Si el Gordo García dice la verdad, tiembla todo Sucre (y no sólo los políticos)

Html

Foto tomada de RCN Radio

El exsenador que fue el mandamás de Sucre durante los años más crudos del conflicto se sometió a la JEP. Hablará del nacimiento de las AUC, su expansión y sus relaciones con la Fuerza Pública.

 

En Sucre hay expectativa por lo que dirá en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) el otrora superpoderoso exsenador Álvaro ‘el Gordo’ García Romero, quien por más de 20 años fue el mandamás del departamento. Puso concejales, registradores, alcaldes y gobernadores en los años más duros del conflicto armado, y fue condenado a 40 años de cárcel por ser parte de los paramilitares y ser el autor de una masacre en la que murieron 12 campesinos.

Luego de dos años de estar pidiendo pista en la justicia transicional, la JEP decidió aceptarlo a condición de que dijera la verdad de lo sucedido y de que se comprometiera a reparar a sus víctimas.

A diferencia de otros políticos que tuvieron nexos con los paramilitares y han sido aceptados en la JEP (como David Char, Álvaro Ashton y Álvaro Pacheco), el Gordo no fue aceptado en calidad de parapolítico, sino como un paramilitar. 

“Se echó sobre los hombros, junto con los otros comandantes, el diseño, planeación, conformación, financiación y consolidación del grupo paramilitar y de trazar las directrices para que el grupo ejerciera su influencia en el centro y el norte del departamento”, dice la JEP en el auto en el que acepta su sometimiento.

Por eso, por el hecho de conocer desde adentro y desde sus orígenes el paramilitarismo, ya se está sintiendo el impacto de su llegada a la justicia transicional en la región en donde reinó por más de dos décadas.

El paramilitarismo más allá de los políticos

Desde que la Constitución del 91 permitió la elección popular de gobernadores hasta el 2010, todos los mandatarios de Sucre contaron con la bendición del Gordo García. Su poder fue tan grande que en las elecciones del 2007, un mes antes de que lo capturaran, su grupo ganó el control de 21 de las 26 alcaldías del departamento.

Incluso preso en la Picota siguió siendo uno de los caciques más poderososos. Tanto así que el exgobernador Édgar Martínez (2016-2019) lo visitaba y que en las últimas regionales se alió con el cuestionado exrepresentante (hoy diputado) Yahir Acuña para controlar de nuevo la Gobernación, como revelamos en La Silla Vacía.

Todo ese poder, del que ya hoy no queda casi nada, vino de la mano de una escalofriante alianza con los paramilitares.

“Nada se movía en Sucre sin que el Gordo supiera. Si él empieza a contar todo lo que sabe, no quedará títere con cabeza”, le dijo a La Silla Vacía una persona que trabajó en política con García por varios años.

“Si él en verdad contara todo lo que sabe, vas a ver a toda la clase política, empresarial y fuerzas del Estado bastante comprometidas con el tema del paramilitarismo. Esos manes (los paramilitares) se apoderaron del departamento y los municipios con la complacencia de la Policía, el Das, la Fiscalía y los jueces”, aseguró un político que estuvo en ejercicio en esos años.

A diferencia de otros departamentos del Caribe como Atlántico, es bastante lo que ya se sabe del paramilitarismo en Sucre. Los testimonios de los paramilitares que se desmovilizaron en Justicia y Paz llevaron a que 35 políticos del departamento fueran investigados por sus nexos con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Además del Gordo García, han sido condenados concejales, alcaldes, los representantes Jorge Luis Feris Chadid y Muriel Benito Revollo, y los gobernadores Eric Morris, Miguel Nule Amín y Salvador Arana, entre otros.

Arana, que al igual que García es considerado un paramilitar y no un parapolítico, también fue aceptado en la JEP, pero está muy cerca de ser expulsado por su deficiente compromiso con la verdad.

Aunque el Gordo también aseguró que hablaría de la relación entre los políticos y los paramilitares (cómo fueron nombrados en altos cargos miembros de las AUC, cómo se desviaron recursos para financiarlas, cómo se hicieron acuerdos para apoyos electorales, entre otras), su principal aporte puede ir más allá, pues podría contar los vínculos entre los paramilitares y otros sectores de la sociedad.

Dentro de los compromisos que adquirió con la justicia transicional se comprometió a hablar del nacimiento de los paramilitares en Sucre, un evento en el que no sólo estuvieron comandantes y políticos.

Como quedó probado en su sentencia condenatoria, el entonces senador se reunió, en 1997, en una finca del exgobernador Miguel Nule Amín, llamada ‘Las Canarias’, con Salvatore Mancuso, Salvador Arana, el paramilitar Salomón Feris Chadid y los ganaderos Javier Piedrahita y Joaquín García para crear un frente permanente de las nacientes AUC en el departamento. 

Allí, se definió que quien lo lideraría sería Rodrigo Mercado Peluffo, alias ‘Cadena’, uno de los paramilitares más sanguinarios que tuvo el país. 

El frente que crearon se llamó ‘Frente Montes de María’ y luego se conoció como el ‘Bloque Héroes de los Montes de María’. Su objetivo era frenar el avance de la guerrilla y proteger los intereses de los ganaderos del departamento.

“La alianza entre ganaderos y paramilitares estuvo motivada, de parte de los primeros, en la pretensión de contar con una fuerza privada que ‘defendiera’ sus haciendas”, dice la sentencia en contra de García.

Esa alianza , de la que todavía no se conocen muchos detalles y que nace con las Convivir (de las que García también dijo que hablaría), es algo que su testimonio podría ayudar a revelar.

En su compromiso con la JEP también aseguró que contaría la verdad sobre la relación entre parapolíticos y miembros del Ejército (principalmente altos mandos) para favorecer los intereses de los paramilitares. 

Para hablar de esto, se enfocará en la masacre de Macayepo, de la cual tiene conocimiento directo.

El 14 de octubre del 2000, los paramilitares del Bloque Héroes de los Montes de María llegaron a ese corregimiento de El Carmen de Bolívar (Bolívar) y asesinaron con piedras y garrotes a 12 campesinos. El objetivo de la incursión era recuperar un ganado que la guerrilla le había robado al ganadero Joaquín García.

La prueba reina que derivó en la condena del Gordo García fue una conversación telefónica entre él y ese ganadero. En ella el entonces senador se comprometió a ir a la principal brigada de la zona y hablar con el comandante para convencerlo de mover a la tropa a otro lado para que los paramilitares pudieran llegar a Macayepo.

La gestión fue efectiva pues, pese a las advertencias que había de un avance paramilitar, los soldados se trasladaron y las AUC llegaron sin problemas al corregimiento.

Esa tropa era la Primera Brigada de Infantería de Marina y su comandante era el coronel Hernando Alfonso Jama Arjona, que ha sido investigado por estos hechos, sin llegar aún a una sentencia.

Una de las funciones del Gordo García era, entonces, servir de puente entre los paramilitares y el Ejército. “Joaquín García se ufanaba del manejo y control que ejercía sobre el exsenador, quien a petición suya desplegaba sus influencias en la Armada Nacional”, dice la sentencia en su contra.

Por el rol que tuvo en esa masacre y por el que fue condenado, lo que tenga que decir el Gordo será clave para entender las relaciones entre la Fuerza Pública y los paramilitares.

Aunque se encuentre ahora a punto de ser expulsado de la JEP, el exgobernador Salvador Arana —aliado del Gordo, de las AUC y embajador en Chile por casi dos años durante el Gobierno de Álvaro Uribe— también ha dicho que dará información sobre los vínculos entre los paramilitares y otros sectores de la sociedad.

Una resolución que publicó la JEP la semana pasada muestra que, ante el reclamo de sus víctimas por su pobre compromiso con la verdad, el exgobernador se comprometió a decir lo que sabe de 15 de las 22 personas que las víctimas señalaron como aliadas del paramilitarismo.

Entre ellas no sólo hay políticos. También hay un exdirector del DAS en Sucre, dos exprocuradores regionales, dos médicos, un excomandante de la Policía, un excontralor departamental, un exgerente de apuestas, entre otros.

“Nosotros lo que queremos es que denuncie a sus colaboradores. Arana y García no hicieron esto solos. Tuvieron el apoyo de ganaderos, comerciantes, políticos. Queremos que toda esa estructura sea desmantelada”, le dijo a La Silla Vacía Juan David Díaz, víctima de Salvador Arana.

El reto ahora del Gordo García es poder resarcir, con verdad y reparación, a las víctimas que dejó su participación en la conquista paramilitar de Sucre.

El libro de la memoria del paramilitarismo

El impacto de la llegada del Gordo García a la JEP ha cruzado las fronteras de su natal Sucre. En Macayepo, el corregimiento al que tanto daño le causó, también hay expectativa por lo que vaya a decir.

“Nosotros no queremos que vaya a la JEP sólo para que adquiera unos beneficios personales. Lo que nosotros queremos es que haya una reparación para toda la comunidad”, le dijo a La Silla Ciro Canoles, líder campesino de Macayepo que tuvo que desplazarse del corregimiento tras el avance paramilitar.

De hecho, García tiene abierta una investigación en la Corte Suprema por el desplazamiento de 70 familias después de la masacre.

“Para nosotros sería satisfactorio que él diga la verdad, porque mientras no haya verdad, hay impunidad. Hay cosas de fondo que no sabemos ¿Por qué llegaron los paramilitares? Sabemos que venían a recoger un ganado, pero ¿por qué nos tildaban de aliados de las Farc? ¿Por qué la estigmatización?”, dijo Honey Oviedo, primo de Orlando Rafael Oviedo Moguea, asesinado en Macayepo.

Para reparar a las víctimas el Gordo propuso crear una fundación para “la reconstrucción de la memoria histórica del conflicto armado en Sucre”. Allí promete reunirse con las comunidades y hacer talleres que garanticen la reparación y el reconocimiento de la verdad.

También se comprometió a crear un libro en el que aspira a “reconstruir la verdad histórica”. 

De publicarse, y si lo narrado corresponde a lo sucedido, podría llenar los baches que aún existen sobre lo que pasó durante el conflicto armado, pues su autor guarda en la cabeza la memoria del paramilitarismo en Sucre y los Montes de María.

Compartir
0