Se busca un Ministro de Agricultura con ideas: llamar urgente a la Casa de Nariño

Imagen
h_117(0).jpg

Se completó una semana del Paro Nacional Agrario y si aplicamos la guía que propuse la semana pasada, no hay duda de que el Gobierno va perdiendo de lejos el pulso porque ha habido bloqueos en importantes vías, a pesar de la reacción policial, con lo que al drástico “no permitiremos que se bloqueen vías” del Presidente hay que agregarle un menos firme “si puedo”, y porque ha aumentado la sensación de que el diálogo está roto con múltiples sectores sociales.

Se completó una semana del Paro Nacional Agrario y si aplicamos la guía que propuse la semana pasada, no hay duda de que el Gobierno va perdiendo de lejos el pulso porque ha habido bloqueos en importantes vías, a pesar de la reacción policial, con lo que al drástico “no permitiremos que se bloqueen vías” del Presidente hay que agregarle un menos firme “si puedo”, y porque ha aumentado la sensación de que el diálogo está roto con múltiples sectores sociales.

En lo que la guía se quedó corta fue en la identificación de los posibles ganadores, porque la gran característica de lo que pasó esta semana es que el Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón no tiene a quién echarle la culpa. En las zonas de Boyacá donde se ha concentrado la mayor parte de la protesta no ha habido ni ahora -ni prácticamente nunca- presencia guerrillera, ni influencia significativa de sectores de izquierda y a los uribistas que se han arrimado los han sacado corriendo.

La movilización de los paperos y los lecheros de Boyacá y Cundinamarca parece auténtica indignación y desespero de miles de productores que se han visto afectados por diversos factores que el Gobierno no fue capaz de prever o, peor aún, si los previó no supo enfrentarlos.

El Gobierno no ha tenido una política eficaz para lograr que pequeños productores subsistan en la economía globalizada. Han faltado ideas. A pesar de haber tenido a un ministro conocedor del tema como Juan Camilo Restrepo en Agricultura, el fracaso es total. Alguien debe responder si, ya para finalizar este período de Gobierno, los que protestan tienen razones para hacerlo.

El Presidente está pagando ahora el precio de haber aceptado convertir ese sector en un comodín político para tener contento a los congresistas conservadores que sienten que tenían más mermelada en el Gobierno anterior y que todo el día amenazan con irse para donde Uribe. Nombró en reemplazo de Restrepo a un ministro de bajo perfil, sin mucha iniciativa y con ideas viejas.

La salida de dos “presidenciables” como Vargas Lleras y Restrepo del gabinete para reemplazarlos por Francisco Estupiñán y Luis Felipe Henao, técnicamente regulares ambos y sin ningún vuelo político, convirtió a ese equipo -que la mayoría calificaban como muy bueno- en lo que en el fútbol llaman un equipo mixto. Es decir, el que los técnicos usan cuando tienen que enfrenar partidos de menor importancia.

A Estupiñán le pasó lo que a esos jugadores torpes que, nerviosos por la oportunidad, cometen un error grave que termina en “autogol”. El ministro se estrenó afirmando que la acumulación de tierras de Riopaila y otras empresas en el Vichada no era muy legal y que el senador Jorge Robledo tenía razón cuando decía que ahí se podían haber cometido delitos.

La declaración ministerial hizo que lo que era una “denuncia” de un senador de oposición se convirtiera en uno de los problemas políticos más costosos para el Gobierno. Unos días después, previo regaño presidencial, Estupiñán salió con una declaración aún peor: “si tengo que rectificar, rectifico”, como si en asuntos legales bastara con decir: me equivoqué.

La propuesta de presentar un proyecto de ley para rectificar es todavía peor, porque a nadie con sensatez se le puede ocurrir que el Gobierno pueda querer “legalizar” unos contratos de particulares a quienes además Robledo etiquetó como amigos del Presidente.

Al ministro lo tuvo que “reemplazar” transitoriamente el Superintendente de Notariado Jorge Enrique Vélez en la prueba más compleja que ha tenido hasta ahora: el debate sobre las tierras de la Altillanura en el Congreso, porque no aguantó la presión y tuvo problemas de salud.

Santos le busca reemplazo, según contó La Silla esta semana, y los congresistas conservadores apoyan al ministro. Habla mal de un ministro el que su jefe lo quiere sacar y que le toque buscar apoyos externos para amarrarse al puesto. Todo eso en medio de la mayor agitación del sector agrario en los últimos años.

Pero lo malo del ministro no es que tenga bajo perfil político, ni que haya cometido errores de principiante, sino que no se le haya ocurrido una sola idea para salir del atolladero en el que estamos.

En otras partes del mundo, especialmente en Europa, los pequeños productores no solo subsisten sino que generan riqueza a partir de formas de economía solidaria y cooperativa, como ha habido también experiencias en algunos sectores en Colombia, pero el Gobierno se ha quedado en las mismas fórmulas de siempre.

Todos los que saben dicen que el mercado de los insumos agropecuarios está viciado por prácticas abusivas y monopólicas parecidas a las de los medicamentos, pero nunca se oye al ministro proponer nada para que eso deje de ser así. Podría pedirle a su colega de Salud, Alejandro Gaviria, que le dé algunas ideas.

Con este ministro no hay excusa: lleva pocos meses en el cargo pero llevaba años en el Banco Agrario, que es el principal ejecutor de las políticas oficiales en el campo. Así que no solo debe conocer, sino que debe responder por el fracaso.

Hay economistas buenos, que han estudiado el tema. Pensemos quién puede ser, ¿quién? Tiene que ser conservador. ¿Quién? ¿quién? No tenemos mucho tiempo. Si alguien tiene candidatos, favor llamar a la Casa de Nariño al 5936200 de Bogotá. No olvide que debe tener buenas ideas, pero especialmente que debe ser conservador. ¿Quién? ¿quién?

Compartir
0