Santos ganó en primera vuelta, pero puede perder con toda en segunda

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Tras semanas de tensión, las votaciones de primera vuelta transcurrieron sin denuncias de intervención del Gobierno. Falta ver si eso se mantiene así en una segunda vuelta que puede dejar un presidente uribista.

La primera vuelta presidencial envió una señal al mundo muy fuerte de la salud de la democracia en Colombia: los opositores de Santos pasaron a segunda vuelta, la versión de Gustavo Petro de que Juan Manuel Santos "estaba cocinando un fraude" a favor de Vargas Lleras quedó desvirtuado, la abstención fue la más baja en cuatro décadas,el hito simbólico de ex guerrilleros de las Farc votando y sin armas hizo patente uno de los logros del Acuerdo de Paz, no hubo mayores incidentes de orden público. 

Todos estos elementos fortalecen la narrativa de un gobierno que llevó a Colombia a cruzar el umbral histórico de la modernidad.

Sin embargo, si Iván Duque gana la Presidencia, una de las primeras cosas que tambaleará es ese lugar privilegiado de Santos en la historia.

El Gobierno, ausente en el mejor sentido

La única muestra de la incidencia de Santos en la campaña fue que su ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas y su exministro de Agricultura y presidente de su partido de La U, Aurelio Iragorri, hicieron lobby en el Partido Conservador y en el de La U para que se fueran con Germán Vargas.

De resto, no hubo denuncias de favoritismo del Gobierno ni de guiño del Presidente, a quien en todo caso le fue mal en esta contienda pues no tuvo quién defendiera su gobierno.

Además, los resultados de Vargas le quitaron fuerza a cualquier sospecha de que Santos hubiera incidido en la elección: sacó menos de 1,5 millones de votos y quedó muy lejos de tres candidatos sin vínculos con el Gobierno, dos opositores de diferentes orillas y el tercero con una campaña ciudadana.

Incluso su ex vicepresidente y ex ministro de Defensa se concentraron en mostrar lo que no había funcionado los últimos ocho años.

Todo eso contrasta con todas las elecciones de los últimos 30 años, con excepción de la de 2002, cuando el entonces presidente Andrés Pastrana tenía muy poco apoyo en la opinión y no puso candidato.

En 1990 César Gaviria ganó como sucesor de Virgilio Barco; en 1994 fue el turno de Ernesto Samper como continuista del liberalismo; en 1998 la ficha de la continuidad era Horacio Serpa pero terminó derrotado; en 2006 Uribe logró la reelección; en 2010 Santos llegó como candidato de Uribe y en 2014 logró la reelección.

Esta vez la neutralidad del Gobierno fue tan clara que sus grandes opositores, que antes lo habían acusado de incentivar el fraude, aceptaron los resultados sin reticencias. Empezando por Gustavo Petro, quien venía advirtiendo un fraude en su contra y en favor de Vargas, lo que es un triunfo para Santos.

Se acallan los gritos de fraude

Petro, el candidato de la Colombia Humana, llevaba por lo menos dos semanas acusando a Santos de participar en un fraude en su contra.

”Se está cocinando un fraude electoral en Colombia”, dijo el domingo anterior en una rueda de prensa con medios nacionales e internacionales. Y acusó directamente a Santos de estar involucrado en él

Con eso planteó una sombra sobre lo que ocurriría el domingo.

Mantuvo viva la sombra ese día hasta poco antes de conocer los resultados

Después de eso empezaron a salir los boletines con resultados de la Registraduría en el que su votación era la segunda, fue quedando claro que pasaría a segunda vuelta, y nunca reveló una segunda irregularidad.

En el discurso de la noche del domingo, tras conocer los resultados, los aceptó. “Coinciden con los datos de la Registraduría con los de la auditoría que el movimiento puso”, dijo, y siguió adelante con sus palabras. 

Las denuncias que han salido después, con fotos de cuatro formularios electorales para indicar que se alteraron en favor de Duque, han tenido un tono menor y Santos no aparece en ellas.

Del otro lado, ni Duque ni Uribe han hablado de fraude, un gran contraste con las denuncias de fraude del Expresidente y senador Álvaro Uribe de 2014, cuando llegó a decir que “El fraude electoral y el abuso de poder del Presidente Santos, no tienen antecedentes en Colombia”.

Críticas como esas no se repitieron desde la orilla uribista, lo que da fe de la neutralidad de Santos y refuerza su narrativa. 

Pero la segunda vuelta puede echar todo eso para atrás.

La prueba de fuego

A Juan Manuel Santos poco le importaba quién ganara la Presidencia mientras no fuera el de Uribe. Y ahora, tras el triunfo de Iván Duque con 40 por ciento de los votos en la primera vuelta, este escenario es muy probable con los riesgos que implica para Juan Manuel Santos.

Eso en dos niveles.

En lo inmediato y lo concreto, porque el triunfo de Duque sería de por sí un rechazo a su gobierno dada la oposición que ha liderado el uribismo todos estos años. Y la intención de Duque de modificar el Acuerdo con las Farc podría derrumbar el legado más visible de Santos y el principal motivo por el que podría pasar a la historia.

En lo más de fondo, quien se quede con el poder tendrá más herramientas para reforzar su posición narrativa sobre ese acuerdo, que para el uribismo fue una mala negociación en la que Santos le entregó el país a los guerrilleros, como ha dicho Uribe, o si es una oportundiad de llevar a Colombia a una normalidad y modernidad que le permita ser un país más tranquilo, rico y equitativo.

Además, las investigaciones por el ingreso de dineros de la corrupta multinacional Odebrecht a su campaña reeleccionista podrían tener un nuevo aire con un Consejo Nacional Electoral que refleje un Congreso con nuevas mayorías uribistas, lo que pondría todavía más en riesgo su paso a la historia. 

La gente que conoce a Santos dice que lo que más lo mortifica es que lo asocien con corrupción. Y la detención preventiva hoy de su gerente de campaña Roberto Prieto es un priemr campanazo de lo que se puede venir.

Si gana Petro la situación podría no ser tan negativa para Santos, dado su apoyo al proceso de paz.

Pero sus propuestas de cambiar el modelo económico o aumentar la participación del Estado en varios sectores están lejos de ser una continuación de su gobierno, y la narrativa de Petro de una sociedad tomada por las mafias podría terminar mostrando a Santos como parte de esa oligarquía corrupta.

Incluso frente al proceso de paz, Petro critica su implementación y plantea hacerla dándole más juego a los actores locales, con lo que hay una ruptura con Santos.

Por eso, con dos opositores a su presidencia en segunda vuelta, el triunfo de la primera vuelta puede revertirse en su contra.

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