está llamado su partido, la reforma tributaria de Petro y las elecciones locales en Bogotá del próximo año.

El expresidente Álvaro Uribe ha dicho que el Centro Democrático hará una “oposición constructiva” ¿usted cómo la entiende?

No implica renunciar a los mensajes contundentes, no implica renunciar a nuestras convicciones. Implica, primero, hacerlo dentro de la legalidad, no acudir a vías de hecho, a trampas, a la violencia.

También implica ser propositivos. Nosotros en todas estas reformas que están pasando por el Congreso podríamos haber hecho lo mismo que hizo la oposición en el periodo anterior, en vez de estar en los debatiendo, estaban en las calles, incendiando el país, protestando.

Los colombianos necesitan la tranquilidad y la certeza de que hay una oposición. El mayor riesgo que tiene hoy Colombia es que Petro viole por completo la institucionalidad, la democracia. El Centro Democrático tiene que funcionar como un corral para evitar que Petro se salga de la democracia. 

Por qué ruptura institucional, si incluso le ha extendido la mano a la oposición para entablar un diálogo. 

La oposición sí se reunió varias veces con el Gobierno anterior, hubo varios espacios al principio.

Nuestra reunión con el Gobierno de Petro surge como una propuesta para llevar una serie de preocupaciones al presidente, que representan en buena parte los 10 millones de colombianos que no votamos por él. Como se centró en la reforma tributaria, el expresidente Uribe consideró oportuno que los dos ponentes de la reforma fuéramos con él.

Que el presidente se reúna con el expresidente Uribe no implica que esté tendiéndole las manos a la oposición. Este Gobierno ha buscado aparentar ser conciliador, pero es intransigente, dialoga pero no acuerda, no llega a consensos, no cede, ni concede.

Usted ya había sido opositor de Petro en la Alcaldía, cuando era un concejal ¿cómo fue encontrarlo como presidente?

Fue una reunión incómoda porque no era una reunión entre amigos. Yo fui a cumplir un propósito, le dejamos claro cuáles son esas preocupaciones frente a la reforma tributaria que hoy, desafortunadamente va a aumentar la pobreza, el desempleo y la inflación.

Siento que nuestra responsabilidad es ser ese muro de contención para seguir defendiendo el país y particularmente promoviendo los cambios que se necesitan sin destruir lo que sí funciona. Incluso eso se lo dije al presidente: “primero, recuerde que usted ganó con una mayoría muy frágil, así que usted debe atender a la inmensa mayoría o a la población que no votó por usted. Y lo segundo, le dije que el cambio no signifique destruir lo que sí sirve”. 

¿Y él qué le dijo?

Asentía. Él es una persona que habla poco y no es un interlocutor fácil. Pero yo creo que genuinamente estaba enfocado en la reunión. Primero, no estaba chateando. Segundo, puso atención y contestó a la inmensa mayoría de comentarios. 

¿Por qué dice que fue incómodo el diálogo?

En la Alcaldía yo no fui cercano a él, evidentemente no soy cercano. Pero también entiendo este momento histórico, estas oportunidades de liderazgo ameritan momentos complejos para sentarme con un contradictor y dejar de lado una serie de sentimientos personales.

La oposición que Gustavo Petro hizo en su momento le sirvió para llegar a la presidencia, pero no le sirvió al país. En el camino hubo destrucción, violencia, resentimiento y odio. Nosotros queremos ofrecerle a los colombianos algo completamente diferente y es una oposición que, sin renunciar a los principios y responsabilidades, podamos mantener un diálogo.

Cuando Uribe salió de la reunión dijo que no le dijeran comunista a Petro, ¿no era un llamado a frenar una oposición demasiado virulenta?

Decirle comunista a una persona no es ni virulento ni grosero, es decir, es calificar una forma de gobierno. Ahora lo que el presidente Uribe quiso plantear es salgamos de los estereotipos. Pero eso no quiere decir que uno no puede calificar. Este Gobierno, desde el punto de vista económico tiene muchos vicios socialistas, algunos decir comunistas. 

Más que en la política, la oposición se ha visto en las calles, en manifestaciones ¿ustedes han estado involucrados?

Son marchas que se han venido gestando por ciudadanos, organizaciones civiles que ven un Gobierno que cree que ganó con el 80 o 90 por ciento y se siente legitimado para impulsar reformas pasándole por encima a todo el mundo. De una manera completamente ciudadana, despojado de mi calidad de senador, salí a marchar. No quiere decir que yo la esté liderando.

La sensación de estas marchas es reclamar que en el Congreso somos pocos voceros frente al Gobierno. Porque finalmente en el Congreso la única oposición somos nosotros. 

Hubo algunas muestras de radicalismo racista, específicamente de una señora contra Francia Márquez ¿qué siente usted acerca de esa gente que tal vez se podría identificar con el Centro Democrático?

Todo aquel que no esté con Petro, se podría sentir cercano al Centro Democrático, porque somos los únicos que los estamos representando. Yo no sé si ella es cercana al Centro Democrático, pero en todos estos espacios no deberíamos acudir a descalificativos personales.

Habiendo dicho que no estoy de acuerdo y rechazo el racismo, cuando Petro era alcalde, hacía manifestaciones enormes y no bajaban a todo el mundo de corrupto, asesinos, todo tipo de descalificativos. Y yo nunca vi que ni los medio ni los opinadores le pusieran atención a ese lenguaje. 

Esa soledad del Centro Democrático en el Congreso ¿es positiva o negativa? 

Es una oportunidad, pero también es una gran responsabilidad. Hemos apostado a hacer una oposición de diálogo para ser efectivos. Hemos tenido éxitos: la ley de la Paz Total, logramos limitar las facultades que pretendía el presidente para indultar a los terroristas de la Primera Línea, logramos evitar que se debilitara a la Fuerza Pública, eliminando en ese proyecto el servicio militar obligatorio.

Evidentemente somos la minoría porque Petro sí construyó una aplanadora. Pero hay congresistas de partidos cercanos al Gobierno que también tienen reparos y en cada votación las fichas se reorganizan de maneras diferentes.

Hoy somos minoría en el Congreso, pero hacemos un trabajo muy juicioso representando a la inmensa mayoría de los colombianos. Es evidente que pronto seremos mayoría en el Congreso. Van a llegar otros partidos, porque este Gobierno pronto se va a radicalizar. En muy poco tiempo le ha hecho mucho daño al país.

El espíritu de la tributaria, según el Gobierno, es la progresividad y dice, los ricos tienen que pagar más impuestos que los pobres. ¿Ese es un postulado, en principio, con el que ustedes están en desacuerdo?

Por supuesto que no, yo creo profundamente en la progresividad tributaria. El problema de esta reforma es que no está buscando ese propósito ni lo consigue. La manera en la que fundamentaron esta reforma es en falacias, mentiras, engaños o en datos imprecisos.

Nos dijeron que se necesita una tributaria porque la olla está raspada, eso es completamente falso. El mismo Gobierno adicionó el presupuesto en 15 billones por mayor recaudo. Tienen plata de sobra, en el presupuesto que aquí pupitrearon, Hacienda quedó con 40 billones, de los cuales más o menos 25 están en una bolsa libre para que hagan lo que quieran. Ahí está la reforma tributaria.

Dos, dicen que van a atender compromisos fiscales porque nos dejaron el país endeudado. Claro, sí, pero fue después de la peor pandemia y gracias a esa deuda, hubo Ingreso Solidario, etc. Pero, esto es lo importante, gracias al crecimiento económico en 2022 y al mayor recaudo, hubo una recuperación fiscal por medio del recaudo, que va a hacer que se cierre el año cierre con un déficit que iba a ser de 7 por ciento y queda en 5.6, y una deuda que iba a ser de 67 por ciento y queda en 57. Sigue siendo muy alto, pero hay que decirle a los colombianos que la tendencia de esos indicadores es positiva.

Hoy el sistema tributario es progresivo, hoy en Colombia hay progresividad, ahora qué debate sí se puede abrir, si los ricos pueden pagar más, pero progresivo es.  

Pero en las comparaciones que hace la Ocde acerca de si después de impuestos la desigualdad en Colombia sube o baja, realmente queda igual.    

Es una falacia pensar que la desigualdad, que el índice Gini, se corrige con una reforma tributaria. El dinero se corrige generando riqueza y focalizando gasto. Aquí hay un problema enorme en el país y la desigualdad en Colombia no es resultado de que los ricos no paguen.

El Gobierno dice que está comprobado que las personas de más altos ingresos pagan menos impuestos…

Según Fedesarrollo, entre el 2003 y 2017, la superación de la pobreza que tuvimos, que fue enorme, se explica en un 73% por el crecimiento económico. Es ahí donde tenemos que focalizarnos, pensando que la reforma tributaria, según todos los expertos, va a golpear el crecimiento económico.

El Gobierno dice que los súper ricos o los más ricos no pagan, es decir, pagan menos como proporción de su ingreso que las personas de menos ingresos. Juan Pablo Córdoba, presidente del Consejo Autónomo de la Regla Fiscal, hizo una corrección metodológica a esa gráfica, porque hace esa proyección solo con ingresos brutos, no con ingresos netos.

Los ingresos brutos, es decir, el total de ingresos sin hacer las deducciones que debe hacer. Después de esas deducciones, las personas ultra ricas, en general, reciben su plata de dos fuentes: ganancia ocasional o de renta no laborales, honorarios. Y esas dos tienen deducciones, porque cuando usted invierte para tener una ganancia ocasional, hace un gasto para mejorar un bien o un inmueble. Lo mismo pasa en honorarios. Si usted hace la corrección por ingreso neto, dice Córdoba, el impuesto es absolutamente progresivo. 

Además, la Andi plantea que hay que tener en cuenta que esas personas ultra ricas pagan impuestos también por las grandes empresas. Si usted suma lo que pagan esas personas por su empresa y como personas naturales, sigue siendo progresivo.

Entonces el debate no es si es progresivo o no el sistema hoy, el debate debería ser si queremos que esos ricos paguen más impuestos.

Pero el debate sobre la progresividad de la reforma es importante, porque definitivamente hay un desacuerdo fundamental.

En Colombia se ha hecho un esfuerzo grande para ir generando esa progresividad, todos los impuestos que se hagan de cualquier manera deben ser progresivos. Pero lo que es evidente es que quieren cobrar más a los ricos.

Todos los expertos tributarios han dejado claro que esta reforma tributaria va a golpear más duro a clase media y media-alta. Son personas de ingresos medios, las que van a estar más afectadas que las personas que ganan mil, dos mil, tres mil millones al mes. Eso es regresivo.

La mejor reforma tributaria es estimular el crecimiento económico para generar mayor recaudo. Y dos, es completamente incoherente que ya todo el mundo pronostica que el próximo año va a haber crisis económica y le vamos a poner una reforma tributaria que golpea la inversión.  

¿Usted ve la aplanadora del Gobierno igual de efectiva en el segundo debate?

El tiempo es nuestro mayor aliado. Entre más tiempo pasa, Petro hace más daño y hay más incertidumbre. Los mismos partidos que hoy están con él también empiezan a hablar de sus preocupaciones. 

La Ley de Orden Público y el planteamiento de la Paz Total ha servido para cubrir todo lo que quiere proponer el Gobierno Petro.  

La Paz Total se ha convertido en una retórica de este gobierno para justificar cualquier tipo de actividad, iniciativa o proyecto. Pero además, la Paz Total es más una política de sometimiento del Estado ante los criminales.

Como contrapropuesta he propuesto la “paz real”, donde el fin no justifica los medios, las segundas oportunidades sean para las víctimas y no los victimarios, haya sometimiento colectivo y haya beneficios judiciales, pero no donde se tuerza la ley para darle beneficios a todo tipo de criminales.  

Eso suena como la Paz con Legalidad que tuvimos por cuatro años con pocos resultados. ¿No cree que vale la pena intentar un cambio? 

No estoy diciendo que volvamos al enfoque anterior. La Paz Total es una propuesta de impunidad, a cualquier criminal se le ofrece impunidad. Es evidente que en los procesos de sometimiento puede haber una impunidad relativa, pero lo que se está proponiendo para la Paz Total es una impunidad absoluta.

Es un error y es completamente absurdo desde cualquier punto de vista. Una cosa son las organizaciones de origen político, que hoy ya serán narcotraficantes y terroristas ramplones, pero con origen político como las FARC, que terminaron siendo reconocidas con un carácter político. Pero otra cosa son los narcotraficantes, esto es como sentarse con Pablo Escobar en su momento a darle beneficios políticos y jurídicos. Completamente absurdo.

La paz es un valor principal y debe ser una prioridad, pero debe ponderarse. Entonces en esta Paz Total, ¡qué paradoja! Que hemos oído muy poquito de víctimas, nada de la Fuerza Pública. La paz debería ser entre todos los colombianos, no solo con los malos. Yo sueño con la paz, soy víctima de la violencia, mi mamá murió buscando la paz, fue fundamental para el proceso de desmovilización que hoy tiene a Petro presidente. No quiero guerra, pero sé que el camino a la Paz Total va a profundizar la violencia.

Para la reforma agraria se habla de comprar tres millones de hectáreas que le gustó al presidente Uribe, a José Félix Lafaurie, ¿eso significa que al Centro Democrático le gusta? 

Son dos cosas distintas. La primera es que una cosa es José Félix Lafaurie y su relación con su esposa, y eso no me compromete ni a mí ni al partido.

Ahora, nos gusta que haya una propuesta legal para adquirir tierra justa, porque la amenaza principal de este Gobierno en el tema de tierras es la expropiación. Si nos dicen que las van a comprar, es una buena noticia.

El segundo reto de tierras de este Gobierno es evitar la invasión, no es un problema de este Gobierno solamente, pero sí se ha acelerado.

El Gobierno dice que la reforma en la política de drogas que propone el presidente nace de un fracaso de la guerra contra las drogas, ¿cómo la ve usted?

Hemos combatido la coca, el enfoque más efectivo de lucha contra la droga ocurrió entre el 2003 y 2013, nunca antes se habían reducido los cultivos de coca de esa manera. Fue la continuidad en la lucha, la que logró reducir los cultivos.

No solo fue por la aspersión aérea, también sustitución e incluso voluntaria. El crecimiento de cultivos se da en el marco del proceso de paz en donde empieza a dispararse y llegamos a 240.000 hectáreas al final del gobierno de Juan Manuel Santos.

El anterior Gobierno no tuvo las herramientas para combatir el narcotráfico, la aspersión aérea no es la única herramienta para hacerlo ni debe ser la única. Usted debe combinar, pero hay zonas del territorio nacional donde no hay otra manera de llegar sin arriesgar vidas humanas que la aspersión aérea. 

Pero el Gobierno Duque hizo erradicación manual, interdicción, prohibición, buscó hacer incautación de dosis mínimas en la calle.

No hizo ninguna prohibición nueva, es la misma norma que hemos tenido siempre. Lo que hizo fue el decreto de decomiso, que es diferente. El Gobierno anterior no cumplió las expectativas que hubiéramos querido en materia de erradicación de cultivos. Este Gobierno dice que fracasó, cosa que no es cierta.

Y como producto de esa mentira plantea que hay que legalizar la coca. Una irresponsabilidad absoluta, que además viene con dos engaños adicionales. Nos dicen que la coca, si la legalizamos, acaba la violencia en Colombia, falso, porque lo que mantiene a los grupos al margen de la ley es la ilegalidad. Y la ilegalidad va a seguir existiendo mientras el mundo entero no legalice.

Me parece absurdo que ni siquiera se haya legalizado la marihuana y ya estén planteando legalizar la coca. Nos dicen que la marihuana no tiene efectos negativos de salud, pero la cocaína es una sustancia completamente antisaludable.

Ya hay desafíos en la industria del cannabis medicinal, el empresario difícilmente adquiere préstamos, no puede abrir cuentas en el extranjero, tiene dificultad para hacer negocios internacionales, ahora imagínese con la marihuana de uso recreacional. El país no está preparado para legalizar el uso recreativo. Es una irresponsabilidad porque la gente de buena fe lo consumirá individualmente, pero los narcotraficantes y jíbaros van a abordar a los niños como hoy lo hacen en los parques de las ciudades. Los colombianos no quieren que sus niños vayan a parques donde haya consumo de droga.

Yo no voy a descalificar al representante Carvalho, que dice que consume hace 25 años, ni mucho menos. Pero ese no es el ejemplo que quiero para mi hijo y creo que la inmensa mayoría de papás no queremos que ese sea él el ejemplo. 

Usted tiene un legado en la política nacional, tiene la estatua de su abuelo materno, el expresidente Julio César Turbay, a pocos pasos de su oficina en el Congreso. ¿Cómo asume este legado familiar?

Es un orgullo y la verdad es que yo admiro a mi abuelo independientemente de la política. Creo que es un hombre que respeta a la inmensa sociedad colombiana, hijo de un inmigrante, sin plata, no tuvo oportunidad de estudiar por falta de recursos, no alcanzó a terminar su bachillerato y después lo terminó con el tiempo pudo estudiar gracias a su dedicación, a su esfuerzo.

Pero he mostrado a Colombia que lo que yo he construido es un proyecto propio, una visión de país propia y es un trabajo que he hecho con mucho esfuerzo. Obviamente tengo un parentesco con personas que han hecho política, pero eso no determina mi vida política y por eso considero que no soy delfín. Mi vocación política no viene de mi familia política. 

¿Cómo ve las elecciones locales en Bogotá?

Bogotá tiene la oportunidad de tener un buen alcalde en esta elección, recuperar a Bogotá es fundamental, no solamente en el marco de la lucha por la democracia, sino especialmente para que los bogotanos vivamos mejor.

Bogotá está colapsada. Claudia López fue un fracaso, fue mala alcaldesa, la inseguridad está disparada, lo poco que está ejecutando es lo que nosotros le dejamos contratado de la administración pasada y lo que está haciendo ella, todavía no está en ejecución. López se dedicó a hacer política. Le preocupó más elegir a su pareja, al Senado, que atender los problemas de los ciudadanos. 

¿Por qué dice que López apoyó la campaña de la senadora Angélica Lozano, su esposa?

Las denuncias son múltiples, se ofrecían puestos para apoyar a Angélica, se le pidió a funcionarios públicos que la apoyaran y López utilizaba el hashtag en Twitter, que era el lema de la campaña de Angélica. Por eso, voy a presentar una ley sobre la inhabilidad para que los parientes cercanos a los alcaldes puedan aspirar al Senado. Esa inhabilidad existe para la Cámara, pero no el Senado.

Pero el punto central es que López lo ha hecho mal y hay una gran oportunidad de recuperar la ciudad el próximo año, es la oportunidad de hacer casi que un referendo frente al Gobierno de Petro. Ser alcalde no implica ideología, usted lo que tiene es que ser buen gerente, entonces es hacer un hacer una gran coalición que permita tener un gran candidato, que permita competir y por supuesto, que sea un buen alcalde para Bogotá.

Es decir, ¿el candidato debe ser del Centro Democrático o no necesariamente? 

No necesariamente. El Centro Democrático está pensando en Colombia, estamos dispuestos a construir consensos para que podamos tener buenos gobernantes. Podría ser incluso con partidos que hacen parte de la coalición del Gobierno, pero también con movimientos de firmas. También podríamos estar solos. Tenemos que ver cómo se va a configurar la alianza del partido de Petro, o del Pacto Histórico, con esos partidos de la coalición en el tema local.

Pero el fondo es que nosotros podemos y debemos ofrecerle a los colombianos en todas las ciudades alternativas. Tenemos que recuperar Bogotá, Medellín y Cali, ciudades completamente desgobernadas. 

Únase a los Superamigos

El periodismo independiente que hace La Silla Vacía se financia, en parte, con contribuciones de nuestros lectores. Conviértase en SuperAmigo de La Silla, para que podamos seguir escribiendo sobre cómo se mueve el poder en Colombia. Adquiera su membresía aquí.

Compartir