Semana saca a Coronell porque ahora sí puede; el uribismo hace moñona

Imagen
coronell_1(0).jpg

La salida de los danieles, dos de los críticos más visibles del uribismo en la revista, acelera el fin de una era de la revista. Su principal apuesta es el canal digital.

La cancelación del espacio de opinión de Daniel Coronell en Semana ayer ocurre casi exactamente un año después de que lo reengancharan tras despedirlo por publicar otra columna, también crítica con la revista. La diferencia es que ahora el modelo de negocio de la revista es otro y sienten que pueden finalmente prescindir de él. 

Con su salida, y la posterior renuncia en solidaridad de Daniel Samper Ospina, la revista impresa que lideró el periodismo más influyente del país durante décadas seguirá perdiendo fuerza mientras pone todas sus apuestas en el canal digital liderado por Vicky Dávila. De paso, el uribismo se saca un clavo, y hace moñona.

Una relación deteriorada

Coronell nunca fue cercano a Felipe López. El dueño de Semana solía decir que el periodista siempre tenía los datos correctos pero muchas veces las conclusiones equivocadas. Sin embargo, como lo ha dicho Coronell varias veces, respetó su autonomía, una condición esencial para ejercer como columnista.

Pero cuando Coronell cuestionó públicamente  la decisión del director Alejandro Santos de engavetar una investigación sobre una directiva del Ejército similar a la que había incentivado durante el gobierno de Uribe los falsos positivos, que a la postre fue publicada por The New York Times, López lo entendió como una deslealtad y, tras publicarle la columna, le canceló el espacio.

Sin embargo, a los pocos días tuvo que comerse su orgullo porque acababan de estrenar un muro de pago y en las pocas horas en que Coronell estuvo despedido cancelaron más de 200 suscripciones de usuarios que vieron en el gesto un acto de censura. Fue tal la avalancha, que tuvieron que cerrar el call center para detener la hemorragia, que amenazaba ser letal para la estrategia de negocios con la que pensaban compensar la caída en la pauta.

En el regreso del columnista jugó un papel fundamental Gabriel Gilinski, que acababa de invertir varios miles de millones de pesos en comprar la mitad de la revista y Coronell era una pieza clave para fidelizar usuarios, tanto a la impresa como a la digital, tras la creación de un muro de pago.

Presentaron el reenganche del columnista como un gesto de reconciliación en un país que la necesita, y todo volvió a la normalidad. Pero no realmente.

El nuevo modelo

Cuando Gabriel Gilinski compró la revista, él creía que podría monetizar los datos de los usuarios de Semana, un nicho con poder adquisitivo e influencia, y capitalizarlos no solo alrededor del medio sino también de sus otros negocios. 

Pero pronto encontró que la gestión de datos de Semana era muy pobre, y que con el muro de pago que restringe el acceso a los que no pagan, el tráfico (y la posibilidad de acumular datos) tendería a bajar. 

Su apuesta, entonces, fue por darle un vuelco a la revista aprovechando su poderosa marca y su prestigio en el espacio digital. Y con esto el muro de pago perdió relevancia.

Escogió hacerlo alrededor de la periodista Vicky Dávila, que tenía millones de seguidores en redes sociales y había convertido su programa radial del mediodía en la W Radio en una fábrica de contenido viral para redes sociales y en un medio de chivas que ponían la agenda de conversación. 

El contrato entre Gilinski y López establece que el primero se encarga de los temas de plata y el segundo de los editoriales. 

El problema es que este modelo funciona bien cuando la empresa genera utilidades, pero cuando comienza a perder plata el balance de poder se inclina a favor de Gilinski. 

Como le dijo un directivo de Semana a La Silla Vacía, “el que maneja la plata puede botar gente” y en una revista donde el producto depende casi que enteramente del talento humano eso termina teniendo una incidencia editorial directa. Felipe y Alejandro siguen haciendo toda la revista (Felipe también hace Soho y Jet-Set) sin que pase por las manos de Gilinski pero con una redacción cada vez más pequeña.

Como contamos, los medios impresos vienen en picada desde que la pauta comenzó a migrar hacia Facebook y Google. Semana, con una nómina que supera los 500 empleados, ha podido sobreaguar mejor que otros medios como El Tiempo y El Espectador, que pierden cientos de millones al mes. Pero a diferencia de otros millonarios que han comprado medios en otras partes del mundo, Gilinski no llegó a la revista a salvar el periodismo. Su objetivo es volver rentable un negocio.

Para ello, hizo llave con Sandra Suárez, la gerente de la revista, que llegó a la gerencia en 2016, en medio de recelos de la redacción por su cercanía al uribismo, pues Suárez fue Ministra de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial del expresidente entre 2003 y 2006.

Desde la gerencia fue la encargada de liderar el comité de transformación del Grupo Semana a finales del 2018, en el que con editores y gerentes de secciones, la empresa empezó a construir un plan para salir de la crisis causada por la caída de la pauta en el impreso, una de las principales fuentes de ingreso de la revista. 

Al final de este proceso, tras una consultoría realizada por la firma Deloitte, la empresa hizo un despido masivo, del que según datos extraoficiales salieron cerca de 100 personas entre periodistas y administrativos.

Si bien su rol es administrativo, tres fuentes al interior de la empresa nos dijeron que Suárez termina teniendo influencia en lo editorial. Una de ellas nos contó que en los comités de gerencia era común que criticara entrevistas e historias publicadas por la revista, en particular las que iban en contra del uribismo. Las columnas de los dos danieles, con frecuencia críticas o satíricas del ex presidente, no eran de su agrado.

Pero su influencia se refleja, según uno de los miembros de la Revista, sobre todo en cómo contribuye a moldear las percepciones de Gilinski sobre lo que sucede adentro. Él vive en Miami donde maneja sus otros negocios, y aunque viaja al menos dos veces al mes a Colombia, ella es su cordón umbilical con la revista. 

“Gilinski está desconectado, metido en otros temas, y entonces adopta el discurso de Sandra, que es más radical que María Fernanda Cabal”, nos dijo una de las fuentes, que dice haber presenciado cómo Gilinski repite frases textuales sobre la revista y sobre temas políticos, que ha dicho antes la gerente.

Con la entrada del nuevo socio en 2018, Suárez se ha convertido en la mano derecha de Gilinski en Publicaciones Semana, como nos lo confirmaron dos altas fuentes de la revista. Esto porque más allá de sus posiciones ideológicas, varias de las fuentes reconocen que es una excelente ejecutiva. 

Fue con ella con quien decidieron cómo hacer los recortes que necesitaban hacer en la revista para sobrevivir la pérdida de pauta por cuenta del coronavirus, como lo contamos en esta historia, y con quien decidieron hacer el cierre temporal de las ediciones impresas de Arcadia, Semana Sostenible, Semana Educación, Jet Set y Soho y despedir a 44 personas de la organización entre periodistas y administrativos.

Entre esos recortes que concertaron Gilinsky y Suárez, estuvo el de reducir el pago de Vicky Dávila y de los columnistas hace un par de semanas, incluidos Coronell y Samper.

El problema de fondo

La relación de Coronell con Felipe nunca mejoró después de su reenganche. 

Con Gilinski, en cambio, mantuvieron contacto. Incluso cuando el Canal Uno sacó del aire a Noticias Uno en septiembre del año pasado, el periodista y el empresario discutieron en varios encuentros la posibilidad de que Gilinski invirtiera en el noticiero de Coronell.

Al final, la conversación no avanzó, porque Gilinski quería que el proyecto quedara también bajo la dirección de Vicky Dávila, algo que ni Cecilia Orozco, la experimentada directora de Noticias Uno, ni Coronell aceptaron.

Coronell movió, entonces, el noticiero a Internet y con el apoyo de miles de usuarios ha recaudado a la fecha 1.178 millones de pesos.

Así, de alguna forma, Coronell y Semana terminaron coexistiendo en lo digital. Semana con un canal que busca llegarle a un público masivo, y Noticias Uno con una audiencia más de nicho.

Semana negoció también con el Canal Uno, cuyo socio mayoritario es la firma gringa Hemisphere, para que algunos programas de su plataforma digital se transmitieran a través del canal. Así fue como el programa de Vicky terminó ocupando la franja del mediodía de lunes a viernes y había negociaciones para que el programa que haría Alejandro Santos, en el canal digital, se transmitiera los domingos en la noche.

Por eso, una de las versiones que están moviendo en contra de Coronell es que su polémica columna sobre las ‘orejas del lobo’, que provocó su salida, era realmente su retaliación por haber perdido un espacio que tenía la productora de Coronell en el Canal Uno, a favor de Semana, cuyo pago podría contribuir a financiar su noticiero digital.

Es una teoría que no tiene asidero porque el horario del programa de Vicky no se cruza con el que tiene la productora de Coronell al aire en Canal Uno, "Acá entre nos". Éste se transmite de 9 a 11:30 de la mañana y el de Vicky a las 12:30, y en todo caso, por lo menos según lo que publicó Canal Uno en twitter, el programa de Coronell se reiniciará cuando pase el coronavirus, y no fue cancelado.

Y si bien La Portada, que es como se llamará el programa de Alejandro Santos, se iba a transmitir el domingo en el horario en el que estaba antes Noticias Uno, la negociación con Semana se hizo después de que el noticiero de Coronell ya llevara un tiempo fuera del aire. Y, Semana decidió no hacerlo por el coronavirus.

En todo caso, como lo dijo en su columna, Coronell era consciente que con ella arriesgaba que fuera la última pero que lo hizo porque cuando aceptó volver a la revista, lo hizo bajo la promesa de conservar su independencia crítica frente a ella. 

A diferencia de la primera, esta columna se ocupaba de un tema marginal para la opinión pública pero ponía de presente una práctica que no es ajena a cierto periodismo, y es usar los espacios para avanzar rencillas personales. En este caso, la de Vicky contra Julito Sánchez, que pasaron de trabajar juntos en la W a llevársela mal.

Coronell criticó que Semana.com, portal que ahora depende enteramente de Vicky, había publicado dos historias seguidas en cuestión de horas en contra del grupo Prisa, dueños de Caracol Radio y la W con la foto de Julio, después de que Sánchez Cristo había reproducido una noticia del portal Primerapagina.com sobre el último despido masivo de la revista, el cierre de Arcadia y la reducción del salario de la periodista. (Paradójicamente, el mismo portal publicó a los pocos días otra noticia sobre la misma crisis económica de Prisa con la foto de Gustavo Gómez, el director de Hoy por Hoy de Caracol Radio, y no pasó nada).

La Silla Vacía verificó con dos fuentes que lo supieron de primera mano que la decisión de Vicky había sido consultada previamente con Gilinski. 

Esa intromisión editorial fue lo que insinuó Coronell con el título de las ‘orejas del lobo’, y fue lo que ya rebosó la copa de los dos dueños. 

Sobre todo porque se sumaba a otros incidentes previos, en los que el columnista había mostrado públicamente desconfianza frente a la revista como cuando justamente tras publicar esa columna publicó este trino pidiéndole a sus seguidores en twitter compartirla porque si no “nadie lo va a hacer”, y este en el que decía que los botones de twitter de Semana no estaban funcionando.

Internamente Coronell también se había quejado de que los cambios en el algoritmo de Semana estaban perjudicando las vistas de su columna, algo que según directivos de la compañía, obedecían a que están cambiando la plataforma tecnológica y no a una manipulación interna.

Independientemente de cuál sea la razón, Coronell ya no era el columnista más leído de la revista Semana, era el segundo después de Vicky Dávila, que en febrero le duplicó en usuarios únicos, según nos confirmó una fuente que tiene los datos. Y con sus críticas públicas, Coronell comenzaba a ser percibido por sus dueños como un costo para la revista, y uno prescindible. 

El negocio de la revista ya no está en el muro de pago, que es cada día más poroso y en el que Gilinski en todo caso poco cree, sino en las alianzas de contenido como una reciente con el Grupo Éxito sobre el coronavirus y la pauta alrededor del canal de Vicky, cuyo tráfico está disparado; la página duplicó en marzo su número de usuarios únicos frente al año pasado y llegó a los 27 millones según cifras de Google Analytics.

No esperaban, eso sí, que renunciara también Daniel Samper Ospina, cuya columna no era tan leída como la de Coronell, pero era quien le llegaba a los jóvenes desde su exitoso espacio como youtuber y una persona a la que mucha gente aprecia. 

En reemplazo de Coronell llega Juan Ricardo Ortega, ex viceministro de Hacienda y exdirector de la Dian de Juan Manuel Santos y quien también fue alto consejero de Álvaro Uribe. 

Con Ortega, Semana conserva una voz independiente y muy crítica. La diferencia con Coronell es que Ortega no es periodista ni tiene el músculo informativo de Coronell y su equipo, que le permitieron develar los grandes escándalos de corrupción de los últimos años, especialmente dentro del uribismo.  Su fortaleza será su conocimiento económico en un momento en que después del coronavirus será el tema de la agenda nacional.

Por eso, tras la salida de los dos danieles, el uribismo hizo fiesta. De hecho, desde redes de derecha empezaron a promover la etiqueta en twitter #VuelvoASemana aplaudiendo la salida de dos de los críticos más visibles del uribismo.  
 

El Coronell incómodo al uribismo

Daniel Coronell, según el Panel de Opinión realizado todos los años por Cifras y Conceptos, era el columnista más leído por líderes de opinión en el país, y tiene cinco premios Simón Bolívar en su hoja de vida, entre ellos uno por una columna publicada por Semana.

Aunque en su carrera, Coronell ha destapado escándalos en los gobiernos de Samper, Pastrana y Santos, su mayor obsesión periodística ha sido alrededor del gobierno de Álvaro Uribe, sobre quien está escribiendo un libro, y durante el cual fue víctima de múltiples amenazas que lo obligaron al exilio. 

Según denunció el periodista una de estas amenazas habían salido del computador personal de Carlos Nader, ex senador, hacendado de Córdoba y amigo de Álvaro Uribe. 

En 2002 contó que, en 1984, un helicóptero del padre del presidente Álvaro Uribe había sido encontrado en un laboratorio de coca en Tranquilanda y el helicóptero había obtenido su licencia cuando el expresidente era director de la Aeronáutica Civil. 

En 2009, el periodista reveló los vínculos entre los hijos de Uribe y una Zona Franca en Mosquera, Cundinamarca.

Y en 2018, Coronell reveló que la Corte Suprema de Justicia tenía grabaciones, videos, documentos e interceptaciones telefónicas que indicarían que Uribe estaba presionando a testigos para que exparamilitares cambiaran los testimonios que lo vinculaban a él y a su hermano con el paramilitarismo en Antioquia,  y desde entonces, en varias columnas ha ido sacando información que nutre la investigación por la que el expresidente fue llamado a indagatoria.

En respuesta a las investigaciones, como contó La Silla en esta historia , Uribe y sus hijos han acusado a Coronell de  haber sido socio de Pastor Perafán o de testaferros de él, y de César 'El Bandi' Villegas, el polémico expresidente del equipo de fútbol Santa Fe, de quien se decía que era narcotraficante aunque nunca se probó.

El periodista siempre ha aceptado que esa sociedad con Villegas existió, "pero que éste no tenía cuentas pendientes con la justicia en ese momento” y siempre ha negado haber tenido vínculos con Perafán y nadie los ha demostrado.

Por esta trayectoria, quienes con la compra de Gilinski advirtieron que Semana haría un giro a la derecha, ven en su salida este temor hecho realidad.

Cuando Gabriel Gilinski compró la mitad de Semana varios opinadores consideraron que ésto implicaba el fin de la independencia periodística de Semana, al pasar a ser propiedad de un conglomerado empresarial con intereses que iban más allá del periodismo. El temor partía de la experiencia de lo que ha pasado en RCN y El Tiempo, propiedad del industrial Carlos Ardila Lülle, el canal, y el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, el periódico.

Pero además con los primeros cambios editoriales que se dieron con la llegada del nuevo socio: la contratación de Vicky Dávila como directora del canal digital, Salud Hernández como columnista, de Yesid Lancheros como editor y Luis Carlos Vélez como entrevistador principal, las críticas se centraron en que la llegada de Gilinski significaría una “derechización” de Semana. 

Lo mismo la salida de Lariza Pizano, ardua defensora del proceso de paz y exeditora de política, o más recientemente con la salida del director y la editora general de la revista Arcadia, Camilo Jiménez y Sara Malagón, que hicieron publicaciones críticas de la economía naranja del Gobierno de Duque y del editor José Guarnizo, que reveló los detalles de la muerte del excombatiente de las Farc Dimar Torres, a manos del Ejército, en un nuevo caso de falsos positivos que ya está en manos de la justicia.

En varias ocasiones, Gabriel Gilinski ha comentado en conversaciones privadas que quiere convertir a Semana en el Fox News colombiano, algo que según él ha dicho quiere decir que la revista, en especial el canal digital, se convierta en una plataforma de firmas visibles como Dávila, Hernández, María Jimena Duzán, Ariel Ávila (todos con programas en Semana TV) y los mismos Samper y Coronell.

Pero dada la orientación ideológica de Fox News, el ejemplo termina por reforzar la idea de que la estrategia de Gilinski favorece a la derecha, representada en Colombia por el uribismo. Para la muestra estos trinos:

 

 

Ahora queda un interrogante sobre el futuro del director Alejandro Santos, que no ha aparecido en este último episodio, que no fue quien despidió a Coronell, y que no contestó las llamadas de La Silla ni de ningún medio al respecto. 

Cuando Gilinski compró Semana, en una entrevista con Vicky Dávila, cuando aún estaba en la W, dijo que la revista seguiría siendo la misma revista de investigación, con columnistas protagonistas como Coronell y María Jimena Duzán y que él en la dirección sería el garante de eso. 

“Esa es la garantía, la tranquilidad que yo puedo dar como director, por eso estoy aquí y siempre he salido y he dado la cara. El día que no sea así, uno tiene la oportunidad de salirse”, le dijo a Vicky.

Aunque la pregunta más grande es sobre si la revista impresa que lideraron Felipe López y Alejandro Santos durante varias décadas seguirá perdiendo poco a poco el ímpetu investigativo y analítico que la hizo tan famosa e influyente durante años, para convertirse en el canal de chivas y de otro tipo de impacto masivo con el que sueña Gilinski.