Santos, ¿candidato de la izquierda?

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La campaña presidencial parece haberse polarizado desde la entrada entre los partidarios de avanzar en el proceso de paz con las Farc y quienes preferirían acabarlo. No hay otra opción: ese es el tema que más divide a los colombianos, aún si -como parece- no necesariamente es el que más les importa. Por eso, Santos debería tener claro que la competencia es con Uribe, no con Robledo.

La campaña presidencial parece haberse polarizado desde la entrada entre los partidarios de avanzar en el proceso de paz con las Farc y quienes preferirían acabarlo. No hay otra opción: ese es el tema que más divide a los colombianos, aún si –como parece- no necesariamente es el que más les importa.

Las encuestas muestran que los ciudadanos están más atentos a otros temas, especialmente relacionados con los ingresos económicos y con la educación. De hecho el estudio de Euromonitor divulgado por el periódico El Tiempo muestra que, a diferencia de otros países, en Colombia, la educación es la principal preocupación de la clase media.

La “ola verde” hace cuatro años basó su propuesta, además de en la cultura de la legalidad, en la educación. El slogan de : “con la educación todo se puede” fue un dinamizador importantísimo de ese fenómeno de entonces. El Gobernador de Antioquia Sergio Fajardo, que goza de una amplia popularidad nacional, centra su discurso en “Antioquia la más educada”.

Óscar Iván Zuluaga, el candidato del uribismo, hizo énfasis en este tema y, sin embargo, lo que retumbó fue la afirmación de que terminaría el proceso de La Habana apenas pueda, incluso amenazando con que debería hacerse desde ya y sin esperar siquiera a ser elegido Presidente. Las propuestas de educación de Zuluaga son repetitivas y se concentran en un segmento que no es el que más preocupa: la educación básica.

No, las preocupaciones están en la educación superior y ahí el presidente Juan Manuel Santos y los partidos de la Unidad Nacional, o la Fundación Buen Gobierno, cuando termine de elaborar las listas de Cambio Radical, podrán hacer propuestas diferenciadoras.

A pesar de todo, ahí no estará la controversia. Todas las propuestas serán buenas, algunas mejores que otras, pero parecidas. La diferencia está entre si persistimos en terminar el conflicto armado negociando o lo hacemos a bala.

Antonio Navarro y otros líderes políticos de la izquierda habían venido promoviendo una “tercería”, cuyo principal motor era la expectativa de que el candidato de Uribe fuese Francisco Santos, primo hermano del Presidente, con lo que una campaña para meterse por el medio resultaba obvia. El expresidente bajó a “Pacho” de la candidatura y apagó la idea de la tercería.

En las últimas semanas ha habido señales de que esos sectores políticos pueden terminar en la práctica apoyando a Santos. Ya Claudia López pidió que se concentraran en recuperar el Congreso y varios de los destinatarios de su comunicación contestaron positivamente.

El ex alcalde Antanas Mockus dijo estar dispuesto a ir al Senado y a promover una lista, escogida a dedo por él, de entre aquellos que él considere buenos, con lo que la idea nació muerta porque los directivos de la Alianza Verde no se someterán al rasero de su ex candidato presidencial. Pero eso no es lo importante, habrá una lista de ese sector y seguramente será una buena lista.

Lo verdaderamente importante es que la propuesta de López deja a Santos –para efectos de la campaña presidencial- como único abanderado de la paz, que es un título difícil de disputarle dada su decisión de haber iniciado el Proceso y de haber persistido en él a pesar de la oposición y del costo político que le ha significado. Como la propia Claudia lo reconoce, a pesar de sus conocidas diferencias con el gobierno, nadie mejor que Santos para terminar el proceso de La Habana y avanzar en su implementación.

El senador Luis Carlos Avellaneda, vocero de la Alianza Verde, también dijo que eventualmente habría que considerar el escenario de apoyar a Santos para asegurar el proceso de paz. Otras voces ha habido en el mismo sentido, incluso la del propio Mockus, quien –además- le pidió al precandidato presidencial de su sector, John Sudarsky, retirar su precandidatura presidencial y volver al Senado.

Y, ¿el Polo? Pues ahí persiste sin muchas expectativas la candidatura de Clara López, que no registra bien en las encuestas y no parece tener la fuerza suficiente para disputar de verdad la elección presidencial. Es probable que llegue a la primera vuelta y, en función de los avances del proceso de Paz, termine –en un hecho sin antecedentes- sumándose en una segunda vuelta, a la candidatura por la reelección del Presidente Juan Manuel Santos.

En esa perspectiva la pelea que el Gobierno le caza al senador Jorge Robledo es un grave error estratégico en el mediano plazo. Santos y sus ministros dirán que es Robledo el que los agrede, tratando de cuestionar sus condiciones morales y éticas y que ellos solamente reaccionan.

Eso puede ser cierto, pero en la práctica lo que significa es que Santos cae en la trampa que tiende cualquier senador en oposición que es desconcentrar y hacer caer en equivocaciones al contradictor.

Pero más allá de las peleas coyunturales, el Presidente debería tener claro que tanto en la elección presidencial, como en un eventual segundo gobierno lo que se va a imponer es una especie de Alianza Pro-paz que se enfrente al uribismo, cuya popularidad no se puede negar, ni ocultar.

Si, como todo indica, Álvaro Uribe obtiene más de 20 escaños en el Senado, la tentación de sectores de la derecha del Partido Conservador y de la U de sumarse a él será grande y Santos debería tener allanado el camino para acercarse con la izquierda, que según las encuestas va a representar aproximadamente un 15 por ciento del electorado. Los senadores del Polo pueden resultar definitivos para sellar o no una coalición mayoritaria en el próximo Congreso.

El Presidente debería tener claro que la competencia es con Uribe, no con Robledo, quien tendrá que llegar a esa nueva Unidad Nacional que tendrá que integrar si se reelige.

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