Petro, el que puso el ritmo de la campaña

Silla Paisa
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Con una propuesta de país clara y varios aciertos estratégicos, logró la mayor votación de la izquierda en la historia y el hito de llevarla a segunda vuelta.

El ex alcalde de Bogotá llegó a segunda vuelta, como preveían las encuestas, después de haber marcado el ritmo de la campaña. A punta de discursos, drones e ideas logró poner la agenda en muchos momentos, fue de lejos siempre el candidato más buscado en Google y, a pesar de que al final casi lo alcanza Sergio Fajardo, logró una votación sin precedentes para la izquierda.

La votación de Petro es aún más histórica (solo se asemeja al 27 por ciento que sacó la AD M-19 en las elecciones de 1990 a la Constituyente, aunque en esa ocasión hubo una enorme abstención del 70 por ciento) porque arrancó la campaña con varios obstáculos, comenzando por la inhabilidad que tenía por las sanciones disciplinarias que le impuso la Contraloría durante su alcaldía. Tenía además en contra la animadversión de muchos líderes de opinión, una opinión negativa grande en Bogotá, y la izquierda fracturada (incluso antiguos aliados, como Antonio Navarro, lejos).

Los superó todos.

Como mostró Lucas Ospina, hizo de las críticas de los líderes de opinión un activo, pues lo mostraba como la alternativa a la clase dirigente.

En lugar de luchar contra la opinión negativa por su gestión en Bogotá, reforzó su imagen entre quienes sí tenían una buena opinión de él.

Hizo campaña sin esos viejos aliados pero posicionándose como el candidato de grupos sociales tradicionalmente de izquierda, como los indígenas, los grupos de víctimas, o los sindicatos.

Y logró suspender o tumbar las sanciones que lo podrían haber inhabilitado.

Eso lo hizo paso a paso, marcando el ritmo de la campaña con eventos que lo pusieron en el centro del debate, y construyendo un discurso de víctima de las élites que mezcló con una visión de futuro, con una propuesta de un país soñado que reiteró en su discurso de anoche.

“Volvemos a la violencia o construimos la paz”, dijo y se mostró como la alternativa del futuro mientras dijo que el uribismo es el de la Constitución de 1886.

El ritmo que impuso

Gustavo Petro arrancó la campaña convocando a una alianza de la centroizquierda. Con eso dio de qué hablar, empezó a tender puentes hacia el electorado de centro (lo que le sirve ahora para segunda vuelta) y reforzó su discurso de víctima pues todos le terminaron haciendo el feo.

Todavía en 2017, mientras recogía firmas, convocó a una alianza con Clara López y Carlos Caicedo, que cuajó con el segundo. Luego, tras recoger 846 mil firmas, buscó meterse en la que se estaba gestando entre Sergio Fajardo, Jorge Robledo y Claudia López. Y de nuevo a fines de marzo buscó entrar en el fallido acercamiento entre Fajardo y Humberto De La Calle (esfuerzo que lideró su fórmula vicepresidencial, Ángela María Robledo)

Mientras coqueteaba con otros líderes, Petro empezó a apuntalar su discurso anti sistema que concretó en un programa futurista que busca cambiar decenas de cosas y que se sustenta sobre la noción de que el país va mal.

De esta manera, logró rápidamente enarbolar la bandera de cambio y encarnar la frustración e indignación de muchos colombianos.

Aunque parte de su discurso coincidió con el de otros candidatos (habló contra la corrupción como Fajardo, aunque más referido a “las mafias” que al clientelismo; y defendió el acuerdo con las Farc, como Fajardo, De La Calle e incluso Vargas), logró crear una visión de futuro propia y diferente.

Quizás la más visible es modificar el modelo económico en el que el Estado sea más protagónico, especialmente en sectores en los que domina lo que él llama “el capital financiero”, como la banca, las pensiones o la salud.

También ha abogado por reemplazar la dependencia de las industrias extractivas y los combustibles fósiles por una apuesta por la industria y el agro. Y ha defendido la idea de hacer una constituyente para hacer reformas que no se han podido hacer, como la política y la de la justicia.

Con todo eso construyó una visión de futuro que le ayudó a movilizar las emociones de sus electores, a minimizar la atención en las falencias de sus gestiones pasadas y a conectar con el rechazo al estado actual de cosas.

La fuerza de la consulta

Pero quizás su mayor acierto fue haber insistido en hacer una consulta, así fuera prácticamente consigo mismo. Pues fuera de haber empatado el hito histórico de la izquierda, los 2,6 millones de la candidatura presidencial de Carlos Gaviria de 2006 , le dio un ‘momentum’ que nunca perdió.

Después de los resultados del 11 de marzo, Petro logró quedarse prácticamente con la totalidad de la izquierda. Lo hizo, además, aterrizando en la práctica su discurso de izquierda moderna, plural y muy diferente a la de los comunistas de hace unas décadas.

Por un lado, con la salida del abanico de Jorge Robledo por su alianza con Fajardo y de Clara López al aceptar ser fórmula de Humberto de La Calle, se convirtió en el único candidato de la izquierda.

Eso cristalizó en que, después de que definitivamente se cerraron las puertas de una alianza con Fajardo y De La Calle, grupos sustanciales del Polo buscaron caminos para poder apoyar por encima de la mesa a Petro. Aunque no los dejaron, sus bases sí lo hicieron y por eso Petro se quedó con casi todas las estructuras, como contamos hace 10 días.

Lo logró incluso con las que parecerían tener un interés opuesto a sus propuestas, como el sindicato petrolero USO -algo en cierto sentido contradictorio, dadas las críticas de Petro a la industria de los hidrocarburos- , lo que seguramente le ayudó a ganar en Barrancabermeja, fortín tradicional de ese sindicato (fue el único municipio de Santander en el que ganó, con más del 42 por ciento de los votos).

Además, grupos tan simbólicos como la Onic, la poderosa organización indígena, hicieron campaña con él, y Petro lo aprovechó para darles juegos y tener una imagen integral de político progresista.

También se acercó a reivindicaciones sociales sentidas, como el del comité cívico del paro de Buenaventura (donde sacó el 55 por ciento de los votos), la antiminería y el activismo a favor del ambiente en Mocoa (donde hubo una tragedia invernal hace un año, y  sacó el 54,5 por ciento de los votos) o el de paro cívico de Chocó (que ganó con más del 43 por ciento de los votos).

Dada la escasa ventaja que le sacó a Fajardo, es claro ahora que haber hecho campaña en municipios a donde casi nunca había ido otro político y donde no fue ninguno otro en esta campaña pagó el esfuerzo.

Prendió las emociones

A punta de sus propuestas orientadas a la juventud, de las emociones antisistema que despertó y de su historia personal que demuestra valentía e independencia, Petro se fue quedando con por lo menos parte de la reedición de la Ola Verde que intentó Sergio Fajardo.

Le ayudó su estrategia de llenar plazas públicas y magnificar el impacto de eso difundiendo fotografías panorámicas tomadas con drones, y también su conocida capacidad retórica, que despertó fervor.

Por ejemplo, en Putumayo, el único departamento en el que la Ola Verde fue triunfadora en 2010, las emociones y organizaciones sociales se fueron con él: sacó casi el 60 por ciento de los votos, su mayor victoria en todo el país (Fajardo no llegó al 10 por ciento allí).

Lo que viene

A pesar de la proeza que logró Petro, ganarle a Duque en segunda vuelta es difícil. No solo porque arranca con 2,7 millones de votos menos, sino porque así se quedara con todos los votos que sacaron Germán Vargas, Sergio Fajardo y Humberto de la Calle en los ocho departamentos en los que ganó Petro y que son marcadamente antiuribistas, avanzaría tan solo en 750 mil.

En cambio, si Duque hiciera lo mismo en los departamentos marcadamente uribistas, sumaría 1,2 millones de votos.

Incluso si Petro lograra conquistar los 1,2 millones que sacó Fajardo en Bogotá le quedarían faltando más.

La opción que les queda es avivar el antiuribismo con el fin de mantener movilizada su base y para convencer a los antiuribistas que no son petristas.

Eso lo comenzó a hacer desde ayer mismo. En su discurso de triunfo, empezó a plantear la dicotomía entre la Constitución del 91 y la del 86; entre la “política de la muerte” y la “política de la vida” (la suya); entre un estado autoritario y centralista y un estado de derechos y centralistas; y entre el pasado y el futuro.

Basta ver los trinos que Petro estaba retuiteando ayer:

El problema de radicalizar este discurso es que corre el riesgo de perder definitivamente a los fajardistas que son “tibios” como su candidato y rechazan los extremos, como mostró el artículo de La Silla sobre las emociones que mueven el voto por Fajardo.

En todo caso, y más allá de si logra remontarse en las próximas semanas, Petro ya logró ponerse al frente de la izquierda en Colombia. Y si no logra ganar el 17 de junio, será el líder de la oposición al gobierno de Duque desde la curul automática que ocupará en el Senado por haber quedado de segundo.

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