Olga Lucía Velásquez, una baronesa en ciernes

Silla Cachaca
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La representante liberal que se convirtió en un fenómeno electoral después de ser secretaria de Gobierno de Samuel Moreno ahora aspira al Senado. Así ha forjado su poder.

Era 2013 y Olga Lucía Velásquez, una ingeniera industrial que nunca se había presentado a elecciones, decidió lanzarse a la Cámara de Representantes por Bogotá convencida de que conseguiría 30 mil votos. Apenas se lo dijo a Juan Fernando Cristo, entonces senador liberal con el que logró hacer una alianza, él se rió.

—¡No, mija!, usted es técnica, no política —le respondió él, que quiso aterrizarla: Si saca 12 mil está bien.

Ella mantuvo su meta y en las elecciones del 10 de marzo de 2014 no solo alcanzó la curul, sino que logró la votación más alta para la Cámara liberal en Bogotá: 23 mil 600 votos. Cristo la llamó contento:

—¡Mija, nos pelamos por 6 mil!

Ella cuenta esa anécdota para demostrar que cumple lo que se propone, pero desde la noche en que ganó hubo ruido por su pasado como secretaria de Gobierno del condenado exalcalde Samuel Moreno y porque sus votos parecían muchos para una primípara.

Y ya está decidida, sin siquiera haber terminado su primer periodo en la Cámara, a saltar al Senado en 2018.

Si se suma lo que nos dijeron 13 fuentes, incluida ella, su poder después de pasar por el gobierno de los Moreno es fruto de una combinación entre una intensa política barrial, alianzas con políticos tradicionales (algunos cuestionados), conocimiento técnico, capacidad de gestión para cumplirles a sus seguidores y el soporte de unos financiadores sólidos.

El comienzo: los hospitales

"Yo no llegué ayer al Distrito", le advierte Velásquez a cualquiera que le pregunta por qué sacó tantos votos en su primer intento.

Es de Villavicencio y llegó a Bogotá a los 17 años, pero sus cuentas como trabajadora oficial comienzan en 1999, en el primer gobierno de Enrique Peñalosa. Venía de asesorar proyectos de infraestructura en los hospitales San Blas (localidad de San Cristóbal) y Simón Bolívar (Usaquén), y ese año la nombraron jefe de planeación en el de Fontibón. El mismo cargo lo ocupó desde 2004 (alcaldía de Lucho Garzón) en el de Suba.

Esos puestos le dieron algún reconocimiento local porque ahí trataba, por ejemplo, con asociaciones de usuarios, ediles y alcaldes locales. Hizo contactos y le quedaron amigos.

Por ejemplo, el gerente del Hospital de Fontibón cuando ella trabajó allí, Édgar Zamudio Pulido, fue su gerente de campaña a la Cámara 15 años después. Y le donó $40 millones.

En Suba se ganó la confianza de la alcaldesa local, Mercedes Ríos, que, a diferencia de Velásquez, carecía de experiencia técnica. “Olga Lucía es muy buena para la planeación”, le dijo a La Silla una fuente que trabajó en la localidad por aquella época.

Ese vínculo fue clave. En 2008 el alcalde Samuel Moreno nombró a Ríos secretaria de Integración Social, y ésta se llevó a Velásquez como su directora de Planeación.

En el círculo de Samuel

Alba Luz Pinilla, que era la subsecretaria de Integración Social y en ese entonces eran tan cercana a Iván Moreno que fue su fórmula a la Cámara en 2010, le dijo a La Silla que le gustó tanto el trabajo de Velásquez, que le habló de ella a María Eugenia Rojas, la mamá de Samuel e Iván, cuya voz era tan fuerte en esa casa política que no en vano le decían “La Capitana”

“Dos o tres veces le dije a ‘la Capitana’ que Olga Lucía era muy buena, una berraca. También dos o tres veces le hablé al alcalde de ella”, cuenta Pinilla. “Yo creía que alguien así debía remplazarme” cuando renunció en 2009 para lanzarse a la Cámara. Así fue.

Velásquez, además, comenzó a ser reconocida en el círculo que rodeaba al alcalde porque “sabían que ella era de quienes lideraba la agenda de Integración Social”, nos dijo una fuente que trabajó en ese gobierno.

Así se fue haciendo un nombre dentro de la administración. Pero en medios solo trascendió su figura en septiembre de 2010, cuando el alcalde la nombró secretaria de Gobierno.

Un político que trabajó en el Distrito por esa época y otra que estaba metida en el Palacio Liévano, le dijeron a La Silla que, por la forma como los Moreno manejaban la burocracia, era difícil que un puesto de ese calibre no se lo dieran a alguien de su entera confianza. Es una versión contraria a la que nos dio Velásquez, para quien se trató de un reconocimiento a su labor técnica.

“Yo no conocía a los Moreno”, insiste. “Con el alcalde me había visto unas tres veces porque él iba a consejos de política social”.

 

De todas formas, sí hubo una voz técnica que la impulsó: Juan Ricardo Ortega, que, cuando renunció en 2010 a la Secretaría de Hacienda para irse a dirigir la DIAN, la recomendó ante Samuel.

“Ella y yo tuvimos una buena relación profesional; me dí cuenta de que así como era una técnica competente, entendía el mundo real porque había trabajado en las localidades. Sabía lidiar con los políticos”, le dijo Ortega a La Silla.

En el Polo se desató una tormenta porque, en un cargo tan clave que lo venía de ocupar Clara López (que había renunciado para ser la fórmula de Gustavo Petro en las presidenciales de 2010), a Velásquez no la identificaban como suya. Pero se impuso la decisión de Samuel y, como nos contó Velásquez, una vez ella se posesionó sacó mucha gente de la línea de Clara.

Para entonces, el escándalo del carrusel de la contratación comenzaba a tomar forma en los medios.

El carrusel apenas la rozó

Velásquez duró ocho meses como secretaria de Gobierno y logró implementar con la Policía el sistema de vigilancia por cuadrantes. Y de cara a su carrera política, ese cargo le permitió ganar mayor reconocimiento en las localidades, donde trató directamente con ediles y alcaldes.

Al preguntarle cómo quedaron sus relaciones con la casa Moreno, ya que al menos tres políticos que consultamos nos dijeron que ella quedó siendo amiga de 'la Capitana', Velásquez responde que con ella generó empatía porque se condolió por el hecho de que tuviera a sus dos hijos en la cárcel. 

"Pero no somos cercanas ni la visito", asegura. 

Renunció en mayo de 2011, cuando Clara López asumió como alcaldesa encargada tras la suspensión de Samuel Moreno como consecuencia del carrusel.

El escándalo hasta ahora no ha afectado a Velásquez, a pesar de que entre 2008 y 2009, cuando ella era funcionaria de confianza de la secretaria de Integración Social, Mercedes Ríos, esta amañó contratos por $105 mil millones a favor de Julio Gómez para beneficiar a Iván Moreno.

Ríos aceptó los cargos y paga una condena de 10 años. Velásquez, reveló Noticias Uno, fue mencionada en ese proceso porque, según la Fiscalía, participó en una reunión entre Ríos y Julio Gómez en la que su jefa le pidió que cuadrara todo lo relacionado con un contrato para favorecerlo a él. La congresista lo niega y ha seguido su vida pública sin contratiempos.

Las campañas (y la plata)

Tras su salida del Distrito y un paso fugaz por el Ministerio del Interior con Fernando Carrillo (hoy procurador general), donde trabajó en temas de seguridad ciudadana, comenzó a prestar asesorías en una fundación que montaron los inversionistas españoles de BD Promotores Colombia, la firma que construyó en el centro de Bogotá las torres BD Bacatá, los edificios más altos del país.

Fueron ellos quienes luego le financiaron la mayoría de su campaña a la Cámara.

La idea de lanzarse, dice, no se le ocurrió a ella sino que se la propusieron unos amigos, aunque no especifica quiénes y La Silla no pudo averiguarlo con otras fuentes.

Fue entonces cuando comenzó a aprovechar los contactos políticos que le quedaron después de 14 años de ocupar cargos administrativos.

Tocó puertas en el Partido de La U con el senador Ángel Custodio Cabrera, al que había conocido como concejal cuando ella trabajaba en el Hospital de Suba. Pero él, recuerda Velásquez, no le dio esperanzas de ganar.

Llegó al Partido Liberal y Simón Gaviria, que era representante por Bogotá y director del Partido, la contactó con Juan Fernando Cristo. Este buscaba aliados en Bogotá que le pusieran votos a su hermano Andrés, a quien quería heredarle la curul en el Senado.

En el pasado, Cristo se había aliado en la ciudad con el concejal Jorge Ernesto Salamanca, cuyo hermano Pablo le servía al senador como fórmula a la Cámara. Pero para esas elecciones Pablo declinó su reelección, así que Olga Lucía Velásquez pasó a cubrir ese espacio.

Los Salamanca también la impulsaron. “El equipo de ellos con la edil de Puente Aranda Miriam Mora me ayudó en enero y febrero de 2014, al final de la campaña, pero ya estaban muy comprometidos con otros políticos”, es la versión de Velásquez.

Para el momento en que hizo esa alianza ya era público que el exsecretario de Salud de Samuel, el condenado Héctor Zambrano, había confesado que el concejal Jorge Ernesto Salamanca cobró una coima de $500 millones por el famoso contrato de las ambulancias por el que también condenaron a Samuel Moreno. Hoy Salamanca también paga una pena por esos hechos desde su condena el año pasado.

Velásquez asegura que en su votación influyó más su labor puerta a puerta y su capacidad de buscar votos entre personas que no necesariamente son líderes políticos.

“Yo vuelvo líderes a mis amigos. En Kennedy, por ejemplo, hay una señora amiga mía con 11 hijos mayores de edad, cada uno con familia. Yo sé que en esa casa tengo 52 votos que tengo que cuidar”, argumenta.

”Yo no conocía a los Moreno. No les hice campaña.”

Olga Lucía Velásquez

De su campaña también llamó la atención el flujo de recursos, según  tres políticos que trabajaron para competidores de ella en 2014.

Aunque es difícil medir la plata que se mueve en las campañas por debajo de la mesa, como reafirmó el caso Odebrecht, los reportes oficiales dan algunas luces.

De los representantes liberales elegidos en Bogotá, Velásquez fue la segunda que más ingresos reportó ($692 millones), después de Andrés Felipe Villamizar ($700 millones). Les siguieron, muy por debajo, Juan Carlos Lozada ($270 millones), que luego perdió su curul con Villamizar; y Clara Rojas ($190 millones).

La diferencia entre Velásquez y Villamizar radica en que él se endeudó con los bancos para conseguir la plata, mientras que a ella se la donaron toda.

Tan solo los españoles del grupo BD, con los que había trabajado, le regalaron $254 millones (el equivalente a lo que se gastó en actos públicos).

Desde su victoria, su nombre ha ganado fuerza en el liberalismo de Bogotá porque, según ella y varias fuentes consultadas, les responde a los de su base y les cumple a los de arriba.

Su primer reto, sin haberse posesionado, fue apoyar la campaña de reelección de Juan Manuel Santos, donde trabajó al lado de Alfonso Prada. Le correspondió moverse en el noroccidente de la ciudad, por Suba, un territorio que conoce bien.

Como lo contó La Silla, en ese momento los concejales liberales se quejaron porque la veían como una recién llegada a la que le dieron muchas alas. Finalmente, la Unidad Nacional, a la que pertenece el liberalismo, perdió en Bogotá con Santos en primer vuelta y ganó en segunda.

Ese ejercicio lo repitió en la campaña de Rafael Pardo a la Alcaldía en 2015, cuando estrechó lazos con el entonces concejal y hoy secretario de Gobierno Miguel Uribe. Ambos se encargaron de la movilización en las localidades (incluso enganchando a la gente con electrodomésticos), pero ella descolló porque “su capacidad de trabajo era impresionante. La campaña no era capaz de seguirle el ritmo”, nos dijo un integrante del equipo de Pardo.

La fuente agregó que ahí notaron otro activo de Velásquez: su influencia en medios comunitarios, un sector estratégico para una campaña local. Ese gremio, de hecho, la condecoró hace un año.

Pardo perdió, pero Enrique Peñalosa nombró secretario de Gobierno a Miguel Uribe (que en el pasado tuvo nexos con el peñalosismo) en una jugada en la que aparentemente tuvo que ver hasta Santos.

Su poder actual

Velásquez es la directora del liberalismo en Bogotá, un cargo que le da capacidad de convocatoria entre los ediles para eventos del partido, sean estos del concejal que sean.

A esa incidencia local otros le suman una presunta influencia en la Alcaldía de Enrique Peñalosa, que ella niega de tajo.

Tres concejales y un político local aseguran que, por ejemplo, se benefició con la elección de alcaldes locales hace un año, debido a que Peñalosa escogió mandatarios que habían sido incluidos en las ternas por ediles cercanos a ella. Eso va en línea de lo que contamos en ese momento.

Y aunque ella admite que “preparó” candidatos, niega que Miguel Uribe le haya ayudado, como es frecuente leer en redes y nos lo dijeron tres concejales. “De la relación que forjé con ella deducen que eso ocurre, pero no hay la menor posibilidad. A los alcaldes locales los escogió el alcalde mayor”, nos respondió Uribe.

Velásquez sí admite que tramita ante la Alcaldía los problemas de sus seguidores, llamando secretarios si es del caso. Y es efectiva, nos dijo un funcionario del Gobierno Nacional que ha hecho política en Bogotá y pidió la reserva del nombre para no comprometer su trabajo: “a dónde uno va le dicen que Olga les está ayudando con esto o con lo otro”.

En el Congreso, con el padrinazgo del ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, también se ha vuelto influyente, al punto que sonó para la Presidencia de la Cámara.

“Se mueve bien en el Gobierno y eso les gusta a los congresistas de provincia que no tienen tanta entrada”, le dijo a La Silla un asesor que trabaja en el Capitolio y conoce el trabajo de Velásquez.

Allá ha organizado 21 foros (una cifra que no alcanza ningún otro congresista) para los que ha llenado salones y convocado desde habitantes de calle hasta taxistas.

También se apropió las causas de las cooperativas y de los fondos de empleados, donde ya tiene reconocimiento nacional después de que evitó que los apretaran con la reforma tributaria.

“Ese es mi poder”, dice. “Cuando uno logra que las cosas sean posibles para la gente, genera poder. Eso no me lo puede quitar nadie. La única forma es que me desaparezcan”.

Así prepara su campaña al Senado, para lo que espera conseguir 100 mil votos. Si lo logra se convertirá en una baronesa electoral, aunque le falta definir las alianzas que le permitan lograrlo. “Voy a ser senadora, y no porque yo lo diga: es que así está establecido”.

Igual de segura ha dicho que, en un futuro, quiere ser alcaldesa de Bogotá.