Rodolfo seduce a los empresarios: los invitó a Santander y les cobró el desayuno

Rodolfo seduce a los empresarios: los invitó a Santander y les cobró el desayuno
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Roberto Moreno (derecha), presidente de la constructora Amarilo

En medio de un hermetismo total, Rodolfo Hernández logró reunir a cerca de 300 empresarios de todo el país en Bucaramanga en un evento donde al final les cobró 50 mil pesos por el desayuno.

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“Parecían hipnotizados, como cuando llegó Uribe en 2002”, le dijo a La Silla un asistente que asesora grandes empresas y pidió no ser mencionado. A diferencia de Duque que se puso al servicio de los empresarios, explicó, Hernández les dijo que ellos se tenían que poner al servicio del país.

“Nos da tranquilidad. Es una persona clara, directa”, añadió Gustavo Lenis, presidente de Fabricato.

“Una cosa es ver a Rodolfo como el disparatado de los videos y otra es escucharlo sosteniendo una visión de país durante una hora”, le contó a La Silla un asistente que no lo conocía en persona.

“Hay confianza en él. Se reciben esas propuestas”, dijo César Diaz, exviceministro de Minas.

“Acá más que convencidos, llegó gente interesada en conocerlo porque nunca lo habían visto de frente y eso claro que hace falta para dar el voto de confianza”, le dijo a La Silla otro empresario que estuvo cercano a la organización.

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Los empresarios van a donde Rodolfo en Santander

A las 7 y 30 de la mañana Rodolfo Hernández salió de su apartamento hacia el hotel Holiday In. Sobre las ocho de la mañana había decenas de empresarios vestidos de blanco en el vestíbulo del lugar. Estaban haciendo fila frente a los ascensores para subir al quinto piso, donde fue la reunión.

Una vez arriba, había tres mujeres del equipo de logística de la campaña de Rodolfo Hernández con resaltadores y listados en mano, en los que figuraba el nombre de cada invitado y su lugar en el desayuno. 

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En esta mesa los asistentes ponían sus datos y dejaban el celular

A las 8 y media el salón ya estaba lleno. Para una campaña como la de Hernández, que no tuvo en su agenda este tipo de eventos sino apenas en su recta final, la convocatoria fue nutrida: casi 300 personas de todo el país.

La mayoría, santandereanos. En parte, porque quienes iniciaron la convocatoria fueron dos empresarios de ese departamento: Federico Gómez, de la constructora Sumas, y Andres Novoa de Ventanar.

Pero también llegaron perfiles nacionales como el presidente de la constructora Amarilo, Roberto Moreno; el presidente de Fabricato, Gustavo Lenis; el tributarista Santiago Pardo, quien fue asesor de Germán Vargas Lleras; el presidente de La Fazenda, Jaime Lievano; la presidenta de la Asociación de Tecnologías de Información y Comunicaciones de Colombia, Gale Mallol, o el empresario de transporte, Gonzalo Echeverry.

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“Queríamos hablar con Rodolfo y exponerle inquietudes, pero pensábamos que iba a ser algo más pequeño”, dijo uno de los asistentes santandereanos. Según él, la expectativa de la convocatoria no era tan grande. Otro dijo que aunque el evento inició siendo más reservado, se empezó a regar la bola entre los empresarios al punto de que abrieron un formato en Google y lo rotaron entre algunos empresarios para que se inscribieran.

“Muchos no alcanzaron a entrar porque se llenó”, dijo otra fuente que estuvo cerca a los que inicialmente convocaron.

Una vez entregaban los celulares, pasaban el filtro de una persona de seguridad y su detector de metales. Adentro, Hernández se sentó en una mesa junto a su esposa Socorro Oliveros y sus tres hijos: Mauricio, Luis Carlos y Rodolfo José.

Después de unas palabras de presentación de Federico Gómez, tomó la palabra una persona que según cinco asistentes era “un técnico” pero sin ningún rol protagónico ni influyente. Nadie pudo dar su nombre. Inició una exposición con diapositivas de indicadores económicos que a los pocos minutos fue interrumpida por Hernández.

“Eso que la pobreza, que la inflación, todo eso ya lo saben todos ellos, eso no hace falta acá”, dijo el candidato pidiendo el micrófono. Se puso de pie y desde su mesa, empezó a echar su discurso anticorrupción.

Según seis asistentes con los que La Silla habló por aparte, Rodolfo les pidió que pensaran cómo podían tener empresas viables.

“Ustedes ya tienen plata, no necesitan puestos… Ayúdenme a hacer que una inmensa cantidad de pobres progresen”, contó uno, parafraseando al candidato.

El discurso de Rodolfo, más allá de la promesa de luchar contra la corrupción, desde el año pasado se enfocó en acabar la pobreza. Entre los empresarios lo explicó como una forma en la que todos ganan.

“Nos dijo que a un lado estaban los pobres y al otro lado los ricos, y en la mitad, la clase política que no dejaba progresar y que él quería justamente acabar esa intermediación”, explicó otro.

Para eso, según esa fuente y otras dos que se lo dijeron a La Silla por separado, Rodolfo los invitó a ser “pivotes”, mientras abría y cerraba el brazo y se cogía el codo. La seña buscaba explicar que mientras en el brazo estaba el gobierno y en el antebrazo el país, uno de los pivotes, que estaba representado en el codo, era la relación directa con el empresariado.

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“Pidió que lo rodeemos, que colaboremos para salvar a Colombia”, le dijo a La Silla Alberto Montoya Puyana, un cacao de Santander, quien asisitió junto con su hijo, Juan Felipe Montoya, presidente de Huevos Kikes.

En medio de eso, Hernández señaló a Roberto Moreno, el presidente de la Constructora Amarilo. “Le dijo que ya dejara de acumular y acumular y que mejor se viniera a ayudarle a él en su Gobierno”, dijo un asistente y otros cuatro se lo confirmaron a La Silla. En ese mismo sentido mencionó al constructor Rafael Marín y a Gonzalo Echeverry.

“Usted también dígale a su hermano que fue ministro de Hacienda”, refiriéndose a Juan Carlos Echeverry.

Como hizo en su correría por el país, sacó un mapa de suramérica en el que aparecía señalado Colombia. “Miren, miren la localización de Colombia. Tiene el mejor lote de suramérica. Un lote esquinero, con mares, pongámosla a producir”.

Después de que habló una hora larga, casi a las diez de la mañana, algunos de los empresarios santandereanos sacaron un cartón de unos 60 centímetros de alto por 1,50 de largo que simbolizaba un cheque.

“Le entregaron la chequera del país”, le dijo a La Silla uno de los que contó el detalle del encuentro.

Cuando terminaron el desayuno (caldo con huevo y arepa santandereana con carne mechada), Rodolfo les pasó la cuenta.

“Miren la cuenta, salió por veinte millones”, dijo mientras sostenía una factura. “Eso lo pagamos entre todos”.

Reunieron 16 millones de pesos, poniendo 50 mil pesos cada uno. Rodolfo, que paga hasta la nómina de su constructora en efectivo, sacó lo de él y su esposa.

A la salida del hotel estaba la chiva tricolor con la publicidad de Hernández, la famosa “rodolfoneta”. Algunos de los que asistieron se tomaron selfies. Una imagen que reforzó la idea que una parte importante del sector privado del país llegó, tarde y sin mucho bombo, a la campaña del exalcalde de Bucaramanga. 

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