Navarro, el refuerzo de Petro para gobernar Bogotá

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Hoy se supo que Antonio Navarro será el Secretario de Gobierno de Gustavo Petro. Es una designación con la que gana Petro, gana la ciudad y gana Progresistas. Pero que tiene uno que otro pero.

Tal como se anticipó desde la campaña, Navarro vendrá a Bogotá a trabajar con el Alcalde electo de Bogotá apenas termine su período como Gobernador.  Aunque en un principio se pensó que quizá lo haría más como punta de lanza de su Movimiento Progresistas, hoy se confirmó que lo hará como Secretario de Gobierno.

Su designación en ese cargo le traerá a la Alcaldía de Petro moderación, experiencia administrativa y pragmatismo pero reforzará también el carácter nacional de su gobierno.

Anotnio Navarro entre Gustavo Petro y el Senador Jorge Eliécer Guevara. Guevara es uno de los cuatro senadores del Polo Democrático (con Mauricio Ospina, Camilo Romero y Luis Carlos Avellaneda) que está buscando caminos para pasarse a Progresistas sin perder su curul.

El Secretario de Gobierno tiene múltiples funciones. Tradicionalmente –aunque a veces el Alcalde le asigna esta función al Secretario General- el Secretario de Gobierno es quien maneja las relaciones con el Concejo.

Muy probablemente, dada su calidad de Presidenciable y su experiencia política, Navarro jugará este papel y se convertirá así en el vocero político de la Alcaldía.

El Secretario de Gobierno también maneja los temas de seguridad. En el caso de la Alcaldía de Petro esta es una de las funciones más delicadas dada la personalidad y trayectoria  de Petro que tiende a ver mafias en todo lado y que además, lleva años peleando contra las que existen.

Petro ha dicho explícitamente que una de esas mafias es la de la Policía. Y en efecto, en varios barrios los policías actúan como mafias que incluso extorsionan a los delincuentes. Sin embargo, cualquier Alcalde de Bogotá tiene que trabajar de la mano de la Policía y Petro no será la excepción. Actuar como su verdugo y tratarlos de entrada como corruptos –por lo menos públicamente- no ayudará a mejorar la seguridad de Bogotá. Navarro en eso puede ayudar pues es un componedor por excelencia y además, lleva años tratando con la Fuerza Pública. Según pudo establecer La Silla Vacía, su relación con los comandantes del Ejército y de la Policía en Nariño fueron excelentes y de respeto mutuo.

Para ese cargo, Navarro tiene muchas virtudes y algunas debilidades. Su mayor virtud es su personalidad. Navarro es un hombre pragmático por definición y mucho menos ideologizado que Petro. Durante su Alcaldía en Pasto, y sobre todo durante su Gobernación, Navarro demostró ser el mejor exponente de la ‘Tercera Vía’. Combinó estrategias participativas propias de la izquierda moderna con programas totalmente orientados hacia mejorar las opciones económicas de la población a través de alianzas con el sector privado.

Respaldó las políticas de seguridad democrática de Uribe y sobre todo de erradicación de cultivos ilícitos pero los combinó con apoyos directos y efectivos a los campesinos para que realmente optaran por una economía alternativa a la coca. Básicamente, se esforzó por encontrar soluciones a problemas concretos sin tener posiciones previas inamovibles.

Su debilidad es que su trayectoria en temas de seguridad está más asociada al manejo de las organizaciones criminales nacionales como las Farc, las bandas o los narcos y menos con una visión de seguridad ciudadana, centrada en labores puntuales de inteligencia, manejo efectivo de información y espacios públicos y cultura ciudadana. Aunque tiene la experiencia de haber sido Alcalde de Pasto, en términos proporcionales, Pasto equivale a la mitad de Kennedy. Y allí habrá un reto.

El presupuesto participativo

El tercer tema que maneja el Secretario de Gobierno es el que tiene que ver con la descentralización, y más en concreto con los alcaldes locales. Esta labor, que es la que seguramente Navarro y Petro privilegiarán, está asociada a la participación política de los ciudadanos.

Durante la campaña Petro mencionó que manejaría un presupuesto participativo y ya electo, le dijo a Caracol que este sería su prioridad junto con el metro.

Aunque tradicionalmente el tema presupuestal es resorte del Secretario de Hacienda, como el enfoque de Petro será el de promover la participación ciudadana y 'democratizar' las decisiones clave de la ciudad, la planeación y ejecución de ese presupuesto participativo estará en las manos de Navarro, según lo confirmó La Silla Vacía.

Uno de los factores de éxito de Navarro en Nariño fue el presupuesto participativo que él implementó durante su gobernación.  Durante los tres años de gobierno, Navarro y sobre todo Raúl Delgado –quien acaba de ganar la gobernación de Nariño y en ese período fungió como Secretario de Planeación- recorrieron el departamento decidiendo con la población cómo gastar en cada municipio un porcentaje del presupuesto de libre asignación.

El procedimiento era sencillo: los fines de semana se reunían representantes de la población y proponían proyectos para gastar el presupuesto asignado para repartir a través de ese instrumento. Luego de la exposición de los proyectos, la comunidad votaba por el que más les gustaba y ese era el que se hacía.

Este procedimiento –copiado de Puerto Alegre, Brasil- le dio grandes réditos políticos a Navarro, que deja su cargo siendo un hombre muy popular y con su directo sucesor en la Gobernación. Y según dijeron personas de la región, en términos generales la metodología funcionó. Aunque también tuvo detractores, que opinaban que este procedimiento aunque democrático era poco efectivo para hacer megaproyectos que podrían terminar siendo de mayor impacto para la población.

La pregunta es cómo funcionará esta metodología en Bogotá, cuya estructura fiscal es muy diferente a la de Nariño. Petro ha sido claro en que no lo usará solamente para repartir el presupuesto asignado a las localidades –que equivale a alrededor de un 10 por ciento del presupuesto de la ciudad- sino que lo hará con el presupuesto distrital.

Expertos en el tema consideran que esto por un lado es prácticamente imposible y por el otro, incoveniente.

Es difícil porque el porcentaje del presupuesto distrital que no viene ya amarrado es muy pequeño. Una parte considerable ya está destinada constitucionalmente para educación y salud. Otros recursos como la sobretasa a la gasolina tiene una destinación específica. Una porción se va al servicio de la deuda.  La plata prevista para desplazados no se puede someter a un debate con los ciudadanos para que la gasten en otra cosa. En conclusión, el presupuesto de la Alcaldía es bastante inflexible y el gobierno tiene poco margen de maniobra.

Los que consideran que es inconveniente se remiten a la historia de Bogotá antes de 1993 y al Estatuto Orgánico de Jaime Castro. Un logro que muchos le atribuyen a este Alcalde es el haber centralizado el presupuesto a través de este Estatuto que gobierna Bogotá desde entonces. Lo que hizo Castro fue quitarle a los concejales la capacidad de disponer del gasto y así lograr que las entidades distritales no invirtieran todo su tiempo en atender los fortines de los políticos locales sino que pudieran planear y ejecutar proyectos de mayor alcance y beneficio para toda la ciudad.

Esa medida desempoderó a los Concejales. Pero como se le dio a las juntas administradoras locales capacidad para decidir sobre el 10 por ciento del presupuesto de la ciudad –que sigue siendo una cantidad de plata- los líderes locales se volvieron muy importantes. La decisión de hacer un presupuesto participativo chocará de frente con ellos, puesto que ya no serán ellos los protagonistas sino el Alcalde o su Secretario de Gobierno.

Si en realidad se planea así la ejecución presupuestal, implicará también un cambio grande en el modelo de gestión distrital, que se construirá más desde el barrio y no desde una visión global de ciudad. Esto acerca al gobernante a las ciudades –y fortalece su imagen de líder y su popularidad pues se le verá todas las semanas repartiendo cheques y de paso le ayudará a sembrar el terreno para las elecciones legislativas y locales venideras- pero podría desmantelar procesos de planeación que mal que bien todavía funcionan en la ciudad.

Tocará analizar en detalle la experiencia de Puerto Alegre, que ha sido menos positiva en términos de ejecución real de proyectos que lo atractivo que suena que sean los mismos ciudadanos los que decidan en qué se gasta su plata. En todo caso, si lo que se quiere hacer es un presupuesto participativo, Navarro es definitivamente el hombre, pues ya lo hizo en Nariño y por lo menos allá, le funcionó.

Los peros

La mayoría de gente que conoce a Antonio Navarro queda descrestada con su inteligencia, su aproximación creativa a los problemas, y la buena combinación que tiene de habilidad política con conocimientos técnicos.

Gustavo Petro

Durante su gobernación, Navarro sobrevivió a todas las plagas: las pirámides de DMG y DRFE; el repliegue de la guerrilla en su departamento; el hongo que le cayó a los cultivos de palma; el escándalo de las fiducias. Y, pese a tener un presupuesto muy bajo y a estar en una parte del país con poca visibilidad y atención nacional, tuvo una gestión que contó con el respaldo ciudadano. En algunos casos, incluso, dio ejemplo nacional, como en la forma como manejó los recursos de Agro Ingreso Seguro. Nariño fue uno de los pocos sitios donde esos recursos llegaron en su mayoría a los pequeños campesinos.

Todas esas habilidades serán de mucha utilidad para el gobierno de Petro. Tener detrás ocho años de gobierno ejecutivo le ayudarán al Alcalde a descartar rápidamente ideas que suenan atractivas pero que alguien que ha gobernado ya sabe que no funcionan en la práctica. Con el beneficio adicional que Navarro tiene ascendencia sobre Petro.

Si algo caracteriza al nuevo Alcalde es que es un convencido de sus ideas y un terco. Sus subalternos le tienen mucho respeto pero también miedo y poco le controvierten. Hablarle de tú a tú a Petro es muy difícil  y lograr convencerlo de algo aún más difícil. Pero Navarro es uno de los que sí lo puede hacer y lo hace porque Petro ha sido siempre un discípulo de Navarro. Lo fue cuando estaban en la guerrilla y Navarro era su comandante, 20 años mayor. Y lo ha seguido siendo en la política. Con Navarro en la Secretaría de Gobierno Petro tendrá un verdadero interlocutor de peso y eso es fundamental para un buen gobierno.

Más cuando en las semanas que lleva electo, Petro ya ha demostrado que todavía no tiene totalmente asentado su plan de gobierno. Como lo indicó Héctor Riveros en su última columna en la Silla Vacía, en el caso del metro aceptó en un primer momento llevarlo sólo hasta la 127, pero luego volvió a insistir en que la primera línea debe llegar hasta Suba. Su anuncio de buscar un tranvía por la Carrera Séptima sorprendió pues no lo había defendido durante la campaña, cuando propuso un Transmilenio eléctrico y además, va en contravía de lo planeado con el SITP. Su fórmula de empalme con un equipo que él ha dicho no será el definitivo también ha sido polémica.

El problema con esto es que Petro es una figura que está acostumbrada a brillar con luz propia, y Navarro es un personaje que no depende de Petro y que tiene un perfil muy alto. Estos dos egos podrían terminar chocando o, por lo menos, sacándose chispas. 

Además Navarro, como Petro, viene de la esfera nacional y aspira a llegar a la esfera nacional. Aunque Navarro ya fue Alcalde él tampoco es un experto en Bogotá. Lleva años viviendo por fuera y no ha tenido experiencia lidiando los grandes problemas que enfrenta una megaurbe, desde la movilidad hasta el déficit de vivienda.

Además, su discurso también es nacional. Navarro, como Petro, se sienten más cómodos hablando del conflicto armado, de las víctimas, del equilibrio de poderes que de las basuras, de las autopistas urbanas o de los cuadrantes. En cambio de compensar las debilidades de Petro en este frente, Navarro las refuerza.

También porque sus aspiraciones son nacionales, la gestión de Navarro en la Alcaldía de Bogotá tiene fecha de vencimiento. Con Petro inhabilitado para ser candidato presidencial, Navarro es la carta que tiene Progresistas ya sea para enfrentarse a Santos en el 2014 o para liderar una lista de peso al Senado si es evidente que es imposible competirle al actual presidente. Sobre todo, si Álvaro Uribe también opta -como posiblemente lo hará- para liderar su propia lista al Congreso en el 2014.

Con un ingrediente adicional, y es que Navarro tiene 63 años, con lo cual necesariamente en dos años quedará inhabilitado por edad para ser funcionario de la Alcaldía, salvo que cambie esa norma.

El lado positivo de esto, es que Navarro necesitará mostrar una buena gestión en el año y medio que tendrá en la Alcaldía, porque de ello dependerá no solo su futuro político inmediato sino también el de Progresistas. Ya con esa exposición nacional, le será más fácil liderar el movimiento político a nivel nacional.

En conclusión, la dupleta Petro-Navarro se juegan su futuro político en los próximos dos años. Y también el de la ciudad. Juntos la podrán jugar mejor.

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