Paradoja climática de Petro: necesita empresarios que desconfían de su propuesta

Paradoja climática de Petro: necesita empresarios que desconfían de su propuesta
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En su discurso de victoria en el Movistar Arena, Gustavo Petro dedicó tres minutos al tema ambiental, dejando claro que será uno de los tres pilares de su gobierno. Con una ambiciosa hoja de ruta que le deja Iván Duque, pero con poca financiación para lograrla, el nuevo presidente necesitará —sí o sí— al sector privado para conseguir el liderazgo latinoamericano al que aspira con su bandera del cambio climático.

Pero no será fácil porque su visión sobre el cambio climático es justamente la raíz de su propuesta de cambio de modelo económico al que le temen los empresarios.

Lo que deja Iván Duque

Durante su Gobierno, Iván Duque trató de poner a Colombia en el foco de los países desarrollados para aumentar la financiación climática. "Las metas posicionan a Colombia como un país comprometido y serio con ese compromiso. Por tanto, tiene todo el sentido del mundo que las prioridades de financiación se vayan a países que tienen un alto compromiso climático", dijo en su momento a La Silla Nicolás Galarza, viceministro de Ambiente. 

La estrategia tuvo éxito. En octubre, Duque regresó de la COP26 —una conferencia donde todos los países del mundo acuerdan sus compromisos frente al cambio climático— con la proyección de una transición energética a 30 años, la meta de reducir en ocho años el 51 por ciento de las cerca de 1.6 toneladas de carbono que anualmente emite el país y llegar a 2030 con cero deforestación. Eran metas más ambiciosas que cualquier país de la región, salvo Brasil.

Son objetivos muy difíciles de conseguir y más teniendo en cuenta que Colombia no es un gran emisor de gases de efecto invernadero. En cambio, es uno de los países más vulnerables a los efectos del calentamiento global, sin recursos suficientes para adaptarse a ellos y con una alta dependencia económica de los combustibles fósiles (las petroleras le ponen 18 billones de pesos al presupuesto nacional).

Sin embargo, Duque logró regresar con recursos de Noruega, Reino Unido y Alemania que suman 33.5 millones de dólares para financiar la protección de ecosistemas estratégicos.

A pesar de ese logro, Duque no logró liderar una conversación regional sobre cambio climático como lo intentó al principio de su gobierno cuando firmó el Pacto de Leticia, con el que ocho países se comprometieron a evitar la deforestación ilegal en la Amazonía.

La razón, entre otras, es que envió mensajes contradictorios.

Dejó aprobada una Ley de Transición Energética que le presentó al Congreso y un Conpes sobre el mismo tema que plantea cuáles serán los recursos para lograrla. Pero garantizó solo un 0.1 por ciento de recursos públicos para ese plan.

Firmó un piloto de fracking en Santander que tuvo una alta oposición de las comunidades y que para algunos expertos iba en contravía de la descarbonización (ver esta charla).

Sembró 130.308 árboles en el transcurso de cuatro años y con la Operación Artemisa logró la recuperación de 28 mil hectáreas, según la rendición de cuentas de las Fuerzas Militares. Pero fragmentó su relación con las comunidades de la Amazonía que denunciaron excesos de los militares en los operativos.

Y finalmente, cuando retiró la polémica reforma tributaria que provocó movilizaciones en las calles y presentó una nueva, eliminó el paquete ambiental que aseguraba recursos para proyectos de sostenibilidad.

“Lo que deja el gobierno es una agenda, pero que es fundamentalmente una narrativa. No deja un solo peso para desarrollar la agenda”, explica Mario Alejandro Valencia, analista en Conexión Análisis, una organización que trabaja con datos y está investigando los costos de la agenda ambiental. 

Es una agenda, que en todo caso, es un compromiso internacional. Y un compromiso en el que Gustavo Petro cree. Para cumplirlo, necesitará ganarse la confianza del sector privado. Y eso no es tan fácil porque su visión sobre el cambio climático es justamente la raíz de su propuesta de cambio de modelo económico.

Los retos de Petro

Para cumplir las metas ambientales, Colombia debe tener estabilidad económica y que el sector privado esté dispuesto a invertir.

Las cifras más recientes del Departamento Nacional de Planeación muestran que para la implementación de los compromisos internacionales de Colombia en temas ambientales se requiere un 70 por ciento de inversión privada y un 30 por ciento de plata pública. Y aunque no es sabe cuánta plata exactamente se necesita para mitigar, las cuentas para los temas de adaptación son de 2,1 billones de pesos al años 

Por ejemplo, el sector privado compra bonos de carbono, que es pagarles a comunidades o proyectos de conservación por cuidar el bosque. También las empresas son clave en formar comunidades de investigación con universidades y ambientalistas. Y, más importante aún, las regalías de proyectos mineros son las que financiarán la creación de plantas de energía renovable.

Por dividendos de Ecopetrol, derechos económicos que pagan las petroleras con contratos en la ANH y regalías la Nación recibe 18 billones de pesos (un 5 por ciento del presupuesto general de la Nación y equivalente a una ambiciosa reforma tributaria).

Eso requiere confianza entre el Gobierno y los empresarios, que como contamos, preferían la incertidumbre que representaba Rodolfo Hernández a un gobierno de Petro.

“El único mensaje que se ha recibido como presidente electo es el que dio el domingo, donde dijo que va a buscar consensos y a dialogar — dice Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC)— Pero una cosa es el mensaje que él envía y otra muy distinta la que hay en su programa de gobierno. No puede haber diálogo y consenso con la rigidez de su programa”.

En su plan de gobierno, justificado en una responsabilidad climática, Petro propuso no firmar nuevos contratos de exploración de petróleo, frenar los pilotos de fracking, poner un impuesto alto sobre tierra improductiva y convertir a las comunidades indígenas en autoridades ambientales en sus territorios.

Acercarse al sector privado es una prioridad para Petro en muchos frentes. Pero si quiere tener un juego internacional en lo ambiental, lo será aún más.

El escenario internacional favorece a Petro

Según Germán Andrade, experto en deforestación y director de proyectos de sostenibilidad en la Universidad EAN, “en el contexto internacional el tema ambiental es central porque es considerado un asunto de seguridad global”. Y explica que la protección de ciertos ecosistemas requiere una mirada enfocada en las relaciones internacionales porque hay que entenderlos más allá de las fronteras.

Un ejemplo claro es la Amazonía, que comparten Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela. Esa selva es protagonista en escenarios de negociación internacional, como las COP, porque de su protección depende buena parte de la vida en el planeta. Y porque necesita de acciones coordinadas de esos ocho gobiernos.

“El espacio regional que puede ser propicio en esta coyuntura es la Alianza del Pacífico que con la elección de Gustavo Petro a la Presidencia de Colombia completa un grupo con afinidades ideológicas en los cuatro países que lo integran (Chile, Colombia, México y Perú)”, explica Maria Claudia Lacouture, directora de la Cámara Colombo - Americana.

Es justo en donde están tres de los países de la Asociación Independiente de Latinoamérica y el Caribe, que es el bloque que negocia en grupo en las COP para que los países desarrollados les den plata.

Pero para ocupar ese espacio internacional primero tendrá que demostrar su capacidad de persuasión al interior del país.

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