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Después de que en menos de 48 horas, el ministro de Agricultura Rubén Darío Lizarralde presentó el proyecto de ley de baldíos, el ministro del Interior dijo que lo retiraría, el mismo ministro de Interior rectificó y dijo que seguiría su trámite en el Congreso, y el presidente Juan Manuel Santos lo rectificó a su vez y ordenó retirarlo; Lizarralde finalmente se queda en el cargo y el proyecto va pero con ajustes.

Rubén Darío Lizarralde solo lleva dos meses de Ministro. El anuncio de que el gobierno iba a retirar el proyecto de baldíos que presentó el miércoles lo puso en la cuerda floja. Hoy finalmente se supo que Lizarralde sigue en su cargo. Foto: Juan Pablo Pino

Después de que en menos de 48 horas, el ministro de Agricultura Rubén Darío Lizarralde presentó el proyecto de ley de baldíos, el ministro del Interior dijo que lo retiraría, el mismo ministro de Interior rectificó y dijo que seguiría su trámite en el Congreso, y el presidente Juan Manuel Santos lo rectificó a su vez y ordenó retirarlo; Lizarralde finalmente se queda en el cargo y el proyecto va pero con ajustes.

Esta es la crónica de esta novela:

Capítulo 1: se define el elenco

Todo comenzó en medio de un gran misterio. El texto del proyecto de ley de baldíos solo lo conocían tres personas: el ministro Lizarralde y dos de sus asesores, Tatiana Ángel y Santiago Tobón. Pero había mucha expectativa en el público: la gran incógnita era si este beneficiaría a los cacaos con intereses en la Altillanura. Finalmente, el miércoles, el proyecto hizo su debut.

La presentación del proyecto no fue una sorpresa para Santos ni para el gobierno. Aunque el proyecto no se había discutido en el Consejo de Ministros, desde hace por lo menos una semana se había anunciado que iba a ser presentado, y lo que lo tenía demorado era la recusación que presentaron el senador Jorge Robledo y el representante Wilson Arias, del Polo, contra Lizarralde.

Finalmente la recusación fue resuelta en una reunión virtual del Consejo de Ministros el martes. Los ministros la rechazaron por unanimidad, y eso le dio luz verde a Lizarralde para presentar el proyecto el miércoles.

En los días anteriores, Lizarralde había defendido las bondades del proyecto, cuyo texto aún era secreto. Por ejemplo, hace dos semanas lo hizo en el congreso de la SAC, el gremio cúpula del agro, cuando afirmó que iba a buscar seguridad jurídica y económica a los inversionistas en la Altillanura y que iba a impulsar los proyectos asociativos tipo Indupalma.

También explicó, en una entrevista con El Espectador, que iba a radicar el proyecto la semana pasada y explicó los elementos básicos, como la posibilidad de agrupar más de una UAF en los proyectos asociativos  y de asegurarle a los campesinos el 20 por ciento de éstos, o la idea de que los baldíos se podrían arrendar, pero no entregar, a los grandes inversionistas.

De hecho, como contamos ayer, el tema se habló en el Consejo de Ministros previo a la alocución en la que Santos anunció que se lanzaría a la reelección. La mención al proyecto durante la reunión de gabinete fue muy corta: Lizarralde contó que lo había presentado ese mismo día y dijo que tenía un impacto social muy favorable (como ha sido siempre su discurso). Santos dijo que efectivamente era muy importante para la seguridad jurídica de los inversionistas.

Hasta este momento, la novela tenía poco rating.

Capítulo 2: arranca el drama, sin uno de sus protagonistas

Cuando en Presidencia conocieron el articulado del proyecto de ley de baldíos, después de su debut, surgieron varias críticas al proyecto, entre otros, del consejero para la paz, Sergio Jaramillo. Según supo La Silla, los artículos de la discordia eran dos: el 20 y el 21.

El 20 es que el permite proyectos asociativos tipo Indupalma en superficies mayores a una UAF, sujetos a varios requisitos: que mínimo el 20 por ciento sea de pequeños campesinos, que haya asistencia técnica, jurídica y financiera a los campesinos, que estuviera asegurada la compra de la cosecha, y que el inversionista grande suscribiera una póliza de cumplimiento.

Ese artículo es el corazón de la propuesta de Lizarralde y lo que él más venía subrayando en sus entrevistas. A su juicio, esto abría la posibilidad de replicar el éxito de Indupalma, empresa de la que él venía de trabajar toda su vida. También lograría que los campesinos accedieran a proyectos productivos y no solo a la tierra, además de incentivar la inversión en el campo.

El problema es que el modelo de Indupalma no es bien recibido por la izquierda ni por las Farc, que recibieron el nombramiento de Lizarralde con críticas contra el modelo de Indupalma. Esencialmente, argumentan que con ese modelo los campesinos terminan engañados y explotados por los inversionistas, y se impulsan los monocultivos, lo que va en contra de la seguridad alimentaria.

El otro artículo, el 21, resolvía en favor de los grandes empresarios el problema jurídico que dio origen a los escándalos como Poligrow, Riopaila Castilla y Mónica Semillas. Ese artículo, que es igual al que inicialmente estaba en el proyecto de Juan Camilo Restrepo que aprobó la Comisión Quinta y está frenado en el Senado, definía que la prohibición de acumulación de baldíos solo aplicaba a UAF adjudicadas a partir de la ley 160 de 1994. 

Eso, sumado a que el artículo 20 permitiría que los casos irregulares se solucionaran creando un proyecto tipo Indupalma, fue el florero de Llorente, porque con el proyecto se caerían casos como el de Riopaila y los cacaos, ya que esas tierras fueron adjudicadas antes de la ley y se pod´rian modificar los proyectos para adecuarse al modelo Indupalma. De esta manera, los ‘cacaos’ le ganarían el pulso a La Habana, en contravía de lo que le había asegurado el gobierno a la guerrilla hacía tres meses.

Estos dos artículos dispararon el drama. Primero la novela empezó a ganar audiencia cuando prendió las alamras en Presidencia, como contó ayer por la mañana Felipe Zuleta en Blu Radio y luego se robó el rating de la recientemente anunciada reelección hacia el medio día, cuando el Ministro del Interior, Aurelio Iragorri, confirmó que el gobierno retiraría el proyecto. Hasta ese momento, Santos no aparecía.

Aunque Iragorri no lo dijo directamente, los argumentos eran dos: uno es que el proyecto no se había socializado y otro que iba en contra de acuerdos del Pacto Agrario y de la negociación de La Habana.

Mientras tanto, Lizarralde canceló un viaje que tenía por la tarde y se comunicó con Santos para tratar de encontrar un hueco en la agenda del Presidente. La idea era sentarse juntos a revisar los dos puntos polémicos.

No fue posible conseguir el espacio. Después del pronunciamiento de Iragorri, y con la temperatura mucho más alta, Lizarralde volvió a hablar con Santos. Acordaron reunirse hoy a primera hora y, según le dijeron a La Silla fuentes del gobierno, Santos le dijo a Lizarralde que él no le había dado a Iragorri la orden de salir a anunciar el retiro del proyecto.

Con esa información, Iragorri y Lizarralde hablaron. El Ministro del Interior le propuso a Lizarralde que los dos salieran a los medios para anunciar que finalmente el proyecto no se iba a retirar. La idea de que lo hicieran juntos era mostrar unidad en el gobierno. Lizarralde se negó, argumentando que el error había sido de Iragorri y que él debía rectificar solo.

Eso fue lo que hizo el Ministro de Interior ayer casi a las siete de la noche. Ya para ese momento, el gobierno había hecho un gran oso, Santos había mostrado que no tenía las riendas completas de su gabinete y Lizarralde había quedado maltrecho. Pero parecía que la novela se había acabado.

Capítulo 3: el alargue de la novela

Después de haberse perdido los primeros capítulos, poco antes de las diez de la noche, el presidente Santos hizo su aparición en Twitter.

La novela había conseguido un alargue. Lizarralde y la gente más cercana a él alistaron sus cartas de renuncia y el ministro decidió cumplirle a Santos la cita de esta mañana pero ya no para debatir los dos artículos sino para renunciar.

Con la carta lista, Lizarralde llegó a la Casa de Nariño esta mañana. Mientras estaba reunido con Santos, en varios medios se especulaba con esa renuncia y la bancada conservadora, que fue clave para apoyar a Lizarralde y se ha quedado con los principales cargos en el sector, no se movía a apoyarlo. También surgía la pregunta de quién se le mediría a reemplazar a Lizarralde y convertirse en el cuarto ministro de Agricultura en seis meses.

Fue en este momento que la novela dio un giro: Lizarralde no renunció, el artículo 20 (que es el corazón de su proyecto) se mantuvo intacto y el artículo 21 va a cambiar radicalmente para que no sea la ley, sino los jueces, los que definan qué va a pasar con los escándalos de acumulación de baldíos.

De esta manera, el galán de la novela continúa y vendrán los nuevos capítulos en el Congreso donde se sabrá el verdadero desenlace de la puja entre la Habana y los cacaos alrededor de los baldíos.