Petro agita las plazas públicas para volver a crecer

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Mientras muchos candidatos andan planilla en mano buscando firmas, Gustavo Petro ha hecho cuatro eventos grandes de plaza pública en las últimas dos semanas.

Cientos de militantes han salido a escucharlo hablar, montado en una tarima con pantalla y luces, en Barranquilla, Valledupar, Popayán y Pasto. Ha escogido lugares en el Caribe y el Suroccidente, las dos regiones donde está su base más fuerte. Una estrategia que va en línea con “desatar pasión en el mundo popular” para ser presidente, como le dijo hace una semana a El País de España.

La correría llega mientras el candidato de la Colombia Humana lidera en todas las encuestas, pero registra un descenso en la única que ha hecho mediciones comparables. En el estudio de Invamer, pagado por Caracol Televisión, Petro perdió 8 puntos, medido antes y después del paro. Pasó de 38 a 30 por ciento en la intención de voto, entre abril y agosto.

Adoptar este ritmo tan temprano en la campaña es una movida arriesgada para volver a crecer e imponerse como la única alternativa de cambio, especialmente frente a los candidatos de centro, según analistas consultados.

Petro ha sumado algunos apoyos políticos nuevos al Pacto Histórico, pero algunos son cuestionados porque hacen parte de la política tradicional que él ha denunciado. Además, el ritmo podría desgastar su figura y sus finanzas —que hoy son opacas, pues no ha revelado quién pone la plata para los eventos— cuando aún la mayoría de votantes no están en modo electoral.

Por la "pasión popular"

En Pasto, al evento del viernes pasado, acudieron varios cientos de personas a la plaza de Nariño, donde había una pantalla gigante, tarima, varias cámaras, un dron y un grupo musical. Como en Barranquilla, fue una muestra de una campaña con plata y un mensaje para el pueblo.

Entrada la noche, luego de los discursos de dos precandidatas del Pacto Histórico, Francia Márquez y Arelis Uriana, Petro tomó el micrófono para el cierre. Vestido con una ruana, habló de crear una confluencia que “se puede convertir en la primera victoria popular desde los tiempos de Bolívar”.

Luego denunció a un “régimen” que va más allá del gobierno de Duque, que se ha enquistado durante los últimos 40 años. Y llamó a canalizar el paro en las elecciones: “El estallido es el que sale de las calles a las urnas, vamos a hacer estallar las urnas con un estallido popular”, dijo justo antes de que volaran confetis por el aire.

Con las multitudes, la campaña de Petro energiza sus bases con un discurso de cambio radical, que es luego multiplicado por sus redes y las de sus aliados. “Unos llenan sus bolsillos con dinero del erario, (...) Petro llena plazas con mensajes de paz y progreso y siembra esperanza a un pueblo abusado y violentado”, escribió el senador Gustavo Bolívar, defensor clave de Petro, en un trino ayer con varias fotos de los eventos.

Este énfasis va en línea con la estrategia que Petro ha anunciado, “Muchos candidatos buscan la clase media y alta, pero el que quiera ganar la presidencia tiene que sacar pasión en el mundo popular”, le dijo a El País. Sin embargo, esta mirada choca con su posición actual en la opinión pública, y con el apoyo que necesita construir para conseguir una mayoría.

Según Martín Orozco, encuestador y gerente de Invamer, los votantes colombianos está repartidos así: “la izquierda pesa el 21 por ciento, el centro 26 y la derecha el 34. El resto, son personas que dicen no tener una afinidad que, tienden a parecerse a los de centro”. Es decir, necesariamente Petro tiene que salir de su nicho de izquierda.

Y lo está logrando. A diferencia de la campaña pasada, Petro “es un candidato mejor repartido en la población hoy en día, y puede llegar a sumar más de lo que sumaba antes”, dice Orozco. De acuerdo a la encuesta, tiene la intención de voto más alta en todos los rangos de edad, clases sociales y regiones. Incluso entre quienes se identifican como de derecha Petro es el segundo candidato preferido, después de Fajardo (y cuando aún la derecha no ha definido cuál será su candidato).

“Se ha metido en la cabeza de gente de todos los sectores”, concuerda César Caballero, director de Cifras y Conceptos, otra firma encuestadora, pero advierte que aún es muy temprano. Según la medición de Cifras y Conceptos, el 77 por ciento de las personas no ha decidido aún por quién votar. Por eso, si bien el liderazgo de Petro es sostenido, no es tan sólido. El golpe registrado por Invamer en agosto fue generalizado, “bajó en todas las regiones, excepto en las cafeteras. Bajó en todas las edades, hombres y mujeres y en todos los estratos”, dice Orozco. Sobre todo en Bogotá el golpe fue grande, perdió 20 puntos.

De acuerdo a su campaña, estos eventos "no hacen parte de una estrategia. En estos meses previos a la campaña, el senador Gustavo Petro está asistiendo a donde lo invitan, con mucho cariño, amigos del Pacto Histórico".

Pero en ese contexto, la estrategia de plaza pública sería insuficiente para ayudarlo a crecer de manera homogénea de nuevo. Esto está claro para personas que trabajan en la campaña, como Jorge Rojas, quien ha liderado discusiones programáticas con empresarios: "Me quedo con el Petro más flexible frente a la convocatoria de la diversidad del país, pero sin cambiar principios, eso es el Pacto Histórico. Si un sector uribista quiere un cambio, ahí hay una puerta abierta para hablar con Petro". 

Apoyos detrás de la tarima

Más allá del impacto en la opinión, los eventos de Petro envían un mensaje de fuerza en el mundo político. “En un momento cuando todos están recogiendo firmas, eso le da estatura y le resta a los otros”, dice Alejandro Salas, consultor político y exjefe de discursos y mensajes de la presidencia Duque. “Eso genera una dinámica política importante para Petro, que golpea a los otros”, agrega.

En efecto, a la campaña de Petro han llegado políticos nuevos, además de las adiciones de Roy Barreras y Armando Benedetti.

La semana pasada se sumó Piedad Córdoba, quien carga una larga lista de denuncias por sus vínculos con el chavismo y las antiguas Farc. Antes lo había hecho, en en la antesala al evento en Barranquilla, Alfredo Saade, un pastor cristiano y político tradicional del Cesar. Y en Valledupar, donde también hubo evento de plaza pública, Petro posó para una foto con dos excongresistas liberales, condenados por corrupción hace más de una década, que están haciendo gestiones para ingresar a la campaña. 

Posteriormente Petro desautorizó su entrada al Pacto Histórico, pero, según supo La Silla, siguen avanzando las conversaciones locales para que su sector le ponga votos.

Estas operaciones han generado ambivalencias internas dentro de la coalición petrista, entre otros, del senador Bolívar. “No me gustan”, le dijo a La Silla, “Yo lo que no sé es si hay unas sumas que restan” agregó.

Por ahora, más que restar, la pregunta es si realmente suman mucho. Más allá de apoyos que podrían aportar votos en las regiones, especialmente para las elecciones legislativas, este año Petro no ha logrado adhesiones de figuras políticas nacionales importantes por fuera de su círculo.

Por otro lado, los eventos sí revelan el apoyo de personas con plata a la campaña. La de Barranquilla, según uno de sus organizadores que pidió no ser identificado, se financió con aportes de empresarios cuyos nombres no han sido revelados. 

Sobre este punto, María Antonia Pardo, directora de comunicaciones de la campaña de Petro, respondió por escrito a La Silla que "Nosotros no manejamos dinero. Vamos es a invitaciones. Los organizadores se encargan de todo. Lo que he visto es que el éxito de esos eventos dependen de la buena voluntad de amigos. Unos donan el sonido, otros el almuerzo, y así. En general son eventos muy sencillos carentes de lujos o excesos".

Como aún no hay ni siquiera candidaturas inscritas, no existe la obligación legal de registrar estos aportes a eventos que son claramente de campaña, pero que se presentan como “reuniones políticas”.

Más allá de estas opacidades, políticas y financieras, todo indica que Petro seguirá intentando atraer a fuerzas regionales. “La situación en los territorios es muy dura y para cambiarla tenemos que ganar” dice el senador Bolívar. Petro va más lejos: “En Colombia tenemos un Estado que no se puede llamar democrático, a pesar de que haya elecciones. Porque el método electoral está cooptado por una serie de totalitarismos de facto regionales donde las poblaciones viven bajo el terror”, dice en la entrevista al diario español.

La idea de que Petro es la única alternativa de cambio ha sido reiterativa, especialmente frente a los candidatos de centro, como Sergio Fajardo y Alejandro Gaviria. Del primero, Petro ha dicho que se trata un liberal “sin agenda programática”. Del segundo, que es un “neoliberal”. Y de ambos, que buscan “canalizar al uribismo” para derrotarlo.

Además, se trata de la última oportunidad, un todo o nada. Si no gana en estas elecciones Petro no volverá a aspirar, “daría por terminado mi ciclo”, le dijo al diario español.

“Petro está mandando el mensaje de que cree que va a ganar. Los otros están viendo como llegar a primera vuelta”, dice el consultor Salas. Y ese mensaje, se amplifica cuando se da frente a cientos de personas en una plaza pública. 

Pero si no cala, si no se refleja en las próximas encuestas, si no llega con apoyos poderosos, pondrá en aprietos a una campaña que tendría la difícil tarea de escalar a algo más grande cuando ya se lanzó el confeti sobre la tarima. 


Nota del editor: Después de la publicación de esta nota se agregaron respuestas de la campaña del senador Petro. 

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