Perfil de William Dau, el veedor malhablado que gobierna Cartagena

Perfil de William Dau, el veedor malhablado que gobierna Cartagena
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Minutos antes de un anuncio, William Dau se distiende con su equipo de comunicaciones.

“Hola mi gente, les habla William Dau, el tractor, su alcalde. Con el perdón de los homosexuales, hay seis concejales que me está viendo cara de marica con su actuación tan burda para continuar la corrupción”.

Apenas el alcalde de Cartagena William Dau Chamatt pronunció esas palabras en un Facebook Live en noviembre, los miembros de su gobierno que estaban detrás de cámara se agarraron la cabeza, agrandaron los ojos y se miraron unos a otros.

El alcalde Dau, de 69 años, lo volvió a hacer: se salió del discurso. En este caso habló de supuestas irregularidades de los concejales en la elección del contralor de Cartagena, Rafael Castillo. El discurso de Dau es trabajado por la Secretaría Jurídica para que no haya imprecisiones y el alcalde no se meta en más líos.

La escenografía también es elegida con detalle: a la izquierda de Dau hay una bandera miniatura de Cartagena, un pocillo con la imagen del alcalde en un tractor y un tractor de juguete. Todo en alusión a su apodo “El Tractor”.

Pero Dau volvió a salirse de los márgenes. “Una actuación patética, burda, parece de los muñequitos de correcaminos, donde estos seis concejales son el coyote", dice el alcalde antes de comenzar a leer en el teleprónter el discurso que le prepararon. "Entro en materia” y ahí sí empieza a leer.

Por imprecisiones y calumnias al alcalde Dau le ha tocado retractarse por afirmaciones contra funcionarios de la Secretaría de Hacienda, concejales, el exgobernador Dumek Turbay y directivos de la Universidad de Cartagena. “En un momento no me decían El Tractor, sino el retractor”, dice Dau sonriendo, y agrega pasando de golpe a un aire de seriedad: “Pero he mejorado. Ya no me dejo sacar la piedra como antes”.

Meses antes de ser elegido alcalde de Cartagena, en 2019, William Dau vivía en Nueva York. Era un veedor y abogado con experiencia como asesor jurídico en el sector financiero, que nunca había ocupado un cargo público. Llegó a ser vicepresidente en Capital Partners, una entidad financiera que pertenece a un fondo de inversiones alternativo.

Tenía 15 años sin vivir en La Heróica: en 2004 salió del país con su familia por amenazas de muerte por denuncias que hizo como veedor ciudadano.

Desde finales de los 90 fue un activo veedor ciudadano, un mecanismo que le permite a cualquiera con tiempo y paciencia convertirse en un vigilante de la gestión pública. Fundó la corporación Cartagena Honesta, que denunció a políticos tradicionales, como el fallecido exalcalde Nicolás Curi, condenado por corrupción. Pero con el exilio quedó desconectado de la ciudad. Desde Estados Unidos intentó formar la veeduría Honestamérica, pero no lo consiguió.

Su nuevo contacto con la ciudad se dio en 2017 a través de sus redes sociales, en Facebook e Instagram, llamadas Let’s save Cartagena, donde empieza a hacer denuncias de corrupción y cuestionar a los clanes tradicionales. A cuatro meses de las elecciones, el 2 de junio de 2019, Dau regresó a Cartagena. Dice que se lanzó porque no veía candidatos idóneos.

Su discurso anticorrupción caló en la ciudadanía agotada de los clanes, que tenían la ciudad en una crisis social e institucional, que hizo que en medio de escándalos de corrupción Cartagena tuviera 12 alcaldes en una década. Dau fue elegido alcalde con 113 mil votos. Fue un triunfo épico porque derrotó a los clanes con un presupuesto de 137 millones de pesos, sin maquinaria y a punta de redes sociales.

Ya en la Alcaldía de Cartagena la principal bandera de Dau sigue siendo la lucha contra la corrupción. Esa misión empieza desde lo discursivo: en la puerta de su oficina está pegado un papel que dice “Respire tranquilo, zona libre de malandrines” y en la entrada de la Alcaldía hay otro afiche con una ratonera que dice “Pa’ fuera los malandrines corruptos en la administración”. Dau habla de corrupción en todos los escenarios posibles.

En sus dos primeros años de gobierno Dau ha tenido constantes enfrentamientos con integrantes de clanes tradicionales de la ciudad, especialmente con los concejales a quienes ha tildado hasta de “hijueputas”. El Concejo le aplicó dos mociones de censura a los funcionarios de Dau, aunque una fue declarada improcedente.

En contraste a las peleas públicas, en su gestión de los proyectos de la ciudad ha cometido errores notorios y ha sido cuestionado desde diferentes sectores. Y cambia de decisiones radicalmente en cuestión de días.

A finales del año pasado, la administración de Dau fue criticada, incluso por sus aliados, porque presentó un proyecto al Concejo para eliminar el subsidio de estrato 3 en los servicios de acueducto y aseo.

El argumento de la Alcaldía era que, según el Dane, la cobertura de estos servicios no eran superiores al 95 por ciento, que, según un tecnicismo de la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico (CRA), es un requisito para que sea subsidiable.

Tras los cuestionamientos, Dau decidió revertir la decisión. “Había entendido que legalmente estábamos obligados a eliminar el subsidio de estrato 3. Hubo un problema de comunicación. Yo soy humano y, en lugar de ensancharme en una posición, prefiero cambiar”, nos dijo Dau previo a una reunión para modificar el proyecto de acuerdo.

Pasadas las dos de la tarde del 30 de noviembre, Dau entró a su despacho en el Palacio de la Aduana, que tiene vista a la bahía del Centro de Convenciones, para una reunión con los secretarios involucrados en el tema. Los cinco funcionarios ubicados en la parte lateral de la mesa.

El alcalde sentado en el centro, zapatos converse, jean claro y una camisa de rayas, donde guarda su cajetilla de cigarrillos Marlboro Gold. Como siempre, llevaba gafas grandes y una gorra negra de “Alcalde Cartagena de Indias”.

Uno de los secretarios leyó el proyecto con las modificaciones: mantenían el subsidio de aseo, pero quitaban el de acueducto.

Levantando el tono de la voz, Dau reaccionó enojado con su funcionario: “Esto va directamente al bolsillo de los ciudadanos. Yo no estoy dispuesto a correr ese costo político —hace una breve pausa — Pensé que había quedado claro. El alcalde soy yo, quieres meter eso a la brava”.

El secretario cuestionado señaló a otra compañera de negarse a asistir a una reunión para solucionar el tema. “Yo no soy abogado. Yo no quiero meterlo en un problema, alcalde, porque la certificación de Aguas de Cartagena dice que la cobertura no llega al 95 por ciento y ofrecer ese subsidio con esa certificación le puede costar una sanción disciplinaria”, argumenta el funcionario mirando al alcalde.

“Nosotros buscamos la manera de justificar el subsidio como usted nos pidió, pero lo único que logramos justificar fue lo de aseo, alcalde”, agrega otra funcionaria apoyando a su compañero.

Después de un par de horas de discusión, la situación llegó a buen término y, cinco días después, el alcalde anunció que el subsidio de estrato 3 se mantendría en acueducto y aseo. Dau dijo que lo hicieron porque pidieron nuevas certificaciones de cobertura a las empresas prestadoras de servicios públicos y a Aguas de Cartagena y, en ambos casos, los resultados fueron superiores al 95 por ciento en estrato 3.

El alcalde también dijo que la Secretaría de Hacienda realizó un estudio de impacto fiscal que determinó que los subsidios actuales no afectan el marco fiscal. 

William Dau abre los ojos a las 4 de la mañana, revisa su celular “para ver si hay algún incendio”, si no lo hay duerme hasta las cinco. Lee el periódico El Universal en físico y desayuna. Desde su apartamento en Bocagrande, la zona turística de Cartagena, trabaja y gestiona con sus secretarios los asuntos de la jornada. Sale a su despacho en la Alcaldía media hora antes de su primera reunión, que suele ser a las nueve de la mañana.

Pese a su edad, Dau se mueve con agilidad de un lado a otro. Hace diez años corrió la media maratón de Nueva York.

Después de reuniones con su gabinete, comunidades, visita de proyectos, firma de documentos, declaraciones a la opinión pública, la jornada de Dau suele terminar por la noche. Es la máxima autoridad y todos le piden un espacio.

En una reunión de diciembre con damnificados de San Francisco, que se había extendido más de lo acordado y en el que la Alcaldía poco podía hacer porque ya había una decisión judicial, uno de los asistentes hizo una larga intervención y le pidió otro encuentro a Dau para seguir el tema. El alcalde, que ya estaba de pie para asistir a otra reunión, lo rechazó tajantemente: “El día que menos me piden son 50 citas. A qué hora duermo, a qué hora como, a qué hora hago reuniones de gabinete. Allí están mis secretarios y ellos me mantienen al tanto”.

Como candidato a la Alcaldía Dau presentó un plan de gobierno de 8 páginas con propuestas inéditas como acabar la corrupción con inteligencia artificial y una auditoría forense para documentar los “delitos cometidos por los corruptos malandrines”.

Para gobernar Dau abrió una convocatoria pública a la que se presentaron siete mil personas. Con el filtro de una firma cazatalentos escogió un gabinete técnico y de personas con las que nunca había trabajado. Los clanes tradicionales se quedaron sin burocracia y las peleas con los concejales no se hicieron esperar.

Dau acepta que los primeros meses no entendía todo lo que se decía en las reuniones de gabinete. Además, su equipo tenía excelentes hojas de vida, pero la mayoría no había sido alto funcionario.

“Reconozco que no soy el más ejecutivo, pero hago las cosas honestamente y las hago de la mejor manera”, dice el alcalde.

Su ex asesora anticorrupción y una de sus manos derechas, Lidy Ramírez, dice que “el alcalde es terco, pero escucha. Él defiende su posición, pero reconoce los argumentos del otro”. Sin embargo, Ramírez comenta que en la administración ha habido choques de visiones de ciudad: “Al elegir las personas por meritocracia, tecnócratas, hizo que no hubiera una visión compartida de ciudad”.

Eso quedó en evidencia con la pandemia, que puso a tambalear a la administración de Dau. Renunció la gerente de ciudad Mónica Fadul, que venía de los gremios y había apoyado decisiones de mantener eventos activos, concretamente el Festival Internacional de Cine. El director de Salud Álvaro Fortich también renunció y dijo que el alcalde no acató su recomendación de cerrar el mercado de Bazurto.

Adriana Fortich, la hija del director de salud, cuestionó en redes los tratos del alcalde con su papá: “Alcalde William Dau. El abuso de autoridad por su parte y las faltas de respeto, fueron las verdaderas causas de la renuncia del Dr Alvaro Fortich”.

Por otro lado, el secretario del Interior y alcalde encargado cuando Dau no está en la ciudad, David Múnera, lo describe como alguien que “escucha a sus secretarios y discute con ellos…él te da autonomía, pero siempre está revisando”.

En todo caso, no solo por la pandemia la administración Dau ha tenido turbulencias. La Procuraduría le llamó la atención por la baja ejecución presupuestal en 2020 y porque no hizo la limpieza de los caños de la ciudad para evitar inundaciones. Desde la Asociación Nacional de Industriales (Andi) en Bolívar le cuestionaron su gestión de Transcaribe, que estuvo paralizado por varios días. 

Frente a la crítica el alcalde ha sido poco receptivo. Acusó al entonces procurador Fernando Carrillo de estar actuando con intereses electorales y de estar del lado de los corruptos y la entonces gerente de la Andi, Vivian Eljaiek, la declaró “persona no grata”.

A finales de noviembre Dau conversa en su despacho con dos integrantes de una fundación interesada en construir un centro educativo en El Pozón, un barrio pobre de Cartagena. Conversan en inglés durante 10 minutos. Cuatro de sus funcionarios escuchan.

Luego, Dau hace un resumen de la propuesta de la fundación: quieren construir un centro educativo en El Pozón, frente a un colegio, para complementar la jornada regular con la enseñanza a través del arte. Del Distrito necesitan un lote. La fundación ya tiene referenciado cuál.

En eso empieza una conversación entre una integrante de la fundación (que habla español) con los secretarios de Dau. Los funcionarios no se la ponen fácil a la fundación: consultan qué recurso aportaría la fundación, cuestionan por qué ese lote y no otro, analizan cómo evaluarían el impacto de la obra.

Mientras eso pasa, Dau corre su silla hacia el otro integrante de la fundación, el jefe, que solo habla inglés, y conversan entre ellos. Un par de minutos después Dau toma la palabra en la reunión y, levantando ligeramente el tono de voz, dice: “No podemos desperdiciar esto, es un proyecto muy importante, donde quieran ponerlo lo hacemos”.

Su equipo no quedó conforme. Informalmente una funcionaria le dice a su compañera que “esa gente lo que quieren es que le regalen (en referencia al lote que cedería el Distrito)”.

El alcalde se levanta de la mesa, saca un cigarrillo de su bolsillo y fuma. Vuelve a resaltar la importancia del proyecto y ordena a su funcionaria hacerle seguimiento. “Qué nos íbamos a complicar, si aquí lo importante es que inviertan en Cartagena”, nos dijo Dau después.

“Yo dije que iba a acabar con los malandrines, pero todavía queda una”, dice Dau mientras se ríe y abraza a su secretaria de Educación, Olga González. El alcalde resalta que viene de la academia.

Permanentemente el alcalde hace chistes o da referencias sobre la corrupción. “Un cordial anticorruptivo saludo”, dice para abrir un evento sobre la lucha contra la explotación sexual. En diciembre programó un conversatorio sobre clientelismo por el Día Internacional contra la Corrupción y en 2020 creó el concurso musical “Abajo los corruptos” y presentó el Libro Blanco, que recopila hallazgos de presuntas irregularidades que encontró su administración en la Alcaldía.

Dau ha convertido su lucha contra la corrupción y los clanes tradicionales en un show. Para presentar denuncias de corrupción en Facebook le suele pedir a sus seguidores que compren “papitas, crispetas y gaseosas porque es mejor que cualquier película”.

En Cartagena hay material para una trama gruesa de alcaldes cuestionados. Dionisio Vélez fue sancionado por irregularidades en el proyecto de construcción de hospitales, que siete años después de adjudicarse aún no se concretan. Manolo Duque renunció en medio de un escándalo por supuesta repartija de puestos para la elección de la contralora. Y la elección de Quinto Guerra fue anulada porque había sido contratista.

En 2020 el propio Dau le dijo a los medios que no asistió a una reunión convocada por la ministra del Interior, Alicia Arango, para definir cómo sería la reactivación económica porque “era alérgico” a las congresistas de Cambio Radical Daira Galvis y Karen Cure, quienes han estado vinculadas al combo político de la criminal Enilce López alias ‘La Gata’.

Dau se ha inventado palabras y frases que se convierten en sus eslogans como “malandrines”, “Cartagena pellizcate” y “muerdete el codo”. Al concejal Javier Julio Bejarano, que era su aliado, lo tildó de “grandísimo hijueputa” y ahora le dice “la viejita chismosa”.

Dau no solo le quitó la burocracia a los concejales, sino que ha librado una batalla con improperios. El desprestigiado Concejo de Cartagena ha respondido con fuerza.

Años atrás el Concejo no era reconocido por su control político, sino por los escándalos de corrupción que llevó a que en 2018 sesionaran con la mitad de los concejales porque la otra mitad estaban detenidos.

Durante la administración Dau, el Concejo ha ejercido un control político riguroso y un lenguaje beligerante. En el primer periodo de sesiones, tras ataques de Dau, la concejal Liliana Suárez del partido ASI dijo: “Si se tienen que sacar las armas para matar, se sacan, porque es que aquí nadie es mocho, nadie es bobo".

En diciembre de 2020, el Concejo le tumbó, vía moción de censura, al secretario de Planeación Guillermo Ávila por incumplimiento en sus funciones, aunque se reintegró en marzo porque un juez determinó fallas en el procedimiento. El Consejo Gremial de Bolívar calificó la movida del Concejo como “un exceso de poder”.

Y en agosto el Concejo tumbó al secretario de Participación Armando Córdoba. Salió por la demora en los contratos de alimentos para los adultos mayores y la falta de inversión en los centros de vida, como detalla La Contratopedia. 

Y más allá de las peleas con los clanes tradicionales, la administración Dau también ha tenido casos que empañan su discurso anticorrupción.

En 2020 Dau tuvo que revocar a su “primera dama” y promotora de su campaña Cynthia Pérez por la falsificación de su experiencia laboral y estudios para obtener un contrato. Revista Metro también publicó un audio en el que Dau le reclama a Pérez por su “voraz apetito por tener burocracia” y otro en el que dice haber entregado un contrato por recomendación de una “ministra de muy alto cargo”.

Además, su hijo y empresario Abraham Dau lideró el fallido movimiento Fuera Malandrines, que buscaba llevar lista a Cámara con un aval de firmas, pero no lo consiguió. Esto ha sido cuestionado porque, aunque Dau ha criticado los clanes familiares de Cartagena, su hijo se metió en política con él como mandatario de la ciudad.

“Él ya sabe que no va a cortar cintas rojas, que esto es un gobierno de transición para dejar el terreno abonado para el próximo alcalde, que ojalá sea anticorrupción”, nos dijo uno de los funcionarios más cercanos a Dau.

La principal aspiración y promesa de Dau para llegar a la Alcaldía de Cartagena fue acabar con la corrupción. Cree que lo está logrando. Se siente orgulloso cada vez que repite que en su Alcaldía no le han repartido nada a los corruptos. Se siente orgulloso por cosas cotidianas: “Antes comían banquetes en los mejores restaurantes de Cartagena con la caja menor del alcalde. Yo no podría, todos los días almuerzo en mi casa”.

Pero los proyectos y obras que prometió están en veremos. Para la construcción de un recinto ferial se ha reunido con directivos de la empresa gringa Hunden Strategic Partners para asesorarse, pero aún no se ha estructurado el proyecto ni abierto licitación. El plan de drenaje pluvial no se ha realizado. En 2021 también se comprometió a entregar cinco hospitales que dejó inconclusos la administración de Dionisio Vélez, pero solo entregó uno.

Sobre su legado Dau dice: “Quiero dejar una Cartagena preparada para el siglo XXI destrozándose de un déficit que lleva tantos años acumulándose. Sanear la administración pública. Si no logro más que eso, habré logrado mucho por Cartagena”.

Y en referencia a las obras: “Espero que queden contratadas, ojalá algunas obras queden listas, pero no me quita el sueño eso. Lo importante es que Cartagena esté libre de corrupción para lo que viene”.

“Con tantos alcaldes que no terminaron sus períodos en los últimos años, en escándalos de corrupción. Que Dau termine su mandato ya es un logro”, dice uno de sus funcionarios.

Dau le dijo a La Silla, en marzo, que está convencido que su movimiento pondrá el próximo alcalde y la mayoría de concejales. También quería que su grupo llevara candidatos a Cámara y Senado, y lo intentaron pero no lo lograron. 

Su hijo Abraham Dau inscribió el movimiento Fuera Malandrines para llevar una lista a la Cámara. Pero no presentaron las firmas ante la Registraduría y la apuesta electoral fracasó. Abraham nos dijo que recogieron las firmas, pero no pagaron la póliza de 300 millones y se quedaron sin aval. En su casa hay apiladas decenas de cajas con firmas. 

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