"Por ingenuidad me quedé": Marta Lucía Ramírez termina cansada de la política

"Por ingenuidad me quedé": Marta Lucía Ramírez termina cansada de la política
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En abril de 2021 Marta Lucía Ramírez tenía lista su carta de renuncia a la Vicepresidencia. Desde el mes de diciembre anterior, la funcionaria venía barajando la posibilidad de dejar el Gobierno de Iván Duque y aspirar a la Presidencia en 2022 con su familia, asesores de su despacho y aliados políticos de años. Tenía a su favor su larga experiencia política y que, sola, en las consultas de 2018, había sacado 1.5 millones de votos. Asimismo cargaba con muchos factores en contra: su baja popularidad, la del Gobierno, y varios golpes mediáticos encima.

Semanas después, en mayo, anunció a sus asesores y allegados que desistiría de renunciar. El país llevaba varios días paralizado por las protestas en las capitales del país. Duque le ofreció ser canciller —un puesto que ella misma había pedido desde inicios del mandato— y sacrificó buscar otra vez lograr su sueño de ser presidenta para quedarse.

"Cuando tenía listo mi retiro me quedé, porque por encima estaba servirle al país", dijo a La Silla la hoy saliente vicepresidenta con visos claros de arrepentimiento. "Tal vez por ingenuidad me quedé", agregó.

Hoy Ramírez dice —tal vez por primera vez en mucho tiempo— que quiere alejarse de la política.

"No tengo interés en hacer política. No estoy con agendas personales a cuatro años, menos viendo lo que ha pasado", dice, en referencia al cambio del país, reflejado en el voto por el cambio de las presidenciales. "De todas formas mi vocación siempre ha sido el servicio a Colombia, y se puede servir desde muchos lados, como la academia, o la empresa privada".

Varios factores influyeron para que Ramírez pasara de ser una presidenciable de la derecha a dudar por completo si quiere seguir buscando en la vida pública: una difícil relación interna con Duque, quien nunca la tuvo en su cerrado círculo de Palacio; y los escándalos mediáticos en los que estuvo involucrada, producto de investigaciones periodísticas sobre cuestionamientos a su familia cercana.

Una Vicepresidencia lejana de Casa de Nariño

En la campaña de Ramírez en 2018, cuando compitió en la consulta de la derecha, consideraban impensable ganarle al candidato Iván Duque, apoyado por el aparato político del entonces poderoso Centro Democrático. Tanto ella como Duque llegaron al poder sobre los hombros de la alianza que habían hecho los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana.

Bajo ese entendido es que Ramírez, sus aliados y allegados, incluyendo Pastrana, siempre consideraron que su trabajo era ser la coequipera del presidente, no su subalterna.

Aunque el despacho de la Vicepresidencia queda a solo una cuadra de la Casa de Nariño, durante el mandato Duque la distancia pareció mucho más amplia. Desde el inicio quedó claro que el presidente no tendría como mano derecha a su vicepresidenta.

Durante los cuatro años de mandato fueron constantes las quejas por parte de allegados a Ramírez de que era "desaprovechada" por el presidente, teniendo en cuenta que ella tenía mucha más experiencia pública que él. Pero Duque le dio poder y manejo político a sus amigos cercanos, a la jefe de gabinete, María Paula Correa y su director administrativo, Víctor Muñoz.

Duque le quitó a Ramírez temas de impacto como la política de derechos humanos —que solían manejar los vices anteriores— y la implementación del Acuerdo de Paz —que Ramírez venía manejando desde que ganó el No en 2016—. Ambos quedaron en la órbita de Palacio, con el entonces consejero Francisco Barbosa y el hoy exconsejero de Estabilización, Emilio Archila.

Ella se quedó con las consejerías para la mujer, para la discapacidad y la Secretaría de Transparencia. Y encargos varios como la de la reconstrucción de Mocoa, la Alcaldía de Cartagena cuando estuvo en interinidad, los pactos empresariales para la reactivación del empleo y las conmemoraciones del Bicentenario.

Cuando ocurrió el primer paro, en 2019, Ramírez pidió tener un rol más preponderante. Durante el Bicentenario ella participó en la elaboración de la estrategia que después se convertiría en la Conversación Nacional, sobre la que venía trabajando Presidencia a partir del modelo de los diálogos de Emmanuel Macron, con la que al final tuvo lánguidos resultados. Pero quien llevó la batuta fue el hoy ministro de Defensa, Diego Molano, por entonces director administrativo de la Presidencia.

También, según señaló una persona que los supo de primera mano, Ramírez por ese momento le pidió a su jefe la Cancillería, luego de que Carlos Holmes Trujillo (qepd) pasara al minDefensa. Sin embargo, Duque eligió a Claudia Blum, quien tuvo un desempeño lánguido.

Al mismo tiempo, en Palacio hubo molestia cuando, por cuenta de Ramírez, cayó un escándalo inesperado al Gobierno que ya estaba enfrentando la pandemia. La Nueva Prensa y Univisión revelaron que Bernardo Ramírez, hermano de la vice, había sido condenado por tráfico de heroína en Miami 23 años atrás.

Ramírez reconoció públicamente que el secreto se lo había dicho a todos sus jefes, excepto a Duque, con lo que quedó la sensación en Casa de Nariño que ella no lo reconocía como tal.

Y no fue el único escándalo público que cayó sobre la funcionaria.

En marzo de 2020, meses antes del escándalo por su hermano, una investigación de Jeremy Mcdermott de Insight Crime, mostró la existencia de nexos entre la empresa Hitos Urbanos, de Álvaro Rincón, esposo de Ramírez, con el narco y exparamilitar Guillermo Acevedo, conocido como 'Memo Fantasma'.

Ramírez aseguró que los negocios ocurrieron en momentos en que el narco no estaba en la mira de las autoridades y que todo fue lícito. Hoy, 'Memo Fantasma' está detenido y acusado por la Fiscalía de lavado de activos y nexos con paramilitares.

Más recientemente, Caracol Radio reveló que Hitos Urbanos obtuvo una playa en San Andrés para construir un condominio que la misma gobernación reclama como un predio público y habría sido adquirido con irregularidades.

Para el círculo de Ramírez, estas revelaciones hicieron mella en su intención de seguir en la política. "Ella recibió varios ataques que son públicos y eso emocionalmente le generó una afectación, eso la desmotivó mucho en el tema político", nos dijo, a condición de no ser citado, un asesor que lleva trabajando con Ramírez desde hace una década.

"Ella se pronuncia porque ese es un golpe a su honra", señala otro asesor y aliado político. "Y en general, la relación con la prensa siempre fue muy tensa", dijo, en referencia a salidas en falso durante estos años —como llamar "atenidos" a quienes pedían subsidios en plena cuarentena— que se volvieron memes en redes.

En medio de estas situaciones, la Casa de Nariño se ha mantenido distante. Palacio salió a defenderla públicamente tras la revelación de la captura hace dos décadas de su hermano. Pero en los demás escándalos, Duque y su séquito mantuvieron silencio.

Pero la mayor muestra de la distancia entre la Casa de Nariño y Ramírez ocurrió después de que aceptara la Cancillería.

Duque emitió un inédito decreto en septiembre en el que le daba funciones paralelas diplomáticas a su mano derecha en Palacio, María Paula Correa, como organizar agendas internacionales y ser delegada del presidente en eventos en el exterior. El decreto tuvo críticas del expresidente Pastrana y de diplomáticos y excancilleres que rodearon a Ramírez en ese momento.

Correa le negó a La Silla que hubiera una intención de "pisar las mangueras" de las funciones de Ramírez y que todo fue coordinado con la Cancillería. Ramírez ve la situación con otro tono.

"Ese es un episodio que creo que fue frustrante", reconoció a La Silla. "Obviamente llegué al finalizar el gobierno a ocupar un cargo en el que podría haber hecho más si hubiera estado vinculada desde el comienzo", dice en referencia a que había buscado ese puesto desde 2019. "Y si tuviera las manos libres para lograr lo que quería".

Lejana a la política electoral

Muestra del poco interés que tiene Ramírez ahora en la política electoral es que ya no tiene vasos comunicantes con el Partido Conservador.

Aunque la relación entre el Partido y Ramírez fue tensionante desde la campaña de 2018 —de hecho, se lanzó por firmas tras renunciar a él— durante los dos primeros años de mandato mantuvo comunicación con la dirección, pese a quejas de que no les dio puestos. Después, la relación se cortó.

"Debió ser por la pandemia, pero yo, al menos, hace por ahí dos años que no la veo", nos dijo un senador del nuevo Directorio Nacional, que pidió no ser citado porque no es vocero.

A eso se suma que el Partido aterrizó en la coalición de Gustavo Petro. Y que fichas cercanas a Ramírez para listas godas al Congreso, como su exviceministro Juan Camilo Ostos, o su ahijado político, Héctor Mantilla, se quemaron en las elecciones a Senado y Cámara de marzo. Tres políticos de las bases azules afines a Ramírez en Meta, Risaralda y Santander, le dijeron a La Silla que perdieron comunicación con la Vice.

Ramírez, a su turno, piensa más en su legado desde la Vicepresidencia. A tres días de entregar el cargo, su oficina lanzó un libro virtual para mostrar las ejecutorias de sus dos carteras.

Y además, se mantiene en defender su labor.

A La Silla le dijo que "debería ser recordada como la Vicepresidencia que abrió un espacio irreversible a las mujeres", en relación a las políticas de género impulsadas en su despacho para el empoderamiento económico de las mujeres. "La que impulsó iniciativas en transparencia para ser efectivos contra la corrupción", en referencia a normas impulsadas en el Congreso para prevenir y emitir alertas tempranas de robo de plata pública. "Y que en el sector privado me recuerden como quien impulsó acuerdos sectoriales", dice en referencia a los más de 900 acuerdos firmados con empresas privadas para destapar huecos de botella con el Estado y que pudieran tener más productividad.

En términos diplomáticos, Ramírez esperaba, por ejemplo, equilibrar la cancha entre los embajadores de carrera y los nombrados por favores políticos. Pero, según cifras del sindicato de la Cancillería, hoy de las 64 embajadas, solo 13 están a la cabeza de funcionarios de carrera diplomática.

Los reproches y amarguras con las que sale la primera vicepresidenta de Colombia le dejaron lecciones que trasmitió a la segunda, Francia Márquez. Durante las reuniones de los empalmes con el equipo de su sucesora, Ramírez le habría dicho a Márquez que no permita que la dejen solo como Vice y que exija un ministerio. 

Pero ni siquiera eso, como hoy admite la próxima a ser excanciller, es garantía de que la Vicepresidencia sea un trampolín político.

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